Navidad

Navidad

En los últimos tiempos parece que se ha perdido para muchos -al menos en mi humilde opinión- el auténtico sentido de la Navidad, desplazado por otros intereses que poco o nada tienen que ver con el nacimiento en Belén de un hombre que se puede creer o no creer que fuera Dios -yo lo creo- pero nadie puede negar que cambió el curso de la historia para gran parte de la humanidad.

En 1991, Mark Lowry y Buddy Green escribieron una canción (creo que no muy conocida en nuestros lares) que puede ayudar a recordar el auténtico sentido de la Navidad: Mary, Did You Know?  La escuchamos, acompañada por unas bonitas imágenes, en la versión cantada por Kenny Rogers y Wynnona Judd.

Otra versión de la misma canción, muy reciente, cantada “a-capella” por el grupo Pentatonix.

¡FELIZ NAVIDAD!

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Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682). La Adoración de los pastores (1668). Óleo sobre lienzo, 282 x 188 cm. Museo del Prado

 

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Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad

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Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio. Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad. También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.

En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo: “No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: “Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”.

(Lc 2,1-14)

Así narraba el nacimiento de Jesús el evangelista San Lucas, a quien San Pablo llamó “el querido médico” en su carta a los Colosenses (Col 4,14). Mucho tiempo después, en el siglo XVII, el sevillano Bartolomé Esteban Murillo pone en color sobre el lienzo -casi literalmente- las palabras de su patrón (Lucas es el patrón de médicos y pintores), salvo que convierte al “ejército celestial” en inocentes angelitos y añade las figuras del buey y la mula, que no aparecen en el relato del evangelista, pero que ya formaban parte de la tradición.

Con este cuadro de Murillo (de quien, por cierto, se cumplen en estos días 395 años de su nacimiento, y sobre quien estoy preparando una serie de entradas dedicadas a la relación de su obra con la medicina) quiero felicitar estas fiestas a todos y cada uno de los que honran este blog con su presencia. Unas fiestas cuyo único sentido es celebrar aquel humilde nacimiento, a partir del cual, buena parte del mundo cuenta los años de nuestra era.

Y como en este blog la música es parte importante, uniré a la felicitación ese villancico que no por ser el más conocido a nivel mundial deja de emocionarme cada vez que lo escucho, ese que compusieron en alemán, a principios del siglo XIX, el sacerdote austriaco Joseph Mor y el maestro de escuela y organista Franz Xaver Gruber… y que hoy sigue cantándose en todos los idiomas.

¡FELIZ NAVIDAD!