Paul Gachet: el médico pintor y amigo de pintores

Paul Gachet: el médico pintor y amigo de pintores

Es posible que Paul Ferdinand Gachet (1828-1909) haya pasado a la historia tan sólo porque fue el último médico de Vincent van Gogh (1853-1890) y el pintor lo retrató en junio de 1890, poco antes de quitarse la vida. Pero el Dr. Gachet fue un médico muy peculiar, amigo de artistas y artista él mismo, que sólo conoció a Van Gogh durante los dos últimos meses de vida del pintor que lo haría pasar a la historia y no sólo fue retratado por él. No hablaremos ahora del controvertido ejercicio profesional del Dr. Gachet, ni de la polémica que todavía existe sobre su verdadero papel en la muerte de Van Gogh, sino que -simplemente- se expondrá una galería de retratos.

Paul Gachet compartió sus estudios y su ejercicio profesional, como médico, con su pasión por el arte. Él mismo fue autor de un buen número de dibujos, grabados y pinturas, que firmaba con el seudónimo Paul Van Ryssel, que no se pueden calificar de excelentes pero sí merecen que, en alguna ocasión, les dediquemos nuestra atención. Y siempre le gustó cultivar la amistad de los artistas, en especial de los pintores. Su amigo Ambroise Détrez, que luego sería profesor de Bellas Artes en Valenciennes, le retrató cuando todavía era estudiante de Medicina.

Ambroise Détrez (1811-1863). Retrato del doctor Paul Gachet cuando era estudiante (c.1850-1852) Óleo sobre lienzo. 58 x 48,5 cm. Musée des Beaux-Arts. Valenciennes

Ambroise Détrez (1811-1863). Retrato del doctor Paul Gachet cuando era estudiante (c.1850-1852)
Óleo sobre lienzo. 58 x 48,5 cm.
Musée des Beaux-Arts. Valenciennes

.

Tendría Gachet entonces veinticuatro o veinticinco años de edad. En el retrato vemos a un joven delgado, de tez pálida y rostro alargado. El pelo es rubio oscuro, rojizo, y ligeramente ondulado. Los ojos claros y algo caídos. La nariz prominente, discretamente aguileña. Los labios dibujan una boca acorazonada y sobre el superior aparece un fino bigote con las puntas elevadas. La barbilla puntiaguda, casi prognata.

Diez años después, en torno a 1860, Armand Désiré Gautier (1825-1894) le pintó en el cuadro que vemos a continuación (del que lamento no haber podido conseguir una imagen de mayor calidad) en el que un Gachet elegantemente vestido se ha dejado crecer el pelo y las patillas, a la moda de la época, y lleva ya perilla; aunque todavía no es la que veremos en los retratos de épocas posteriores.

Armand D. Gautier (1825-1894). Le Docteur Paul Gachet (c.1859-1861)

Armand D. Gautier (1825-1894). Le Docteur Paul Gachet (c.1859-1861)

.

Charles Lucien Léandre (1862-1934) se hizo especialmente famoso por sus caricaturas, como ésta que nos muestra a Gachet fumando en pipa, más alopécico de lo que en realidad era; pero perfectamente reflejados, por los demás, los rasgos característicos que vemos en los otros cuadros de esta época, cuando el médico ya rondaba los sesenta años de edad.

Charles Léandre (1862-1934). Paul Ferdinand Gachet (c.1887)

Charles Léandre (1862-1934). Paul Ferdinand Gachet (c.1887)

.

Fumando en pipa, también, en un grabado menos conocido que sus dos famosos cuadros, lo retrató Vincent van Gogh en mayo de 1890, cuando acababan de conocerse en Auvers-sur-Oise. El grabado fue realizado por el artista holandés en el taller propiedad de Gachet.

Vincent Van Gogh (1853-1890). El Dr. Gachet fumando en pipa Grabado realizado el 25 de mayo de 1890 Rijksmuseum Kröller-Müller. Otterlo. Holanda

Vincent Van Gogh (1853-1890). El Dr. Gachet fumando en pipa
Grabado realizado el 25 de mayo de 1890
Rijksmuseum Kröller-Müller. Otterlo. Holanda

.

Pero, sin duda, el Dr. Gachet ha pasado a la historia por los dos cuadros que pintó “el loco del pelo rojo” un mes antes de quitarse la vida. Mucho habría que hablar de estos cuadros y de la especial relación médico-enfermo que mantuvieron el pintor y su modelo. Quizás pueda hacerlo más adelante.

Vincent van Gogh (1853-1890). Retrato del doctor Gachet (1890). Primera versión. Colección particular

Vincent van Gogh (1853-1890). Retrato del doctor Gachet (1890). Primera versión. Colección particular

.

De momento, dejo un enlace a la página del Museo de Orsay, donde se encuentra la segunda versión del retrato, y donde se habla de la relación que existió entre Vincent van Gogh y Paul Gachet. La página es muy buena; aunque habría que matizar algunas de las afirmaciones que en ella se expresan.

Vincent van Gogh (1853-1890). El doctor Paul Gachet (1890). Museo de Orsay, París

Vincent van Gogh (1853-1890). El doctor Paul Gachet (1890). Museo de Orsay, París

.

Otro retrato, uno de mis preferidos, es el que pintó Norbert Goeneutte (1854-1894) recién llegado a Auvers, en 1891, un año después de la muerte de Van Gogh, el año en que el Dr. Gachet cumplía los 69 de edad. El ya anciano médico (que todavía viviría dieciocho años más) aparece de perfil, leyendo un libro apoyado en un atril. Sobre la mesa se puede ver una tetera, una lupa enorme, otro libro y encima sus lentes. Sin duda tenía ya problemas de visión pero, coqueto, no se pone las gafas para retratarse. La misma coquetería que le llevaría -según parece- a teñirse el pelo, como lo hacía aquel rey Pedro III de Aragón de quien habla mi amigo Antonio Castillo en su blog tagarete. Porque, desde siempre, la coquetería ha sido cosa de hombres… 😉

Norbert Goeneutte (1854-1894). El doctor Paul Gachet (1891) Óleo sobre madera. 35 x 27 cm. Musée de Orsay. París

Norbert Goeneutte (1854-1894). El doctor Paul Gachet (1891)
Óleo sobre madera. 35 x 27 cm.
Musée de Orsay. París

.

Y aún nos queda un retrato más, el que pintó el hijo del Dr. Gachet, Louis-Paul Gachet (1873-1962), que no sólo llevaba el apellido real de su padre, sino que firmaba sus obras con el seudónimo Louis van Ryssel, igual que el Dr. Gachet, también pintor, lo hacía con el de Paul van Ryssel. En el cuadro, pintado con acuarelas y lápices de colores en 1903, cuando nuestro médico amigo de artistas rondaba los setenta y cinco años de edad. Vemos al Dr. Gachet escribiendo -al parecer en un momento de reflexión- con la pluma ligeramente levantada sobre el papel, en la mano derecha, mientras que apoya la izquierda encima de una calavera. Al fondo, bajo la fecha de realización del cuadro en números romanos, sólo se ve una pequeña escultura que representa una figura humana, que tanto podía valer al médico como al pintor; aunque Paul Ferdinand Gachet, como pintor, no destacó especialmente en el dibujo de la figura humana, puesto que la mayoría de sus obras fueron paisajes o bodegones. Y cuando pinta personas, sus imágenes aparecen difuminadas, sin una clara forma anatómica. Pero es el rostro del viejo doctor el que más me llama la atención. Sigue siendo el mismo que retrató Van Gogh trece años antes, con sus ojos claros y caídos, su nariz aguileña y esa perilla y ese bigote tan característicos, pelirrojos (seguramente teñidos) como el cabello, igual que lo pintó Van Gogh. Incluso lleva una gorra, que no sabemos si era la misma que llevaba en los retratos del holandés. Una gorra que según leo, se encuentra en el Museo de Orsay.

Louis van Ryssel (1873-1962). Portrait du docteur Gachet écrivant (1903) Acuarela y lápices de colores. 64 x 48,5 cm. (C) RMN (Musée d'Orsay / Jean Gilles Berizzi)

Louis van Ryssel (1873-1962). Portrait du docteur Gachet écrivant (1903)
Acuarela y lápices de colores. 64 x 48,5 cm.
(C) RMN (Musée d’Orsay / Jean Gilles Berizzi)

.

Anuncios

Henry Tonks (1862-1937): el cirujano que se hizo pintor y pintó los rostros del horror de la guerra

Henry Tonks (1862-1937): el cirujano que se hizo pintor y pintó los rostros del horror de la guerra

Preparando la entrada anterior sobre Gassed, el impresionante testimonio de John Singer Sargent sobre la Primera Guerra Mundial -un cuadro sobre el que quería tratar desde hace tiempo pero que ha tenido que esperar hasta ahora, al cumplirse el centenario del inicio de la Gran Guerra– me he encontrado por casualidad con una historia que no podía ser más interesante para un blog como éste y en estas fechas. La historia de un cirujano inglés que abandonó el ejercicio de la medicina para dedicarse por completo a la pintura, hasta que la Guerra volvió a unir ambas profesiones: Henry Tonks. Él fue el compañero de Sargent en su viaje a los campos de batalla de Francia, enviados por el gobierno británico para plasmar en sus lienzos lo que vieran alli. Aunque como caricaturista que era también, Tonks aprovechó la ocasión para dejarnos un dibujo del maestro Sargent en plena labor…

Tonks_-_John_Singer_Sargent

Henry Tonks (1862-1937). John Singer Sargent painting (1918)

*

Henry Tonks nació en Solihull, en la región inglesa de West Midlands, el 9 de abril de 1862. Estudió Medicina en el Royal Sussex County Hospital (1882-1885) y en el London Hospital (1885-1888). Con más vocación docente que por la práctica médica, pronto dejó el ejercicio profesional para dar clases de Anatomía en el London Hospital y, enseguida, daba clases también de su auténtica pasión, la pintura, en la Slade School of Fine Art, de Londres, para acabar dedicándose plenamente al arte poco tiempo después.

Pero la Primera Guerra Mundial haría que el profesor de arte, con más de cincuenta años, se reencontrara con su antigua profesión. Al principio como camillero o en las ambulancias de la Cruz Roja británica, o ayudando en su labor a los cirujanos militares… De aquella época data una de sus obras más conocidas: A Saline Infusion (1915).

808px-Tonks,_Henry_-_Saline_Infusion-_An_incident_in_the_British_Red_Cross_Hospital,_Arc-en-Barrois,_1915_-_Google_Art_Project

Henry Tonks (1862-1937). Saline Infusion: An incident in the British Red Cross Hospital, Arc-en-Barrois, 1915. Imperial War Museum, Londres.

*

A Saline Infusion (o más exactamente Saline Infusion: An incident in the British Red Cross Hospital, Arc-en Barrois, 1915) es un dibujo al carboncillo que muestra el momento en el que se le está administrando una solución salina a un herido. La representación del sufrimiento del paciente no puede ser más evidente -a pesar de lo diluido de la escena- mientras dos médicos y una enfermera intentan aliviar su dolor. Xavier González Cuadra, que trata ampliamente sobre la vida y la obra de Henry Tonks en su blog La Gran Guerra 1914-1918 (y a quien seguimos en buena parte de esta entrada) apunta que los críticos ven en el herido “un gesto asimilable a las líneas de las deposiciones de Cristo de los pintores barrocos” y hablan de la admiración que sentía Tonks por pintores como Velázquez y Rubens. Pero lo cierto es que este dibujo -añade González Cuadra– “provoca en el espectador un natural sentimiento de compasión por el herido y su sufrimiento.” Estamos, en definitiva, ante una obra muy distinta a la mayoría de las que se realizaron en los inicios de la Guerra como, por ejemplo, The First Wounded, London Hospital, August 1914, de John Lavery.

(c) Rosenstiel's; Supplied by The Public Catalogue Foundation

John Lavery (1856-1941). The First Wounded, London Hospital, August 1914. Dundee Art Galleries and Museums

 *

La pintura del irlandés Lavery muestra una sala de hospital con heridos convalecientes en una actitud relajada y el primer plano lo ocupa una enfermera que cura cuidadosamente a un joven soldado escocés, sin aparente expresión de dolor. La obra, con clara intención propagandística, muestra el merecido reposo del soldado, el descanso del guerrero -como una especie de premio, aunque haya caído herido- después de haber cumplido con su deber. En cambio, el convulso y doliente herido de Tonks refleja la cruda realidad de la guerra: el sufrimiento.

A principios de 1916 Henry Tonks se incorporó al Royal Army Medical Corps con el grado de teniente, desempeñando labores estrictamente médicas; pero muy pronto, medicina y arte volvieron a confluir en su vida, en cuanto comenzó a colaborar con el cirujano Harold Gillies, pionero de la Cirugía Plástica y Reparadora. Como buen anatomista, y mejor dibujante, Tonks emprendió la dura tarea de retratar a los pacientes que atendía Gillies, los cuales sufrían terribles heridas en el rostro. El objetivo era captar hasta los mínimos detalles de esas heridas. Los dibujos de los llamados “guesules cassées” permitían preparar las intervenciones quirúrgicas, observar la evolución de las heridas y su posterior recuperación.

El mismo Tonks, escribía lo siguiente cuando iniciaba su trabajo con Harold Gillies:

“I am doing a number of pastel heads of wounded soldiers who have had their faces knocked about. […] A very good surgeon called Gillies is undertaking what is known as the plastic surgery necessary. It is a chamber of horrors but I am quite content to draw them, as it is excellent practice. One poor fellow… as the DCM. A large part of his mouth has been blown away. He is extremely modest and contented. I hope Gillies will make a good job of him.”

A continuación podemos ver dos de esos retratos que Tonks realizó. Ambos son del mismo soldado herido en la cara, antes y después de ser intervenido quirúrgicamente por Gillies.

rvcb_a_451430_o_f0005g

Henry Tonks (1862-1937). Retrato de un soldado herido antes del tratamiento. Pastel. 1916-1917. (C) The Royal College of Surgeons of England

*

rvcb_a_451430_o_f0006g

Henry Tonks (1862-1937). Retrato de un soldado herido después del tratamiento. Pastel. 1916-1917. (C) The Royal College of Surgeons of England

*

La colaboración entre Tonks y Gillies duró hasta bien estrado el año 1918, y tuvo su sede en el Queen’s Hospital de Sidcup donde se estableció una unidad especializada en reconstrucción facial.

rvcb_a_451430_o_f0001g

Henry Tonks en su despacho del Queen’s Hospital, Sidcup, 1917. (C) The Royal College of Surgeons of England

*

A lo largo de esos meses de trabajo, el artista -antes cirujano- realizó más de sesenta retratos al pastel que actualmente se conservan en los archivos de The Royal College of Surgeons of England. Pero Tonks nunca consideró esos retratos como obras de arte, sino como un trabajo estrictamente científico. De hecho -según el ya citado González Cuadra– “…Tonks se disgustó profundamente cuando vió exhibida su obra en las paredes del Cambridge Hospital en Aldershot. La protección [de la] intimidad de sus pacientes, the poor ruined faces of England como les llamaba, influyó más que su negativa a creer que su obra era arte.”

El 2 de julio de 1918, Henry Tonks emprendió su viaje a Francia junto a John Singer Sargent, a instancias del gobierno británico, para dejar testimonio en sus lienzos de sus respectivas visiones de la guerra. Sargent pintó su colosal Gassed, que ya vimos en la entrada anterior pero reproduzco ahora de nuevo por si alguien no lo ha visto todavía (se puede ampliar pulsando sobre la imagen).

1024px-Sargent,_John_Singer_(RA)_-_Gassed_-_Google_Art_Project

John Singer Sargent (1856-1925). Gassed (1919). Imperial War Museum. Londres

*

Tonks, por su parte, presentó An Advanced Dressing Station

1220px-Tonks,_Henry_-_An_Advanced_Dressing_Station_in_France,_1918_-_Google_Art_Project

Henry Tonks (1862-1937). An Advanced Dressing Station in France, 1918. Imperial War Museums. Londres

*

Dejo la palabra, de nuevo, a González Cuadra:

“… An advanced dressing station no fue fruto de una iluminación o de inspiración: fue el resultado de numerosos croquis y estudios tomados en los alrededores de los hospitales de campaña cercanos a Bailleaument. Tonks aclaró en una carta que le resultaba imposible tomar una instantánea de un lugar como un hospital de campaña en pleno frenesí. El ambiente imperante de dolor, sufrimiento, trasiego y muerte no le permitían captar un sólo momento. La escena reflejada en su An advanced dressing station, France 1918, confiesa Tonks, fue el resultado de diferentes tomas de diversos lugares y momentos. Por una carta […] se puede deducir que el espectáculo que ofrecía un hospital de estas características no invitaba precisamente a pintar. En otra carta […] confesaba que había visto suficiente dolor y sufrimiento para llenar varias vidas. Por los que le conocieron, parece que el viaje que hizo Tonks al frente durante 1918 fue de todo menos artístico. Los mismos parecen coincidir en señalar dos razones o causas en la apatía artística de Tonks. Por un lado, parece que la figura de Sargent, el ya consagrado maestro, imponía un gran respeto a Tonks, e incluso un ligero complejo. Otro factor pudo haber sido la propia vertiente de Tonks como médico. Es muy probable que la reiterada contemplación de escenas y cuadros de dolor de los soldados yacentes y moribundos despertase en Tonks su vertiente médica y que su yo más artístico quedase en un segundo plano. El hecho final es que su obra tuvo una gran acogida por parte de la crítica durante su primera exhibición en diciembre de 1919 en la Royal Academy. La crítica fue unánime con el veredicto. Se trataba, sin duda, de una gran obra que mostraba los horrores de la guerra y sus consecuencias de una forma muy plástica. El cuadro, sin embargo, no tenía una carga dramática como los de Sargent [y otros]. Las escenas estaban perfectamente descritas, pero había en ellas un ausencia de algo trágico, como si el espectador del momento hubiese estado más pendiente de la descripción del momento que de su propio sentir como parece que fue el caso.”

Tras la guerra, Henry Tonks, el cirujano que abandonó su profesión para hacerse pintor, pero que -por las circunstancias de la época- le correspondió retratar el horror de la guerra, volvió a impartir clase como profesor de arte en la Slade School of Fine Art, hasta su jubilación en 1930. Falleció en su casa de Chelsea el 8 de enero de 1937. Al menos no se enteró de que el mundo giraba sin pausa hacia un horror aún mayor.

 

Pávlov retratado por Repin

I.P.Pavlov_by_Repin 1924 Tretiakov*

De Iván Petróvich Pávlov existen multitud de imágenes, la mayoría fotografías; pero, para completar esta tríada de entradas que le he dedicado de forma imprevista, quiero traer a este blog el otro retrato que conozco del gran investigador ruso, pintado esta vez por uno de los más reconocidos artistas contemporáneos suyos: Iliá Repin.

Este retrato, que nos muestra simplemente a un venerable anciano de poblada barba blanca -tan blanca como su bata- y con un libro entre sus manos, es anterior a los que hemos visto en las dos últimas entradas. Repin lo pintó en 1924, veinte años después de que a Pávlov le concedieran el Premio Nobel de Medicina y Fisiología, cuando el científico rondaba ya los 75 años de edad pero continuaba trabajando en su laboratorio, sin que el régimen soviético -con el que nunca simpatizó- le hubiera molestado en lo más mínimo, consciente quizás del enorme prestigio internacional de su científico más eminente.

De la misma época es la siguiente fotografía, con la que se pone punto final (al menos de momento) a las tres entradas que hemos dedicado a Pávlov.

Ivan_Pavlov_NLM3

Pávlov leyendo

portrait-of-ivan-pavlov-1930 por Mikhail Nesterov

Mijaíl Nésterov (1862-1942). Retrato de Iván P. Pavlov (1930). Museo Estatal Ruso. San Petersburgo

Así retrató el pintor ruso Mijaíl Nesterov a su amigo Iván Petróvich Pávlov (1849-1936), el investigador de los reflejos condicionados en perros. cuyos trabajos dieron origen al desarrollo de técnicas psicológicas como el conductismo. Era en 1930, Pávlov tenía 81 años de edad, y estaba leyendo plácidamente sus libros de Medicina.

¡De mayor quiero ser como Pávlov!

Para acompañar al gran científico en su tranquila lectura… el Adagio del ballet Espartaco, de Aram Khachaturiam.

 

El “estudio anatómico” de Ole Fick

El “estudio anatómico” de Ole Fick

Perdón por interrumpir el hilo del dicurso sobre el saturnismo en los pintores que estoy publicando. Volveré a ello pronto. Pero uno es esencialmente disperso y hay algo que acabo de encontrar y quiero compartir aquí sin más demora. Creía yo que eso de “tener la cabeza cuadrada” no era más que una frase hecha. Y resulta que no, que los “cabezas cuadradas” existen 😉 como nos demuestra el artista danés Ole Fick en este sorprendente “estudio anatómico“.

Ole Fick Anatomic Study

Me quedo meditando sobre el asunto, como el señor del cuadro, y para no abandonar la idiosincrasia escandinava, lo haré escuchando una de las composiciones de Niels Wilhelm Gade, compatriota del pintor; aunque los interpretes de sus “Ecos del Océano” sean, en esta ocasión, los jóvenes componentes de una orquesta alemana.

Un examen en la Facultad de Medicina de París, según Toulouse-Lautrec

Henri de Toulouse-Lautrec Un examen à la faculté de médecine París mTL Albi

Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Un Examen à la Faculté de Médecine de Paris (1901)
Óleo sobre cartón. 65 x 81 cm.
(C) Musée Toulouse-Lautrec. Albi. Francia

Continuando con la somera aproximación a la obra de Toulouse-Lautrec que hemos venido realizando últimamente (la cual, si fuera capaz de llevarlo a cabo, quisiera que fuera el inicio de un estudio mucho más en profundidad sobre la apasionante vida y singular obra del pintor de Albi) hoy correspondería tratar sobre uno de sus cuadros más emblemáticos en cuanto se refiere a la relación entre la medicina y el arte: “La inspección médica“. Pero eso ya lo ha hecho de modo ejemplar mi querido colega y amigo, el Dr. Francisco Javier Tostado Fernández, y muy recientemente además, el pasado 30 de octubre. Por eso, y porque él lo ha hecho mucho mejor de lo que podría hacerlo yo, a su blog me remito, pudiendo acceder directamente a su artículo pulsando sobre el siguiente enlace:

La Medicina en el Arte: Pintura – Hoy toca ir al ginecólogo

Por mi parte, concluyo -de momento- las referencias a las obras de Toulouse-Lautrec relacionadas con la medicina, con uno de sus últimos cuadros -quizás el último- pintado en 1901, el mismo año de su muerte, conocido como “Un examen en la Facultad de Medicina de París“, que se encuentra actualmente en el Museo Toulouse-Lautrec de Albi, su ciudad natal. El cuadro nos muestra el examen de doctorado que tuvo que superar su primo, Gabriel Tapié de Céleyran, a quien vemos a la izquierda de la imagen, y a quien ya nos hemos referido en una entrada anterior, ante un tribunal del que formaban parte el profesor Robert Wurtz (con la toga roja) y el profesor Alfred Fournier.

Bechterev y Stalin

Bekhterev_by_Repin

Ilya Repin (1844-1930). Retrato del neurofisiólogo y psiquiatra Vladimir Bechterev (1913).
Óleo sobre lienzo. 107 x 78 cm.
Museo Estatal Ruso. San Petersburgo

Vestido con uniforme militar, pelo largo, poblada barba, y sentado en un sillón desde donde nos mira directamente a los ojos: así retrató Ilya Repin a quien entonces, a los 56 años de edad, ya se había convertido en la máxima figura de la neuropsiquiatría rusa de su época. Catorce años después, Vladimir Bechterev seguía siendo el mejor en su especialidad, y ese fue el motivo -sin duda- por el que Stalin le llamó a consulta. A los pocos días, el médico falleció de repente sin que se haya podido saber la causa. Posiblemente nunca se podrá demostrar; pero muchos afirmaron que el dictador ordenó su muerte…

Vladimir Mijailovich Bechterev fue un neurólogo, neurofisiólogo y psiquiatra ruso, que nació en la pequeña localidad de Sorali, entre el río Volga y los montes Urales, el 1 de febrero de 1857, y murió en Moscú el 24 de diciembre de 1927.

Bechterev da nombre, al menos, a once epónimos que han enriquecido la terminología médica (cuyas definiciones se pueden encontrar en este enlace) aunque se le recuerda especialmente por sus investigaciones sobre el papel del hipocampo en la memoria y sus estudios sobre los reflejos y la psicología del condicionamiento, llevados a cabo de manera independiente a los que por entonces realizaba otro gran científico ruso, con el que -según parece- no tenía precisamente una buena relación: Iván Petrovich Pavlov (1849-1936).

A los 16 años de edad, en 1873, ingresó en la Academia Militar de Medicina y Cirugía de San Petersburgo, graduándose en 1878. Comenzó a ejercer en la Clínica Psiquiátrica de esa misma ciudad. En 1881 presentó su Tesis Doctoral que trataba sobre las posibles relaciones entre la temperatura corporal y algunas enfermedades mentales, y fue habilitado como Profesor Asociado de Neurología y Psiquiatría.

Poco tiempo después, salió al extranjero para ampliar su formación con Wilhelm Wundt y Paul E. Flechsig en Leipzig, con Theodor H. Meynert en Viena, con Karl Friedrich Otto Westphal y Emil H. du Bois-Reymond en Berlín, y con Jean M. Charcot en París.

En 1885 regresó a Rusia para hacerse cargo de la Cátedra de Enfermedades Mentales de la Universidad de Kazán, en la que fundó, en 1886, el primer laboratorio de su país para la investigación de la anatomía y la fisiología del sistema nervioso. En 1893 Bechterev sucedió a su maestro, Merzejewsky, como Profesor y Jefe del Departamento de Enfermedades Psíquicas y Nerviosas de la Academia Militar de Medicina y Cirugía de San Petersburgo, la misma donde él había cursado la carrera. En los años siguientes lleva a cabo numerosos estudios clínicos, entre los que destacan los referidos a la espondilitis anquilosante; publica libros, artículos de revistas y funda, en 1896, la primera revista rusa especializada en enfermedades neuropsiquiátricas; y crea, en 1907, asumiendo personalmente todos los gastos, el que más tarde se llamaría Instituto Estatal para el Estudio del Cerebro, del que seguiría siendo director aún después de haber sido forzado a abandonar su puesto como profesor, en 1913, por presiones del Gobierno.

Tras la Revolución Rusa de 1917, San Petersburgo pasó a ser Petrogrado, la Academia Militar de Medicina se transformó en Universidad Estatal de Ciencias Médicas, y Bechterev fue repuesto en todos sus cargos, desempeñando la Cátedra de Psicología y Reflexología de la Universidad de Petrogrado desde 1918 hasta su muerte.

Bechterev había sido la figura principal de la neuropsiquiatría rusa antes de la Revolución, y continuó siéndolo después.

A finales de 1927 Vladimir M. Bechterev contaba 70 años de edad, pero gozaba de buena salud y se hallaba en plena actividad. En esas fechas, por ejemplo, preparaba su participación en un congreso de su especialidad en Moscú. Entonces fue llamado al Kremlim para pasar consulta a Stalin. No habían pasado dos días de esa consulta cuando, repentina e inesperadamente, Bechterev murió. Unos dicen que había diagnosticado a Stalin una “paranoia grave” y así se lo comunicó al dictador. Otros, que cometió la imprudencia de comentar en público ese diagnóstico (lo cual, de ser cierto, habría atentado contra el deber médico de secreto profesional). La verdad no se sabe. Pero, lo que a nadie le cuesta suponer, aunque no se pueda demostrar, es que el tirano soviético mandó asesinar al médico…

Hablando sobre este tema con mi amigo Rafael Tarín, hombre de muy diversos conocimientos y probada inteligencia, me decía -medio en serio, medio en broma- que, sabiendo quien era StalinBechterev realmente “se suicidó”… ¿Qué podía hacer? ¿Cómo iba a negarse a visitar en consulta a un enfermo? Y más concretamente, a ese enfermo. Un paciente, con más o menos facilidad, dependiendo de la organización de cada sistema de salud, puede elegir su médico. La “libre elección de paciente” por parte del médico ni se plantea… Pero éste es otro tema, que no vamos a entrar a debatir ahora. Otras reflexiones nos absorben el pensamiento… Más allá de la sospecha, podemos tener la certeza de que, desde el poder, se ha asesinado. Y lo peor es que en nuestro mundo actual, bien entrado ya el siglo XXI, no hayamos sido capaces de mejorar lo suficiente para creer que eso no ocurre ni volverá a ocurrir.

Durante el tiempo que he estado trabajando en esta entrada sobre Vladimir Bechterev me ha acompañado la música de Modest Mussorgsky, compatriota y contemporáneo suyo. Sus Cantos y danzas de la muerte ponen el punto final a este texto escrito en un par de frías noches de invierno.

Dalí: ¿loco o genio?

Salvador Dalí fotografiado por Philippe Halsman en 1954

Dalí, al hablar, no me mira a la cara, no se preocupa lo más mínimo de observar si le creo o no. Sabe muy bien que, si no le considero un genio, como se proclama, debo por fuerza considerarle un loco: lo cual, a efectos de éxito, vale otro tanto, si no acaso más. Probablemente, sólo se ofendería si adivinase lo que en realidad pienso de él: que no “es” genio, ni loco; pero se “hace” lo uno y lo otro con insuperable maestría”.

Son palabras del gran periodista italiano Indro Montanelli. Las copio literalmente del blog MI SIGLO, referencia constante para mí porque considero a su autor, el Profesor José Julio Perlado, mi maestro en este mundo virtual que llamamos “blogosfera” (y que mi admirado José Julio me perdone el atrevimiento de publicarlo, porque aún estoy muy lejos de su “saber hacer” y “saber ser”). El texto completo se encuentra en la entrada “Dalí en París”.

La pregunta del título la dejo sin respuesta, a la espera de la consideración de quien tenga la amabilidad de leer estas líneas. Mientras lo hace, sin ánimo de influir… o sí, se puede escuchar la canción que Mecano dedicó al pintor figuerense y recrearse con las imágenes de este vídeo.