La lección de geografía del doctor Trioson

La lección de geografía del doctor Trioson

De algunos médicos la historia seguramente no guardaría recuerdo, si no fuera porque tuvieron en su vida relación con pintores -más o menos famosos- que pintaron para la posteridad su retrato. Es el caso, por ejemplo, del abuelo médico de las Anguissola, que retrató con el mayor cariño su nieta, la adolescente Lucía; o el doctor Alphonse Leroy, que retrató un agradecido Jacques-Louis David por ser el ginecólogo de su esposa.  De ambos se ha hablado en este blog. Y es el caso, también, del doctor Benoît-François Trioson (1735-1815), en quien no nos habríamos fijado si no fuera por un cuadro de Anne-Louis Girodet-Trioson (1767-1824): La Leçon de géographie (1803).

El doctor Benoît-François Trioson era médico, “medecin-des-mesdames” (aunque no se puede asegurar que fuera obstetra y ginecólogo) y uno de los ciudadanos más notables de la villa de Montargis, que dista 115 kilómetros de París. Su ideología monárquica, posiblemente, le habría causado algunas dificultades durante los convulsos tiempos de la Revolución Francesa. Con su joven esposa, Marie-Jeanne, lamentablemente fallecida en 1795, y ya bastante mayor, cumplidos los 55 años, había tenido a su único hijo, Benoît-Agnés (1790-1804), en quien se centrarían sus atenciones y sus ilusiones; pero que moriría también, por desgracia, el año después de que se pintara el cuadro. La relación del doctor Trioson con el pintor Anne-Louis Girodet venía de antiguo. Tanto, que muchos afirman que era hijo natural suyo. Oficialmente, se dice que Trioson era íntimo amigo de los padres de Girodet, quienes le nombraron su tutor. Los padres del pintor murieron, con pocos años de diferencia, en 1784 y 1787. Desde entonces, el doctor Trioson se hizo cargo de todo lo concerniente a Girodet, incluyendo su herencia y su formación artística, primero en arquitectura y luego en pintura, llegando a ser uno de los discípulos más destacados de Jacques-Louis David. Tras el fallecimiento del pequeño Benoît-Agnés, el médico adoptó como hijo al pintor, y éste unió a su apellido el de su padre adoptivo, surgiendo así el compuesto Girodet-Trioson.*

Anne-Louis Girodet-Trioson (1767-1824). La Leçon de géographie (1803) Óleo sobre lienzo. 101 x 79 cm. Musée Girodet. Montargis (Francia)

Anne-Louis Girodet-Trioson (1767-1824). La Leçon de géographie (1803)
Óleo sobre lienzo. 101 x 79 cm.
Musée Girodet. Montargis (Francia)

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En cuanto al cuadro, La Leçon de géographie, se puede decir que es el último de una serie de retratos de la familia del doctor Trioson pintados por Girodet (algunos de ellos podremos verlos después). El artista rinde homenaje a su tutor, cuya profesión se expresa mediante el busto de Hipócrates que aparece al fondo, detrás del médico, con un doble retrato muy representativo del espíritu que Rousseau infundió a la Ilustración. El doctor Trioson, como padre, contribuye activamente a la educación de su hijo. Para complementar su formación, tras haber leído los Comentarios de la Guerra Civil, de Julio César, el libro sobre el que el niño apoya su mano derecha, su padre le muestra en un globo terráqueo el norte de África y ambos señalan hacia el lugar donde Pompeyo fue asesinado. Los accesorios se limitan a lo esencial para resaltar, fundamentalmente, la afectuosa solicitud con la que el padre atiende a su hijo, absorbido por el estudio. Pero, Girodet, era también un apasionado de la pintura flamenca del siglo XVII, y de ésta toma el gusto por el detalle y los símbolos. Símbolos como las uvas o esa mosca, pintada con minuciosidad exquisita, que representan la fugacidad del tiempo y de la vida, como un presagio de la muerte cruel que, en menos de un año, le robaría a Trioson su querido hijo.

El detalle de la mosca se puede apreciar muy bien en el inicio de la excelente página web, que dejo a continuación, del Musée Girodet.

Antes de La Leçon de géographie, Girodet ya había retratado a su tutor, al menos, en dos ocasiones:

Anne-Louise Girodet-Trioson (1767-1824). Portrait de profil du docteur Trioson (1783) Musée Girodet. Montargis

Anne-Louise Girodet-Trioson (1767-1824). Portrait de profil du docteur Trioson (1783)
Musée Girodet. Montargis

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Anne-Louis Girodet-Trioson (1767-1824). Portrait du Docteur Trioson (1790) Óleo sobre lienzo. 60 x 45 cm. Musée Girodet. Montargis

Anne-Louis Girodet-Trioson (1767-1824). Portrait du Docteur Trioson (1790)
Óleo sobre lienzo. 60 x 45 cm.
Musée Girodet. Montargis

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Y, al niño, Benoît-Agnés, en otras dos.

Anne-Louis Girodet-Trioson (1767-1824). Benoît Agnés Trioson  regardant des figures dans un livre (1797) Óleo sobre lienzo. 73 x 59 cm. Musée Girodet. Montargis

Anne-Louis Girodet-Trioson (1767-1824). Benoît Agnés Trioson
regardant des figures dans un livre (1797)
Óleo sobre lienzo. 73 x 59 cm.
Musée Girodet. Montargis

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Benoit Agnes 1800

Anne-Louis Girodet-Trioson (1767-1824). Benoît-Agnés Trioson étudiand son rudiment (1800) Óleo sobre lienzo. Musée du Louvre. París

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Contemporáneo de grandes figuras de la Historia de la Medicina, como Desault, Vicq d’Azir o Corvisart, por no citar más que tres nombres ilustres, habitante de esa Francia situada en el primer nivel de la medicina mundial, el doctor Benoît-François Trioson, a quien hemos visto aquí ejerciendo no como médico sino como padre -una labor más difícil todavía- probablemente sería un completo desconocido si no fuera porque un pintor que alcanzaría merecida fama, Anne-Louis Girodet, formó parte importante de su vida: hasta el punto de convertirse en su hijo adoptivo y ser conocido como Girodet-Trioson.

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Ilustración anatómica de una mujer embarazada (Siglo XVIII)

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¿Cómo calificarías esta ilustración anatómica de una mujer embarazada, fechada en 1773?

Realmente, merece la pena detenerse un rato para admirar la obra de este ilustre antecesor de Sobotta y Netter, el francés Jacques Fabien Gautier d’Agoty (1716-1785). La puedes ver, como otras muchas ilustraciones anatómicas, en el siguiente enlace a una página web de la National Library of Medicine:

Dream Anatomy

 

Hipócrates rechazando los regalos de Artajerjes, en un cuadro de Girodet-Trioson

AnneLouisGirodetTrioson--HippocraterefusantlesprsentsdArtaxerxs1792

Anne-Louis Girodet de Roussy-Trioson (1767-1824).
Hippocrate refusant les presents d’Artaxerxés (1792).
Óleo sobre lienzo. 99 x 135 cm.
Museé d’Histoire de la Médecine[?]París.

“En la vida de Hipócrates -apunta el Profesor Reverte Coma– como suele suceder en la de muchos grandes hombres que la humanidad ha producido, se mezclan la realidad y la leyenda”.(1) Una de esas leyendas la pintó el francés Anne-Louis Girodet de Roussy-Trioson en 1792. En el cuadro, acompañado por algunos de sus discípulos, un Hipócrates de apariencia austera y gesto digno rechaza, sin mirarlos siquiera, los valiosos presentes que le ofrece la embajada persa enviada por el rey Artajerjes II Mnemón. Los persas le pedían que fuera con ellos “…para curar a sus tropas, diezmadas por una epidemia”.(2) El “Padre de la Medicina” se negó, aduciendo, según Reverte Coma, “…que el honor le impedía atender su petición”. Mucho se ha criticado esta supuesta negativa hipocrática a atender a los enfermos enemigos. Una negativa que nos debe hacer reflexionar -como señala Cáceres Chacón– “…sobre las obligaciones actuales del médico en el ámbito de la Declaración Universal de Bioética y Derechos Humanos de la UNESCO” y de la deontología médica, en general.

No habría sido esa, sin embargo, la única ocasión en que Hipócrates negara la asistencia médica al enemigo. El ya citado profesor Reverte Coma, añade:

“Cuentan también Varrón, Galeno y Plinio que durante las guerras del Peloponeso, los reyes de Iliria pidieron a Hipócrates que fuese a curar una terrible epidemia de peste que se había declarado entre ellos. Se ha criticado a Hipócrates que se negase a ir allá, pero al parecer Hipócrates comprendió que la peste no tardaría en llegar a Atenas basándose en la dirección del viento, como así fue, y consideró que allí serían más necesarios sus servicios. Las grandes hogueras que mandó encender en toda la ciudad aplacaron la peste y quienes estuvieron cerca de ellas se vieron libres de la enfermedad.”

Si cuanto se ha dicho aquí fuera cierto: ¿Hizo bien o hizo mal, el médico Hipócrates, negándose a prestar asistencia al enemigo? La pregunta queda abierta para la discusión.

BIBLIOGRAFÍA

(1) REVERTE COMA, J. M. (s.f.): “Asclepieion de Cos. La tumba de Hipócrates”. [Disponible en: http://www.museorevertecoma.org/v2/index.php?option=com_content&view=article&id=22:asclepieion-de-cos-la-tumba-de-hipocrates&catid=1:antropologia&Itemid=2; consultado el 30 de abril de 2013].

(2) CÁCERES CHACÓN, A. (2009): “Hipócrates rechazando los regalos de Artajerjes”. Neuroeje, 22, 1: 19. [Disponible en: http://www.binasss.sa.cr/revistas/neuroeje/v22n1/art5.pdf; consultado el 30 de abril de 2013].

El retrato del Dr. Alphonse Leroy

Jacques-Louis David (1748-1825). Retrato de doctor Alphonse Leroy (1783)Óleo sobre lienzo. 72 x 91

Jacques-Louis David (1748-1825). Retrato de doctor Alphonse Leroy (1783)
Óleo sobre lienzo. 72 x 91
Musée Fabre, Montpellier, Francia

Siempre que publico este retrato del médico Alphonse Leroy, que pintó Jacques-Louis David (y ya lo he hecho en mis blogs Medicina y Arte y Retratos de Médicos) transcribo la descripción que hizo de él mi querido amigo, el Profesor Juan V. Fernández de la Gala, porque me parece insuperable. Sé que Juan, siempre generoso, no se molestará porque vuelva a hacerlo ahora. Y yo se lo agradezco.

“El cuadro salió de la mano hábil de Jacques-Louis David hacia 1783. La humanidad del doctor Alphonse Leroy, el ginecólogo que atendió el nacimiento del hijo del pintor, llena de tonos cálidos el cuadro. Así que no sólo estamos ante un retrato, sino también ante el testimonio de un padre agradecido al médico que atendió a Madame David en el parto.

La textura de la seda y sus brillos en el batín que viste el ginecólogo están magníficamente logrados. Una vestimenta informal, por la que asoman, elegantes, los lazos y puñetas de la camisa. No lleva la habitual peluca empolvada, sino un exótico turbante, con los mismos tonos del tapiz que cubre la mesa. Dominan los rojizos, los blancos y los azules: los colores de la República Francesa. No en vano David fue amigo personal de Robespierre.

Intuimos el rango social y el prestigio del personaje retratado, pero también el comedido ascetismo en el mobiliario y la desnudez de ornamentos de alguien que ha entregado su vida a la ciencia. Lo imaginamos habituado a trasnochar, no sabemos si por los ritmos que impone la vida social, los avisos de partos imprevistos o el insomnio creativo de alguien como él, acostumbrado a reflexionar en muchas duermevelas.

A su lado, un quinqué lleno de aceite, pero extrañamente apagado, quizá porque, tras una noche de trabajo, la luz del nuevo día empieza a insinuarse ya en las ventanas. El trazo de sombra rectilíneo sobre el papel, el rostro y el turbante iluminados, nos permiten adivinar incluso la posición de esa ventana, algo alta, delante de su mesa, casi como si nosotros alcanzásemos la estancia. Su brazo izquierdo se apoya seguro en un libro de HipócratesMorbi Mulierum (Las Enfermedades de las Mujeres) en el que vemos incluso asomar un registro de lectura, improvisado con una tira de papel cortada a mano.

Su mano derecha suspende la pluma de ave que acaba de sumergir en el tintero. Ante él, un pliego de papel recoge sus reflexiones en la última madrugada, brevemente detenidas en una pausa mientras nos mira. Nos queda, sin embargo, el convencimiento de que Leroy volverá a retomar la escritura interrumpida si nos quedamos un momento en silencio. Estaba preparando entonces su libro La Médecine Maternelle (1803) y los pinceles de Louis David lo han inmortalizado para siempre en ese empeño. Guardemos silencio, querido lector, y dejémosle seguir en su tarea.”

Respetando ese silencio para no molestar al médico escritor que, tan gentilmente nos solicitaba el doctor Fernández de la Gala, algunos comentarios escritos vinieron a enriquecer su hermoso discurso. Así, nuestro común amigo, el doctor José Manuel Brea, señalaba la ausencia de la mano izquierda en el retrato; a lo que la doctora Laura Munoa respondía, aportando un texto tomado de la documentación que ofrece el propio Museo Fabre: “Alphonse Leroy avait perdu un bras à la suite d’une piqure [sic] anatomique. David disposa habilement une manche qui laisse croire à la présence du bras manquant.” Es decir, que el médico había perdido ese brazo, probablemente amputado, a causa de la grave infección sufrida por un “pinchazo” en el curso de su ejercicio profesional… Y el pintor lo disimulaba en su composición de la escena. Exquisita delicadeza, la que mostró David, y admirable la profesionalidad de Leroy -como apostillaba Fernández de la Gala– porque ¡qué difícil debe ser ejercer para un obstetra manco!

Todo ello se puede leer íntegramente, en su versión original, en el enlace a la entrada que publicó Juan V. Fernández de la Gala, el pasado 20 de febrero, con el sugestivo título de “Trasnoche”.

Confío en que el Dr. Leroy no se moleste, sino al contrario, no le importe dejar reposar unos minutos la pluma y pararse a disfrutar con nosotros la música de Étienne-Nicolas Méhul, compatriota y contemporáneo suyo…