Pávlov retratado por Repin

I.P.Pavlov_by_Repin 1924 Tretiakov*

De Iván Petróvich Pávlov existen multitud de imágenes, la mayoría fotografías; pero, para completar esta tríada de entradas que le he dedicado de forma imprevista, quiero traer a este blog el otro retrato que conozco del gran investigador ruso, pintado esta vez por uno de los más reconocidos artistas contemporáneos suyos: Iliá Repin.

Este retrato, que nos muestra simplemente a un venerable anciano de poblada barba blanca -tan blanca como su bata- y con un libro entre sus manos, es anterior a los que hemos visto en las dos últimas entradas. Repin lo pintó en 1924, veinte años después de que a Pávlov le concedieran el Premio Nobel de Medicina y Fisiología, cuando el científico rondaba ya los 75 años de edad pero continuaba trabajando en su laboratorio, sin que el régimen soviético -con el que nunca simpatizó- le hubiera molestado en lo más mínimo, consciente quizás del enorme prestigio internacional de su científico más eminente.

De la misma época es la siguiente fotografía, con la que se pone punto final (al menos de momento) a las tres entradas que hemos dedicado a Pávlov.

Ivan_Pavlov_NLM3

Anuncios

Pávlov en la mesa

ivan-petrovich-pavlov-1935 por Mikhail Nesterov

Mijaíl Nésterov (1862-1942). Retrato de Iván P. Pávlov (1835). Galería Tetryakov. Moscú.

Como continuación de la entrada anterior, podemos ver ahora otro retrato del gran científico ruso Iván P. Pávlov, realizado por el mismo pintor, Mijaíl Nésterov; pero cinco años después, en 1835, cerca ya de la fecha del fallecimiento del padre del conductismo, el 27 de febrero de 1836.

A pesar del tranquilo paisaje de fondo, tras los cristales del amplio ventanal, las flores sobre la mesa, y la suavidad de los colores, en este cuadro no encuentro la paz que me transmitía en el anterior ese venerable anciano leyendo sus libros de medicina y tomando apuntes… Hay un papel sobre el mantel de la mesa cuyo contenido desconozco; como no sé que estaría pensando Pavlov, pero en su rostro veo pesar y una tensión contenida que se expresa -sobre todo- en sus puños cerrados… Sí, son las manos del viejo científico, sin duda, lo que más me impresiona de este magistral y extraño retrato.

Pávlov leyendo

portrait-of-ivan-pavlov-1930 por Mikhail Nesterov

Mijaíl Nésterov (1862-1942). Retrato de Iván P. Pavlov (1930). Museo Estatal Ruso. San Petersburgo

Así retrató el pintor ruso Mijaíl Nesterov a su amigo Iván Petróvich Pávlov (1849-1936), el investigador de los reflejos condicionados en perros. cuyos trabajos dieron origen al desarrollo de técnicas psicológicas como el conductismo. Era en 1930, Pávlov tenía 81 años de edad, y estaba leyendo plácidamente sus libros de Medicina.

¡De mayor quiero ser como Pávlov!

Para acompañar al gran científico en su tranquila lectura… el Adagio del ballet Espartaco, de Aram Khachaturiam.

 

Bechterev y Stalin

Bekhterev_by_Repin

Ilya Repin (1844-1930). Retrato del neurofisiólogo y psiquiatra Vladimir Bechterev (1913).
Óleo sobre lienzo. 107 x 78 cm.
Museo Estatal Ruso. San Petersburgo

Vestido con uniforme militar, pelo largo, poblada barba, y sentado en un sillón desde donde nos mira directamente a los ojos: así retrató Ilya Repin a quien entonces, a los 56 años de edad, ya se había convertido en la máxima figura de la neuropsiquiatría rusa de su época. Catorce años después, Vladimir Bechterev seguía siendo el mejor en su especialidad, y ese fue el motivo -sin duda- por el que Stalin le llamó a consulta. A los pocos días, el médico falleció de repente sin que se haya podido saber la causa. Posiblemente nunca se podrá demostrar; pero muchos afirmaron que el dictador ordenó su muerte…

Vladimir Mijailovich Bechterev fue un neurólogo, neurofisiólogo y psiquiatra ruso, que nació en la pequeña localidad de Sorali, entre el río Volga y los montes Urales, el 1 de febrero de 1857, y murió en Moscú el 24 de diciembre de 1927.

Bechterev da nombre, al menos, a once epónimos que han enriquecido la terminología médica (cuyas definiciones se pueden encontrar en este enlace) aunque se le recuerda especialmente por sus investigaciones sobre el papel del hipocampo en la memoria y sus estudios sobre los reflejos y la psicología del condicionamiento, llevados a cabo de manera independiente a los que por entonces realizaba otro gran científico ruso, con el que -según parece- no tenía precisamente una buena relación: Iván Petrovich Pavlov (1849-1936).

A los 16 años de edad, en 1873, ingresó en la Academia Militar de Medicina y Cirugía de San Petersburgo, graduándose en 1878. Comenzó a ejercer en la Clínica Psiquiátrica de esa misma ciudad. En 1881 presentó su Tesis Doctoral que trataba sobre las posibles relaciones entre la temperatura corporal y algunas enfermedades mentales, y fue habilitado como Profesor Asociado de Neurología y Psiquiatría.

Poco tiempo después, salió al extranjero para ampliar su formación con Wilhelm Wundt y Paul E. Flechsig en Leipzig, con Theodor H. Meynert en Viena, con Karl Friedrich Otto Westphal y Emil H. du Bois-Reymond en Berlín, y con Jean M. Charcot en París.

En 1885 regresó a Rusia para hacerse cargo de la Cátedra de Enfermedades Mentales de la Universidad de Kazán, en la que fundó, en 1886, el primer laboratorio de su país para la investigación de la anatomía y la fisiología del sistema nervioso. En 1893 Bechterev sucedió a su maestro, Merzejewsky, como Profesor y Jefe del Departamento de Enfermedades Psíquicas y Nerviosas de la Academia Militar de Medicina y Cirugía de San Petersburgo, la misma donde él había cursado la carrera. En los años siguientes lleva a cabo numerosos estudios clínicos, entre los que destacan los referidos a la espondilitis anquilosante; publica libros, artículos de revistas y funda, en 1896, la primera revista rusa especializada en enfermedades neuropsiquiátricas; y crea, en 1907, asumiendo personalmente todos los gastos, el que más tarde se llamaría Instituto Estatal para el Estudio del Cerebro, del que seguiría siendo director aún después de haber sido forzado a abandonar su puesto como profesor, en 1913, por presiones del Gobierno.

Tras la Revolución Rusa de 1917, San Petersburgo pasó a ser Petrogrado, la Academia Militar de Medicina se transformó en Universidad Estatal de Ciencias Médicas, y Bechterev fue repuesto en todos sus cargos, desempeñando la Cátedra de Psicología y Reflexología de la Universidad de Petrogrado desde 1918 hasta su muerte.

Bechterev había sido la figura principal de la neuropsiquiatría rusa antes de la Revolución, y continuó siéndolo después.

A finales de 1927 Vladimir M. Bechterev contaba 70 años de edad, pero gozaba de buena salud y se hallaba en plena actividad. En esas fechas, por ejemplo, preparaba su participación en un congreso de su especialidad en Moscú. Entonces fue llamado al Kremlim para pasar consulta a Stalin. No habían pasado dos días de esa consulta cuando, repentina e inesperadamente, Bechterev murió. Unos dicen que había diagnosticado a Stalin una “paranoia grave” y así se lo comunicó al dictador. Otros, que cometió la imprudencia de comentar en público ese diagnóstico (lo cual, de ser cierto, habría atentado contra el deber médico de secreto profesional). La verdad no se sabe. Pero, lo que a nadie le cuesta suponer, aunque no se pueda demostrar, es que el tirano soviético mandó asesinar al médico…

Hablando sobre este tema con mi amigo Rafael Tarín, hombre de muy diversos conocimientos y probada inteligencia, me decía -medio en serio, medio en broma- que, sabiendo quien era StalinBechterev realmente “se suicidó”… ¿Qué podía hacer? ¿Cómo iba a negarse a visitar en consulta a un enfermo? Y más concretamente, a ese enfermo. Un paciente, con más o menos facilidad, dependiendo de la organización de cada sistema de salud, puede elegir su médico. La “libre elección de paciente” por parte del médico ni se plantea… Pero éste es otro tema, que no vamos a entrar a debatir ahora. Otras reflexiones nos absorben el pensamiento… Más allá de la sospecha, podemos tener la certeza de que, desde el poder, se ha asesinado. Y lo peor es que en nuestro mundo actual, bien entrado ya el siglo XXI, no hayamos sido capaces de mejorar lo suficiente para creer que eso no ocurre ni volverá a ocurrir.

Durante el tiempo que he estado trabajando en esta entrada sobre Vladimir Bechterev me ha acompañado la música de Modest Mussorgsky, compatriota y contemporáneo suyo. Sus Cantos y danzas de la muerte ponen el punto final a este texto escrito en un par de frías noches de invierno.