Una fotografía… curiosa

Una fotografía… curiosa

Buscando información sobre otro tema me he encontrado con una fotografía que, inmediatamente, he querido compartir porque me ha parecido interesante, sorprendente y muy muy curiosa… La fotografía pertenece al Banco de Imágenes de la Medicina Española, una magnífica aportación de la Real Academia Nacional de Medicina, con el propósito de que los usuarios que accedan a este servicio puedan “encontrar y visualizar material gráfico relacionado con la Historia de la Medicina española con fines de estudio privado, docencia e investigación”.

En la foto vemos al doctor César Juarros y Ortega (1879-1942), bien acompañado, mientras él, sentado a la mesa (mesita, más bien), contempla con pretendido interés una calavera.

El Dr. César Juarros y Ortega (1879-1942) en buena compañía

El Dr. César Juarros y Ortega (1879-1942) en buena compañía. Cortesía del Banco de Imágenes de la Medicina Española. Real Academia Nacional de Medicina

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Pero ¿quién era el doctor Juarros? Para responder, transcribo la semblanza biográfica que nos ofrece la propia Real Academia Nacional de Medicina, tomada de la obra Académicos Numerarios del Instituto de España (1938-2004), publicada en Madrid por el Instituto de España, el año 2005:

“Médico y Literato. Licenciado en Medicina y Cirugía (1903). Médico, con el número dos de las oposiciones, del Cuerpo de Sanidad Militar (1903). Como Médico Militar estuvo destinado en Africa durante la campaña de Marruecos y, una vez en la península, fue el principal promotor de la creación de los Servicios de Psiquiatría Militar, siendo posteriormente Profesor de Psiquiatría en la Academia de Sanidad Militar y Jefe de la Consulta y del Servicio de Neurología del Hospital Militar; Jefe de la Consulta de Enfermedades Nerviosas y Mentales del III Dispensario de la Cruz Roja; Profesor de Psiquiatría Forense durante quince cursos consecutivos en el Instituto Español Criminológico y Médico Director, por concurso, de la Escuela Central de Anormales. Galardonado con dos Cruces Blancas al Mérito Militar, con el Premio ‘Roel’ de la Sociedad Española de Higiene y ‘Gracias’ de R.O. por el Proyecto para la reforma psiquiátrica en España, Diploma de Gratitud de la Cruz Roja Española y Banda de la República (1936). Diputado por Madrid para las Cortes Constituyentes (1931). Fue un escritor distinguido, publicó más de un centenar de trabajos científicos, de divulgación, literatos[sic], novelas y traducciones que aparecieron ininterrumpidamente a partir de 1906. Ocupó el Sillón Nº 45 de la Real Academia Nacional de Medicina”, en la que ingresó el 7 de marzo de 1929 con un discurso titulado “Modos de ejercer bellamente la Medicina”.

Para quien le interese conocer algunos detalles más sobre don César Juarros y Ortega, le recomiendo que lea los artículos de Pedro Samblás Tilve y Mª Ángeles Tilve Jar, a los que se puede acceder pulsando sobre el nombre de los autores.

Amarillo Van Gogh: ¿por decisión del pintor o por motivos médicos?

Amarillo Van Gogh: ¿por decisión del pintor o por motivos médicos?

En un reciente número de la revista Noticias Médicas mi admirado Dr. Pedro Gargantilla trata sobre las posibles razones por las que el color amarillo dominó la paleta de Vincent van Gogh, hasta el punto de que algunos nos atrevamos a hablar del “amarillo Van Gogh”. Como no parece posible encontrar este artículo en Internet me permito copiarlo, citando la referencia[1], y añado las pinturas que el Dr. Gargantilla menciona:

La decisión de Van Gogh de emplear nuevos colores brillantes en sus lienzos es considerado un hito en la historia del arte. El artista holandés eligió deliberadamente colores para manifestar sus estados de ánimo y sus emociones. Entre los años 1886 y 1890 el color amarillo dominó su paleta cromática. Esto se puede observar, por ejemplo, en “La noche estrellada“…

Vincent van Gogh (1853-1890). La noche estrellada (1889). Museo de Arte Moderno (MOMA). Nueva York

Vincent van Gogh (1853-1890). La noche estrellada (1889). Museo de Arte Moderno (MOMA). Nueva York

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…”Terraza de café por la noche“…

Vincent van Gogh (1853-1890). Terraza de café por la noche (1888).  Museo Kröller-Müller, Otterlo, Holanda

Vincent van Gogh (1853-1890). Terraza de café por la noche (1888). Museo Kröller-Müller, Otterlo, Holanda

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…”Los girasoles“…

Vincent van Gogh (1853-1890). Una de las pinturas de la serie

Vincent van Gogh (1853-1890). Una de las pinturas de la serie “Los girasoles” (1888-1889), repartidos por distintos museos.

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… o “Campo de trigo con segador y sol“.

Vincent van Gogh (1853-1890). Campo de trigo con segador a la salida del sol (1889). Museo Van Gogh, Amsterdam

Vincent van Gogh (1853-1890). Campo de trigo con segador a la salida del sol (1889). Museo Van Gogh, Amsterdam

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Ahora bien, -continúa Gargantilla– ¿por qué este color y no otro? ¿Fue una elección propia del pintor holandés o respondió a algún tipo de alteración médica? Se han propuesto dos posibles explicaciones médicas: la intoxicación crónica por absenta y la intoxicación por digital.

En cuanto a la intoxicación crónica por absenta, sabemos que era el licor por excelencia en los entornos bohemios que frecuentaba el artista y que contiene tujona, un aceite químicamente relacionado con el alcanfor, cuyo consumo mantenido y elevado puede provocar visión en halos de colores. Sin embargo se ha calculado que habría que consumir 192 litros de absenta para producir este efecto, una cantidad muy elevada.

La otra posibilidad es que los halos amarillos fuesen las xantopsias que produce la intoxicación crónica por digital. Sabemos que esta sustancia formaba parte del tratamiento de la epilepsia y de las enfermedades mentales en el siglo XIX, puesto que se le atribuía un efecto antiepiléptico y sedante. Analizando las epístolas del artista a su hermano Theo hemos podido saber que la digital fue un tratamiento que le prescribió de forma regular el doctor Paul-Ferdinand Gachet. Es más, en el retrato que realizó a su médico en 1890, en el que aparece sujetándose la cabeza con su brazo derecho, hay un ramillete de Digitalis purpurea o dedalera sobre la mesa, la planta a partir de la cual se extrae la digital.

Hasta aquí el artículo del Dr. Gargantilla en Noticias Médicas: con el retrato del Dr. Gachet, única imagen que vemos en la revista.

Vincent van Gogh (1853-1890). Retrato del doctor Gachet (1890). Primera versión. Colección particular

Vincent van Gogh (1853-1890). Retrato del doctor Gachet (1890). Primera versión. Colección particular

Cabe añadir que existe otro retrato del Dr. Gachet pintado por Van Gogh en la misma época, que se encuentra en el Museo de Orsay, en París, en el que también aparece la planta de digital.

Vincent van Gogh (1853-1890). El doctor Paul Gachet (1890). Museo de Orsay, París

Vincent van Gogh (1853-1890). El doctor Paul Gachet (1890). Museo de Orsay, París

Según nos explica Gargantilla, no es posible que la absenta fuera responsable de esa predilección por el amarillo que tenía Van Gogh. Pero no se puede descartar su influencia en la compleja patología del pintor, como sugería Vallejo-Nájera[2]. Y Francisco José Soto Febrer escribe[3]:

No podemos decir que la absenta sea la causa de la enfermedad del pintor, pero sí que contribuyó a empeorarla, y a perjudicar bastante su salud física, porque sí que podemos atribuirle muchos de los síntomas puramente orgánicos, tales como vértigos, dolores abdominales, vómitos, temblores, e incluso las alucinaciones visuales.

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Edgar Degas (1834-1917). “En un café”, también llamado “La absenta” (1873). Musée d’Orsay

Finalmente, dado que Paul Gachet sólo asistió a Van Gogh durante sus últimos meses de vida, nos preguntamos si otros de los muchos médicos que le atendieron anteriormente -entre ellos el doctor Félix Rey– usaron también la digital en sus tratamientos. Habrá que investigarlo…

Vincent van Gogh (1853-1890). Retrato del doctor Félix Rey (1889). Museo Pushkin, Moscú.

Vincent van Gogh (1853-1890). Retrato del doctor Félix Rey (1889). Museo Pushkin, Moscú.

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Referencias bibliográficas

[1] Gargantilla, P. (2015): “El Doctor Gachet”. Noticias Médicas; 4.000: 15.

[2] Vallejo-Nágera, J.A. (1979): Locos egregios. 7ª ed. Madrid, Dossat: 261-287.

[3] Soto Febrer, F.J. (2013): La patología de Van Gogh. En: Romero Coloma, A.M. y Soto Febrer, F.J.: El mundo de Van Gogh a través de su pintura y su enfermedad. Chiclana de la Frontera (Cádiz), Presea: 96.

Jean-Paul Marat (1743-1793): médico y enfermo

Jean-Paul Marat (1743-1793): médico y enfermo

Pocos personajes históricos han provocado en su época amores y odios tan profundos como Jean-Paul Marat (1743-1793). Incluso ahora, más de dos siglos después de su muerte, cuesta referirse a él con la debida objetividad. Debo manifestar que el personaje de Marat no despierta en mí la menor simpatía; pero no puedo dejar de reconocer que la suya es una historia interesante desde el punto de vista médico.

Jean-Paul Marat nació en la comuna de Boudry, cantón de Neuchâtel, en la actual Suiza, el 24 de mayo de 1743. Era el mayor de nueve hermanos; hijos de Jean (antes Giovanni) Mara, un antiguo comendador mercedario de origen italiano, de Cerdeña, convertido al calvinismo, y Louise Cabrol, una ginebrina descendiente de hugonotes franceses. Jean-Paul añadiría más tarde la letra “t” a su apellido familiar, “Mara”, “… para dar a su nombre más apariencia francesa” [Wallis, 1916].

Con 16 años, tras la muerte de su madre, Marat se trasladó a Burdeos y dos años después a París, donde permanecería seis o siete años más. No se puede desechar la idea de que estudiara medicina durante su estancia en Burdeos y París, pero tampoco hay constancia de esos estudios ni de que obtuviera título alguno que le facultara para el ejercicio profesional. En realidad, el único título acreditativo de la formación médica de Marat que se conoce es un “doctorado” obtenido con la presentación de un trabajo sobre la gonorrea en la Universidad de Saint Andrews (Edimburgo), en 1775, cuando ya llevaba un buen número de años ejerciendo como médico, veterinario o barbero -según las circunstancias- en París, Londres, Edimburgo, Dublín y otras ciudades. El título completo de ese trabajo de “doctorado” [Bayon, 1945] era: An Essay on Gleets. The Defects of the Actual Method of Treating Those Complaints of the Urethra are Pointed Out, and Effectual Way of Curing Them Indicated.

Como investigador, aparte del ya citado sobre la gonorrea, sus trabajos de investigación se centraron, fundamentalmente, en el campo de la oftalmología. En 1775 publicó su Enquiry into the Nature, Cause and Cure of a Singular Disease of the Eyes. Aunque destacan sus ensayos científicos sobre el calor y el fuego, la luz y la electricidad. En 1782 publicó Recherches Physiques sur Electricité. En 1783: Recherches sur Electricité Medicate. Y en 1784: Notions Elementaires d’Optique. Del mismo modo que ocurrió en su faceta política, su obra científica le hizo granjearse tanto admiradores como detractores. Entre los primeros estaba Benjamín Franklin, que se interesó mucho por sus investigaciones y con el que llegó a entablar una buena amistad. Deseoso de ingresar en la prestigiosa Académie des Sciences, de París, presentó a la ilustre corporación académica sus publicaciones científicas, incluyendo la última, Memóires Académiques, ou Nouvelles Découvertes sur la Lumière (1788). Pero no fue aceptado. Se dice que la Academia obró así por haber tenido la “… osadía de disentir de Isaac Newton” y que Goethe, otro de sus buenos amigos, “… siempre consideró el rechazo de la academia [sic] como una clara muestra de despotismo científico.” Uno de los que más se señalaron oponiéndose al ingreso de Marat en la Academia fue el padre de la química, Antoine de Lavoisier. Años después, en 1791, Marat, el que tanto interés había tenido en ser académico, publicó Les Charlatans Modernes, ou Lettres sur le Charlatanisme Academique, y cuando fue dueño del poder suprimió la Academia y mandó guillotinar a Lavoisier.

En cuanto, a su práctica profesional -aparte de su posible desarrollo en Francia y por poco tiempo en Holanda, hasta 1766- se sabe con certeza que Marat ejerció la medicina, entre 1766 y 1776, en diversos lugares de Inglaterra, Irlanda y Escocia. Pero su notoriedad profesional empezó a crecer tras su regreso a Francia; sobre todo, desde que “curó” una grave afección pulmonar (hay quien habla de tuberculosis) a la marquesa de L’Aubespine; aunque el medicamento que utilizó era “… poco más que tiza y agua” [Lipman Cohen y Lipman Cohen, 1958]. Todo indica que, entre Marat y la Marquesa, hubo algo más que una buena amistad. Pero el agradecido marido, además, presentó a Marat al conde d’Artois, el hermano menor de Luis XVI, quien llegaría a reinar con el nombre de Carlos X en 1824, en la Restauración. El conde d’Artois nombró a Marat, en 1777, médico de su guardia personal, con un salario de 2.000 libras anuales, y le abrió las puertas de las mejores casas de la aristocracia francesa, convirtiéndole en uno de los principales médicos de la Corte. Sin embargo, a pesar de la elevada posición social y económica que, como médico, había llegado a alcanzar, Jean-Paul Marat abandonó el ejercicio de la medicina en 1788 para dedicarse por entero a la política.

Jean-Paul Marat según un grabado de 1824 basado en el retrato de Joseph Boze, de 1793

Jean-Paul Marat según un grabado de 1824 basado en el retrato de Joseph Boze, de 1793

No hablaremos aquí del Marat político y revolucionario. Su obra es suficientemente conocida y, en todo caso, existe abundante información sobre la misma. Trataremos, en cambio, sobre otra cuestión desde hace tiempo ampliamente debatida: ¿Cuál fue la enfermedad o cuáles fueron las enfermedades que sufrió Marat?

Jaime Cerda, en un artículo publicado el año 2010 en la Revista Médica de Chile, escribe:

“El comienzo de su singular enfermedad se remontaría entre tres y cinco años antes de su muerte, no existiendo consenso entre los historiadores sobre su etiología. Jelinek (1979) describió la enfermedad de Marat como ‘una afección cutánea crónica y adquirida, afectándole en una edad media (45-50 años), la cual comenzó en la zona perineal, se expandió a la mayoría de su cuerpo, era intensamente pruriginosa, persistió durante largo tiempo y no demostró ser letal’. La enfermedad comenzó a agravarse, tornándose intensamente pruriginosa, comprometiendo su calidad de vida y forzándole a permanecer por largas horas sumergido en una bañera, cuyas aguas medicinales le proporcionaban algún alivio. La bañera tenía forma de zapato y le permitía trabajar y dialogar con diversas personas mientras se encontraba en su interior.”

Ya en vida de Marat; pero, sobre todo, desde principios del siglo XX hasta la actualidad, las hipótesis diagnósticas planteadas sobre su enfermedad de la piel han sido variadas, fiel reflejo de la incertidumbre existente respecto al diagnóstico real. El mismo Marat decía que la había contraído mientras se escondía bajo tierra -en tiempos difíciles para él- en sótanos y alcantarillas. Sus enemigos esparcieron el rumor de que se trataba de sífilis. Más adelante se apuntaron los diagnósticos de eczema (Cabanés, 1913), eczema liquenificado (Hart, 1924), escabiosis (Bayon, 1945) y dermatitis seborreica (Dale, 1952). Pero Little (1916), Scarlett (1930) y Jelinek (1979) coinciden en el diagnóstico más probable de dermatitis herpetiforme.

La dermatitis herpetiforme fue descrita por primera vez en 1884 -es decir, noventa y un años después de la muerte de Marat– por el dermatólogo norteamericano Louis Duhring (por eso se le conoce también como enfermedad de Duhring), “como una erupción en la piel caracterizada por la presencia de lesiones vésico-ampollosas agrupadas en un patrón herpetiforme…” [Armand Rodróguez et al., 2002]. La dermatitis herpetiforme no es una enfermedad contagiosa, por tanto, si Marat la tuvo, no la había contraído mientras se hallaba escondido en las alcantarillas, como pensaba él. Su etiología depende de factores genéticos e inmunológicos. Habría de transcurrir todavía casi un siglo más para que Marks asociara la dermatitis herpetiforme con anormalidades intestinales en 1966 y Frey, en 1973, demostrara los beneficios de una dieta libre de gluten en la evolución de la enfermedad; es decir, para que se pensara que la dermatitis herpetiforme es una enfermedad asociada con frecuencia a la enfermedad celíaca o celiaquía.

Por la clínica que han recogido los historiadores, se puede decir que es muy posible que Marat sufriera dermatitis herpetiforme; pero no se puede asegurar con certeza por la falta de pruebas bioquímicas, inmunológicas y anatomopatológicas. Más difícil es establecer el diagnóstico de celiaquía, aunque hoy sepamos que la dermatitis herpetiforme es una enfermedad frecuentemente asociada a ella (la presentan el 20% de los celíacos), por la ausencia de esas mismas pruebas, indispensables para establecer el diagnóstico.

Desde luego, si Marat padecía dermatitis herpetiforme y celiaquía, la dieta que seguía, sobre todo durante sus últimos años de vida, no podía hacer otra cosa que empeorar su estado. No por el café negro, que consumía continuamente, “más de veinte tazas al día”, sino -como cuentan Cabanés (1913) y Hart (1924), dos de sus biógrafos- porque “…estaba continuamente masticando galletas y dulces durante las sesiones de la Asamblea…”, siendo “…particularmente aficionado a un dulce de almendras” [Lipman Cohen y Lipman Cohen, 1958]. Quizás, por esta afición suya a los dulces, se ha dicho también que Marat pudo ser diabético; aunque esto tampoco se puede verificar [Bayon, 1945].

Se ha dicho también que “Marat sufría de insomnio y constantes dolores de cabeza, y esa era la razón por la que a menudo se le representa con un trozo de tela enrollada en la cabeza (como en el famoso cuadro de David o en el que se muestra más abajo, de Baudry], tela empapada en vinagre” [Wallis, 1916]. Aunque puede que la utilizara, simplemente, para aliviar el picor de la dermatitis herpetiforme en el cuero cabelludo, que no podía mantener sumergido en el agua de la bañera.

Jacques-Louis David (1748-1825). La muerte de Marat (1793). Óleo sobre lienzo. 165 x 128 cm. Museos Reales de bellas Artes de Bélgica. Bruselas.

Jacques-Louis David (1748-1825). La muerte de Marat (1793). Óleo sobre lienzo. 165 x 128 cm. Museos Reales de bellas Artes de Bélgica. Bruselas.

Otro aspecto que se ha debatido bastante ha sido la posible relación causa-efecto entre la enfermedad de Marat y su temperamento violento (o viceversa), sin que tampoco exista consenso. Un psiquiatra norteamericano, Charles W. Burr, en 1919, dijo de él que era “…un ejemplo de paranoia de tipo político” [Bayon, 1945]. Pero, dejemos la palabra, otra vez, al Dr. Cerda:

“Posiblemente tanto las circunstancias históricas como su temperamento jugaron un rol, total o parcial, en la génesis de la enfermedad y ésta, a su vez, afectó su carácter. Si bien el temperamento característico de Marat es temporalmente anterior al desarrollo de su enfermedad, lo cierto es que el agravamiento de esta última coincidió con una intensificación del primero. Aparentemente el padecer de una patología cutánea crónica tiene consecuencias importantes sobre la personalidad. Además de Marat, otros personajes históricos de ideas revolucionarias tuvieron similares padecimientos; al respecto, Karl Marx (1818-1883) habría sufrido una invalidante hidradenitis supurativa, mientras que Josef Stalin (1879-1953) padecía de psoriasis. La disminución de la calidad de vida asociada a estas enfermedades posiblemente tuvo un efecto psicológico no despreciable en estos tres personajes, posiblemente ejerciendo alguna influencia en lo que fueron sus ideas y comportamiento. En palabras de Shuster, quien describiera la hidradenitis supurativa de Karl Marx, ‘la piel es un órgano de comunicación y sus trastornos producen gran distrés psicológico; genera rechazo y disgusto, depresión de la imagen corporal, del ánimo y del bienestar’.”

El 13 de julio de 1793, estando Marat en su bañera, recibió la visita de la joven Charlotte Corday, quien decía -según una de las versiones existentes- traer los nombres de algunos girondinos enemigos de la Revolución, que habían huido a la ciudad de Caen. Cuenta la historia que Marat apuntó sus nombres y afirmó que debían ser guillotinados, tras lo cual Corday extrajo un puñal y se lo clavó mortalmente a Marat.

Cabe añadir, como dato no mencionado habitualmente, que quien le prestó los primeros auxilios fue un dentista llamado Michon Delafondée, que ejercía en la misma casa donde vivía Marat; aunque nada pudo hacer para evitar su muerte [Wallis, 1916]. Por otra parte, en la autopsia realizada el día después de su muerte por el Cirujano Jefe del Hôpital de l’Unité, se apreció que el cuchillo de Charlotte Corday había penetrado por el espacio entre la primera y la segunda costillas del lado derecho, atravesando el pulmón, y había afectado a la aorta llegando hasta la aurícula izquierda del corazón. Pero se observó, también, que en el momento de su muerte, Marat ya sufría -probablemente, desde hacía tiempo- “pleuresía” en el pulmón derecho [Bayon, 1945]. Si Charlotte Corday no lo hubiera asesinado, es posible que Marat hubiera tardado poco en morir por su enfermedad pulmonar o en la guillotina como sus compañeros del triunvirato del terror, Dantón y Robespierre.

Al contrario de lo que me ocurre con Marat, no puedo evitar -sin aprobar ni justificar su crimen- sentir una sincera simpatía por Charlotte Corday. No creo que en mi código genético exista el más mínimo atisbo girondino. Puede que sea por la innata tendencia que muchos tenemos a ponernos de parte del más débil. O, quizás, simplemente, porque se trataba de una joven de 24 años que sacrificó su vida para salvar la de los suyos. No sé. Pero quiero dedicar el final de esta entrada a Charlotte Corday con un cuadro mucho menos conocido que el de Jacques Louis David sobre la muerte de Marat. El autor es Paul Baudry, un pintor del academicismo francés del siglo XIX. Y ella es la protagonista.

Paul Baudry (1828-1886). El asesinato de Marat / Charlotte Corday (1860). Óleo sobre lienzo. 203 x 154 cm. Museo de Bellas Artes de Nantes

Paul Baudry (1828-1886). El asesinato de Marat / Charlotte Corday (1860). Óleo sobre lienzo. 203 x 154 cm. Museo de Bellas Artes de Nantes

BIBLIOGRAFÍA
ARMAND RODRÍGUEZ, B. et al. (2002): “Dermatitis herpetiforme”. [Disponible en: http://singluten.files.wordpress.com/2007/04/dermatitis-herpetiforme.pdf; consultado 1 mayo 2015].

BAYON, H.P. (1945): “The Medical Career of Jean-Paul Marat”. [Disponible en: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2181792/pdf/procrsmed00552-0114.pdf; consultado 1 mayo 2015].

CERDA, J. (2010): “Jean Paul Marat. Médico, científico y revolucionario”. [Disponible en: http://www.scielo.cl/pdf/rmc/v138n1/art18.pdf; consultado 1 mayo 2015].

LIPMAN COHEN, B.A. y LIPMAN COHEN, M.A. (1958): “Doctor Marat an his Skin”. [Disponible en: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1034419/pdf/medhist00181-0051.pdf; consultado 1 mayo 2015].

MARAT in England (1893): “Marat in England”. [Disponible en: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2402611/ consultado 1 mayo 2015].

VERGARA HERNÁNDEZ, J. y VERGARA DÍAZ, M.A. (2009): “Enfermedad celíaca”. [Disponible en: http://www.fisterra.com/guias2/celiaca.asp; consultado 1 mayo 2015].

WALLIS C.E. (1916): “Marat”. [Disponible en: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2017701/pdf/procrsmed00745-0120.pdf; consultado 1 mayo 2015].

David “curando” a Saúl con música

David “curando” a Saúl con música

La referencia histórica más antigua que conozco sobre el uso terapéutico de la música se encuentra en la Biblia, en el Primer Libro de Samuel:

El espíritu del Señor se retiró de Saúl. Y un mal espíritu comenzó a atormentarlo por mandato del Señor. Los servidores de Saúl le dijeron: “Vemos cómo te está atormentando un mal espíritu de Dios. Ordene nuestro señor a sus servidores buscar un hombre que sepa tañer la cítara. Y cuando venga sobre ti el mal espíritu de Dios, tañerá con su mano y te vendrá bien”.
Saúl ordenó a sus servidores: “Buscadme un hombre diestro en el tañer y traédmelo”. Uno de los criados dijo: “Conozco a un hijo de Jesé, el de Belén, que sabe tañer; además es fuerte, valiente y hombre de guerra, juicioso en el hablar y de buena presencia. El Señor está con él”.

[Saúl hizo que trayeran a David junto a él]

Y cuando venía el espíritu de Dios sobre Saúl, cogía David la cítara y tañía con su mano. Saúl se calmaba, quedaba tranquilo y el mal espíritu se retiraba de él.

1Sam 16: 14-18 y 23

El sueco Ernst Josephson pintó al joven David tañendo su cítara (mejor dicho su arpa, que es el instrumento músical que habitualmente se menciona y se pinta) para librar al rey Saúl del “mal espíritu” que le atormentaba.

Ernst Josephson (1851-1906). "David y Saúl" (1878). Museo Nacional de Estocolmo

Ernst Josephson (1851-1906). “David y Saúl” (1878). Museo Nacional de Estocolmo

El Libro de Samuel se escribió -según parece- en el siglo X a.C., cuando la medicina no era ciencia ni técnica sino magia o religión. Nunca podremos saber si ese espíritu maligno que tanto hacía sufrir primer rey de Israel era una enfermedad física o psíquica. Lo cierto es que la historia de Saúl, el primer rey de Israel, y David, el pastor de Belén, de la tribu de Judá, que le sucedería en el trono, no sólo es de gran interés para la historia de las religiones sino que nos ofrece también el primer testimonio conocido para la historia de la musicoterapia.

De todas las representaciones artísticas que nos muestran a David tocando el arpa ante Saúl, mi preferida es la que hemos visto. No sé si, en la angustiosa imagen de ese rey Saúl, se puede ver la propia enfermadad del pintor. Josephson decía haber entrado en contacto con los espíritus y fue diagnosticado de ezquizofrenia. Pero existen otras muchas, algunas de las cuales se muestran a continuación:

Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669). "Saúl y David" (1629)

Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669). “Saúl y David” (1629)

Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669). "Saúl y David"

Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669). “Saúl y David”

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Erasmus Quellinus II (1607-1668). “Saúl escuchando a David tañendo el arpa” (c.1635). Museo de Bellas Artes de Budapest

 

Giovanni Battista Spinelli (fl.1630-1660). "David calmando la angustia de Saúl con su arpa"

Giovanni Battista Spinelli (fl.1630-1660). “David calmando la angustia de Saúl con su arpa”

Mattia Preti (1613-1699). "David tañendo el arpa ante Saúl" (c.1670). Colección particular

Mattia Preti (1613-1699). “David tañendo el arpa ante Saúl” (c.1670). Colección particular

Discípulo de Franz Wulfhagen (finales del siglo XVII). "David tañendo el arpa ante Saúl"

Discípulo de Franz Wulfhagen (finales del siglo XVII). “David tañendo el arpa ante Saúl”

Christian Gottlieb Schick (1776-1812). "David tañendo su arpa ante Saúl"

Christian Gottlieb Schick (1776-1812). “David tañendo su arpa ante Saúl”

Philippe Chery David y Saúl 1808 Musée de Soissons

Philippe Chery (1759-1838). “David y Saúl” (1808). Museo de Soissons (Francia)

 

Ivan Ivanovich Tvorozhnikov (1848-1919). "David tañendo el arpa ante Saúl". Colección particular

Ivan Ivanovich Tvorozhnikov (1848-1919). “David tañendo el arpa ante Saúl”. Colección particular

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Julius Kronberg (1850-1921). David y Saúl (1885). Museo Nacional de Estocolmo

 

 

Felix Platter

Felix Platter

En la entrada anterior se mencionaba a un médico suizo, Felix Platter, que narraba como Enrique IV, en París, llevaba a cabo la ceremonia del “toque real” para la curación de la escrófula. La figura de ese médico era entonces absolutamente desconocida para mí. Cuando esto ocurre, la curiosidad me lleva a intentar saber más… Y no es mucho; pero algo se puede decir ahora sobre él, además de reproducir algunas de las imágenes que del mismo se encuentran en Internet.

Felix Platter (o Plater) nació el 28 de octubre de 1536 en Basilea -la tercera ciudad más importante de Suiza, al menos en la actualidad, aunque probablemente también en su época- cerca de las fronteras con Francia y Alemania, y murió en la misma ciudad el 28 de julio de 1614. Su padre era el humanista Thomas Platter, maestro en varias lenguas (Latín, Griego y Hebreo, entre otras), teórico protestante y asesor político. Su medio hermano menor, conocido como Thomas Platter el Joven, también fue médico; aunque más que por su profesión se le recuerda como autor de un “Diario” escrito entre 1595 y 1600, que es, prácticamente, un antecedente de los libros de viajes, en el que cuenta su vida como estudiante de Medicina en Montpellier y sus posteriores viajes por Francia, España, Flandes e Inglaterra. Precisamente una de las anécdotas más citadas de ese libro es que allí en Inglaterra -y en compañía de su hermano mayor, por cierto- asistieron a la representación de Julio Cesar, en el teatro The Globe, por William Shakespeare, el 21 de septiembre de 1599 “a las dos en punto”… lo cual, al parecer, ha servido a los estudiosos shakesperianos para datar esta obra.

Felix Platter estudió Medicina entre 1552 y 1557 en Montpellier, donde fue discípulo de Guillaume Rondelet, que daba gran importancia a la formación en Anatomía y Botánica. Al finalizar sus estudios en la Facultad francesa volvió a Basilea para establecer su consulta. Pronto adquirió gran prestigio profesional y fue nombrado profesor de la Facultad de Medicina y arquiatra (es decir, médico principal) de la ciudad.

Felix Platter sentado en una mesa sobre la que se ven diversos instrumentos anatómicos, junto a otros dos caballeros desconocidos, y sobre las figuras de Hipócrates y Galeno. Grabado de 1656. (C) Wellcome Images. Wellcome Library. Londres

Felix Platter sentado en una mesa sobre la que se ven diversos instrumentos anatómicos, junto a otros dos caballeros desconocidos, y sobre las figuras de Hipócrates y Galeno. Grabado de 1656. (C) Wellcome Images. Wellcome Library. Londres

Entre sus investigaciones anatómicas destacan la primera descripción de un tumor intracraneal, un meningioma, y la descripción de la contractura de la enfermedad de Dupuytren, en 1614, antes que Henry Cline con su discípulo Astley Cooper identificaran la fascia palmar como causa de la misma, en 1777, y el propio Guillaume Dupuytren describiera la enfermedad que lleva su nombre, en 1831. Sobre este tema nos habla el Profesor Fresquet en su artículo “Guillaume Dupuytren (1777-1835)“, cuya lectura recomiendo.

Grabado de Abel Stimmer, fechado en 1578, que representa al médico Felix Platter

Grabado de Abel Stimmer, fechado en 1578, que representa al médico Felix Platter

Koelbing habla del interés de Felix Platter por la oftalmología; pero de su artículo no he podido leer más que el abstract. También se le atribuye una clasificación de las enfermedades psiquiátricas que muestra su interés por la patología mental. En la web de OCD History tenemos un ejemplo de ello, con un texto sobre la “melancolía“.

Cabe añadir, finalmente, la permanente dedicación de Felix Platter, siguiendo a Rondelet, su maestro en Montpellier, a los estudios botánicos. Seguramente ésta sea la razón por la que el pintor Hans Bock der Ältere le retrató en 1584 junto a diversos frutos y una planta.

Hans Bock der Ältere (c.1550-1623/1624). Retrato al óleo del médico Felix Platter fechado en 1584. Universidad de Basilea

Hans Bock der Ältere (c.1550-1623/1624). Retrato al óleo del médico Felix Platter fechado en 1584. Universidad de Basilea

La prodigiosa curación del joven Rachmaninov

La prodigiosa curación del joven Rachmaninov

Sergei Rachmaninov (1873-1943) fue un compositor, pianista y director de orquesta ruso, considerado como uno de los músicos más influyentes del siglo XX. Como pianista, poseía unas cualidades extraordinarias, en parte debidas a sus grandes manos. Unas manos que en un artículo publicado en el British Medical Journal, en 1986, Young atribuía, más que a los casi dos metros de altura de Rachmaninov, a la posibilidad de que sufriera el síndrome de Marfan, un trastorno genético del tejido conectivo que afecta a los sistemas esquelético y cardiovascular, al igual que los ojos y la piel. Veinte años después, en 2006, Ramachandran y Aronson, discutían que lo padeciera en el Journal of the Royal Society of Medicine y proponen el diagnóstico de acromegalia. Pero no seguiremos tratando -de momento- sobre sus posibles trastornos físicos (la historia clínica de Rachmaninov da para varias publicaciones) sino sobre lo que ocurrió con motivo de su temprano fracaso como compositor.

En efecto, el estreno de su Sinfonía nº 1 en Re menor, Op. 13, el 28 de marzo de 1897, fue un clamoroso fracaso. Se culpa de ello, por una parte,  al director de la orquesta, Alexander Glazunov, que hizo cortes en la partitura y varios cambios en la orquestación; y algunos asistentes al concierto sugirieron que Glazunov parecía estar borracho (sin que esto se demostrara nunca). Pero además, al ser una obra escrita en un estilo moderno para la época, no fue del gusto de los asistentes, que la consideraron ofensiva debido al uso progresista de la forma sinfónica y no seguir el estilo académico del círculo de San Petersburgo liderado por Rimski-Kórsakov, el cual debían seguir los compositores noveles si esperaban tener alguna oportunidad en su carrera.

Lo cierto es que tras aquel humillante fracaso, el joven compositor, de 24 años de edad, quedó sumido en un grave estado depresivo, diciendo que no volvería a componer jamás; y de hecho, durante aquel año y los dos siguientes, 1898 y 1899, no compuso absolutamente nada. En enero de 1900, a instancias de sus primos, su tía y su amigo, el doctor Grauermann, acudió a la consulta del médico y psicoterapeuta Nikolai Dahl; quien, en pocos meses, le curó mediante hipnosis. Rachmaninov quedó tan bien que, en el otoño de ese año empezó a componer su maravilloso Concierto para piano y orquesta nº 2 en Do menor, Op. 18. Y tan agradecido que se lo dedicó a su médico: el doctor Dahl. Un concierto que podemos disfrutar aquí con la magnífica interpretación de la pianista ucraniana Anna Fedorova.

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Elger Niels, que ha estudiado con detenimiento este episodio de la vida del compositor -aparte de citar la hipótesis de un nieto de Rachmaninov sugiriendo que como su abuelo era un romántico (y no sólo en lo musical) lo que le curó en realidad fue que se había enamorado de la hija de Dahl en sus diarias visitas a la casa del médico- piensa -y yo comparto su opinión- que, tanto o más que la hipnosis pudo influir en la curación de Rachmaninov el que Dahl fuera músico también, un notable violonchelista, y la pasión musical compartida por ambos durante su relación médico-enfermo bien podría haber servido de estímulo para que Rachmaninov volviera a componer.

Sergei Rachmaninov (c. 1900)

Sergei Rachmaninov (c. 1900) en la época cuando compuso su Concierto para piano nº 2

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Años más tarde, la revolución bolchevique hizo que muchos rusos tuvieran que exiliarse del país. Rachmaninov falleció en los Estados Unidos, donde transcurrirían los últimos años de su vida, en 1947. Nikolai Dahl se marchó al Líbano (que entonces era muy diferente a hoy). Allí continuó ejerciendo su profesión y participando como músico en conciertos. Tenemos una foto suya de 1928, en Beirut, en la que se le puede ver (es el músico más mayor, con perilla blanca) a nuestra derecha de la imagen.

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El doctor Nikolai Dahl como músico de una orquesta en Beirut (1928).

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Bechterev y Stalin

Bekhterev_by_Repin

Ilya Repin (1844-1930). Retrato del neurofisiólogo y psiquiatra Vladimir Bechterev (1913).
Óleo sobre lienzo. 107 x 78 cm.
Museo Estatal Ruso. San Petersburgo

Vestido con uniforme militar, pelo largo, poblada barba, y sentado en un sillón desde donde nos mira directamente a los ojos: así retrató Ilya Repin a quien entonces, a los 56 años de edad, ya se había convertido en la máxima figura de la neuropsiquiatría rusa de su época. Catorce años después, Vladimir Bechterev seguía siendo el mejor en su especialidad, y ese fue el motivo -sin duda- por el que Stalin le llamó a consulta. A los pocos días, el médico falleció de repente sin que se haya podido saber la causa. Posiblemente nunca se podrá demostrar; pero muchos afirmaron que el dictador ordenó su muerte…

Vladimir Mijailovich Bechterev fue un neurólogo, neurofisiólogo y psiquiatra ruso, que nació en la pequeña localidad de Sorali, entre el río Volga y los montes Urales, el 1 de febrero de 1857, y murió en Moscú el 24 de diciembre de 1927.

Bechterev da nombre, al menos, a once epónimos que han enriquecido la terminología médica (cuyas definiciones se pueden encontrar en este enlace) aunque se le recuerda especialmente por sus investigaciones sobre el papel del hipocampo en la memoria y sus estudios sobre los reflejos y la psicología del condicionamiento, llevados a cabo de manera independiente a los que por entonces realizaba otro gran científico ruso, con el que -según parece- no tenía precisamente una buena relación: Iván Petrovich Pavlov (1849-1936).

A los 16 años de edad, en 1873, ingresó en la Academia Militar de Medicina y Cirugía de San Petersburgo, graduándose en 1878. Comenzó a ejercer en la Clínica Psiquiátrica de esa misma ciudad. En 1881 presentó su Tesis Doctoral que trataba sobre las posibles relaciones entre la temperatura corporal y algunas enfermedades mentales, y fue habilitado como Profesor Asociado de Neurología y Psiquiatría.

Poco tiempo después, salió al extranjero para ampliar su formación con Wilhelm Wundt y Paul E. Flechsig en Leipzig, con Theodor H. Meynert en Viena, con Karl Friedrich Otto Westphal y Emil H. du Bois-Reymond en Berlín, y con Jean M. Charcot en París.

En 1885 regresó a Rusia para hacerse cargo de la Cátedra de Enfermedades Mentales de la Universidad de Kazán, en la que fundó, en 1886, el primer laboratorio de su país para la investigación de la anatomía y la fisiología del sistema nervioso. En 1893 Bechterev sucedió a su maestro, Merzejewsky, como Profesor y Jefe del Departamento de Enfermedades Psíquicas y Nerviosas de la Academia Militar de Medicina y Cirugía de San Petersburgo, la misma donde él había cursado la carrera. En los años siguientes lleva a cabo numerosos estudios clínicos, entre los que destacan los referidos a la espondilitis anquilosante; publica libros, artículos de revistas y funda, en 1896, la primera revista rusa especializada en enfermedades neuropsiquiátricas; y crea, en 1907, asumiendo personalmente todos los gastos, el que más tarde se llamaría Instituto Estatal para el Estudio del Cerebro, del que seguiría siendo director aún después de haber sido forzado a abandonar su puesto como profesor, en 1913, por presiones del Gobierno.

Tras la Revolución Rusa de 1917, San Petersburgo pasó a ser Petrogrado, la Academia Militar de Medicina se transformó en Universidad Estatal de Ciencias Médicas, y Bechterev fue repuesto en todos sus cargos, desempeñando la Cátedra de Psicología y Reflexología de la Universidad de Petrogrado desde 1918 hasta su muerte.

Bechterev había sido la figura principal de la neuropsiquiatría rusa antes de la Revolución, y continuó siéndolo después.

A finales de 1927 Vladimir M. Bechterev contaba 70 años de edad, pero gozaba de buena salud y se hallaba en plena actividad. En esas fechas, por ejemplo, preparaba su participación en un congreso de su especialidad en Moscú. Entonces fue llamado al Kremlim para pasar consulta a Stalin. No habían pasado dos días de esa consulta cuando, repentina e inesperadamente, Bechterev murió. Unos dicen que había diagnosticado a Stalin una “paranoia grave” y así se lo comunicó al dictador. Otros, que cometió la imprudencia de comentar en público ese diagnóstico (lo cual, de ser cierto, habría atentado contra el deber médico de secreto profesional). La verdad no se sabe. Pero, lo que a nadie le cuesta suponer, aunque no se pueda demostrar, es que el tirano soviético mandó asesinar al médico…

Hablando sobre este tema con mi amigo Rafael Tarín, hombre de muy diversos conocimientos y probada inteligencia, me decía -medio en serio, medio en broma- que, sabiendo quien era StalinBechterev realmente “se suicidó”… ¿Qué podía hacer? ¿Cómo iba a negarse a visitar en consulta a un enfermo? Y más concretamente, a ese enfermo. Un paciente, con más o menos facilidad, dependiendo de la organización de cada sistema de salud, puede elegir su médico. La “libre elección de paciente” por parte del médico ni se plantea… Pero éste es otro tema, que no vamos a entrar a debatir ahora. Otras reflexiones nos absorben el pensamiento… Más allá de la sospecha, podemos tener la certeza de que, desde el poder, se ha asesinado. Y lo peor es que en nuestro mundo actual, bien entrado ya el siglo XXI, no hayamos sido capaces de mejorar lo suficiente para creer que eso no ocurre ni volverá a ocurrir.

Durante el tiempo que he estado trabajando en esta entrada sobre Vladimir Bechterev me ha acompañado la música de Modest Mussorgsky, compatriota y contemporáneo suyo. Sus Cantos y danzas de la muerte ponen el punto final a este texto escrito en un par de frías noches de invierno.