En recuerdo de Domenico Scarlatti

Retrato_de_Domenico_Scarlatti

El 23 de julio de 1757 -hoy se cumplen 256 años- fallecía en Madrid Giuseppe Domenico Scarlatti, de quien se dice que fue el músico italiano más español -aunque, en mi modesta opinión, siempre fue español porque cuando nació, en 1685, y durante toda su vida, el Reino de Nápoles (Nápoles era su ciudad natal) formaba parte de la Corona española, y él mismo llegó a firmar su obras como Domingo Escarlati (apellido que aún conservan sus descencientes).

Scarlatti desarrolló su labor como músico en distintos países europeos, hasta que llegó a España como maestro de música de la portuguesa Bárbara de Braganza, la que sería reina de España como esposa de Fernando VI -y en mi opinión, también- una de las mejores reinas que ha tenido nuestro país. Tengo intención, más pronto que tarde, de hablar sobre la importancia de la música en el tratamiento de las afecciones psicológicas que sufrieron Fernando VI y su padre Felipe V. Es algo, como mínimo, curioso…

Antes de instalarse en Madrid, en 1733, donde permanecería hasta su fallecimiento veinticuatro años después, Scarlatti vivió en Sevilla, con los príncipes Bárbara y Fernando. Y en Sevilla -según se dice- Scarlatti se impregnó del carácter de la música popular andaluza. Como muestra de ello, dejo aquí el siguiente vídeo, en el que además de escuchar uno de los fandangos de nuestro músico, podemos verles la cara a los miembros de la familia real española de entonces…

Anuncios

La “incapacidad laboral” de Vivaldi

La “incapacidad laboral” de Vivaldi
Vivaldi supuesto retrato

Retrato de un violinista veneciano del siglo XVIII
obra de François Morellon de la Cave (1723)
Aunque discutido por algunos, se ha considerado que representa a Vivaldi
Museo Internacional y Biblioteca de la Música. Bolonia. Italia

Antonio Lucio Vivaldi (Venecia, 4 de marzo de 1678 – Viena, 28 de julio de 1741) era conocido como “il prete rosso” (“el cura rojo”) y no por su ideología política, lógicamente, sino porque era sacerdote católico y pelirrojo. Lo del color de su pelo era una característica genética familiar. En cuanto a su carrera eclesiástica, se sabe que fue ordenado sacerdote en 1703 y continuó siéndolo hasta su muerte; aunque sólo un año después de su ordenación fue dispensado de celebrar misa (se le concedió -si se me permite decirlo así- una “incapacidad permanente parcial” para su profesión sacerdotal) a consecuencia de una enfermedad pilmonar, posiblemente asma. No sé como le calificaría el Equipo de Valoración de Incapacidades (EVI) en la actualidad; pero lo cierto es que su enfermedad no le impidió viajar ni, sobre todo, componer su inmensa obra musical (cerca de ochocientas composiciones, entre las cuales se cuentan 477 conciertos y 46 óperas).

Doy las gracias a mi querido amigo, el Dr. Carlos Márquez Espinós, que a sus muchos méritos en los campos de la Anestesia y Reanimación, el Tratamiento del Dolor y muy especialmente -en lo que a mí respecta- en la Historia de la Medicina, une el de “melómano empedernido”: él fue quien me dio a conocer este delicioso Concierto para dos mandolinas… del que podemos escuchar ahora el “Andante”.

Tartini y “El Trino del Diablo”

James Marshall (1838-1902). “Der Traum von Tartini” (1868)
Óleo sobre lienzo. 110 x 84 cm.
Sammlung Schack. München

“Entre las historias manifiestamente imaginarias y aquellas cuya veracidad es comprobable, se encuentran algunas experiencias raras […] de la gente del mundo musical: aventuras fantasmagóricas e inverosímiles sueños…” Como ésta que nos cuenta Carlos Fisas y que tiene como protagonista a Giuseppe Tartini (1692-1770), violinista y compositor italiano del barroco:

“-¡Qué suerte tenemos, amigo mío! -observaba un día José Lalande, el más grande astrónomo de su tiempo, conversando con Giuseppe Tartini, el más grande violinista de la misma época-. ¡Qué suerte tenemos de vivir en el ilustrado siglo XVIII, libres de todas las supersticiones y pseudocreencias, dando crédito solamente a nuestros ojos y a nuestros cerebros! Pasaron los días de magia y brujería, de ángeles y diablos…

-¿Así no creéis en el diablo Lalande? -le interrumpió el violinista.

-No, ciertamente -rió el astrónomo.

-Pues bien -dijo Tartini-. ¡Yo, sí! No solamente creo en él sino que he comprobado su existencia y le estoy agradecido porque me ayudó a realizar mi obra de mayor éxito.

Y explicó a Lalande la historia de su Trino del Diablo. Una noche, cuando tenía veintidós años, soñó que había pactado con el diablo. Le había vendido su alma y Satán debía ser su criado durante tres veces siete años. El contrato funcionaba admirablemente; Tartini (en su sueño) se había hecho famoso y rico; había conquistado cuanto deseaba y había subyugado a todo el mundo. Un día tomó su violín y se lo entregó al Príncipe de las Tinieblas. ‘¡Toca! -le dijo-. Quiero ver si el diablo conoce más trucos en el violín que yo, ¡Giuseppe Tartini!’

Y el diablo tocó…, tocó como Tartini nunca había oído tocar a nadie. Era una sonata salvaje, incitante y melancólica al mismo tiempo, tierna y bárbara, angustiosa y sin embargo llena de belleza. La más deliciosa y osada pieza de música.

Tartini se sintió transportado de placer. Apenas podía respirar y, súbitamente, despertó. Abalanzóse sobre su violín y empezó a tocar la música que acababa de oír. Podía acordarse distintamente de largos pasajes que el diablo había tocado para él, pero, a pesar de los mayores esfuerzos, no pudo reconstruir la obra entera.

-Seguidamente escribí la pieza -concluyó Tartini-. Es el Trino del Diablo, tal como vos y muchos otros lo conocéis hoy. Pero podéis creerme, mi esclarecido y escéptico amigo: ¡la pieza que yo compuse es infinitamente inferior a la que el diablo tocó para mí durante mi sueño!”(1)

A continuación podemos escuchar el resultado de aquella diabólica aparición…

Referencias bibliográficas

(1) FISAS, Carlos (1996): Intimidades de la Historia. Barcelona, Plaza & Janés Editores: 171.

Los niños que siempre sonríen: textos e imágenes sobre un cuadro de Caroto y el síndrome de Angelman

Giovanni Francesco Caroto (c. 1480-1555). "Giovane con disegno di pupazzo"(c. 1515-1520)Óleo sobre madera. 37 x 29 cm.Museo di Castelvecchio, Verona, Italia

Giovanni Francesco Caroto (c. 1480-1555). “Giovane con disegno di pupazzo”(c. 1515-1520)
Óleo sobre madera. 37 x 29 cm.
Museo di Castelvecchio, Verona, Italia

Giovanni Francesco Caroto fue un pintor veronés que floreció durante la primera mitad del siglo XVI, en pleno Renacimiento italiano. Su obra más conocida y reproducida, sin duda, es este cuadro que podemos encontrar con diversos nombres, tanto en italiano como en otros idiomas. Entre los nombres italianos se pueden citar: Ritratto di fanciullo con disegnoBambino con disegno… O Giovane con disegno de pupazzo, por el que he optado porque es el que utiliza el Museo di Castelvecchio, donde se encuentra, en la romántica y monumental ciudad de Verona. El cuadro nos muestra a un niño, casi adolescente, de cabello pelirrojo, ojos y piel claros, mirada vivaz y, sobre todo, una amplia y franca sonrisa, que se gira para mirarnos de frente mientras nos muestra orgulloso un dibujo que ha realizado, un garabato demasiado infantil para la edad que representa. Hay quien comenta, con sentido del humor, que la primera vez que vio el cuadro, al fijarse en “este escueto dibujo infantil, lineal y torpe”, pensó que algún bromista experto en photoshop había alterado la imagen original. Poca “idealización” se puede apreciar en este cuadro. Caroto reflejó la realidad de un niño, un niño de apariencia feliz y, seguramente, muy querido por la persona que encargó el retrato.

Cuatro siglos y medio después, el retrato de ese niño dio pie para que el pediatra inglés Harry Angelman (1915-1996), que lo había conocido en un viaje a Italia, publicara en 1965, en la revista Developmental Medicine and Child Neurology, tres casos de lo que inicialmente llamó puppet children (el título más utilizado del cuadro en inglés es Boy with a Puppet). Así lo explicaba el propio Angelman, en 1991, en comunicación personal al especialista en Pediatría y Genética Clínica estadounidense Charles A. Williams:

“The history of medicine is full of interesting stories about the discovery of illnesses. The saga of Angelman’s syndrome is one such story. It was purely by chance that nearly thirty years ago three handicapped children were admitted at various times to my children’s ward in England. They had a variety of disabilities and although at first sight they seemed to be suffering from different conditions I felt that there was a common cause for their illness. The diagnosis was purely a clinical one because in spite of technical investigations, which today are more refined, I was unable to establish scientific proof that the three children all had the same handicap. In view of this I hesitated to write about them in the medical journals. However, when on holiday in Italy I happened to see and oil painting in the Castelvecchio museum in Verona called ‘Boy with a Puppet’. The boy’s laughing face and the fact that my patientes exhibited jerky movements gave me the idea of writing an article about the three children with a title of Puppet Children. It was not a name that pleased all parents but it served as a means of combining the three little patients into a single group. […] This article was published in 1965 and after some initial interest lay almost forgotten until the early eighties.”

Los que no sean muy duchos en lengua inglesa pueden leer una traducción, no muy buena pero aceptable, en este enlace. Hablando de traducción, y más concretamente de traducción médica, de buena traducción médica, no quiero dejar de hacer referencia a la magnífica revista Panace@ (publicación oficial de TREMÉDICA, la Asociación Internacional de Traductores y Redactores de Medicina y Ciencias Afines), que con gran acierto dirige la Profesora Dra. Bertha Gutiérrez Rodilla, y cuyo Secretario de Redacción es mi querido amigo y compañero, el Profesor Juan V. Fernández de la Gala, autor del blog KIRCHER LANDSCAPE y alma del blog VESALIUS. Para comprobar el interés científico y humanístico de esa magnífica revista de la que hablo basta con dedicarle unos minutos al número actual de Panace@, o cualquiera de los anteriores. Fue precisamente en dicha revista donde encontré el artículo, de F. A. Navarro, que utilizo como referencia principal en esta entrada sobre el cuadro de Caroto y el síndrome de Angelman.

Como dice Navarro:

“En 1982, [el ya citado] Charles A. Williams y su colega chileno Jaime L. Frías propusieron el antropónimo Angelman syndrome para reemplazar tanto el término elegido en 1965 por Angelman, puppet children syndrome, como el utilizado en 1967 por Bower y Jeavons, happy puppet syndrome, ambos hoy en desuso por considerarse peyorativos y estigmatizantes.”

El síndrome de Angelman es un trastorno neurológico hereditario, debido a un defecto del cromosoma 15. Aunque enmarcado dentro de las llamadas “enfermedades raras” (y, por tanto, poco conocidas, no sólo por la población en general, sino por los propios médicos), su frecuencia es mayor de lo que -en principio- se pensaba (aproximadamente 1/25.000), porque muchos no están correctamente diagnosticados. Para conocer con más profundidad el síndrome de Angelman se puede consultar la página del Profesor Dr. Víctor Alejandro Gaona, o Wikipedia, que tiene un artículo muy bien construido. Aquí, siguiendo una vez más a F. A. Navarro, diremos simplemente que:

“Clínicamente se manifiesta por marcha rígida y espasmódica, microcefalia, hipotonía muscular, retraso del habla, dificultad de aprendizaje, trastornos del sueño, predisposición epiléptica y -de forma muy llamativa- boca sonriente y risa excesiva e inoportuna. Los niños con síndrome de Angelman son personas de aspecto feliz, con gran afectividad natural, gustosas del contacto humano y muy juguetonas; y en las que la mayor parte de las reacciones y estímulos físicos o psíquicos se acompañan de risa franca.”

En el día de los Reyes Magos, el día de los niños por excelencia, que es cuando se ha redactado la mayor parte de esta entrada, he querido contribuir modestamente al conocimiento del síndrome de Angelman, para que su diagnóstico se lleve a cabo lo más pronto posible y los niños que lo padecen puedan recibir cuanto la medicina y la sociedad sean capaces de ofrecerles para su mejor desarrollo personal: y que esa risa suya, constante, sea realmente feliz.

Por el día en que nos encontramos y el tema que hemos tratado, me parece oportuno concluir hoy con una jocosa interpretación de la Sinfonía de los Juguetes, de tan controvertida autoría -por cierto- puesto que se le atribuyó a Franz Joseph Haydn, a su hermano Michael, luego a Leopold Mozart (el padre de Wolfgang Amadeus) y, actualmente -como señala Massimo Pennesi– se considera que su autor fue un monje benedictino llamado Edmund Angerer que vivió en Baviera en la segunda mitad del siglo XVIII.

El hijo del árbol de la mirra

Marcantonio Franceschini (1648-1729). El nacimiento de Adonis (c.1685-1690)Óleo sobre cobre. 48,5 x 69 cm. Staatliche Kuntsammlungen. Dresde

Marcantonio Franceschini (1648-1729). El nacimiento de Adonis (c.1685-1690)
Óleo sobre cobre. 48,5 x 69 cm.
Staatliche Kuntsammlungen. Dresde

La mitología nos cuenta uno de los nacimientos más extraordinarios que podamos imaginar: el del bello Adonis.

Por motivos que se explican de diversas maneras, Mirra, hija de Tías, rey de Asiria, cometió incesto con su propio padre. Éste, al darse cuenta de lo sucedido, mata a su hija y amante ocasional… Pero entonces interviene Afrodita, siempre atenta a estos asuntos, y para mantener con vida a la joven la convierte en árbol, el árbol de la mirra ¡claro! Al cabo de los meses, cumplido el tiempo propio de un embarazo, no se sabe si mediante un oportuno flechazo o gracias a un jabalí que pasaba por allí y decidió afilar sus colmillos en la princesa convertida en arbolito, por la herida del árbol ve la luz Adonis.

En el cuadro del pintor boloñés Marcantonio Franceschini (1648-1729) vemos junto al árbol, de apariencia claramente femenina, a ninfas curiosas, faunos sorprendidos y amores preparando los paños para envolver a la criatura, mientras Afrodita -que, en esta ocasión parece haber ejercido también de partera- entrega al recién nacido a una de las ninfas para que se encargue de su crianza. Empezaba así, desde su mismo nacimiento, la apasionada relación entre Adonis y Afrodita (o Venus, para los romanos).

¡Extraño parto, sin duda!

Por la misma época que el italiano pintaba su cuadro, el músico español Tomás de Torrejón y Velasco (1644-1728), nacido en Villarrobledo (Albacete) y afincado en el Perú, estrenaba en Lima La Púrpura de la Rosa, que narra los amores de Venus y Adonis, con un libreto basado en textos de Calderón de la Barca.

Dieciséis de diciembre: recordando a Beethoven y Saint-Saëns

Joseph Karl Stieler (1781-1858). Retrato de Ludwig van Beethoven cuando componía la "Missa Solemnis"Óleo sobre lienzo. 62 x 50 cm.Beethoven Haus. Bonn

Joseph Karl Stieler (1781-1858). Retrato de Ludwig van Beethoven
cuando componía la “Missa Solemnis” (1820)
Óleo sobre lienzo. 62 x 50 cm.
Beethoven Haus. Bonn

¡Qué día, el 16 de diciembre, para la historia de la música!

El 16 de diciembre de 1921 fallecía ese ser de múltiples intereses y conocimientos, excepcional renovador de la música, que se llamaba Charles Camille Saint-Saëns. Cualquiera de sus melodías es una delicia para los sentidos y -sin duda- si este blog perdura, se enriquecerá con las notas de sus diversas composiciones. Para esta primera vez he elegido el Segundo Movimiento Allegro Scherzando del Concierto Nº 2 para piano y orquesta en Sol menor, interpretado por Rubinstein con la London Symphony Orchestra.

Pero también un 16 de diciembre, unos ciento cincuenta años antes de la muerte de Saint-Saëns, en 1770, nacía en Bonn (Alemania) uno de los más grandes genios -si no el que más- de la música de todos los tiempos, Ludwig van Beethoven, a quien vemos arriba en un retrato pintado por Joseph Karl Stieler cuando tenía cincuenta años de edad. Si con el músico anterior no era fácil elegir, con Beethoven ni lo intento y me limito a insertar la pieza que estoy escuchando ahora mismo, la Sonata para piano Nº 31 Op. 110, en una preciosa interpretación de Hélène Grimaud.

¡Quede aquí mi pequeño homenaje, en este día, como testimonio de admiración a dos músicos verdaderamente grandes!