Bacarisse y la nostalgia

Bacarisse y la nostalgia

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua define la nostalgia como la “pena de verse ausente de la patria o de los deudos y amigos” o como “tristeza melancólica por el recuerdo de una dicha perdida”. Cuando Salvador Bacarisse compuso en 1957 su Romanza expresó de forma sublime su nostalgia de España. Que yo sepa, la nostalgia no es una enfermedad, no se encuentra incluida en la Clasificación de Enfermedades; pero produce dolor… Quizás no un dolor físico pero sí del alma. Y, sin embargo, la Romanza de Bacarisse, como algunos tratamientos médicos, a pesar de que puede llegar a producir dolor es capaz de curar. Difícilmente se puede dejar de sentir ese “estado de bienestar físico, psíquico y social” con el que la Organización Mundial de la Salud define al objeto de su existencia después de escucharla, porque la melodía que creó este exiliado republicano transmite paz.

Para exponer algunos datos sobre la vida y la obra de Bacarisse, copio literalmente algunos párrafos de lo que escribe Belén Pérez Zarco en su blog “El medio sonoro”. No creo que yo pudiera hacerlo mejor:

“En Madrid, su ciudad natal, estudia Bachillerato y Filosofía y Letras, aprendiendo a tocar el violín como mera distracción. Al ser preguntado en una entrevista sobre por qué se dedicó a la música, él respondió con cierta ironía: ‘Quizás porque los Reyes Magos me pusieron una vez un violín de juguete’.

Estudia en el Real Conservatorio de Música de Madrid con maestros como Manuel Fernández Alberdi (piano) y Conrado del Campo (composición).

En 1921 obtiene el Premio Nacional de Música con un poema sinfónico titulado ‘La Nave de Ulises’, escrito para gran orquesta y coro con voces femeninas; la obra nunca llegó a estrenarse, quizás por su innovación y complejidad. En 1931 y 1934 volvería a recibir dicho premio.

Paralelamente a su labor musical trabaja como crítico musical en los periódicos Crisol y Luz. En 1931 se crea, a instancia del gobierno de la 2ª República, un organismo llamado ‘Junta Nacional de la Música y Teatro Líricos’ que encomienda a todos los interesados en la música, composición, dirección y crítica, ya sean jóvenes como consagrados, que se ocupen de su organización. Dicha Junta estaba compuesta por el presidente, don Óscar Esplá; secretario general, don Adolfo Salazar; vocales: don Manuel de Falla, don Conrado del Campo, don Amadeo Vives, don Joaquín Turina, don Ernesto Halffter, don Facundo de la Viña, don Salvador Barisse, don Enrique Fernández Arbós, don Bartolomé Pérez Casa y don Arturo Saci del Valle. Este organismo se encargó de reanudar las actividades líricas, de organizar las subvenciones a entidades sinfónicas, llegando incluso a reponerse obras importantes como ‘La Dolores’ de Tomás Bretón.

Bacarisse fue miembro del Grupo de los Ocho (también llamado Grupo de Madrid) un conjunto de músicos y musicólogos españoles que representaban la vanguardia musical, considerado el equivalente musical de la generación del 27 e integrado por Jesús Bal y Gay, Ernesto Halffter y su hermano Rodolfo, Juan José Mantecón, Julián Bautista, Fernando Remacha, Rosa García Ascot, Salvador Bacarisse y Gustavo Pittaluga. El grupo nació a principios de los años treinta con el fin de combatir el conservadurismo de la música. La llegada de la Guerra Civil y la posterior dictadura de Franco truncaron su empeño.

Salvador Bacarisse Chinoria (Madrid, 12 de septiembre de 1898 - París, 5 de agosto de 1963). Músico y compositor español

Salvador Bacarisse Chinoria
(Madrid, 12 de septiembre de 1898 – París, 5 de agosto de 1963).
Músico y compositor español

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Bacarisse tenía a su cargo, desde 1925, la dirección artística y organización de los programas de Unión Radio Madrid. Desde un principio Ricardo Urgoiti tenía como objetivo difundir la cultura a través de las ondas; objetivo que llevó a la práctica Bacarisse desde 1925. En la revista Ondas con fecha del 20 de junio de 1926 (número extra) podemos leer la referencia siguiente: ‘Un notable compositor, D. Salvador Bacarisse, pone en la formación de los programas toda su cultura musical y literaria para que el interés de la radiodifusión se mantenga en el nivel que corresponde a toda obra que tienda a elevar la sensibilidad artística de un pueblo. En los programas, teniendo en cuenta la diversidad de gustos en un público tan complejo como el radioyente, se procuró siempre darles variedad, y desde el género frívolo hasta el más puro expresionismo de la juventud actual, alternaron en las emisiones.’

[…]

Durante la guerra civil española se integra en el Consejo Nacional de la Música (1937). Se trasladó sucesivamente, siguiendo al gobierno republicano, a Valencia y Barcelona. En esta última ciudad, y como delegado del gobierno en asuntos musicales, organizó algunos conciertos y dirige la última temporada de ópera en 1938. Miembro de la sección de música de la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la defensa de la Cultura (1936) y vicepresidente del Consejo Central de Música, Salvador Bacarisse se exilia en París al finalizar la guerra civil española.

Afiliado al Partido Comunista Español, desde 1945 trabajó para la Radio Télévision Française como productor de programas en español (sección hispanoamericana) dedicados a la música, la “Radio París” que a hurtadillas sintonizaban miles de españoles para conocer la realidad social y política que la dictadura de Franco silenciaba a diario.

Obras principales: ‘Corrida de feria’ (ballet); ‘Charlot’ (ópera con libreto de Ramón Gómez de la Serna, y que no llegó a estrenar); ‘Heraldos’, ‘Carnaval Parisien’, ‘Música sinfónica’, ‘Serenata’, ‘Impromptu’, ‘Sinfonietta’ y ‘Concerto Grosso para orquesta’; ballet ‘La Tía Fingida’, cuatro Conciertos y una Balada para piano y orquesta; ‘Fantasía’ para violín y orquesta; adaptación de Cervantes ‘El Estudiante de Salamanca’ que él dirigió personalmente en Radio Montecarlo, la ópera ‘El Tesoro de Boabdil’, con la que ganó un premio de la radio francesa en 1958, ‘Fantasía Andaluza’ para arpa y orquesta, preludios, un concierto para cello y otro para guitarra, así como música de cámara, piano solo, y un cierto número de canciones, sobre textos de Juan Ramón Jiménez, Alberti y Cernuda, entre otros.

Una de sus obras más conocida es el ‘Concertino para guitarra y orquesta en la menor Opus 72’, compuesta en 1957, en un estilo neo-romántico cercano al del Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo:”

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Henry Tonks (1862-1937): el cirujano que se hizo pintor y pintó los rostros del horror de la guerra

Henry Tonks (1862-1937): el cirujano que se hizo pintor y pintó los rostros del horror de la guerra

Preparando la entrada anterior sobre Gassed, el impresionante testimonio de John Singer Sargent sobre la Primera Guerra Mundial -un cuadro sobre el que quería tratar desde hace tiempo pero que ha tenido que esperar hasta ahora, al cumplirse el centenario del inicio de la Gran Guerra– me he encontrado por casualidad con una historia que no podía ser más interesante para un blog como éste y en estas fechas. La historia de un cirujano inglés que abandonó el ejercicio de la medicina para dedicarse por completo a la pintura, hasta que la Guerra volvió a unir ambas profesiones: Henry Tonks. Él fue el compañero de Sargent en su viaje a los campos de batalla de Francia, enviados por el gobierno británico para plasmar en sus lienzos lo que vieran alli. Aunque como caricaturista que era también, Tonks aprovechó la ocasión para dejarnos un dibujo del maestro Sargent en plena labor…

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Henry Tonks (1862-1937). John Singer Sargent painting (1918)

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Henry Tonks nació en Solihull, en la región inglesa de West Midlands, el 9 de abril de 1862. Estudió Medicina en el Royal Sussex County Hospital (1882-1885) y en el London Hospital (1885-1888). Con más vocación docente que por la práctica médica, pronto dejó el ejercicio profesional para dar clases de Anatomía en el London Hospital y, enseguida, daba clases también de su auténtica pasión, la pintura, en la Slade School of Fine Art, de Londres, para acabar dedicándose plenamente al arte poco tiempo después.

Pero la Primera Guerra Mundial haría que el profesor de arte, con más de cincuenta años, se reencontrara con su antigua profesión. Al principio como camillero o en las ambulancias de la Cruz Roja británica, o ayudando en su labor a los cirujanos militares… De aquella época data una de sus obras más conocidas: A Saline Infusion (1915).

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Henry Tonks (1862-1937). Saline Infusion: An incident in the British Red Cross Hospital, Arc-en-Barrois, 1915. Imperial War Museum, Londres.

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A Saline Infusion (o más exactamente Saline Infusion: An incident in the British Red Cross Hospital, Arc-en Barrois, 1915) es un dibujo al carboncillo que muestra el momento en el que se le está administrando una solución salina a un herido. La representación del sufrimiento del paciente no puede ser más evidente -a pesar de lo diluido de la escena- mientras dos médicos y una enfermera intentan aliviar su dolor. Xavier González Cuadra, que trata ampliamente sobre la vida y la obra de Henry Tonks en su blog La Gran Guerra 1914-1918 (y a quien seguimos en buena parte de esta entrada) apunta que los críticos ven en el herido “un gesto asimilable a las líneas de las deposiciones de Cristo de los pintores barrocos” y hablan de la admiración que sentía Tonks por pintores como Velázquez y Rubens. Pero lo cierto es que este dibujo -añade González Cuadra– “provoca en el espectador un natural sentimiento de compasión por el herido y su sufrimiento.” Estamos, en definitiva, ante una obra muy distinta a la mayoría de las que se realizaron en los inicios de la Guerra como, por ejemplo, The First Wounded, London Hospital, August 1914, de John Lavery.

(c) Rosenstiel's; Supplied by The Public Catalogue Foundation

John Lavery (1856-1941). The First Wounded, London Hospital, August 1914. Dundee Art Galleries and Museums

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La pintura del irlandés Lavery muestra una sala de hospital con heridos convalecientes en una actitud relajada y el primer plano lo ocupa una enfermera que cura cuidadosamente a un joven soldado escocés, sin aparente expresión de dolor. La obra, con clara intención propagandística, muestra el merecido reposo del soldado, el descanso del guerrero -como una especie de premio, aunque haya caído herido- después de haber cumplido con su deber. En cambio, el convulso y doliente herido de Tonks refleja la cruda realidad de la guerra: el sufrimiento.

A principios de 1916 Henry Tonks se incorporó al Royal Army Medical Corps con el grado de teniente, desempeñando labores estrictamente médicas; pero muy pronto, medicina y arte volvieron a confluir en su vida, en cuanto comenzó a colaborar con el cirujano Harold Gillies, pionero de la Cirugía Plástica y Reparadora. Como buen anatomista, y mejor dibujante, Tonks emprendió la dura tarea de retratar a los pacientes que atendía Gillies, los cuales sufrían terribles heridas en el rostro. El objetivo era captar hasta los mínimos detalles de esas heridas. Los dibujos de los llamados “guesules cassées” permitían preparar las intervenciones quirúrgicas, observar la evolución de las heridas y su posterior recuperación.

El mismo Tonks, escribía lo siguiente cuando iniciaba su trabajo con Harold Gillies:

“I am doing a number of pastel heads of wounded soldiers who have had their faces knocked about. […] A very good surgeon called Gillies is undertaking what is known as the plastic surgery necessary. It is a chamber of horrors but I am quite content to draw them, as it is excellent practice. One poor fellow… as the DCM. A large part of his mouth has been blown away. He is extremely modest and contented. I hope Gillies will make a good job of him.”

A continuación podemos ver dos de esos retratos que Tonks realizó. Ambos son del mismo soldado herido en la cara, antes y después de ser intervenido quirúrgicamente por Gillies.

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Henry Tonks (1862-1937). Retrato de un soldado herido antes del tratamiento. Pastel. 1916-1917. (C) The Royal College of Surgeons of England

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Henry Tonks (1862-1937). Retrato de un soldado herido después del tratamiento. Pastel. 1916-1917. (C) The Royal College of Surgeons of England

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La colaboración entre Tonks y Gillies duró hasta bien estrado el año 1918, y tuvo su sede en el Queen’s Hospital de Sidcup donde se estableció una unidad especializada en reconstrucción facial.

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Henry Tonks en su despacho del Queen’s Hospital, Sidcup, 1917. (C) The Royal College of Surgeons of England

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A lo largo de esos meses de trabajo, el artista -antes cirujano- realizó más de sesenta retratos al pastel que actualmente se conservan en los archivos de The Royal College of Surgeons of England. Pero Tonks nunca consideró esos retratos como obras de arte, sino como un trabajo estrictamente científico. De hecho -según el ya citado González Cuadra– “…Tonks se disgustó profundamente cuando vió exhibida su obra en las paredes del Cambridge Hospital en Aldershot. La protección [de la] intimidad de sus pacientes, the poor ruined faces of England como les llamaba, influyó más que su negativa a creer que su obra era arte.”

El 2 de julio de 1918, Henry Tonks emprendió su viaje a Francia junto a John Singer Sargent, a instancias del gobierno británico, para dejar testimonio en sus lienzos de sus respectivas visiones de la guerra. Sargent pintó su colosal Gassed, que ya vimos en la entrada anterior pero reproduzco ahora de nuevo por si alguien no lo ha visto todavía (se puede ampliar pulsando sobre la imagen).

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John Singer Sargent (1856-1925). Gassed (1919). Imperial War Museum. Londres

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Tonks, por su parte, presentó An Advanced Dressing Station

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Henry Tonks (1862-1937). An Advanced Dressing Station in France, 1918. Imperial War Museums. Londres

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Dejo la palabra, de nuevo, a González Cuadra:

“… An advanced dressing station no fue fruto de una iluminación o de inspiración: fue el resultado de numerosos croquis y estudios tomados en los alrededores de los hospitales de campaña cercanos a Bailleaument. Tonks aclaró en una carta que le resultaba imposible tomar una instantánea de un lugar como un hospital de campaña en pleno frenesí. El ambiente imperante de dolor, sufrimiento, trasiego y muerte no le permitían captar un sólo momento. La escena reflejada en su An advanced dressing station, France 1918, confiesa Tonks, fue el resultado de diferentes tomas de diversos lugares y momentos. Por una carta […] se puede deducir que el espectáculo que ofrecía un hospital de estas características no invitaba precisamente a pintar. En otra carta […] confesaba que había visto suficiente dolor y sufrimiento para llenar varias vidas. Por los que le conocieron, parece que el viaje que hizo Tonks al frente durante 1918 fue de todo menos artístico. Los mismos parecen coincidir en señalar dos razones o causas en la apatía artística de Tonks. Por un lado, parece que la figura de Sargent, el ya consagrado maestro, imponía un gran respeto a Tonks, e incluso un ligero complejo. Otro factor pudo haber sido la propia vertiente de Tonks como médico. Es muy probable que la reiterada contemplación de escenas y cuadros de dolor de los soldados yacentes y moribundos despertase en Tonks su vertiente médica y que su yo más artístico quedase en un segundo plano. El hecho final es que su obra tuvo una gran acogida por parte de la crítica durante su primera exhibición en diciembre de 1919 en la Royal Academy. La crítica fue unánime con el veredicto. Se trataba, sin duda, de una gran obra que mostraba los horrores de la guerra y sus consecuencias de una forma muy plástica. El cuadro, sin embargo, no tenía una carga dramática como los de Sargent [y otros]. Las escenas estaban perfectamente descritas, pero había en ellas un ausencia de algo trágico, como si el espectador del momento hubiese estado más pendiente de la descripción del momento que de su propio sentir como parece que fue el caso.”

Tras la guerra, Henry Tonks, el cirujano que abandonó su profesión para hacerse pintor, pero que -por las circunstancias de la época- le correspondió retratar el horror de la guerra, volvió a impartir clase como profesor de arte en la Slade School of Fine Art, hasta su jubilación en 1930. Falleció en su casa de Chelsea el 8 de enero de 1937. Al menos no se enteró de que el mundo giraba sin pausa hacia un horror aún mayor.