Los apestados de Jaffa

A J Gros Bonaparte Visiting the Pesthouse in Jaffa - copia

Antoine-Jean Gros (1771-1835). Bonaparte visitant les péstiféres de Jaffa le 11 mars 1799 (1804). Detalle. Óleo sobre lienzo. 523 x 715 cm. (Obra completa) Museo del Louvre. París

Como médico jefe del ejército de Napoleón en Egipto, durante los años 1798 y 1799, René-Nicolas Dufriche (1762-1837), más conocido como Desgenettes (de quien ya empezamos a hablar en una entrada anterior) más allá de las heridas de guerra, tuvo que combatir contra la viruela, el escorbuto, la conjuntivitis aguda, la disentería y otras enfermedades que, como era común en la época, se llamaban con el nombre genérico de “fiebres”. Probablemente, esas enfermedades causaron mayor mortalidad que las armas del enemigo, a pesar de las rigurosas medidas higiénicas que de acuerdo a los conocimientos de la época ordenó establecer Desgenettes. Pero, de todas ellas, la peor y -paradójicamente- la que más ha influido en que hoy recordemos al jefe médico de aquel ejército napoleónico, por cuadros como los que podemos ver aquí, fue la peste.

La peste es una de las enfermedades infectocontagiosas que más mortalidad ha producido a lo largo de la historia, originando numerosas epidemias y pandemias. Está causada por una bacteria, la Yersinia pestis, llamada así en homenaje al bacteriólogo franco-suizo Alexandre Yersin, que la descubrió en 1894. Los roedores, como las ratas, portan la enfermedad y esta se propaga por medio de las pulgas. Los humanos pueden contraer la peste cuando son picados por una pulga que porta la bacteria de esta enfermedad a partir de una rata infectada; pero esto no se supo hasta que lo describió Yersin, casi un siglo después de que ocurrieran los acontecimientos que se expondrán a continuación, y que llevaron al médico Desgenettes a enfrentarse con Napoleón. El contagio directo entre humanos es raro, ya que sólo puede producirse en una variedad de peste pulmonar, llamada peste neumónica.

Los primeros casos de la epidemia que afectó a las tropas de Bonaparte aparecieron durante la penosa travesía del desierto que tuvieron que realizar para escapar del hostigamiento al que les estaban sometiendo los ingleses, por un lado, y los otomanos por otro. Desgenettes, al tener noticia de esos primeros casos, en un intento de que la moral de los soldados no se viera afectada, prohibió incluso que se pronunciara el nombre de la temible enfermedad, sustituyéndolo por eufemismos como “fiebre bubonosa” o “enfermedad de las glándulas”. Él mismo, siempre con el fin de que no decayera la moral de los hombres, tanto sanos como enfermos, realizó diversos actos más temerarios que valientes, como beber delante de todos, del mismo vaso que acababa de utilizar un enfermo, los restos del medicamento que se le había administrado. Pretendía así demostrar que la enfermedad no se transmitía por la saliva, como se venía diciendo (cosa que él no podía saber entonces, pero que resultó ser tal como afirmaba). En otra ocasión, se inoculó públicamente pus tomado directamente del bubón de un apestado, sin que se contagiara de la enfermedad. Esta escena sería posteriormente representada en varios grabados; aunque aquí traemos la que acompañaba al sello emitido por la República Francesa, el año 1972, en memoria de Desgenettes.

Desgenettes sello

Lo cierto es que, a principios de 1799, en la ciudad de Jaffa (hoy perteneciente a Israel) a orillas del Mediterráneo, los servicios sanitarios franceses tuvieron que organizar la asistencia de la ingente cantidad de soldados afectados por la epidemia.

En abril de 1799, Napoleón decide evacuar a su ejército por mar, de vuelta a El Cairo. Pero se le plantea el problema de los enfermos de peste y sugiere a Desgenettes, en presencia del general Berthier, su Jefe de Estado Mayor, que se acortara la vida de los enfermos administrándoles altas dosis de opio, a lo que el médico respondió tajante: “Mi deber es mantenerlos con vida“. Ante la determinación de su médico jefe, Napoleón pareció ceder y manifestó que se adoptarían medidas especiales para su evacuación. Sin embargo, en cuanto pudo, a espaldas de Desgenettes y de acuerdo con el farmacéutico jefe, Roger -según la bibliografía consultada- los apestados recibieron dosis letales de láudano (un preparado compuesto de opio y otras sustancias) para acabar con ellos. Su muerte masiva, no obstante, fue atribuida al incendio que, precisamente, se declaró en el lugar donde estaban concentrados. Un incendio sobre el que recae la fundada sospecha de que, aunque como es lógico no lo hiciera personalmente, fue la mano de Napoleón la que prendió la mecha.

Desde aquel episodio surgió una evidente tensión entre Bonaparte y Desgenettes. Esa tensión llegó al extremo cuando no mucho tiempo después, ya de regreso en El Cairo, delante de los científicos que habían acompañado a Napoleón en su expedición a Egipto, Bonaparte exclamó: “La química es la cocina de la medicina”. E inmediatamente, Desgenettes le preguntó: “¿Y cuál es, Sire, la cocina de los conquistadores?”. Los dos hombres no volvieron a dirigirse la palabra hasta que Bonaparte partió inesperadamente hacia Francia el 22 de agosto de 1799. Desgenettes permaneció con las tropas en Egipto y no regresaría a su país hasta septiembre de 1801.

En 1804, el pintor Antoine-Jean Gros (1771-1835), como parte de la campaña de autopropaganda que el propio Bonaparte había promovido en su acceso al poder absoluto, presentó el cuadro que da nombre a esta entrada (pulsando sobre la imagen se puede ver ampliada).

A J Gros Bonaparte Visiting the Pesthouse in Jaffa

Antoine-Jean Gros (1771-1835). Bonaparte visitant les péstiféres de Jaffa le 11 mars 1799 (1804). Óleo sobre lienzo. 523 x 715 cm. Museo del Louvre. París

En el centro de la escena, Napoleón Bonaparte, valiente y compasivo, toca el bubón de uno de los enfermos; hay quien dice que lo hace como aquellos antiguos monarcas a los que se creía dotados de poder taumartúgico y curaban con el simple contacto de su mano, lo que se llamaba el “toque real“. A la izquierda de Bonaparte, detrás, en un lugar discreto, se ve parte del rostro del médico (unos dicen que se trata de Desgenettes, otros que era el cirujano Masclet). A la derecha del general, su ayudante de campo, se tapa la boca y la nariz con un pañuelo. En torno a ellos aparece por doquier la miseria de los pobres enfermos, caquéticos, demacrados, muchos de ellos prácticamente desnudos, algunos atendidos por médicos que visten ropas orientales; como oriental es la arquitectura que pinta Gros, sin olvidar situar en lo más alto la bandera francesa como prueba de su dominio sobre la ciudad.

Cabe añadir que además de esta versión, la más conocida, que se encuentra en el Museo del Louvre, existe otra anterior, pintada por Gros en 1802 seguramente preparando la monumental obra que hemos visto ya, más pequeña y con algunas diferencias en los personajes y el lugar, que se puede ver en el Museo Condé, de Chantilly. Es la que se reproduce a continuación.

Gros Chantilly Musée Condé

Finalmente, se puede decir en su honor de Napoleón que -en sus famosos Juicios…, publicados en 1828- escribió sobre Desgenettes lo siguiente:

“Éste es un hombre excelente. Él mantuvo la opinión de que se dejase vivir a los apestados de Jaffa […] cuando el ejército evacuó esta ciudad, diciendo que su profesión era la de curar a los enfermos y no hacerlos perecer.”