Mesmer y Mozart

A large gathering of patients to Dr. F. Mesmer's animal

Pacientes recibiendo tratamiento en París mediante el “magnetismo animal” de Mesmer. Autor desconocido. Aguafuerte en color (c. 1785). Wellcome Library, Londres

La historia de las relaciones entre médicos y artistas contiene páginas que se pueden calificar, como mínimo, de curiosas. Ese es el caso de la relación que existió entre uno de los médicos más famosos y controvertidos del siglo XVIII, Franz Anton Mesmer (1734-1815), el creador de la teoría delmagnetismo animal, y uno de los más grandes genios de la música de todos los tiempos, Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791). Mozart conoció a Mesmer cuando todavía era un niño, pero un niño de 12 años capaz de componer una ópera. Veintidos años después. en 1790, el nombre y la terapéutica de Mesmer aparecerían en otra de sus obras más conocidas, la opera buffa Cosi fan tutte.

V0017975 Franz Anton Mesmer. Oil painting.

Franz Anton Mesmer (1734-1815). Autor desconocido. Óleo sobre lienzo 51 x 41 cm. Wellcome Library, Londres

Mesmer nació en la aldea de Iznang (Suabia) en la actual Alemania. Estudió Medicina en Viena. En 1766 hizo pública una disertación con el título De planetarum influxu in corpus humanum, en la que trataba sobre la influencia de la luna y los planetas en el cuerpo humano y en sus enfermedades. Sin embargo, lo que le haría famoso sería la doctrina del magnetismo animal, con su correspondiente método terapéutico. En la página de Historia de la Medicina del Instituto Químico Biológico se explica así:

“…a raíz del conocimiento que tuvo Mesmer de la curación de una paciente […] gracias a un imán, elaboró la teoría del ‘magnetismo animal’. [Él] creía en la existencia de un fluido magnético que podía ser traspasado de una persona a otra mediante la imposición de manos o friegas. Al principio utilizaba un imán, pero posteriormente empleó las manos y a veces ni siquiera tocaba a los pacientes, mujeres por regla general. Dicha imposición o pases provocaban en los pacientes crisis de histeria con convulsiones, espasmos [y] temblores, seguidos de una remisión total o parcial de los síntomas.

Inicialmente, su labor fue objeto de reconocimiento por sus colegas, adquiriendo Mesmer una gran fama y siendo incluso llamado a Munich por el Elector de Baviera […] El Consejero de la Academia de Ausburgo [sic] escribe que ‘…lo que ha conseguido aquí con diversas enfermedades hace suponer que le ha arrebatado a la naturaleza uno de sus más misteriosos secretos…’. Posteriormente, sus éxitos y sus procedimientos un tanto teatrales comienzan a granjearle las envidias y odios de sus colegas. El caso de […] María Teresa de Paradies [sic], es la gota que colma el vaso. Esta joven ciega tratada en vano por los más prestigiosos médicos vieneses, recupera con Mesmer parcialmente la vista. Sus despechados colegas acusan a Mesmer de superchería y de utilizar [a] la joven, a la que acusan de ser [su] amante. La situación empeora hasta tal punto que Mesmer abandona Viena y marcha a París en febrero de [1777].”

En París el éxito fue inmediato. A su consulta acudía una numerosa clientela, incluyendo muchas damas de la más alta aristocracia francesa, y con ellas -al parecer- la mismísima reina María Antonieta. Eran tantos los pacientes que Mesmer comenzó a realizar lo que podríamos llamar “terapia de grupo”. En YouTube, podemos ver imágenes de esas sesiones tomadas de la película “Mesmer” (1994), dirigida por Roger Spottiswode, con Alan Rickman en el papel protagonista (quien -por cierto- ganó el premio al mejor actor en el Festival de Cine de Montreal, por su interpretación). La sesión de “magnetismo animal” empieza en el minuto 6:14 del primer videoclip y continúa en el segundo.

No es de extrañar, visto lo visto, que -aún en la liberal Corte de Luis XVI- muchos considerasen aquellas reuniones como “una ofensa a la moral pública”, entre ellos el propio Rey (no olvidemos que su esposa, según se dice, era una de las mujeres que partipaban en ellas) y que se nombrara una Comisión Real para estudiar el “mesmerismo” (como luego se conocería lo que su creador llamó “magnetismo animal”) en la que participaron, entre otros, el médico Guillotin, los químicos Lavoisier y d’Arcet, el político y académico Bailly, y el célebre embajador de los Estados Unidos de América y científico interesado en los temas más diversos, Benjamin Franklin. La Comisión dictaminó que no había evidencia de la existencia de un “fluido magnético” -como sostenía Mesmer- sino que las posibles curaciones, si es que las había, se deberían a lo que hoy conocemos como “sugestión”. Mesmer abandonó París y, tras un breve paso por Viena, vivió el resto de su vida -de forma tranquila- en su casa junto al lago de Constanza.

Pero, si la obra médica de Mesmer puede ser discutida, de lo que no cabe duda es de su exquisito gusto musical. Él mismo, músico aficionado, interpretaba y componía para la armónica de cristal que empleaba en sus sesiones terapéuticas. Sin embargo, lo más destacado de su relación con la música es su labor como mecenas de Mozart.

V0027540EL Wolfgang Amadeus Mozart at the age of six years. Photograph

Mozart a los 6 años de edad. Mesmer lo conocería algún tiempo después, a los 12 años. Fotografía de A. Lenisch, de una pintura de autor desconocido. Wellcome Library, Londres

Recién terminada la carrera de Medicina, Mesmer se casó con una viuda rica y se estableció en Viena. Vivía en una espléndida situación, gracias a su esposa, y se dedicó a patrocinar las artes. Mozart pasó casi un tercio de su corta vida viajando. En 1768 estaba en Viena y estrenó su singspiel Bastien und Bastienne en casa de Mesmer.

Veintidos años después, uno antes de su muerte, en 1790, al final del primer acto de su ópera bufa Cossi fan tutte ossia la scuola degli amanti, aparece una clarísima alusión a Mesmer y su particular terapéutica. El argumento completo de la ópera se puede leer con mayor o menor detalle en BlogClásico, el artículo de Silvia Alonso en Mundoclásico.com o la misma Wikipedia. Pero la escena a la que nos referimos se desarrolla en casa de las hermanas Fiordiligi y Dorabella, adonde han acudido disfrazados sus prometidos, los oficiales Ferrando y Guglielmo, para probar y comprobar la fidelidad de sus respectivas novias, y se supone que han muerto por haber ingerido un veneno. Aparecen don Alfonso, auténtico responsable de toda la trama, por ganar una apuesta que ha hecho con los oficiales, y la criada Despina (magníficamente interpretada, en esta ocasión, por la soprano Teresa Stratas) dispuesta a todo, también por dinero, que se hace pasar por un esperpéntico “Doctor en Medicina”: Ecovi il medico!

Modestamente, quiero dedicar  esta entrada al profesor Luis Montiel Llorente, Catedrático de Historia de la Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, que es quien -a mi juicio- más y mejor ha estudiado en España la historia del magnetismo animal.

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