Beneficios cardiovasculares de la ópera

Beneficios cardiovasculares de la ópera

La noticia no es nueva, pero hoy he vuelto a encontrarla buscando otras cosas y he querido compartirla aquí. Según estudios realizados por el Dr. Luciano Bernardi y sus colaboradores de la Universidad de Pavía (Italia), publicados en la revista Circulation, la música produce significativos beneficios significativos, entre otras cosas, para el sistema cardiovascular. Es decir, demuestran científicamente lo que ya se sabía: que la música es buena para el corazón.

Naturalmente, los investigadores italianos recomiendan las obras de Verdi, y especialmente algunos momentos musicales sublimes como “Va, pensiero, sur’ali dorate“, de Nabucco, y “Libiamo ne’lieti calici” de La Traviata, porque sus “…frases musicales de 10 segundos de duración, parecen sincronizar perfectamente con el ritmo cardiovascular natural”.

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Giuseppe Verdi retratado por Giovanni Boldini (1886). Galleria Nazionale d’Arte Moderna, Roma

Para quien no le guste la ópera queda el recurso del chocolate, mejor chocolate negro… Pero, de eso, ya hablaremos en otra ocasión.

En cambio, para quienes sí nos gusta la ópera inserto a continuación una de las piezas recomendadas por el Dr. Bernardi y colaboradores en una interpretación muy especial, la que ofreció el maestro Riccardo Muti, el 12 de marzo de 2011, en el Teatro dell’Opera de Roma, que no sé yo como le sentaría al corazón de Berlusconi, allí presente (aunque no se le vea en el vídeo).

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Vital Aza y el “Coro de doctores” de la zarzuela “El rey que rabió”

Vital Aza y el “Coro de doctores” de la zarzuela “El rey que rabió”

Famoso en su tiempo y prácticamente olvidado hoy, Vital Aza y Álvarez Buylla nació en Pola de Lena (Asturias) el 28 de abril de 1851. Realizó los estudios medios primero en Gijón (delineante) y después en Oviedo (bachillerato); llegando a trabajar, muy joven, como técnico en la construcción del ferrocarril, en el tramo de Oviedo a Gijón. Años después escribiría:

“Casi a palmos estudié
el ferrocarril de Oviedo,
¡y jamás olvidaré
los diez meses que pasé
sobre el túnel de Robledo!”

Porque no fue su labor en la construcción del ferrocarril asturiano la que le otorgó fama, precisamente, sino sus trabajos literarios, tanto en la prensa escrita como autor de letras de zarzuelas, dramaturgo y poeta, con textos que se caracterizan por su peculiar sentido del humor. Pero -y esa es la razón fundamental para que le recordemos aquí- Vital Aza fue médico, licenciado en medicina, aunque nunca ejerció la profesión… Por eso decía:

“¡Hoy soy todo un licenciado,
y juro que no he matado
un solo enfermo siquiera!”

Su vocación literaria se inició tempranamente, en los tiempos de estudiante en Gijón y Oviedo; y continuaría cuando se trasladó a Madrid para estudiar medicina. Dejemos que sea su paisano, Jesús Neira Martínez quien nos hable de ello:

“A los veinte años se traslada a Madrid con el propósito de estudiar medicina. Pero en su mente no estaría sólo realizar una carrera académica sino ahondar en la vocación literaria que había iniciado en Asturias. Su meta soñada sería triunfar en Madrid porque esto significaba triunfar en España. Vital Aza se instala en Madrid en una casa de huéspedes, y comienza con entusiasmo sus estudios de medicina y sus colaboraciones en periódicos festivos. Su temperamento extrovertido, su carácter jovial, su humor, su bondad, y también su elevada estatura, le hicieron pronto popular en los ambientes en los que su vida se desenvolvía. Este es el retrato de Vital Aza visto por Rafael Comenge, compañero de pensión: ‘Él era, lo mismo que ahora, alto, altísimo, fornido, barbudo, inmenso; lleno de bondad, con un corazón de niño, alegre, cantor, digno y caballeresco. Por la mañana se lavaba, cantando los mejores trozos del repertorio bufo, único en boga entonces, y su hermosa voz de barítono hacía algunas fermatas algo románticas es verdad, pero que hubiesen causado envidia al mismo Lasalle por la limpieza y afinación con que se ejecutaban. Pedía el almuerzo en endecasílabos, y sostenía en romance la conversación horas y horas, sin esfuerzo ni violencia. Una desdicha tenía el secreto de hacerle llorar, y una mala acción le enfurecía de un modo terrible’.
Estando aún en el primer curso de medicina, adquirió cierta notoriedad con motivo de la visita a la capital del investigador y médico francés Lecanu. Vital Aza publicó unas quintillas en su honor. El investigador francés las leyó, le gustaron y quiso conocer al autor. He aquí el relato que Vital hace de ese episodio en una entrevista concedida a Luis Gabaldón y publicada en Blanco y Negro el 8 de diciembre de 1894: ‘… Yo vivía entonces en la calle de las Tres Cruces en una casa de huéspedes donde pagaba diez reales el pupilaje, con vistas a todas partes. El día de la visita del doctor preparé mi cuarto con todo el aparato que su interesante argumento requería. Reuní todos los huesos que encontré, libros, papeles, un reloj de arena, una calavera; parecía que la sabiduría se hospedaba en mi cuarto por diez reales también. El doctor me cobró tal cariño, que a todo trance quiso llevarme a París y hacer de mí su discípulo predilecto. Consulté a mi familia. Pasó algún tiempo; yo vacilaba, el doctor tenía que volver; total, que me quedé en Madrid. Ya ve usted; si yo hubiera seguido los consejos del doctor, a estas horas estaría en París, quizás complicado en lo del suero antidiftérico, y no hubiera estrenado Chifladuras, ni mucho menos mi primera obra Basta de matemáticas.’
Vital Aza, que había iniciado con entusiasmo sus estudios de medicina (seguí mi nueva carrera / con decisión verdadera), la termina aunque no la ejerce […]. Al final la vocación literaria se había impuesto totalmente:

“A San Carlos asistía
de ardor y entusiasmo lleno,
y aunque el tiempo compartía
entre Galeno y Talía,
venció Talía a Galeno.”

Pero las experiencias de aquellos años quedan patentes en su obra. En ella hay una extensa galería de médicos y de estudiantes de medicina vistos con humor, con ironía suave. Burlarse de los médicos era en cierto modo burlarse de sí mismo, intentar bajar a los engreídos de su pedestal, tomar contacto con el suelo. No obstante, más allá de sus bromas, Vital Aza tuvo a lo largo de su vida gran fe en ellos y en las medicinas. Tenemos el testimonio fidedigno de su hija Carmen: ‘Pero lo curioso del caso está en la gran confianza que ellos le inspiraban. En cuanto sentía el más pequeño dolor, la más ligera dolencia, llamaba inmediatamente al médico, le escuchaba como a un oráculo y seguía sus instrucciones al pie de la letra. Y otro tanto ocurría con las medicinas de las que también se burlaba y en las que tenía verdadera fe. Todo ello a pesar de haber dicho que sólo creía en Dios y en el sulfato de quinina’.”

A lo largo de su vida, Vital Aza colaboró en diversas publicaciones, como Blanco y Negro, El Heraldo de Madrid, Madrid Cómico, Barcelona Cómica, y en otras muchas revistas, siempre con el “agudo gracejo” que le caracterizaba; pero, sobre todo, se le recuerda como autor teatral. En contra de lo que se cree, su producción teatral es extensa. Comprende 64 obras, de las cuales 34 son originales, 27 en colaboración, la mayoría de éstas con su amigo Miguel Ramos Carrión, y 3 arreglos. Amigos suyos fueron los también asturianos Armando Palacio Valdés y Leopoldo Alas “Clarín” (aunque, éste último, nacido en Zamora) entre otros muchos intelectuales con los que compartía conversación en las tertulias de Madrid. Fue, así mismo -hay que decirlo- el primer presidente de la Sociedad de Autores Españoles, en la que tiene su origen la actual SGAE (Sociedad General de Autores y Editores).

Vital Aza y Álvarez Buylla (1851-1912)

Vital Aza y Álvarez Buylla (1851-1912)

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El rey que rabió es una zarzuela cómica, en tres actos y siete cuadros, con letra de Miguel Ramos Carrión y Vital Aza y música del genial compositor Ruperto Chapí, estrenada en el Teatro de la Zarzuela, de Madrid, el 20 de abril de 1891. Para algunos, se trata de la mejor zarzuela española del siglo XIX. También hay quien dice que “… es la primera opereta creada en España, con cualidades similares a los más famosos títulos del género centroeuropeo.” Lo cierto es que la obra va ganando en interés a medida que se desarrolla la acción, y llegando al cuadro quinto, ya iniciado el tercer acto, nos encontramos con una pieza de tema médico. Me refiero -como apunta Fernando A. Navarro, en su Laboratorio del Lenguaje– “al archiconocido y comiquísimo ‘Coro de doctores‘, cuando los médicos de la corte deben examinar a un perro que supuestamente ha mordido al rey, para determinar si el perro pudiera estar rabioso.” En YouTube se pueden encontrar numerosas versiones de esta escena cómica pero, suele ser difícil entender la letra de tan “juicioso dictamen facultativo”; la cual, seguramente, se entiende mejor en esta versión “más seria”:

Aunque escrita la zarzuela junto a Ramos Carrión -como ya se ha dicho- la letra del “Coro de doctores” se atribuye habitualmente al “médico-escritor-humorista” Vital Aza. Y no me resisto a copiarla íntegramente a continuación:

Juzgando por los síntomas
que tiene el animal,
bien puede estar hidrófobo,
bien puede no lo estar,
y afirma el gran Hipócrates
que el perro en caso tal
suele ladrar muchísimo
o suele no ladrar.

Con la lengua fuera,
torva la mirada,
húmedo el hocico,
débiles las patas,
muy caído el rabo,
las orejas gachas…

Todos estos signos
pruebas son de rabia
pero al mismo tiempo
bien pueden probar
que el perro está cansado
de tanto andar.

Doctores sapientísimos
que yo he estudiado bien
son en sus obras clínicas
de nuestro parecer:

Fermentus virum rabicum
que in corpus canis est,
mortalis sont per accidens,
mortalis sont per se.

Para hacer la prueba
que es más necesaria,
agua le pusimos
en una jofaina
y él se fue gruñendo
sin probar el agua.

Todos estos signos
pruebas son de rabia,
pero al mismo tiempo
signos son, tal vez
de que el animalito
no tiene sed.

Y de esta opinión
nadie nos sacará:
¡El perro está rabioso
o no lo está!

Como literato, Vital Aza tenía conciencia de su propia valía y, en 1894, no se privaba de escribir:

“… Hoy vivo de lo que escribo,
y pues vivo como vivo,
no debo escribir muy mal.
¡No escribo mal, no señor!
¡Vaya si soy escritor!
Créanme ustedes a mí.
Hay ‘eximios’ por ahí
que escriben mucho peor.
Tengo gracia y humorismo…
Me dirán que esto es cinismo.
Lo será, no lo discuto;
pero no he de ser tan bruto
que hable yo mal de mí mismo.”

Aquel mismo año 1894 escribía…

“Soy de carácter jovial.
De salud estoy tal cual,
viviendo en un ten con ten.
Unas veces vamos bien
y otras veces vamos mal.”

Solía pasar los veranos en Mieres (Asturias), ciudad a la que quedó muy vinculado desde que, en 1882, contrajera matrimonio con Maximina Díaz Sampil. En Mieres está enterrado. Pero, por su delicada salud, pasó algunos de los últimos inviernos en Málaga, donde tuvo buenos amigos. Y Málaga le dedicó un teatro que lleva su nombre.

Finalmente, falleció en Madrid, el 13 de diciembre de 1912.

Su biógrafo, Neira Martínez, concluye uno de sus escritos sobre Vital Aza con estas palabras que no quiero dejar de reproducir:

“En realidad, Vital Aza en el teatro y la poesía practicó la medicina. Buscó la curación del espíritu por el humor, la gracia. La risa sana desdramatiza la vida, la suaviza, cumple una función purificadora: tonifica el cuerpo y levanta el espíritu.”

Cabe añadir que, si Vital Aza y Álvarez Buylla nunca ejerció la medicina práctica, sí que fue médico en ejercicio y de reconocido prestigio, su hijo; al que algunas páginas de Internet confunden torpemente con el padre.

Vital Aza y Díaz (1890-1961)

Vital Aza y Díaz (1890-1961)

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Vital Aza Díaz nació en el barrio de Oñón, en Mieres, el 16 de junio de 1890. Y, como apunta Pérez Peña:

“… Estudia medicina en San Carlos con gran aprovechamiento donde es alumno interno en 1909 y donde obtiene el Premio Extraordinario del Grado de Licenciatura el 19 de junio de 1913, tras un curriculum plagado de Matrículas de Honor. Doctor con Premio Extraordinario en 1914.
Poco tiempo después, el 29 de junio de 1914, es nombrado Auxiliar interino de Ginecología adscrito a la cátedra de Sebastián Recasens, donde permanecería hasta 1925 en que abandonó la docencia […] tal vez por haber fundado en 1919, una de las mejores clínicas privadas de España, el ‘Sanatorio Quirúrgico de Santa Alicia’.
Vital Aza Díaz, fue en nuestro país un destacado ginecólogo con ideas avanzadas en el campo de la fertilidad, sexualidad y atención a la embarazada. Cofundador de la revista Gynaecología, fue Presidente de la Sociedad Española de Obstetricia y Ginecología (1934), de la Asociación de Escritores Médicos y del “Club Rotario” de Madrid (1933).”

Cuando en 1934, Vital Aza Díaz ingresó en la Academia Nacional de Medicina, en la vacante -precisamente- de su maestro, el célebre ginecólogo Profesor Sebastián Recasens -según la crónica de ABC- el doctor Slócker, encargado del discurso de contestación, quiso también rendir homenaje al padre “… que en los éxitos obtenidos en la escena nunca olvidó su amor al título profesional, cuyos estudios hubo de seguir su hijo con tan brillantísimo resultado.”

Para terminar, que no quiero resultar cansino ni que Vital Aza se levante de su tumba para dedicar algunos de sus versos a mis escasas dotes literarias, permitaseme tan solo un breve apunte de mi historia personal alusivo al tema de hoy. En 1975, los alumnos del último año de bachillerato del Colegio La Salle, de Jerez, tuvimos la inocente osadía (por indicación del Hermano Director) de interpretar en el acto de fin de curso, el “Coro de doctores”, de El rey que rabió. No era época de teléfonos móviles ni cámaras digitales, así que no ha quedado testimonio gráfico conocido de lo que allí pasó. Las imágenes están en mi memoria. De los sonidos, sólo recuerdo el piano del Hermano José Luis intentando pautar aquel guirigay. Vestidos con túnicas y capas de penitente (de las que se usan en Semana Santa), convenientemente adornadas para la ocasión con papel charol y papel metalizado, y cubiertas las cabezas con birretes de cartulina, unos cuantos estudiantes de quince años -con más voluntad que arte- entonamos la canción. Hasta hubo uno que se disfrazó de perro y ladró y gruñó en los momentos oportunos, sin cobrar las dos pesetas que se pagaba por esta labor en el estreno de la obra. De los compañeros cuya participación recuerdo, dos se incorporaron al mundo laboral poco después, dos son químicos, dos abogados, uno ingeniero, otro maestro y cinco somos médicos porque “lo malo abunda”…

Bromas aparte, los componentes de aquel “coro de doctores” y algunos más seguimos viéndonos a menudo. Incluso quedamos cada año para comer el último sábado de noviembre. ¡Un fuerte abrazo a todos mis “viejos” compañeros de Colegio!

Sir Godfrey N. Hounsfield, EMI, la tomografía axial computarizada (TAC), los Beatles y mister Derek

Sir Godfrey N. Hounsfield, EMI, la tomografía axial computarizada (TAC), los Beatles y mister Derek

Disculpen el batiburrillo de nombres con el que he titulado esta entrada. No he sabido hacerlo de otra manera para expresar su contenido. Pero, vayamos por partes y, a lo mejor, soy capaz de explicar  la relación que tienen estos nombres entre sí.

Sir Godfrey Newbold Hounsfield nació en Sutton-on-Trent el 28 de agosto de 1919 y creció en una granja cerca de Newark, en el condado de Nothingamshire, en el centro de Inglaterra. Era el menor de cinco hermanos, y desde la infancia ya mostró un enorme interés por la electricidad y la mecánica, aplicando las habilidades que iba adquiriendo de forma autodidacta a la maquinaria y herramientas propias de la granja de su padre. En la adolescencia comenzó su pasión por el vuelo, con más de un intento de emular a los hermanos Wright. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial se alistó como reservista voluntario en la Royal Air Force (RAF), donde se hizo experto en electrónica y radares. Concluída la guerra y gracias a la RAF amplió su formación reglada en el Faraday House Electrical Engineerig College, de Londres.

Sir Godfrey N. Hounsfield (1919-2004)

Sir Godfrey N. Hounsfield (1919-2004)

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En 1951 Hounsfield empezó a trabajar para la Electric and Musical Industries Ltd. (EMI). La compañía, conocida sobre todo por ser una de las principales productoras  musicales, tenía también otras actividades y Hounsfield, que en seguida, con su inquietud característica, había empezado a investigar en el naciente mundo de la informática, siendo jefe de la división de investigación médica de la compañía, desarrolló para EMI lo que sería la mayor revolución en el campo del diagnóstico por la imagen desde que Röntgen descubriera los rayos X: la tomografía axial computarizada (TAC). Los primeros estudios clínicos se publicaron en 1972, al tiempo que empezaban a funcionar los primeros cinco escáneres de EMI creados por Hounsfield: tres en el Reino Unido y dos en los Estados Unidos de América. El éxito fue arrollador, y en los años siguientes la compañía fabricó una gran cantidad de aparatos que fueron distribuidos por todo el mundo. En 1979 Hounsfield recibió el premio Nobel de Medicina.

En su discurso, durante la ceremonia de entrega de premios de aquel año, el Profesor Torgny Greitz, del Karolinska Institutet, entre otras cosas dijo:

“Hounsfield es indiscutiblemente la figura central en la tomografía computarizada. Trabajando independientemente de Cormack, desarrolló su propio método y construyó el primer tomógrafo computarizado de uso clínico – el escáner EMI, con el cual se pudieron hacer los primeros exámenes de la cabeza.

La publicación de los primeros resultados clínicos en la primavera de 1972 asombraron al mundo. Hasta entonces, los estudios radiológicos convencionales de la cabeza mostraban los huesos del cráneo, pero el cerebro permanecía como una indiferenciada neblina gris. Ahora, de repente, la niebla se ha disipado.”

Sir Godfrey N. Hounsfield no era médico, ni siquiera tenía un título universitario. Digo esto no en detrimento de su figura, sino todo lo contrario. Era un técnico, un inventor, un hombre apasionado por su profesión, entregado a ella por completo; y dotado de una curiosidad inagotable, que no le abandonaba ni cuando se dedicaba a una de sus distracciones preferidas fuera del trabajo, sus largos paseos por el campo que le entusiasmaban -posiblemente- desde que era un niño en la granja. Y así fue hasta su muerte, el 12 de agosto de 2004, pocos días antes de cumplir los ochenta y cinco años. Pero sirva también esta ocasión para comentar cuánto le debe el avance de la medicina, en la actualidad, a los profesionales de otras disciplinas: ingenieros, físicos, biólogos, bioquímicos, matemáticos, informáticos… Para todos ellos: mi sincero agradecimiento.

Sin embargo, en este caso, ese agradecimiento debe hacerse extensivo a otros profesionales insospechados: los músicos. En concreto a The Beatles. Es un hecho conocido que la principal fuente de ingresos de EMI durante los años sesenta del siglo pasado provenían de la banda de Liverpool. No es extraño, por tanto, que ese dinero ayudara a financiar las investigaciones de Hounsfield y la creación de la TAC.

Yo conocí a The Beatles a principios de la década siguiente. Precisamente poco después de que el cuarteto se separara. Empezaba, entonces, a estudiar su lengua en el Colegio La Salle, de Jerez. No tenía la menor idea de la importancia que ese idioma tendría para mi en el futuro; pero, afortunadamente, me gustaba estudiarlo. Al profesor de inglés le llamábamos Mr. Derek. Tenía una costumbre muy peculiar: acudía a los exámenes con su inseparable magnetofón, y hacía coincidir la duración de cada pregunta con la de las canciones de sus compatriotas. No sé si hoy podría hacerlo, pero entonces era capaz de escuchar las canciones y responder correctamente a las preguntas. Recuerdo perfectamente la primera canción que oí…

Referencias

BOSCH O., E. (2004): “Sir Godfrey Newbold Hounsfield y la tomografía computada, su contribución a la medicina moderna”. Rev. Chil. Radiol., 10, 4: 183-185. [Disponible en: http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=s0717-93082004000400007&script=sci_arttext; consultado 26 de jilio de 2015].

GREITZ, T. (1979): “Award Ceremony Speech”. Nobelprize.org. [Disponible en: http://nobelprize.org/nobel_prizes/medicine/laureates/1979/presentation-speech.html; consultado el 26 de julio de 2015].

HOUNSFIELD, G. N. (1979): “Autobiography”. Nobelprize.org. [Disponible en: http://nobelprize.org/nobel_prizes/medicine/laureates/1979/hounsfield-autobio.html; consultado el 26 de julio de 2015].

ISHERWOOD, I. (2005): “Sir Godfrey Hounsfield”. Radiology, 234, 3: 975-976. [Disponible en: http://radiology.rsna.org/content/234/3/975.full; consultado el 26 de julio de 2015].

Hace 25 años… Los Tres Tenores y la leucemia

Hace 25 años… Los Tres Tenores y la leucemia

Hace 25 años, concretamente el 7 de julio de 1990, coincidiendo con la final del Campeonato Mundial de Futbol en Italia, y en el impresionante marco de las Termas de Caracalla, se reunieron por primera vez Plácido Domingo, Josep Carreras y Luciano Pavarotti, bajo la dirección de Zubin Metha, para el nacimiento de lo que -a pesar de las críticas de los más puristas- ha sido el mayor éxito (y no sólo comercial) de la música clásica: Los Tres Tenores.

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Pero quizás no sepas que aquel primer concierto se celebró con objeto de recaudar fondos para la Fundación Josep Carreras contra la leucemia; al mismo tiempo que sus amigos del mundo de la ópera le daban la bienvenida a Carreras después de haber vencido en su lucha contra esa enfermedad.

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Plácido Domingo, José Carreras y Luciano Pavarotti, "Los 3 Tenores", con la dirección de Zubin Metha. Termas de Caracalla (Roma), 7 de julio de 1990

Plácido Domingo, José Carreras y Luciano Pavarotti, “Los 3 Tenores”, con la dirección de Zubin Metha. Termas de Caracalla (Roma), 7 de julio de 1990

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¡Música para la vida!

Jacqueline du Pré y la esclerosis múltiple

Jacqueline du Pré y la esclerosis múltiple

No había cumplido cinco años de edad, cuando Jacqueline Mary du Pré se enamoró de los sonidos del violonchelo. La niña había nacido en Oxford (Inglaterra), el 26 de enero de 1945. Era hija de una profesora de piano y de un contable miembro de una antigua familia normanda que mantenía el apellido francés de sus ascendientes, y que tras trabajar varios años en la banca se hizo editor de su propia revista profesional. En cuanto inició su formación musical, Jacqueline dio muestras de unas prodigiosas dotes para la interpretación. Pronto, embelesaba al público por la pasión que transmitía en cada una de sus actuaciones. Con poco más de veinte años su nombre había alcanzado el Olimpo del violonchelo, junto a los de Pau Casals y Mstislav Rostropóvich -por ejemplo- que fueron también algunos de sus maestros. Su interpretación del Concierto para violonchelo y orquesta en mi menor, opus 85, de Sir Edward Elgar, ha quedado para siempre como un referente prácticamente insuperable. Podemos oírla y verla, en esta ocasión, dirigida por el que sería su marido: Daniel Barenboim.

(Vídeo actualizado el 1 de julio de 2015, por haberse suprimido en YouTube el anterior).

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Si, siendo niña, se había enamorado del violonchelo hasta el punto de dedicarle su vida, la joven Jacqueline du Pré, con la misma pasión, se enamoró de Barenboim. Le conoció en 1966. El año siguiente lo abandonó todo para volar a Israel y -tras convertirse al judaísmo- casarse con él a los pocos días de que se diera por finalizada la Guerra de los Seis Días, el 15 de junio de 1967.

Jacqueline du Pré y Daniel Barenboim en una fotografía de Clive Barda (c.1972). National Portrait Gallery (UK)

Jacqueline du Pré y Daniel Barenboim en una fotografía de Clive Barda (c.1972). National Portrait Gallery (UK)

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A Jacqueline du Pré la llamaban entonces “Smiling“, por su fácil y frecuente sonrisa.

Jacqueline du Pré, a la que llamaban

Jacqueline du Pré, a la que llamaban “Smiling”

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Pero, en 1971, comenzó a sufrir pérdida de sensibilidad y dificultades en el movimiento de los dedos. Algo terrible para una chelista. Le diagnosticaron esclerosis múltiple.

La esclerosis múltiple es una enfermedad autoinmune que afecta al cerebro y a la médula espinal. Es más frecuente en mujeres que en hombres. No se conoce su etiología. El diagnóstico es difícil, porque puede manifestarse por múltiples y variables síntomas; pero es importante diagnosticarla lo más pronto posible, pues aunque hasta ahora no tiene cura sí contamos con tratamientos que pueden retardar el progreso de la enfermedad. Desgraciadamente, los medicamentos que hoy se utilizan para tratar la esclerosis múltiple no existían en tiempos de Jacqueline du Pré.

Nos gusta recordarla feliz, divirtiéndose con sus amigos Itzhak Perlman, Zubin Metha, y su amado Daniel Barenboim. ¡Sonriendo!

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Enlaces de interés:

Jacqueline du Pré

Esclerosis Múltiple España

Esclerosis Múltiple. Blog del Dr. Jesús Santiago

¿Por qué Puccini nunca acabó su última ópera?

¿Por qué Puccini nunca acabó su última ópera?

Cuando el 25 de abril de 1926 se estrenó en La Scala de Milán Turandot, la última ópera de Giacomo Puccini, antes de concluir el tercero y último acto, el maestro Arturo Toscanini, director de la orquesta, se volvió hacia el público y dijo algo así como:

“A questo punto termina l’opera per la morte del compositore”.

Puccini había fallecido año y medio antes del estreno, el 29 de noviembre de 1924, en Bruselas, adonde había acudido para tratarse el cáncer de laringe que se le había diagnosticado el 10 de octubre anterior. Su muerte dejó la ópera Turandot inconclusa. La ópera sería terminada por el compositor Franco Alfano en 1925, y con su final sería representada desde la segunda representación; pero aquel 25 de abril, la noche del estreno, Toscanini daría por terminada Turandot donde la había dejado Puccini, con la muerte de la esclava Liú, seguramente el personaje de esta ópera más querido por Puccini, la mujer buena que amaba secretamente a Calaf y entrega su vida por amor a él -para salvarle- ante la altiva y sanguinaria Turandot.

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Así fue la muerte de Liú en la extraordinaria interpretación de la soprano Cristina Gallardo-Domâs. Pero, realmente, la función del estreno acabó unos minutos después, cuando el coro canta:

“Liù, bontà perdona! Liù, docezza, dormi! Oblia! Liù! Poesía!”

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En 1921 Puccini empezó a componer Turandot, y en noviembre de 1922 había completado la orquestación del primer acto. Por esa época, había recibido ya la partitura del segundo y tercer acto revisada por los libretistas Giuseppe Adami y Renato Simoni. En febrero de 1924, el segundo acto estaba listo, y en marzo Puccini orquestó el acto tercero hasta la muerte de Liù. Mientras tanto, Puccini, un fumador empedernido de cigarrillos y puros (de hecho, en muchos de sus retratos aparece con un cigarrillo en la mano o en la boca) consultó a un otorrinolaringólogo sobre su persistente dolor de garganta.

Giacomo Puccini (1858-1924)

Giacomo Puccini (1858-1924)

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Inicialmente, se le diagnosticó inflamación reumática de la garganta, y se le aconsejó seguir un tratamiento en un centro de salud, lo que hizo sin conseguir el esperado alivio. El 19 de agosto escribió a un amigo: “Tengo dolor en la garganta. Varios otorrinolaringólogos me han examinado; unos recomiendan un tratamiento, otros, otro distinto. Llevo sufriendo anginas y faringitis desde hace siete meses”.

En el otoño de 1924, Puccini empezó a trabajar con Toscanini, quien había sido elegido para dirigir el estreno de la ópera, fijado para abril de 1925. El dolor de garganta aumentaba en intensidad, acompañado de ronquera, pérdida de peso y bultos en el cuello que dificultaban el cierre del cuello de la camisa. Puccini consultó a Torrigiani, un otorrinolaringólogo de Florencia. Le diagnosticó un avanzado cáncer extrínseco supraglótico del tamaño de una nuez. El 2 de noviembre, tres eminentes otorrinolaringólogos, Dr. Gradenigo, Dr. Toti y el mismo Dr. Torrigiani, examinaron a Puccini. El examen y una biopsia laríngea confirmaron el diagnóstico clínico del cáncer extrínseco de laringe.

En la época de Puccini, los cánceres de laringe se clasificaban como intrínsecos y extrínsecos. Los cánceres intrínsecos de laringe eran lesiones “que crecen en el interior de la laringe, relativamente benignas en su carácter, y de crecimiento lento, que se extienden muy gradualmente y que sólo invaden los ganglios linfáticos en un avanzado estado”. Los carcinomas extrínsecos se originaban “alrededor del orificio de la laringe o en su superficie faríngea.” Su comportamiento biológico se consideraba “mucho más maligno e insidiosamente rápido”. Los carcinomas extrínsecos se caracterizaban también por la invasión de los ganglios linfáticos en un temprano estado de desarrollo. En 1926, St. Clair Thompson afirmó que un cáncer extrínseco es rara vez operable, y que una laringuectomía total es de poca ayuda en la enfermedad de cáncer extrínseco. Existía una creencia casi universal de que los pacientes con cáncer extrínseco de laringe debían ser abandonados a su suerte, e incluso el eminente laringólogo MacKenty, en 1926, consideraba la enfermedad prácticamente sin esperanza cuando se afectaban los ganglios del cuello en el cuello.

En el periodo de 1925 a 1940 aproximadamente, la radioterapia era el único tratamiento posible para cánceres extrínsecos; la cirugía se limitaba a pequeños tumores intrínsecos. Después de 1940, con la llegada de la era de los antibióticos y nuevos avances en cirugía, la cirugía radical de laringe con o sin disección de cuello se utilizó para lesiones más avanzadas.

El conocimiento oncológico y quirúrgico de principios de los años veinte y la dificultad de enfoque de la cirugía laríngea en un actor, un tema aún debatido, determinó la elección terapéutica de los otorrinolaringólogos de Puccini. Excluyeron un enfoque quirúrgico, considerando también la severa diabetes del paciente. Un tratamiento moderno a la enfermedad de Puccini debería considerar también una laringuectomía parcial o supracricoidea, con disección bilateral del cuello, que consigue buenos resultados oncológicos y funcionales.

Por sugerencia de los doctores, Puccini fue a una clínica radiológica en Bruselas, uno de los pocos centros del mundo que trataba el cáncer de laringe con este nuevo método. En noviembre de 1924, fue a la clínica del doctor Louis Ledoux en Bruselas, donde se trataba el cáncer de laringe mediante radioterapia. Cuando Puccini parte a Bruselas el 4 de noviembre, lleva consigo 36 páginas de notas y pequeños trozos musicales para el final de Turandot.

Giacomo Puccini (1858-1924)

Giacomo Puccini (1858-1924)

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El 7 de noviembre, Puccini empieza el tratamiento. Inicialmente, el doctor Ledoux trató al compositor con un predecesor de los Rayos X externos: un collar que contenía radio. Puccini escribió a un amigo: “¡me están crucificando crucificado como a Cristo! Tengo un collar alrededor de la garganta que es como una tortura. Actualmente sigo un tratamiento de Rayos X externos y después me pondrán agujas de cristal en el cuello, y me harán un agujero, para que pueda respirar. Sólo pensar en ese agujero, con un tubo de goma o plata dentro, me aterroriza. Que Dios me asista. Este tratamiento no durará menos de seis semanas, ¡es terrible! Me aseguran que me curaré… pero desde mi llegada, la enfermedad ha empeorado. Escupo mucha sangre oscura cada mañana”. El efecto de la radioterapia externa fue relativamente rápido: el sangrado paró y Puccini recuperó el apetito.

El 24 de noviembre, el doctor Ledoux insertó siete agujas radioactivas en el cáncer laríngeo de Puccini. La operación duró tres horas y cuarenta minutos y se llevó a cabo con anestesia local. Se le practicó una traqueotomía, y se le insertó una sonda nasogástrica. El doctor Ledoux planeaba mantener dentro las agujas radioactivas hasta el 30 de noviembre. Puccini escribió: ·”Me siento como si tuviera bayonetas en la garganta”. El doctor Ledoux era optimista y publicó “Puccini en sortirá” (Puccini saldrá de esta).

La tarde del 28 de noviembre, Puccini sufrió un ataque cardiaco y una hemorragia local. El doctor Ledoux retiró las agujas de radio del cuello de Puccini y, conduciendo a casa, iba tan distraído por el curso de los acontecimientos que atropelló a un peatón. Giacomo Puccini murió el 29 de noviembre al alba: tenía 66 años. Al final del aria, Nessun Dorma, el príncipe Calaf canta “All’alba vincerò” (“Al amanecer, venceré”). El maestro, en cambio, perdió.

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Esta entrada transcribe casi literalmente un artículo de la doctora Rosario Marchese-Ragona publicado en la web de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Patología Cérvico-Facial (SEORL PCF), el cual procede -a su vez- del que ella misma, en colaboración con Gino Marioni y Alberto Staffieri, publicó en la revista The Laryngiscope, el año 2004: “The Unfinished Turandot and Puccini’s Laryngeal Cancer“.

La prodigiosa curación del joven Rachmaninov

La prodigiosa curación del joven Rachmaninov

Sergei Rachmaninov (1873-1943) fue un compositor, pianista y director de orquesta ruso, considerado como uno de los músicos más influyentes del siglo XX. Como pianista, poseía unas cualidades extraordinarias, en parte debidas a sus grandes manos. Unas manos que en un artículo publicado en el British Medical Journal, en 1986, Young atribuía, más que a los casi dos metros de altura de Rachmaninov, a la posibilidad de que sufriera el síndrome de Marfan, un trastorno genético del tejido conectivo que afecta a los sistemas esquelético y cardiovascular, al igual que los ojos y la piel. Veinte años después, en 2006, Ramachandran y Aronson, discutían que lo padeciera en el Journal of the Royal Society of Medicine y proponen el diagnóstico de acromegalia. Pero no seguiremos tratando -de momento- sobre sus posibles trastornos físicos (la historia clínica de Rachmaninov da para varias publicaciones) sino sobre lo que ocurrió con motivo de su temprano fracaso como compositor.

En efecto, el estreno de su Sinfonía nº 1 en Re menor, Op. 13, el 28 de marzo de 1897, fue un clamoroso fracaso. Se culpa de ello, por una parte,  al director de la orquesta, Alexander Glazunov, que hizo cortes en la partitura y varios cambios en la orquestación; y algunos asistentes al concierto sugirieron que Glazunov parecía estar borracho (sin que esto se demostrara nunca). Pero además, al ser una obra escrita en un estilo moderno para la época, no fue del gusto de los asistentes, que la consideraron ofensiva debido al uso progresista de la forma sinfónica y no seguir el estilo académico del círculo de San Petersburgo liderado por Rimski-Kórsakov, el cual debían seguir los compositores noveles si esperaban tener alguna oportunidad en su carrera.

Lo cierto es que tras aquel humillante fracaso, el joven compositor, de 24 años de edad, quedó sumido en un grave estado depresivo, diciendo que no volvería a componer jamás; y de hecho, durante aquel año y los dos siguientes, 1898 y 1899, no compuso absolutamente nada. En enero de 1900, a instancias de sus primos, su tía y su amigo, el doctor Grauermann, acudió a la consulta del médico y psicoterapeuta Nikolai Dahl; quien, en pocos meses, le curó mediante hipnosis. Rachmaninov quedó tan bien que, en el otoño de ese año empezó a componer su maravilloso Concierto para piano y orquesta nº 2 en Do menor, Op. 18. Y tan agradecido que se lo dedicó a su médico: el doctor Dahl. Un concierto que podemos disfrutar aquí con la magnífica interpretación de la pianista ucraniana Anna Fedorova.

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Elger Niels, que ha estudiado con detenimiento este episodio de la vida del compositor -aparte de citar la hipótesis de un nieto de Rachmaninov sugiriendo que como su abuelo era un romántico (y no sólo en lo musical) lo que le curó en realidad fue que se había enamorado de la hija de Dahl en sus diarias visitas a la casa del médico- piensa -y yo comparto su opinión- que, tanto o más que la hipnosis pudo influir en la curación de Rachmaninov el que Dahl fuera músico también, un notable violonchelista, y la pasión musical compartida por ambos durante su relación médico-enfermo bien podría haber servido de estímulo para que Rachmaninov volviera a componer.

Sergei Rachmaninov (c. 1900)

Sergei Rachmaninov (c. 1900) en la época cuando compuso su Concierto para piano nº 2

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Años más tarde, la revolución bolchevique hizo que muchos rusos tuvieran que exiliarse del país. Rachmaninov falleció en los Estados Unidos, donde transcurrirían los últimos años de su vida, en 1947. Nikolai Dahl se marchó al Líbano (que entonces era muy diferente a hoy). Allí continuó ejerciendo su profesión y participando como músico en conciertos. Tenemos una foto suya de 1928, en Beirut, en la que se le puede ver (es el músico más mayor, con perilla blanca) a nuestra derecha de la imagen.

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El doctor Nikolai Dahl como músico de una orquesta en Beirut (1928).

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Analgésicos musicales

Analgésicos musicales

“El verdadero dolor, el que nos hace sufrir profundamente, hace a veces serio y constante hasta al hombre irreflexivo; incluso los pobres de espíritu se vuelven más inteligentes después de un gran dolor”, decía Dostoievski. Y Stefan Zweig escribió: “Toda ciencia viene del dolor. El dolor busca siempre la causa de las cosas, mientras que el bienestar se inclina a estar quieto y a no volver la mirada atrás.” Pero, digan lo que digan los sabios, el común de los mortales aborrece y teme al dolor. Una lumbalgia, un dolor de muelas o un dolor de cabeza pueden ser terribles además de incapacitantes…

Con respecto al dolor de cabeza, el NIH (citando como referencia al Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares de los Estados Unidos) explica:

“Casi todas las personas han tenido un dolor de cabeza (cefalea) alguna vez. Es la razón más común por la cual la gente se toma días de trabajo o de escuela y acude al médico.

El tipo más común de dolor de cabeza es causado por la tensión que usted hace en los músculos de los hombros, del cuello, del cuero cabelludo y de la mandíbula cuando está nervioso. Suele relacionarse con el estrés, la depresión o la ansiedad. Usted podría tener una tendencia a tener este tipo de dolor de cabeza (también llamado cefalea tensional) si trabaja demasiado, no duerme lo suficiente, saltea comidas o bebe bebidas alcohólicas.

Otros tipos comunes de dolor de cabeza incluyen migrañas, cefaleas en brotes y cefaleas por sinusitis. La mayoría de las personas puede sentirse mucho mejor si hace cambios en su estilo de vida, aprende maneras para relajarse y toma analgésicos.

No todos los dolores de cabeza necesitan atención médica, Pero algunas veces, el dolor de cabeza avisa que puede haber un trastorno más grave. Infórmele a su personal de atención médica si tiene dolores de cabeza repentinos y severos. Consiga ayuda médica de inmediato si tiene dolor de cabeza después de un golpe o si se presenta con rigidez en el cuello, fiebre, confusión, pérdida de la conciencia o dolor en los ojos o los oídos.”

George Cruikshank (1792-1878). "The Headache" (1819)

George Cruikshank (1792-1878). “The Headache” (1819)

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Sin embargo, hay que tener cuidado porque el abuso de analgésicos puede llegar a agravar el problema. Por eso -siguiendo el consejo de numerosos musicoterapeutas- hoy recomiendo un par de analgésicos para su uso y hasta para su abuso… 😉 Los analgésicos más románticos que conozco, además.

El primero es el Liebestraum n.º 3: O lieb, so lang du lieben kannst, de Franz Liszt, más conocido en nuestros lares como “Sueño de Amor”, interpretado por Vanessa Benelli Mosell.

Y el segundo: la famosa Serenata (Ständchen) de Schubert, en la versión para violonchelo y piano de Camille Thomas y Beatrice Berrut.

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Si te duele la cabeza -¡ojalá no!- y pruebas estos “analgésicos”… ya me dirás.

Alexander Borodin (1833-1887): el médico, profesor de Química, que escribía música los domingos

Alexander Borodin (1833-1887): el médico, profesor de Química, que escribía música los domingos

Hace unas cuantas noches volví a escuchar En las Estepas del Asia Central, el poema sinfónico que Alexander Borodin escribió en 1880. La música tiene una inmensa capacidad de evocación, y esta melodía me hizo recordar mis tiempos de estudiante en la Facultad de Medicina, las largas horas de estudio en las madrugadas gaditanas acompañado, tan solo, por los sonidos que salían de un aparado grabador-reproductor de cintas de “cassette“. Normalmente música tranquila, suave, que no dificultara la concentración. Todavía no había descubierto el encanto de la música barroca, que luego se convertiría en mi preferida. Oía música de cine; a Simon & Garfunkel; a Roberto Carlos; a Julio Iglesias (sí, también a Julio)… Algo del rock sinfónico de Pink Floyd. La guitarra de Narciso Yepes interpretando el Concierto de Aranjuez. Escuchaba la música de Joaquín Rodrigo y sus antecesores españoles: Falla, Granados, Tárrega… Entonces descubrí a los rusos: Tchaikovsky, Rimsky-Korsakov, Mussorgski… Y Borodin.

En aquella época no lo sabía, Borodin, el compositor, fue médico. Un médico que ejerció como profesor de Química.

Alexander Porfirievich Borodin nació en San Petersburgo, el 12 de noviembre de 1833.* Era hijo ilegítimo del príncipe Luka Stepanovich Gedevanishvili (algunos autores lo nombran, más fácilmente, como Lucas Gedianov), descendiente de los reyes de Imericia (la Cólquida de los griegos, donde se encontraba el vellocino de oro) un reino independiente de Georgia al sur del Cáucaso, entre los mares Negro y Caspio. Su madre se llamaba Eudoxia Konstantinova Antonova, pero la conocían como Dounia: “una mujer hermosa, culta y con independencia económica” (en algún lugar he leído que era una esclava, pero no lo creo). Cuando Alexander nació, su padre tenía 65 años. Su madre, cuarenta menos. El padre y la madre de Borodin no estaban casados. Para guardar las apariencias el niño fue registrado como hijo de uno de los sirvientes de su padre, Porfirio Borodin, que le dio su apellido, lo cual -al parecer- no era infrecuente en la Rusia de la época. De hecho, el príncipe debía ser un conquistador pertinaz, y a Borodin se le conocen, al menos, dos hermanos de padre con distintas madres, que también llevaban los apellidos de sendos sirvientes del noble conquistador: Dimitri Sergueïevitch Alexandrov y Eugueny Fiodorovitch Fiodorov. El Príncipe murió cuando Alexander era todavía muy niño; pero le dejó a su hijo una sustanciosa herencia que le permitió vivir sin dificultades económicas. Dounia -por su parte- que había contraido matrimonio con un médico militar retirado (aunque, al parecer, nunca dejó de mantener una “íntima amistad” con el padre biológico de Borodin) se ocupó de que el niño recibiera la mejor educación.

Ya de niño, Borodin dio muestras de su gran inteligencia y de estar especialmente dotado para los idiomas (además de su ruso natal, hablaba francés, alemán, inglés e italiano) y para la música. Según Garritz Ruiz: “No sólo aprendió a tocar el piano, sino que también ejecutaba con maestría la flauta y el violonchelo, y aunque no con envidiable disposición también tocaba el oboe y el clarinete, al igual que varios metales.” A la edad de 9 años ya compuso su primera pieza, una polka titulada Helene, y a los 13 había compuesto un concierto para flauta y piano, así como un trío para dos violines y violonchelo. Muy pronto, también, manifestó su interés por la química. A los 13 años montó un laboratorio en su casa donde fabricaba colorantes para acuarelas.

En 1850 ingresó como alumno en la Academia Médico-Quirúrgica, una institución militar, de su ciudad natal. Durante su época de estudiante no dejó de manifestar su especial predilección por la Química (que en aquellos tiempos era materia destacada en las facultades de Medicina) siendo su maestro más importante el profesor Nikolai Zinin (1812-1880), uno de los pioneros de la química orgánica, cuya influencia sería decisiva en la carrera profesional de Borodin. Se graduó como médico en 1856, recibiendo la máxima calificación posible “cum eximia laude“. Inmediatamente fue destinado al 2º Hospital Militar, donde inició su ejercicio profesional como médico-cirujano. Allí conoció a un joven y elegante oficial, de familia noble, llamado Modest Petrovich Mussorgsky (1839-1881), compositor de enorme talento musical, aunque su amistad -que duró hasta la muerte de éste- no empezaría, realmente, hasta algunos años después.

Se sabe que su experiencia como médico cirujano no le resultó agradable, y no por la naturaleza de su trabajo -como cabría suponer- sino por la brutalidad que, allí mismo en el Hospital, utilizaban los jefes y oficiales para imponer disciplina, utilizando el látigo sin justificación posible. Borodin se dedicó a completar su tesis doctoral. La vocación por la Química ya estaba definida y el profesor Zinin lo preparaba para que fuera su ayudante en la Academia Médico-Quirúrgica Militar. En 1858 presentó su tesis doctoral “Sobre la analogía entre los ácidos arsénico y fosfórico”. Posteriormente, entre los años 1859 y 1862, estuvo en Alemania, Francia e Italia ampliando su formación. Primero en la célebre Universidad de Heidelberg, en los laboratorios de Kirchoff, Bunsen, Kekulé y Erlenmeyer. Allí le acompañaron otros estudiantes rusos, entre ellos Dmitri Mendeléiev (1834-1907), el creador de esa famosa “Tabla periódica de los elementos” que tantos tuvimos que memorizar. Luego continuó sus estudios en París y en Pisa.

En 1861 conoció a una pianista rusa de 29 años, Ekaterina Sergeievna Protopopova, que había llegado a Heidelberg en busca de curación para la tuberculosis que padecía. Para el mejor tratamiento de la enfermedad de Ekaterina, le recomendaron que acudiera a Pisa, donde viajó acompañada por su -ya entonces- prometido; el cual, continuó sus estudios en los laboratorios de Luca y Tassinari. Vuelven a San Petersburgo en 1862, Borodin recibe el nombramiento de profesor adjunto de Química; y en abril de 1863 los novios contraen matrimonio que -al decir de quienes le conocieron- resultó muy afortunado a pesar de la enfermedad de Ekaterina y su infertilidad. Al cumplirse el vigésimo aniversario de bodas Borodin estrena el Cuarteto para cuerdas Nº 2, que dedicó a su esposa. Había tardado seis años en componerlo.

Borodin y su esposa tomaron como residencia un apartamento al lado del Laboratorio, en plena Universidad. Rimsky-Korsakoff escribe sobre esta época:

“Me volví un frecuente visitante de Borodin; a menudo quedándome hasta la noche en su casa. Discutíamos sobre música en profundidad y él tocaba sus trabajos en curso y también me mostraba los compases de su sinfonía. Él estaba mejor informado que yo del trabajo práctico de la orquestación, dado que tocaba el chelo, el oboe y la flauta. Borodin era un hombre culto y cordial, era placentero y agudo conversar con él. Al visitarlo, a menudo lo encontraba en su laboratorio, adjunto a su departamento. Cuando ponía una retorta llena con algún líquido incoloro y lo destilaba por medio del fuego de un vaso a otro, yo acostumbraba a decirle que estaba haciendo ‘una transfusión de desolación en vacuidad’.”

Como ejemplos de sus trabajos como químico, algunos de ellos aplicados a la clínica, se puede decir que Borodin descubrió el aldol casi simultáneamente con Wurtz, estudió los aldehidos aromáticos, el uso del peróxido de hidrógeno (el agua oxigenada) como desinfectante e inventó un método para la detección de la urea en los análisis de orina. Llegó a publicar 42 artículos científicos. En 1861, asistió al primer Congreso Internacional de Química, celebrado en Karlsruhe (Alemania) y fue uno de los fundadores de la Sociedad Rusa de Química en 1868.

Borodin resultó ser un profesor con enorme vocación docente, siempre atento a las consultas de sus alumnos. Raras veces mostraba impaciencia. Siempre antepuso la atención a los alumnos a todo lo demás, incluso a la investigación; aunque dedicaba a ésta muchas horas al día. Otro profesor de la Academia, decía de él lo siguiente:

“Trabajaba infatigablemente con los estudiantes todos los días. Durante este tiempo Borodin siempre mantenía una disposición solícita y de buen humor con sus alumnos y colegas, estaba siempre dispuesto a interrumpir cualquiera de sus trabajos sin impaciencia, sin irritación, para responder cualquier pregunta que le hiciesen. Cuando trabajaba en el laboratorio se sentía como si estuviera en su hogar. Lo que más adoraba era la música. Cuando trabajaba, casi siempre estaba canturreando alguna cosa y siempre estaba dispuesto a hablar con otras personas sobre las novedades musicales, las tendencias y sobre composición musical. Cuando estaba en su despacho, frecuentemente oíamos el sonido armonioso de su piano, que se expandía por todo el pasillo del laboratorio. El buen humor y la actitud de Borodin nos afectaba a todos. Cualquiera podía ir a contarle sus ideas, preguntas u opiniones; nunca trataba a nadie con arrogancia o desdén. Raramente alguien conseguía provocar alguna demostración de irritación en Borodin. La actitud sincera y calurosa de Borodin con los estudiantes no se restringía al laboratorio. Casi todos los que trabajábamos con él éramos aceptados en su familia como los amigos más íntimos. Se preocupaba personalmente del destino de cada estudiante que se graduaba en la Academia, destinando todos sus esfuerzos para ayudarlo. Siempre que te lo encontrabas en algún acto social no paraba de preguntar por todo el mundo o intentaba conseguir alguna cosa para alguien.”

Sin embargo, como parte de su labor docente, hay que destacar especialmente (y más por la época y en el lugar donde se produjo) su significativa participación en la creación de una Escuela de Medicina para mujeres. Borodin, en unión de Botkin (el primero en describir la hepatitis A), Sechenov, Roudineff y una aristócrata, Mme. Tarnosky, iniciaron la Escuela como Curso de Obstericia que, en 1872, pasó a ser Escuela de Medicina donde Borodin era, como es natural, el profesor de Química. Dado que el Hospital Militar de San Petersburgo fue la primera sede de la Escuela, en algunas biografías de Borodin se dice que fundó una escuela médico militar de mujeres; aunque no fuera así. La Escuela soportó múltiples dificultades, sobre todo desde que accedió al trono el zar Alejandro III. Borodin consiguió que dejara de depender del Ministerio de la Guerra y pasara al de Educación; pero no pudo impedir que, finalmente, fuese clausurada en 1885.

Fue, precisamente, gracias a su labor como profesor de Química por lo que Borodin conocería a quien sería el mayor difusor de su obra en Europa, el compositor Franz Liszt (1811-1886). Ocurrió en 1877, en el transcurso de un viaje de Borodin a la localidad de Weimar, entre otras de Alemania, para visitar los laboratorios de distintos hospitales. Volvieron a encontrarse en 1881 y 1885, y se cuenta que -en una de esas ocasiones- se desarrolló el siguiente diálogo. “Yo soy un compositor de domingos, señor Lizt” -decía Borodin, refiriéndose a que sólo se dedicaba a componer en su tiempo libre”- y el músico húngaro le contestó: “Pero el domingo siempre es un día festivo, señor Borodin“.

Otro ejemplo de que sólo podía dedicar a la composición el tiempo en que no estaba trabajando en sus clases o en su laboratorio lo encontramos en el siguiente texto, que escribió una vez que tuvo que quedarse en casa enfermo de gripe:

“En el invierno yo no puedo componer, a menos de que esté enfermo y me vea obligado a abandonar mis clases. Así que, mis amigos, contrario a la costumbre, nunca me digan ‘trata de estar bien’ sino más bien ‘trata de enfermarte’. Cuando la cabeza me explota, cuando mis ojos están llenos de lágrimas y tengo que sacar el pañuelo a cada minuto, es entonces cuando compongo.”

Musicalmente, en principio, Borodin fue autodidacta. Sólo a partir de 1862 comenzó a recibir clases de Balákirev. Con él, Rimsky-Korsakoff, Mussorgsky, Cui y -por supuesto- Borodin, se formaría el llamado Grupo de los Cinco, cuyo objetivo era crear un arte musical nacional, que tanta fama le ha dado a la música rusa; aunque, ciertamente, también contó con la oposición de muchos…

Dos años antes de morir, Borodin, se contagió de cólera, y quedó muy debilitado. En 1886 se le diagnosticó angina de pecho. El 27 de febrero de 1887*, mientras se celebraba un baile de disfraces en la Academia de Medicina, del cual había sido uno de sus principales organizadores, sufrió un infarto de miocardio. Nada pudo hacerse por salvar su vida a pesar de los intensos esfuerzos de muchos médicos que se encontraban allí.

Borodin se encuentra enterrado en el cementerio Tikhvin del monasterio Alexander Nevsky, en San Petersburgo, cerca de la tumba de otros grandes músicos y escritores rusos.

Tumba de Alexander Borodin en el cemeterio Tikhvin de San Petersburgo

Tumba de Alexander Borodin en el cemeterio Tikhvin de San Petersburgo

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Una de las revista médicas más importantes del mundo (que aún sigue publicándose), The Lancet, en su editorial del 19 de marzo de 1887 informó sobre su muerte. En los últimos renglones señalaba: “…a pesar de su arduo trabajo profesional y de laboratorio el profesor Borodin encontró tiempo para cultivar el arte y la ciencia de la música a los que fue muy adepto. De él se dice haber prestado un valioso servicio a la causa de la música rusa”.

Sus estudiantes mujeres le dedicaron el párrafo siguiente en el monumento que se le erigió en su tumba: “Al fundador, defensor y guardián de las clases de medicina para mujeres y al amigo de sus alumnos.”

Se ha dicho que Borodin tiene el menor producto musical con el más alto promedio de excelencia para cualquier compositor en la historia. Según Gonzalo Castellón:

“La reducida producción musical de Borodin alcanza su clímax en su ópera Knyas Igor (El príncipe Igor) y, particularmente, en las archifamosas danzas de los pólovtsy o danzas polovtzianas. No existe un episodio de ancestro más nacionalista que esta imborrable mezcla de ritmos, sonidos y sensualidad, que tan pronto llama a la guerra como a la paz. Su desenvolvimiento es literalmente vertiginoso e involucra coro, orquesta y solistas por igual. Borodin amó particularmente esta ópera, que fue su particular legado y a la que dedicó largos veinte años. [De hecho, falleció sin concluirla y fueron Rimsky-Korsakoff y Glazunov quienes tuvieron que terminarla].
El príncipe Igor es el equivalente ruso del Mio Cid o de la Chanson de Roland pues la anónima obra literaria –El canto del príncipe Igor– reúne las características básicas de la canción de gesta. El príncipe Igor es prisionero del Khan Konchack, jefe de la tribu de los Polovtsy, que ha reconocido su rango real. Al propio tiempo, su hijo -el príncipe Vladimir– se ha enamorado de Kontchakovna, hija del jefe tártaro.
Sin embargo, cuando al campamento tártaro llegan las noticias de que Poltiole, su ciudad, ha sido saqueada, el Príncipe no duda ya y se escapa, abandonando a su hijo, quien, mientras tanto, ha decidido casarse con Kontchakovna. Entre grandes manifestaciones de regocijo del pueblo, el príncipe Igor entra en Poltiole y se reúne con su amada princesa Yaroslávna.
El príncipe Igor es tal vez la obra más nacionalista de las producidas por el Moguchaya Kuchka [“El Gran Puñado“, la forma en que el crítico Stasov llamó al “Grupo de los Cinco“]. Si bien su lenguaje musical es dialéctico, Borodin mantiene una línea particularmente propia, de gran riqueza melódica. Para retratar las figuras orientales o tártaras, el compositor echa mano al tradicional recurso del cromatismo (intervalos basados en la escala cromática) que dotan a la melodía de un carácter lejano y enigmático.”

*Cuando nació Borodin, en Rusia seguía vigente el Calendario Juliano que para 1582, cuando Gregorio XIII implantó el nuevo, llevaba un retraso de diez días y para 1833 iba doce días atrás, así que la fecha de nacimiento de Borodin (31 de octubre de 1833) fue en realidad el 12 de noviembre. Lo mismo ocurre respecto a la fecha de la muerte, que algunos apuntan como 14 de febrero, siendo, en realidad, el 27 de febrero de 1887.

Alexander Borodin retratado por Ylia Repin. Museo Estatal Ruso. San Petersburgo

Alexander Borodin retratado por Ylia Repin. Museo Estatal Ruso. San Petersburgo

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Referencias bibliográficas

CASTELLÓN, G. (2009): “Borodin, o la historia de una pasión”. Áncora – nacion.com. [Consultado 18 Enero 2015]. Disponible en: http://wvw.nacion.com/ancora/2009/agosto/30/ancora2062247.html
GARRITZ RUIZ, A. (2001): “Alexander Borodin: el músico químico”. Educación Química, 12,4:190-192.[Consultado 18 Enero 2015]. Disponible en: http://es.scribd.com/doc/511794/Borodin-quimico-y-musico
KUMATE, J. (2004): Alexander P. Borodin; compositor musical multifacético. En: MEMORIAS de El Colegio Nacional, México:213-229.
O’NEILL, D. (1988): “…aber Sonntag ist immer ein Feiertag: Alexander Borodin, MD, 1833-1887”. JRSM, 81:591-593.
RAÚL (2009): “El ruso que componía en un laboratorio”. En: “Una noche en la Ópera” [Foro]. [Consultado 18 Enero 2015]. Disponible en: http://www.unanocheenlaopera.com/viewtopic.php?t=10986
VIK, T. (1998): [“Alexander Borodin – physician, chemist, scientist, teacher and composer”]. [Sólo el abstract]. Tidsskr. Nor. Laegeforen, 118,30:4.693-4.696. [Consultado 18 Enero 2015]. Disponible en: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/9914755

Mesmer y Mozart

A large gathering of patients to Dr. F. Mesmer's animal

Pacientes recibiendo tratamiento en París mediante el “magnetismo animal” de Mesmer. Autor desconocido. Aguafuerte en color (c. 1785). Wellcome Library, Londres

La historia de las relaciones entre médicos y artistas contiene páginas que se pueden calificar, como mínimo, de curiosas. Ese es el caso de la relación que existió entre uno de los médicos más famosos y controvertidos del siglo XVIII, Franz Anton Mesmer (1734-1815), el creador de la teoría delmagnetismo animal, y uno de los más grandes genios de la música de todos los tiempos, Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791). Mozart conoció a Mesmer cuando todavía era un niño, pero un niño de 12 años capaz de componer una ópera. Veintidos años después. en 1790, el nombre y la terapéutica de Mesmer aparecerían en otra de sus obras más conocidas, la opera buffa Cosi fan tutte.

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Franz Anton Mesmer (1734-1815). Autor desconocido. Óleo sobre lienzo 51 x 41 cm. Wellcome Library, Londres

Mesmer nació en la aldea de Iznang (Suabia) en la actual Alemania. Estudió Medicina en Viena. En 1766 hizo pública una disertación con el título De planetarum influxu in corpus humanum, en la que trataba sobre la influencia de la luna y los planetas en el cuerpo humano y en sus enfermedades. Sin embargo, lo que le haría famoso sería la doctrina del magnetismo animal, con su correspondiente método terapéutico. En la página de Historia de la Medicina del Instituto Químico Biológico se explica así:

“…a raíz del conocimiento que tuvo Mesmer de la curación de una paciente […] gracias a un imán, elaboró la teoría del ‘magnetismo animal’. [Él] creía en la existencia de un fluido magnético que podía ser traspasado de una persona a otra mediante la imposición de manos o friegas. Al principio utilizaba un imán, pero posteriormente empleó las manos y a veces ni siquiera tocaba a los pacientes, mujeres por regla general. Dicha imposición o pases provocaban en los pacientes crisis de histeria con convulsiones, espasmos [y] temblores, seguidos de una remisión total o parcial de los síntomas.

Inicialmente, su labor fue objeto de reconocimiento por sus colegas, adquiriendo Mesmer una gran fama y siendo incluso llamado a Munich por el Elector de Baviera […] El Consejero de la Academia de Ausburgo [sic] escribe que ‘…lo que ha conseguido aquí con diversas enfermedades hace suponer que le ha arrebatado a la naturaleza uno de sus más misteriosos secretos…’. Posteriormente, sus éxitos y sus procedimientos un tanto teatrales comienzan a granjearle las envidias y odios de sus colegas. El caso de […] María Teresa de Paradies [sic], es la gota que colma el vaso. Esta joven ciega tratada en vano por los más prestigiosos médicos vieneses, recupera con Mesmer parcialmente la vista. Sus despechados colegas acusan a Mesmer de superchería y de utilizar [a] la joven, a la que acusan de ser [su] amante. La situación empeora hasta tal punto que Mesmer abandona Viena y marcha a París en febrero de [1777].”

En París el éxito fue inmediato. A su consulta acudía una numerosa clientela, incluyendo muchas damas de la más alta aristocracia francesa, y con ellas -al parecer- la mismísima reina María Antonieta. Eran tantos los pacientes que Mesmer comenzó a realizar lo que podríamos llamar “terapia de grupo”. En YouTube, podemos ver imágenes de esas sesiones tomadas de la película “Mesmer” (1994), dirigida por Roger Spottiswode, con Alan Rickman en el papel protagonista (quien -por cierto- ganó el premio al mejor actor en el Festival de Cine de Montreal, por su interpretación). La sesión de “magnetismo animal” empieza en el minuto 6:14 del primer videoclip y continúa en el segundo.

No es de extrañar, visto lo visto, que -aún en la liberal Corte de Luis XVI- muchos considerasen aquellas reuniones como “una ofensa a la moral pública”, entre ellos el propio Rey (no olvidemos que su esposa, según se dice, era una de las mujeres que partipaban en ellas) y que se nombrara una Comisión Real para estudiar el “mesmerismo” (como luego se conocería lo que su creador llamó “magnetismo animal”) en la que participaron, entre otros, el médico Guillotin, los químicos Lavoisier y d’Arcet, el político y académico Bailly, y el célebre embajador de los Estados Unidos de América y científico interesado en los temas más diversos, Benjamin Franklin. La Comisión dictaminó que no había evidencia de la existencia de un “fluido magnético” -como sostenía Mesmer- sino que las posibles curaciones, si es que las había, se deberían a lo que hoy conocemos como “sugestión”. Mesmer abandonó París y, tras un breve paso por Viena, vivió el resto de su vida -de forma tranquila- en su casa junto al lago de Constanza.

Pero, si la obra médica de Mesmer puede ser discutida, de lo que no cabe duda es de su exquisito gusto musical. Él mismo, músico aficionado, interpretaba y componía para la armónica de cristal que empleaba en sus sesiones terapéuticas. Sin embargo, lo más destacado de su relación con la música es su labor como mecenas de Mozart.

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Mozart a los 6 años de edad. Mesmer lo conocería algún tiempo después, a los 12 años. Fotografía de A. Lenisch, de una pintura de autor desconocido. Wellcome Library, Londres

Recién terminada la carrera de Medicina, Mesmer se casó con una viuda rica y se estableció en Viena. Vivía en una espléndida situación, gracias a su esposa, y se dedicó a patrocinar las artes. Mozart pasó casi un tercio de su corta vida viajando. En 1768 estaba en Viena y estrenó su singspiel Bastien und Bastienne en casa de Mesmer.

Veintidos años después, uno antes de su muerte, en 1790, al final del primer acto de su ópera bufa Cossi fan tutte ossia la scuola degli amanti, aparece una clarísima alusión a Mesmer y su particular terapéutica. El argumento completo de la ópera se puede leer con mayor o menor detalle en BlogClásico, el artículo de Silvia Alonso en Mundoclásico.com o la misma Wikipedia. Pero la escena a la que nos referimos se desarrolla en casa de las hermanas Fiordiligi y Dorabella, adonde han acudido disfrazados sus prometidos, los oficiales Ferrando y Guglielmo, para probar y comprobar la fidelidad de sus respectivas novias, y se supone que han muerto por haber ingerido un veneno. Aparecen don Alfonso, auténtico responsable de toda la trama, por ganar una apuesta que ha hecho con los oficiales, y la criada Despina (magníficamente interpretada, en esta ocasión, por la soprano Teresa Stratas) dispuesta a todo, también por dinero, que se hace pasar por un esperpéntico “Doctor en Medicina”: Ecovi il medico!

Modestamente, quiero dedicar  esta entrada al profesor Luis Montiel Llorente, Catedrático de Historia de la Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, que es quien -a mi juicio- más y mejor ha estudiado en España la historia del magnetismo animal.