Beneficios cardiovasculares de la ópera

Beneficios cardiovasculares de la ópera

La noticia no es nueva, pero hoy he vuelto a encontrarla buscando otras cosas y he querido compartirla aquí. Según estudios realizados por el Dr. Luciano Bernardi y sus colaboradores de la Universidad de Pavía (Italia), publicados en la revista Circulation, la música produce significativos beneficios significativos, entre otras cosas, para el sistema cardiovascular. Es decir, demuestran científicamente lo que ya se sabía: que la música es buena para el corazón.

Naturalmente, los investigadores italianos recomiendan las obras de Verdi, y especialmente algunos momentos musicales sublimes como “Va, pensiero, sur’ali dorate“, de Nabucco, y “Libiamo ne’lieti calici” de La Traviata, porque sus “…frases musicales de 10 segundos de duración, parecen sincronizar perfectamente con el ritmo cardiovascular natural”.

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Giuseppe Verdi retratado por Giovanni Boldini (1886). Galleria Nazionale d’Arte Moderna, Roma

Para quien no le guste la ópera queda el recurso del chocolate, mejor chocolate negro… Pero, de eso, ya hablaremos en otra ocasión.

En cambio, para quienes sí nos gusta la ópera inserto a continuación una de las piezas recomendadas por el Dr. Bernardi y colaboradores en una interpretación muy especial, la que ofreció el maestro Riccardo Muti, el 12 de marzo de 2011, en el Teatro dell’Opera de Roma, que no sé yo como le sentaría al corazón de Berlusconi, allí presente (aunque no se le vea en el vídeo).

Antonio García Gutiérrez y Giuseppe Verdi

Antonio García Gutiérrez y Giuseppe Verdi

Si la entrada anterior estaba dedicada a Wagner, con motivo del bicentenario de su nacimiento, ésta tiene como uno de sus protagonistas a Giuseppe Verdi, de quien también hemos celebrado los doscientos años de su nacimiento en el 2013 que ya se nos va.

Ilustración de David Guirao

Giuseppe Verdi, en una ilustración de David Guirao

Confieso que soy más de Verdi que de Wagner -por diversas razones- y esta entrada me resulta aún más satisfactoria que la anterior, no solo por haberme permitido disfrutar de algunas de las obras del célebre compositor mientras la preparo y redacto; ni porque vaya a hablar -que no lo haré- de los bien conocidos efectos beneficiosos de su música sobre la salud cardiovascular (de esto ya se han ocupado, por ejemplo -entre otros muchos- Hans-Joachim Trappe (2010) en la revista Heart, o Luciano Bernardi y colaboradores (2009) en Circulation). No, el motivo de mi satisfacción es que esta entrada dedicada a Verdi me va a servir para rendir homenaje al dramaturgo español cuyos textos sirvieron de inspiración para dos de las óperas del italiano, El trovador (1853) y Simón Boccanegra (1857); y que, como suele ocurrir en España con los españoles, aunque este año también se ha cumplido el bicentenario de su nacimiento en 1813, pocos se han acordado de él (salvo, como excepción que confirma la regla, en su tierra natal): Antonio García Gutiérrez.

Antonio García Gutiérrez

Antonio García Gutiérrez (1813-1884)

Antonio María de los Dolores García Gutiérrez nació en la gaditana ciudad de Chiclana de la Frontera, el 5 de julio de 1813, y murió en Madrid el 26 de agosto de 1884. En 1820, la familia García Gutiérrez -con diez hijos, de los que Antonio es el sexto- se traslada a Cádiz. Diez años después, en 1830, con 17 de edad, Antonio García Gutiérrez se matricula en la Facultad de Medicina de Cádiz… Pero él tenía muy claro lo que quería ser y, tres años después, concretamente el 16 de agosto de 1833, abandona los estudios de Medicina y sale de Cádiz, a pie, camino de Madrid, para ser lo que quería ser: escritor. Dramaturgo, poeta, libretista de zarzuelas, periodista… Y, con el tiempo, Académico de Número de la Real Academia Española de la Lengua, Director del Museo Arqueológico Nacional, o Jefe Superior del Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios… sin mencionar otros importantes cargos ni los múltiples premios, honores y distinciones que recibió. De todo ello, de su vida y su obra, encontramos cumplida información en la magnífica página web que, con la colaboración la Diputación de Cádiz, el Ministerio de Cultura, la Biblioteca Nacional y la Universidad de Cádiz, ha realizado el Ayuntamiento de Chiclana de la Frontera. Te la recomiendo encarecidamente, y puedes acceder a ella pulsando sobre el siguiente enlace:

Bicentenario García Gutiérrez (1813-2013)

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Antonio García Gutiérrez en su juventud
¡Un auténtico romántico!

Antonio García Gutiérrez tenía solo 22 años cuando estrenó El Trovador, en el Teatro del Príncipe, de Madrid, el 1 de marzo de 1836. Simón Boccanegra se estrenaría siete años después, en 1843. Las óperas de Verdi -como ya se ha dicho- son de 1853 y 1857, respectivamente. Para no extenderme demasiado, voy a referirme -tan solo- al estreno de la primera. Y no voy a hacerlo con mis palabras, sino con las de Mariano José de Larra, que no era famoso -precisamente- por la amabilidad de sus críticas…

“Con placer cogemos la pluma para analizar esta producción dramática, que tanto promete para lo sucesivo en quien con ella empieza su carrera literaria, y que tan brillante acogida ha merecido al público de la capital. Síganle muchas como ella, y los que presumen que abrigamos una pasión dominante de criticar a toda costa y de morder a diestro y siniestro, verán cuán presto cae de nuestras manos el látigo que para enderezar tuertos ajenos tenemos hace tanto tiempo empuñado.

El autor de El Trovador se ha presentado en la arena, nuevo lidiador, sin títulos literarios, sin antecedentes políticos; solo y desconocido, la ha recorrido bizarramente al son de las preguntas multiplicadas: ‘¿Quién es el nuevo, quién es el atrevido?’; y la ha recorrido para salir de ella victorioso. Entonces ha alzado la visera, y ha podido alzarla con noble orgullo, respondiendo a las diversas interrogaciones de los curiosos espectadores: ‘Soy hijo del genio, y pertenezco a la aristocracia del talento’. ¡Origen por cierto bien ilustre, aristocracia que ha de arrollar al fin todas las demás!”

Basta y sobra -digo yo- con las palabras del genial “Fígaro“. No hace falta añadir más… salvo la música.

El “Coro del Yunque“, o “Coro de Gitanos“, es -sin duda- una de las piezas más conocidas de El Trovador. Pero, en esta ocasión, creo que merece la pena insertar también la ópera completa.

Aviso (relativamente) importante

Aviso (relativamente) importante

El año de los dos grandes bicentenarios musicales se acerca indefectiblemente a su fin, a una velocidad impropia -al menos así me lo parece- de un “viejo” como él. Y yo no quiero que acabe sin publicar dos entradas, una para cada uno de esos dos grandes compositores de quienes hemos conmemorado los doscientos años de sus respectivos nacimientos. Para ello, dejo otros temas que tengo entre manos (con la dispersión que me caracteriza) y me dedicaré a Wagner y Verdi, a su relación con España y -más o menos- con la medicina, aportando algunos datos no muy conocidos… Confío en que la Constitución y la Inmaculada me ayuden en mi propósito, con su regalo de tiempo libre.

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Por ahora, como aperitivo, dejo una pieza de cada uno de ellos que no puedo calificar como preferidas (porque me gustan mucho muchas) sino, simplemente, de las que escucho con más frecuencia…

Para ti, gracias por estar aquí. 🙂