Beneficios cardiovasculares de la ópera

Beneficios cardiovasculares de la ópera

La noticia no es nueva, pero hoy he vuelto a encontrarla buscando otras cosas y he querido compartirla aquí. Según estudios realizados por el Dr. Luciano Bernardi y sus colaboradores de la Universidad de Pavía (Italia), publicados en la revista Circulation, la música produce significativos beneficios significativos, entre otras cosas, para el sistema cardiovascular. Es decir, demuestran científicamente lo que ya se sabía: que la música es buena para el corazón.

Naturalmente, los investigadores italianos recomiendan las obras de Verdi, y especialmente algunos momentos musicales sublimes como “Va, pensiero, sur’ali dorate“, de Nabucco, y “Libiamo ne’lieti calici” de La Traviata, porque sus “…frases musicales de 10 segundos de duración, parecen sincronizar perfectamente con el ritmo cardiovascular natural”.

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Giuseppe Verdi retratado por Giovanni Boldini (1886). Galleria Nazionale d’Arte Moderna, Roma

Para quien no le guste la ópera queda el recurso del chocolate, mejor chocolate negro… Pero, de eso, ya hablaremos en otra ocasión.

En cambio, para quienes sí nos gusta la ópera inserto a continuación una de las piezas recomendadas por el Dr. Bernardi y colaboradores en una interpretación muy especial, la que ofreció el maestro Riccardo Muti, el 12 de marzo de 2011, en el Teatro dell’Opera de Roma, que no sé yo como le sentaría al corazón de Berlusconi, allí presente (aunque no se le vea en el vídeo).

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“¡Y tenía corazón!”

En estos primeros días de noviembre resulta inevitable pensar en la muerte. Y creo que conviene hacerlo… Pensando en ella me vino a la memoria este cuadro de Enrique Simonet. Es una obra sublime, técnicamente cercana a la perfección y cargada de emotividad. Pero, también, da pie a la reflexión…

Memento mori“. “Memento mori“. “Recuerda que morirás”, le repetían continuamente al oído a los victoriosos generales romanos mientras desfilaban celebrando su “Triunfo”. Nadie se lo dijo, seguramente, a la joven -una prostituta ¿quizás?- que yace sobre la fría losa de mármol. Su evidente belleza desaparecerá. Su vida ya es pasado. Sus alegrías y sus penas han quedado atrás. Ahora, el viejo médico que acaba de iniciar su necropsia, contemplando el órgano que tiene en su mano, se queda absorto pensando… “¡Y tenía corazón!

El cuadro de Enrique Simonet Lombardo (1866-1927) se titula Anatomía del corazón, algunos le llaman La autopsia, pero popularmente se conoce como ¡Y tenía corazón! Lo pintó en 1887 y es propiedad del Museo del Prado, actualmente en depósito en el Museo de Bellas Artes de Málaga.