Alexander Borodin (1833-1887): el médico, profesor de Química, que escribía música los domingos

Alexander Borodin (1833-1887): el médico, profesor de Química, que escribía música los domingos

Hace unas cuantas noches volví a escuchar En las Estepas del Asia Central, el poema sinfónico que Alexander Borodin escribió en 1880. La música tiene una inmensa capacidad de evocación, y esta melodía me hizo recordar mis tiempos de estudiante en la Facultad de Medicina, las largas horas de estudio en las madrugadas gaditanas acompañado, tan solo, por los sonidos que salían de un aparado grabador-reproductor de cintas de “cassette“. Normalmente música tranquila, suave, que no dificultara la concentración. Todavía no había descubierto el encanto de la música barroca, que luego se convertiría en mi preferida. Oía música de cine; a Simon & Garfunkel; a Roberto Carlos; a Julio Iglesias (sí, también a Julio)… Algo del rock sinfónico de Pink Floyd. La guitarra de Narciso Yepes interpretando el Concierto de Aranjuez. Escuchaba la música de Joaquín Rodrigo y sus antecesores españoles: Falla, Granados, Tárrega… Entonces descubrí a los rusos: Tchaikovsky, Rimsky-Korsakov, Mussorgski… Y Borodin.

En aquella época no lo sabía, Borodin, el compositor, fue médico. Un médico que ejerció como profesor de Química.

Alexander Porfirievich Borodin nació en San Petersburgo, el 12 de noviembre de 1833.* Era hijo ilegítimo del príncipe Luka Stepanovich Gedevanishvili (algunos autores lo nombran, más fácilmente, como Lucas Gedianov), descendiente de los reyes de Imericia (la Cólquida de los griegos, donde se encontraba el vellocino de oro) un reino independiente de Georgia al sur del Cáucaso, entre los mares Negro y Caspio. Su madre se llamaba Eudoxia Konstantinova Antonova, pero la conocían como Dounia: “una mujer hermosa, culta y con independencia económica” (en algún lugar he leído que era una esclava, pero no lo creo). Cuando Alexander nació, su padre tenía 65 años. Su madre, cuarenta menos. El padre y la madre de Borodin no estaban casados. Para guardar las apariencias el niño fue registrado como hijo de uno de los sirvientes de su padre, Porfirio Borodin, que le dio su apellido, lo cual -al parecer- no era infrecuente en la Rusia de la época. De hecho, el príncipe debía ser un conquistador pertinaz, y a Borodin se le conocen, al menos, dos hermanos de padre con distintas madres, que también llevaban los apellidos de sendos sirvientes del noble conquistador: Dimitri Sergueïevitch Alexandrov y Eugueny Fiodorovitch Fiodorov. El Príncipe murió cuando Alexander era todavía muy niño; pero le dejó a su hijo una sustanciosa herencia que le permitió vivir sin dificultades económicas. Dounia -por su parte- que había contraido matrimonio con un médico militar retirado (aunque, al parecer, nunca dejó de mantener una “íntima amistad” con el padre biológico de Borodin) se ocupó de que el niño recibiera la mejor educación.

Ya de niño, Borodin dio muestras de su gran inteligencia y de estar especialmente dotado para los idiomas (además de su ruso natal, hablaba francés, alemán, inglés e italiano) y para la música. Según Garritz Ruiz: “No sólo aprendió a tocar el piano, sino que también ejecutaba con maestría la flauta y el violonchelo, y aunque no con envidiable disposición también tocaba el oboe y el clarinete, al igual que varios metales.” A la edad de 9 años ya compuso su primera pieza, una polka titulada Helene, y a los 13 había compuesto un concierto para flauta y piano, así como un trío para dos violines y violonchelo. Muy pronto, también, manifestó su interés por la química. A los 13 años montó un laboratorio en su casa donde fabricaba colorantes para acuarelas.

En 1850 ingresó como alumno en la Academia Médico-Quirúrgica, una institución militar, de su ciudad natal. Durante su época de estudiante no dejó de manifestar su especial predilección por la Química (que en aquellos tiempos era materia destacada en las facultades de Medicina) siendo su maestro más importante el profesor Nikolai Zinin (1812-1880), uno de los pioneros de la química orgánica, cuya influencia sería decisiva en la carrera profesional de Borodin. Se graduó como médico en 1856, recibiendo la máxima calificación posible “cum eximia laude“. Inmediatamente fue destinado al 2º Hospital Militar, donde inició su ejercicio profesional como médico-cirujano. Allí conoció a un joven y elegante oficial, de familia noble, llamado Modest Petrovich Mussorgsky (1839-1881), compositor de enorme talento musical, aunque su amistad -que duró hasta la muerte de éste- no empezaría, realmente, hasta algunos años después.

Se sabe que su experiencia como médico cirujano no le resultó agradable, y no por la naturaleza de su trabajo -como cabría suponer- sino por la brutalidad que, allí mismo en el Hospital, utilizaban los jefes y oficiales para imponer disciplina, utilizando el látigo sin justificación posible. Borodin se dedicó a completar su tesis doctoral. La vocación por la Química ya estaba definida y el profesor Zinin lo preparaba para que fuera su ayudante en la Academia Médico-Quirúrgica Militar. En 1858 presentó su tesis doctoral “Sobre la analogía entre los ácidos arsénico y fosfórico”. Posteriormente, entre los años 1859 y 1862, estuvo en Alemania, Francia e Italia ampliando su formación. Primero en la célebre Universidad de Heidelberg, en los laboratorios de Kirchoff, Bunsen, Kekulé y Erlenmeyer. Allí le acompañaron otros estudiantes rusos, entre ellos Dmitri Mendeléiev (1834-1907), el creador de esa famosa “Tabla periódica de los elementos” que tantos tuvimos que memorizar. Luego continuó sus estudios en París y en Pisa.

En 1861 conoció a una pianista rusa de 29 años, Ekaterina Sergeievna Protopopova, que había llegado a Heidelberg en busca de curación para la tuberculosis que padecía. Para el mejor tratamiento de la enfermedad de Ekaterina, le recomendaron que acudiera a Pisa, donde viajó acompañada por su -ya entonces- prometido; el cual, continuó sus estudios en los laboratorios de Luca y Tassinari. Vuelven a San Petersburgo en 1862, Borodin recibe el nombramiento de profesor adjunto de Química; y en abril de 1863 los novios contraen matrimonio que -al decir de quienes le conocieron- resultó muy afortunado a pesar de la enfermedad de Ekaterina y su infertilidad. Al cumplirse el vigésimo aniversario de bodas Borodin estrena el Cuarteto para cuerdas Nº 2, que dedicó a su esposa. Había tardado seis años en componerlo.

Borodin y su esposa tomaron como residencia un apartamento al lado del Laboratorio, en plena Universidad. Rimsky-Korsakoff escribe sobre esta época:

“Me volví un frecuente visitante de Borodin; a menudo quedándome hasta la noche en su casa. Discutíamos sobre música en profundidad y él tocaba sus trabajos en curso y también me mostraba los compases de su sinfonía. Él estaba mejor informado que yo del trabajo práctico de la orquestación, dado que tocaba el chelo, el oboe y la flauta. Borodin era un hombre culto y cordial, era placentero y agudo conversar con él. Al visitarlo, a menudo lo encontraba en su laboratorio, adjunto a su departamento. Cuando ponía una retorta llena con algún líquido incoloro y lo destilaba por medio del fuego de un vaso a otro, yo acostumbraba a decirle que estaba haciendo ‘una transfusión de desolación en vacuidad’.”

Como ejemplos de sus trabajos como químico, algunos de ellos aplicados a la clínica, se puede decir que Borodin descubrió el aldol casi simultáneamente con Wurtz, estudió los aldehidos aromáticos, el uso del peróxido de hidrógeno (el agua oxigenada) como desinfectante e inventó un método para la detección de la urea en los análisis de orina. Llegó a publicar 42 artículos científicos. En 1861, asistió al primer Congreso Internacional de Química, celebrado en Karlsruhe (Alemania) y fue uno de los fundadores de la Sociedad Rusa de Química en 1868.

Borodin resultó ser un profesor con enorme vocación docente, siempre atento a las consultas de sus alumnos. Raras veces mostraba impaciencia. Siempre antepuso la atención a los alumnos a todo lo demás, incluso a la investigación; aunque dedicaba a ésta muchas horas al día. Otro profesor de la Academia, decía de él lo siguiente:

“Trabajaba infatigablemente con los estudiantes todos los días. Durante este tiempo Borodin siempre mantenía una disposición solícita y de buen humor con sus alumnos y colegas, estaba siempre dispuesto a interrumpir cualquiera de sus trabajos sin impaciencia, sin irritación, para responder cualquier pregunta que le hiciesen. Cuando trabajaba en el laboratorio se sentía como si estuviera en su hogar. Lo que más adoraba era la música. Cuando trabajaba, casi siempre estaba canturreando alguna cosa y siempre estaba dispuesto a hablar con otras personas sobre las novedades musicales, las tendencias y sobre composición musical. Cuando estaba en su despacho, frecuentemente oíamos el sonido armonioso de su piano, que se expandía por todo el pasillo del laboratorio. El buen humor y la actitud de Borodin nos afectaba a todos. Cualquiera podía ir a contarle sus ideas, preguntas u opiniones; nunca trataba a nadie con arrogancia o desdén. Raramente alguien conseguía provocar alguna demostración de irritación en Borodin. La actitud sincera y calurosa de Borodin con los estudiantes no se restringía al laboratorio. Casi todos los que trabajábamos con él éramos aceptados en su familia como los amigos más íntimos. Se preocupaba personalmente del destino de cada estudiante que se graduaba en la Academia, destinando todos sus esfuerzos para ayudarlo. Siempre que te lo encontrabas en algún acto social no paraba de preguntar por todo el mundo o intentaba conseguir alguna cosa para alguien.”

Sin embargo, como parte de su labor docente, hay que destacar especialmente (y más por la época y en el lugar donde se produjo) su significativa participación en la creación de una Escuela de Medicina para mujeres. Borodin, en unión de Botkin (el primero en describir la hepatitis A), Sechenov, Roudineff y una aristócrata, Mme. Tarnosky, iniciaron la Escuela como Curso de Obstericia que, en 1872, pasó a ser Escuela de Medicina donde Borodin era, como es natural, el profesor de Química. Dado que el Hospital Militar de San Petersburgo fue la primera sede de la Escuela, en algunas biografías de Borodin se dice que fundó una escuela médico militar de mujeres; aunque no fuera así. La Escuela soportó múltiples dificultades, sobre todo desde que accedió al trono el zar Alejandro III. Borodin consiguió que dejara de depender del Ministerio de la Guerra y pasara al de Educación; pero no pudo impedir que, finalmente, fuese clausurada en 1885.

Fue, precisamente, gracias a su labor como profesor de Química por lo que Borodin conocería a quien sería el mayor difusor de su obra en Europa, el compositor Franz Liszt (1811-1886). Ocurrió en 1877, en el transcurso de un viaje de Borodin a la localidad de Weimar, entre otras de Alemania, para visitar los laboratorios de distintos hospitales. Volvieron a encontrarse en 1881 y 1885, y se cuenta que -en una de esas ocasiones- se desarrolló el siguiente diálogo. “Yo soy un compositor de domingos, señor Lizt” -decía Borodin, refiriéndose a que sólo se dedicaba a componer en su tiempo libre”- y el músico húngaro le contestó: “Pero el domingo siempre es un día festivo, señor Borodin“.

Otro ejemplo de que sólo podía dedicar a la composición el tiempo en que no estaba trabajando en sus clases o en su laboratorio lo encontramos en el siguiente texto, que escribió una vez que tuvo que quedarse en casa enfermo de gripe:

“En el invierno yo no puedo componer, a menos de que esté enfermo y me vea obligado a abandonar mis clases. Así que, mis amigos, contrario a la costumbre, nunca me digan ‘trata de estar bien’ sino más bien ‘trata de enfermarte’. Cuando la cabeza me explota, cuando mis ojos están llenos de lágrimas y tengo que sacar el pañuelo a cada minuto, es entonces cuando compongo.”

Musicalmente, en principio, Borodin fue autodidacta. Sólo a partir de 1862 comenzó a recibir clases de Balákirev. Con él, Rimsky-Korsakoff, Mussorgsky, Cui y -por supuesto- Borodin, se formaría el llamado Grupo de los Cinco, cuyo objetivo era crear un arte musical nacional, que tanta fama le ha dado a la música rusa; aunque, ciertamente, también contó con la oposición de muchos…

Dos años antes de morir, Borodin, se contagió de cólera, y quedó muy debilitado. En 1886 se le diagnosticó angina de pecho. El 27 de febrero de 1887*, mientras se celebraba un baile de disfraces en la Academia de Medicina, del cual había sido uno de sus principales organizadores, sufrió un infarto de miocardio. Nada pudo hacerse por salvar su vida a pesar de los intensos esfuerzos de muchos médicos que se encontraban allí.

Borodin se encuentra enterrado en el cementerio Tikhvin del monasterio Alexander Nevsky, en San Petersburgo, cerca de la tumba de otros grandes músicos y escritores rusos.

Tumba de Alexander Borodin en el cemeterio Tikhvin de San Petersburgo

Tumba de Alexander Borodin en el cemeterio Tikhvin de San Petersburgo

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Una de las revista médicas más importantes del mundo (que aún sigue publicándose), The Lancet, en su editorial del 19 de marzo de 1887 informó sobre su muerte. En los últimos renglones señalaba: “…a pesar de su arduo trabajo profesional y de laboratorio el profesor Borodin encontró tiempo para cultivar el arte y la ciencia de la música a los que fue muy adepto. De él se dice haber prestado un valioso servicio a la causa de la música rusa”.

Sus estudiantes mujeres le dedicaron el párrafo siguiente en el monumento que se le erigió en su tumba: “Al fundador, defensor y guardián de las clases de medicina para mujeres y al amigo de sus alumnos.”

Se ha dicho que Borodin tiene el menor producto musical con el más alto promedio de excelencia para cualquier compositor en la historia. Según Gonzalo Castellón:

“La reducida producción musical de Borodin alcanza su clímax en su ópera Knyas Igor (El príncipe Igor) y, particularmente, en las archifamosas danzas de los pólovtsy o danzas polovtzianas. No existe un episodio de ancestro más nacionalista que esta imborrable mezcla de ritmos, sonidos y sensualidad, que tan pronto llama a la guerra como a la paz. Su desenvolvimiento es literalmente vertiginoso e involucra coro, orquesta y solistas por igual. Borodin amó particularmente esta ópera, que fue su particular legado y a la que dedicó largos veinte años. [De hecho, falleció sin concluirla y fueron Rimsky-Korsakoff y Glazunov quienes tuvieron que terminarla].
El príncipe Igor es el equivalente ruso del Mio Cid o de la Chanson de Roland pues la anónima obra literaria –El canto del príncipe Igor– reúne las características básicas de la canción de gesta. El príncipe Igor es prisionero del Khan Konchack, jefe de la tribu de los Polovtsy, que ha reconocido su rango real. Al propio tiempo, su hijo -el príncipe Vladimir– se ha enamorado de Kontchakovna, hija del jefe tártaro.
Sin embargo, cuando al campamento tártaro llegan las noticias de que Poltiole, su ciudad, ha sido saqueada, el Príncipe no duda ya y se escapa, abandonando a su hijo, quien, mientras tanto, ha decidido casarse con Kontchakovna. Entre grandes manifestaciones de regocijo del pueblo, el príncipe Igor entra en Poltiole y se reúne con su amada princesa Yaroslávna.
El príncipe Igor es tal vez la obra más nacionalista de las producidas por el Moguchaya Kuchka [“El Gran Puñado“, la forma en que el crítico Stasov llamó al “Grupo de los Cinco“]. Si bien su lenguaje musical es dialéctico, Borodin mantiene una línea particularmente propia, de gran riqueza melódica. Para retratar las figuras orientales o tártaras, el compositor echa mano al tradicional recurso del cromatismo (intervalos basados en la escala cromática) que dotan a la melodía de un carácter lejano y enigmático.”

*Cuando nació Borodin, en Rusia seguía vigente el Calendario Juliano que para 1582, cuando Gregorio XIII implantó el nuevo, llevaba un retraso de diez días y para 1833 iba doce días atrás, así que la fecha de nacimiento de Borodin (31 de octubre de 1833) fue en realidad el 12 de noviembre. Lo mismo ocurre respecto a la fecha de la muerte, que algunos apuntan como 14 de febrero, siendo, en realidad, el 27 de febrero de 1887.

Alexander Borodin retratado por Ylia Repin. Museo Estatal Ruso. San Petersburgo

Alexander Borodin retratado por Ylia Repin. Museo Estatal Ruso. San Petersburgo

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Referencias bibliográficas

CASTELLÓN, G. (2009): “Borodin, o la historia de una pasión”. Áncora – nacion.com. [Consultado 18 Enero 2015]. Disponible en: http://wvw.nacion.com/ancora/2009/agosto/30/ancora2062247.html
GARRITZ RUIZ, A. (2001): “Alexander Borodin: el músico químico”. Educación Química, 12,4:190-192.[Consultado 18 Enero 2015]. Disponible en: http://es.scribd.com/doc/511794/Borodin-quimico-y-musico
KUMATE, J. (2004): Alexander P. Borodin; compositor musical multifacético. En: MEMORIAS de El Colegio Nacional, México:213-229.
O’NEILL, D. (1988): “…aber Sonntag ist immer ein Feiertag: Alexander Borodin, MD, 1833-1887”. JRSM, 81:591-593.
RAÚL (2009): “El ruso que componía en un laboratorio”. En: “Una noche en la Ópera” [Foro]. [Consultado 18 Enero 2015]. Disponible en: http://www.unanocheenlaopera.com/viewtopic.php?t=10986
VIK, T. (1998): [“Alexander Borodin – physician, chemist, scientist, teacher and composer”]. [Sólo el abstract]. Tidsskr. Nor. Laegeforen, 118,30:4.693-4.696. [Consultado 18 Enero 2015]. Disponible en: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/9914755

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El “estudio anatómico” de Ole Fick

El “estudio anatómico” de Ole Fick

Perdón por interrumpir el hilo del dicurso sobre el saturnismo en los pintores que estoy publicando. Volveré a ello pronto. Pero uno es esencialmente disperso y hay algo que acabo de encontrar y quiero compartir aquí sin más demora. Creía yo que eso de “tener la cabeza cuadrada” no era más que una frase hecha. Y resulta que no, que los “cabezas cuadradas” existen 😉 como nos demuestra el artista danés Ole Fick en este sorprendente “estudio anatómico“.

Ole Fick Anatomic Study

Me quedo meditando sobre el asunto, como el señor del cuadro, y para no abandonar la idiosincrasia escandinava, lo haré escuchando una de las composiciones de Niels Wilhelm Gade, compatriota del pintor; aunque los interpretes de sus “Ecos del Océano” sean, en esta ocasión, los jóvenes componentes de una orquesta alemana.

Empieza el Nuevo Año… Un día de descanso y a continuar con lo nuestro, que el mundo sigue girando.

Empieza el Nuevo Año… Un día de descanso y a continuar con lo nuestro, que el mundo sigue girando.

Llámenme antiguo… si quieren, hasta pueden llamarme carroza. Pero siguiendo la tradición desde mi ya lejana infancia, el año comienza para mí descansando tranquilamente en casa, acompañado por los sones de la Filarmónica de Viena. Puede decirse que el redoble de tambor que da inicio a la Marcha Radetzky marca el auténtico principio de mi Nuevo Año.

Este año 2014, en el Concierto de Año Nuevo, la Orquesta ha vuelto a ser dirigida por Daniel Barenboim, que está haciendo lo posible por superar a mi admirado Georges Prêtre (quien en 2010, con 85 años de edad, fue el director del Concierto). Me ha gustado el detalle de Barenboim al dedicarse durante la emblemática Marcha Radetzky más que a dirigir las palmas del público, como es tradicional, a saludar personalmente a los verdaderos artífices de este acto: los músicos.

Igualmente, yo quisiera saludar así a quienes son lo más importante para este blog: ustedes. “Siguiendo a Letamendi” no existiría sin ustedes. Nunca lo escribiría para mí solo.

¡FELIZ AÑO NUEVO, AMIGOS!

Antonio García Gutiérrez y Giuseppe Verdi

Antonio García Gutiérrez y Giuseppe Verdi

Si la entrada anterior estaba dedicada a Wagner, con motivo del bicentenario de su nacimiento, ésta tiene como uno de sus protagonistas a Giuseppe Verdi, de quien también hemos celebrado los doscientos años de su nacimiento en el 2013 que ya se nos va.

Ilustración de David Guirao

Giuseppe Verdi, en una ilustración de David Guirao

Confieso que soy más de Verdi que de Wagner -por diversas razones- y esta entrada me resulta aún más satisfactoria que la anterior, no solo por haberme permitido disfrutar de algunas de las obras del célebre compositor mientras la preparo y redacto; ni porque vaya a hablar -que no lo haré- de los bien conocidos efectos beneficiosos de su música sobre la salud cardiovascular (de esto ya se han ocupado, por ejemplo -entre otros muchos- Hans-Joachim Trappe (2010) en la revista Heart, o Luciano Bernardi y colaboradores (2009) en Circulation). No, el motivo de mi satisfacción es que esta entrada dedicada a Verdi me va a servir para rendir homenaje al dramaturgo español cuyos textos sirvieron de inspiración para dos de las óperas del italiano, El trovador (1853) y Simón Boccanegra (1857); y que, como suele ocurrir en España con los españoles, aunque este año también se ha cumplido el bicentenario de su nacimiento en 1813, pocos se han acordado de él (salvo, como excepción que confirma la regla, en su tierra natal): Antonio García Gutiérrez.

Antonio García Gutiérrez

Antonio García Gutiérrez (1813-1884)

Antonio María de los Dolores García Gutiérrez nació en la gaditana ciudad de Chiclana de la Frontera, el 5 de julio de 1813, y murió en Madrid el 26 de agosto de 1884. En 1820, la familia García Gutiérrez -con diez hijos, de los que Antonio es el sexto- se traslada a Cádiz. Diez años después, en 1830, con 17 de edad, Antonio García Gutiérrez se matricula en la Facultad de Medicina de Cádiz… Pero él tenía muy claro lo que quería ser y, tres años después, concretamente el 16 de agosto de 1833, abandona los estudios de Medicina y sale de Cádiz, a pie, camino de Madrid, para ser lo que quería ser: escritor. Dramaturgo, poeta, libretista de zarzuelas, periodista… Y, con el tiempo, Académico de Número de la Real Academia Española de la Lengua, Director del Museo Arqueológico Nacional, o Jefe Superior del Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios… sin mencionar otros importantes cargos ni los múltiples premios, honores y distinciones que recibió. De todo ello, de su vida y su obra, encontramos cumplida información en la magnífica página web que, con la colaboración la Diputación de Cádiz, el Ministerio de Cultura, la Biblioteca Nacional y la Universidad de Cádiz, ha realizado el Ayuntamiento de Chiclana de la Frontera. Te la recomiendo encarecidamente, y puedes acceder a ella pulsando sobre el siguiente enlace:

Bicentenario García Gutiérrez (1813-2013)

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Antonio García Gutiérrez en su juventud
¡Un auténtico romántico!

Antonio García Gutiérrez tenía solo 22 años cuando estrenó El Trovador, en el Teatro del Príncipe, de Madrid, el 1 de marzo de 1836. Simón Boccanegra se estrenaría siete años después, en 1843. Las óperas de Verdi -como ya se ha dicho- son de 1853 y 1857, respectivamente. Para no extenderme demasiado, voy a referirme -tan solo- al estreno de la primera. Y no voy a hacerlo con mis palabras, sino con las de Mariano José de Larra, que no era famoso -precisamente- por la amabilidad de sus críticas…

“Con placer cogemos la pluma para analizar esta producción dramática, que tanto promete para lo sucesivo en quien con ella empieza su carrera literaria, y que tan brillante acogida ha merecido al público de la capital. Síganle muchas como ella, y los que presumen que abrigamos una pasión dominante de criticar a toda costa y de morder a diestro y siniestro, verán cuán presto cae de nuestras manos el látigo que para enderezar tuertos ajenos tenemos hace tanto tiempo empuñado.

El autor de El Trovador se ha presentado en la arena, nuevo lidiador, sin títulos literarios, sin antecedentes políticos; solo y desconocido, la ha recorrido bizarramente al son de las preguntas multiplicadas: ‘¿Quién es el nuevo, quién es el atrevido?’; y la ha recorrido para salir de ella victorioso. Entonces ha alzado la visera, y ha podido alzarla con noble orgullo, respondiendo a las diversas interrogaciones de los curiosos espectadores: ‘Soy hijo del genio, y pertenezco a la aristocracia del talento’. ¡Origen por cierto bien ilustre, aristocracia que ha de arrollar al fin todas las demás!”

Basta y sobra -digo yo- con las palabras del genial “Fígaro“. No hace falta añadir más… salvo la música.

El “Coro del Yunque“, o “Coro de Gitanos“, es -sin duda- una de las piezas más conocidas de El Trovador. Pero, en esta ocasión, creo que merece la pena insertar también la ópera completa.

Un modesto homenaje a Antonín Dvořák y un recuerdo muy personal

Dvorak

Antonín Leopold Dvořák (1841-1904)

Este 8 de septiembre se han cumplido 172 años del nacimiento del gran compositor checo Antonín Leopold Dvořák, uno de mis músicos favoritos, tanto que me cuesta elegir una obra suya para escucharla ahora, porque disfrutar de su propia música es el mejor homenaje que puedo hacerle a este hombre sencillo y bueno.

Pero ¿sabes? la música de Dvořák siempre trae a mi memoria uno de los recuerdos más queridos de mi infancia. Entre 1960 y 1977, los miércoles, a las diez y media de la noche, la cadena SER emitía un programa radiofónico que presentaba Alberto Oliveras: Ustedes son formidables. El programa tenía como sintonía de cabecera los primeros compases de la Sinfonía del Nuevo Mundo… y en cuanto los escuchaba, yo solía acostarme junto a mi padre, en su cama, para oír el programa con él, en silencio… No hacía falta decir nada… Simplemente, me sentía feliz allí, a su lado.

En el bicentenario del nacimiento de Wagner

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Hoy, 22 de mayo, se cumple el bicentenario del nacimiento de Richard Wagner, tan odiado por unos como admirado por otros… Otro día, quizás, hablaremos con más detenimiento de su polémica figura, incluso de la relación que existe entre el compositor alemán y el médico español cuyo apellido lleva este blog. Pero en esta fecha, mi intención es simplemente recordarle con una de sus piezas más conocidas. Creo que, quien la escuche, es muy posible que se convierta -como yo- en uno de sus admiradores.

Enlaces de interés:

El País

ABC

Wagnermanía

El “Dúo de los Gatos” de Gioachino Rossini

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Caricatura de Rossini en la portada de Le Hanneton (1867)

Si alguien piensa todavía que la música clásica es siempre seria y no es divertida (cosa que dudo entre quienes leen este blog) es que no ha escuchado el “Dúo de los gatos” de Gioachino Rossini (1792-1868) un músico sobre el que tendré que volver a escribir, si Dios quiere.

Rossini trabajó mucho en su juventud, pronto se hizo famoso y rico, pero dejó de componer -porque pudo hacerlo- con poco más de treinta años, y se dedicó a disfrutar de la vida y de una de sus principales aficiones: la buena mesa.

También era conocido por su sentido del humor; aunque, cuando componía, no le hacía ninguna gracia que los cantantes modificaran las partituras de sus óperas para su propio lucimiento. No sabemos con certeza si eso tuvo que ver con la composición de esta pequeña pieza que vamos a escuchar (hay quien dice que la compuso en honor de un par de gatos que todas las mañanas venían a visitarlo en su casa de Padua).

El “Dúo de los gatos” solo usa la palabra “miau” (por tanto, la letra es fácil, casi como algunas de las canciones actuales que se presentan a Eurovisión) pero repetida de múltiples formas que entrañan gran dificultad para sus intérpretes. Se compuso originalmente para piano y dos voces femeninas, generalmente soprano y mezzosoprano, pero ahora vamos a disfrutarlo cantado por “voces blancas”, los niños del coro Petits Chanteurs à la Crois de Bois, en un concierto que tuvo lugar en Seúl, el 30 de noviembre de 1996.

Un cuento de hadas que se escucha en Navidad

Tchaikovsky retratado por Niholái Kusnetzov en 1893, un año después de estrenarse "El Cascanueces"

Tchaikovsky retratado por Niholái Kusnetzov en 1893,
un año después de estrenarse “El Cascanueces”

Hoy, 18 de diciembre, se cumplen 120 años desde que Tchaikovsky estrenara su ballet “El Cascanueces” en el mítico Teatro Mariinsky de San Petersburgo. En muchos lugares, este cuento de hadas musicalizado por el gran compositor ruso se ha hecho imprescindible en Navidad. Aunque en España no sea así, tampoco está de más disfrutar un rato de su magia con esta versión del New York City Ballet.

Para quien le interese saber más sobre la vida y obra del compositor, recomiendo la página web a la que se accede desde el siguiente enlace: Tchaikovsky.

Dieciséis de diciembre: recordando a Beethoven y Saint-Saëns

Joseph Karl Stieler (1781-1858). Retrato de Ludwig van Beethoven cuando componía la "Missa Solemnis"Óleo sobre lienzo. 62 x 50 cm.Beethoven Haus. Bonn

Joseph Karl Stieler (1781-1858). Retrato de Ludwig van Beethoven
cuando componía la “Missa Solemnis” (1820)
Óleo sobre lienzo. 62 x 50 cm.
Beethoven Haus. Bonn

¡Qué día, el 16 de diciembre, para la historia de la música!

El 16 de diciembre de 1921 fallecía ese ser de múltiples intereses y conocimientos, excepcional renovador de la música, que se llamaba Charles Camille Saint-Saëns. Cualquiera de sus melodías es una delicia para los sentidos y -sin duda- si este blog perdura, se enriquecerá con las notas de sus diversas composiciones. Para esta primera vez he elegido el Segundo Movimiento Allegro Scherzando del Concierto Nº 2 para piano y orquesta en Sol menor, interpretado por Rubinstein con la London Symphony Orchestra.

Pero también un 16 de diciembre, unos ciento cincuenta años antes de la muerte de Saint-Saëns, en 1770, nacía en Bonn (Alemania) uno de los más grandes genios -si no el que más- de la música de todos los tiempos, Ludwig van Beethoven, a quien vemos arriba en un retrato pintado por Joseph Karl Stieler cuando tenía cincuenta años de edad. Si con el músico anterior no era fácil elegir, con Beethoven ni lo intento y me limito a insertar la pieza que estoy escuchando ahora mismo, la Sonata para piano Nº 31 Op. 110, en una preciosa interpretación de Hélène Grimaud.

¡Quede aquí mi pequeño homenaje, en este día, como testimonio de admiración a dos músicos verdaderamente grandes!

Once de diciembre: aniversario del nacimiento de Robert Koch y Hector Berlioz

Robert Koch con su esposa en Japón

Robert Koch con su esposa en Japón

Hoy, 11 de diciembre, se cumple el 169 aniversario del nacimiento de Robert Koch, descubridor -entre otras cosas- de los bacilos que producen el cólera o la tuberculosis. Pero también fue un viajero incansable… Durante los últimos meses de 1907 y los primeros de 1908 estuvo impartiendo conferencias en Japón, invitado por su antiguo discípulo Kitasato. De entonces data esta curiosa foto en la que vemos al Nobel y su esposa luciendo kimono.

Koch nació en 1843. Cuarenta años antes, en 1803, el 11 de diciembre, había nacido Hector Berlioz.

Berlioz en 1832

Berlioz en 1832

Berlioz era hijo de médico, y empezó a estudiar Medicina cumpliendo el deseo de su padre; pero no pudo soportar las practicas de disección… Con el disgusto paterno, dejó la carrera para dedicarse a su verdadera vocación: la música.

Para conmemorar su aniversario, en homenaje a Koch y Berlioz, dejo aquí parte de una de las obras más conocidas del compositor, la Marche au Supplice (también conocida como Marcha del cadalso) de la Symphonie Phantastique, en una versión dirigida por Gustavo Dudamel.

*Actualizada el 27 de noviembre de 2011.