Emma Cano en la revista “Panace@”

Emma Cano en la revista “Panace@”

No es la primera vez que la pintora Emma Cano ilustra este blog. Casi un año hace que nos hacíamos eco de su Exposición en la Real Academia Nacional de Medicina: “Luz en Hipocratia“. Esta vez, la pintora asturiana afincada en Mallorca vuelve a nuestro blog porque ella cierra con broche de oro el número 40 de Panace@, la revista que dirige la Profesora Bertha M. Gutiérrez Rodilla y tiene como Secretario de Redacción a mi querido amigo el Profesor Juan V. Fernández de la Gala. Y hablando de la obra de Emma Cano, Fernández de la Gala, entre otras cosas dice:

“En los cuadros de Emma Cano, los pacientes nos miran desde la desolación aguamarina y punzante de su sufrimiento, allí donde un catéter y un tubo de goma prolongan la red venosa hasta el ámbito extracorpóreo de la habitación. Un frasco de suero fisiológico pende boca abajo y es este goteo acompasado el único reloj que existe. En Hipocratia, a veces el tiempo se detiene…”

Emma Cano. Francisco y la luz de los días

Emma Cano. “Francisco y la luz de los días”

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Emma Cano ha retratado magistralmente el interior del interior de la medicina hospitalaria…

Emma Cano. El equipo de trauma

Emma Cano. “El equipo de trauma”

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Emma Cano. "Un ángel"

Emma Cano. “Un ángel”

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Emma Cano. Cirujana en el pasillo de quirófano

Emma Cano. “Cirujana en el pasillo de quirófano”

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La colección completa de la obra de tema médico de Emma Cano se puede ver en el siguiente enlace:

Luz en Hipocratia

El artículo del Profesor Fernández de la Gala se puede leer en su totalidad pulsando sobre su título:

Nuestra ilustradora: Emma Cano. El viaje de una pintora por el país de Hipocratia

Pero creo que ésta es buena ocasión para conocer la revista… Desde el enlace a su número actual se puede acceder también a los contenidos anteriores:

Panace@. Revista de Medicina, Lenguaje y Traducción

 

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Vamos de cráneo

Cráneos Santorini

El título de esta entrada no se refiere a la actual situación político-social española sino a lo que representa esta imagen que vemos gracias al Profesor Juan V. Fernández de la Gala, que la descubrió en los inabarcables archivos que pululan por Internet y me la cedió, generosamente, para que la utilizara como mejor me conviniera. He aquí -por cierto- el “sueño” de cualquier forense o de cualquier paleopatólogo -como mi amigo Juan– que se sentiría realmente afortunado si recibiera para su estudio un cráneo con sus datos más significativos escritos en la frente (o dicho con mayor precisión, en el hueso frontal) como algunos de los que se hallan en la isla de Santorini.

En una rápida ojeada al socorrido Google para hacerme una idea de lo que se había escrito con el mismo título de esta entrada, entre múltiples y diversas necedades, me llamó la atención por su calidad sobresaliente un artículo de Francisco Sosa Wagner en el que habla de Goethe, de Schiller, del cráneo de este último, de la muerte… con un encomiable sentido del humor*: y digo yo que el sentido del humor es necesario en cualquier momento de la vida, incluso cuando se habla de la muerte.

Será por las fechas que corren. Será porque se acaba el año… Y no hacía falta que fuera un año tan malo como este 2012 que, por fin, se va… Siempre me pasa lo mismo, aunque lo haga a menudo, al completarse el ciclo anual -indefectiblemente- a mí me da por pensar en la muerte, y me acuerdo de Borges, cuando decía que “la vida es una muerte que viene”.  Y, para ponerme más en situación, veo vídeos como éste:

Sin embargo, mi referencia principal al tratar sobre la muerte es Stefan Zweig, autor de una de mis “frase de cabecera”:

“No basta con pensar en la muerte, sino que se debe tenerla siempre delante. Entonces la vida se hace más solemne, más importante, más fecunda y alegre.”

¡FELIZ 2013!

* El artículo de Francisco Sosa Wagner se reproduce íntegramente en el blog Dura lex, de Juan Antonio García Amado, y se puede acceder a él desde esta nota pulsando sobre el nombre del blog.

El retrato del Dr. Alphonse Leroy

Jacques-Louis David (1748-1825). Retrato de doctor Alphonse Leroy (1783)Óleo sobre lienzo. 72 x 91

Jacques-Louis David (1748-1825). Retrato de doctor Alphonse Leroy (1783)
Óleo sobre lienzo. 72 x 91
Musée Fabre, Montpellier, Francia

Siempre que publico este retrato del médico Alphonse Leroy, que pintó Jacques-Louis David (y ya lo he hecho en mis blogs Medicina y Arte y Retratos de Médicos) transcribo la descripción que hizo de él mi querido amigo, el Profesor Juan V. Fernández de la Gala, porque me parece insuperable. Sé que Juan, siempre generoso, no se molestará porque vuelva a hacerlo ahora. Y yo se lo agradezco.

“El cuadro salió de la mano hábil de Jacques-Louis David hacia 1783. La humanidad del doctor Alphonse Leroy, el ginecólogo que atendió el nacimiento del hijo del pintor, llena de tonos cálidos el cuadro. Así que no sólo estamos ante un retrato, sino también ante el testimonio de un padre agradecido al médico que atendió a Madame David en el parto.

La textura de la seda y sus brillos en el batín que viste el ginecólogo están magníficamente logrados. Una vestimenta informal, por la que asoman, elegantes, los lazos y puñetas de la camisa. No lleva la habitual peluca empolvada, sino un exótico turbante, con los mismos tonos del tapiz que cubre la mesa. Dominan los rojizos, los blancos y los azules: los colores de la República Francesa. No en vano David fue amigo personal de Robespierre.

Intuimos el rango social y el prestigio del personaje retratado, pero también el comedido ascetismo en el mobiliario y la desnudez de ornamentos de alguien que ha entregado su vida a la ciencia. Lo imaginamos habituado a trasnochar, no sabemos si por los ritmos que impone la vida social, los avisos de partos imprevistos o el insomnio creativo de alguien como él, acostumbrado a reflexionar en muchas duermevelas.

A su lado, un quinqué lleno de aceite, pero extrañamente apagado, quizá porque, tras una noche de trabajo, la luz del nuevo día empieza a insinuarse ya en las ventanas. El trazo de sombra rectilíneo sobre el papel, el rostro y el turbante iluminados, nos permiten adivinar incluso la posición de esa ventana, algo alta, delante de su mesa, casi como si nosotros alcanzásemos la estancia. Su brazo izquierdo se apoya seguro en un libro de HipócratesMorbi Mulierum (Las Enfermedades de las Mujeres) en el que vemos incluso asomar un registro de lectura, improvisado con una tira de papel cortada a mano.

Su mano derecha suspende la pluma de ave que acaba de sumergir en el tintero. Ante él, un pliego de papel recoge sus reflexiones en la última madrugada, brevemente detenidas en una pausa mientras nos mira. Nos queda, sin embargo, el convencimiento de que Leroy volverá a retomar la escritura interrumpida si nos quedamos un momento en silencio. Estaba preparando entonces su libro La Médecine Maternelle (1803) y los pinceles de Louis David lo han inmortalizado para siempre en ese empeño. Guardemos silencio, querido lector, y dejémosle seguir en su tarea.”

Respetando ese silencio para no molestar al médico escritor que, tan gentilmente nos solicitaba el doctor Fernández de la Gala, algunos comentarios escritos vinieron a enriquecer su hermoso discurso. Así, nuestro común amigo, el doctor José Manuel Brea, señalaba la ausencia de la mano izquierda en el retrato; a lo que la doctora Laura Munoa respondía, aportando un texto tomado de la documentación que ofrece el propio Museo Fabre: “Alphonse Leroy avait perdu un bras à la suite d’une piqure [sic] anatomique. David disposa habilement une manche qui laisse croire à la présence du bras manquant.” Es decir, que el médico había perdido ese brazo, probablemente amputado, a causa de la grave infección sufrida por un “pinchazo” en el curso de su ejercicio profesional… Y el pintor lo disimulaba en su composición de la escena. Exquisita delicadeza, la que mostró David, y admirable la profesionalidad de Leroy -como apostillaba Fernández de la Gala– porque ¡qué difícil debe ser ejercer para un obstetra manco!

Todo ello se puede leer íntegramente, en su versión original, en el enlace a la entrada que publicó Juan V. Fernández de la Gala, el pasado 20 de febrero, con el sugestivo título de “Trasnoche”.

Confío en que el Dr. Leroy no se moleste, sino al contrario, no le importe dejar reposar unos minutos la pluma y pararse a disfrutar con nosotros la música de Étienne-Nicolas Méhul, compatriota y contemporáneo suyo…