Pequeñas curiosidades médicas sobre “El Descendimiento” de Van der Weyden, Pergolesi y su “Stabat Mater” y el doctor Coles

Pequeñas curiosidades médicas sobre “El Descendimiento” de Van der Weyden, Pergolesi y su “Stabat Mater” y el doctor Coles

Con motivo de la Semana Santa -por costumbre- suelo revisar lecturas, pinturas y música en consonancia con las fechas. Esta vez me he detenido especialmente en los detalles de un magnífico cuadro que la Cofradía de Ballesteros de Lovaina encargó al pintor Roger van der Weyden, allá por 1436, para su capilla en la Iglesia de Nuestra Señora de Extramuros: El Descendimiento de la Cruz. Un cuadro que hoy podemos contemplar en el Museo del Prado gracias a que María de Hungría lo adquirió en el siglo XVI y luego pasó a ser propiedad de su sobrino Felipe II, que era un entusiasta admirador de la obra.

Roger van der Weyden (c.1400-1464). El Descendimiento (c.1436).  Museo del Prado

Roger van der Weyden (c.1399-1464). El Descendimiento (c.1436). Museo del Prado

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(Pulsando sobre la fotografía se accede a la ficha del cuadro en la web del Museo del Prado, donde podemos disponer también de imagen en alta resolución).

Raramente se puede ver una manifestación del dolor, de un dolor que va más allá de lo físico, de un dolor del alma que brota del interior en silencio y se expresa en forma de lágrimas, como en el rostro de esa mujer que pintó Van der Weyden sosteniendo a la Virgen María en su desmayo junto al apóstol Juan.

Roger van der Weyden (c.1400-1464). El Descendimiento (c.1436). Museo del Prado. Detalle del rostro de María Salomé

Roger van der Weyden (c.1399-1464). El Descendimiento (c.1436). Museo del Prado. (Detalle)

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Pero es la Virgen desmayada el motivo principal de nuestra atención esta vez.

En la ficha del Museo del Prado leemos:

El gran maestro de Tournai centra la composición en la Compassio Mariae, la pasión que experimenta la Virgen ante el sufrimiento y la muerte de su Hijo. Para traducirla en imágenes, el pintor escoge el momento en que José de Arimatea, Nicodemo y un ayudante sostienen en el aire el cuerpo de Jesús y María cae desmayada en el suelo sostenida por San Juan y una de las santas mujeres.”

Y la web de Patrimonio Nacional dice:

“Siguiendo la línea sinuosa que conforma el cuerpo de Cristo, se sitúa bajo Él la figura de la Virgen desmayada, que se presenta, al decir de Sigüenza, “perdido el color y aun la compostura y el decoro”, y atendida por San Juan y una de las santas mujeres, consiguiendo plasmar de una manera sublime el dolor y la tristeza de la Madre por la muerte de su Hijo.”

Roger van der Weyden (c.1400-1464). El Descendimiento (c.1436).   Museo del Prado. Detalle del "desmayo" de la Virgen

Roger van der Weyden (c.1399-1464). El Descendimiento (c.1436). Museo del Prado. Detalle del “desmayo” de la Virgen

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El término médico para “desmayo” es síncope. En el síncope no sólo hay pérdida de conocimiento, sino que se pierde también el tono muscular y el color en la cara. Y sus causas -entre otras- pueden ser el estrés emocional, el miedo y el dolor intenso… Van der Weyden retrató magistralmente un síncope en esta imagen de la Virgen.

Descendimiento

Roger van der Weyden (c.1399-1464). El Descendimiento (c.1436). Museo del Prado. Detalle del rostro de la Virgen

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Precisamente, desde el pasado 24 de marzo y hasta el 28 de junio de 2015, el Museo del Prado ha organizado el primer monográfico en España sobre Van der Weyden.

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Mientras preparaba esta entrada me ha acompañado fundamentalmente un himno que, aunque en sentido estricto se refiere a un momento justamente anterior al que muestra el cuadro, tiene como protagonista al dolor de la Madre ante su hijo crucificado… El Stabat Mater de Giovanni Battista Pergolesi, en una reciente versión dirigida por Nathalie Stutzmann, con las maravillosas voces del contratenor Philippe Jaroussky y la soprano Emöke Barath.

El Stabat Mater es una secuencia religiosa, datada en el siglo XIII y atribuida a distintos autores, pero fundamentalmente al papa Inocencio III y al franciscano Jacopone da Todi. Comienza con las palabras Stabat Mater dolorosa (“estaba la Madre sufriendo”) y se trata de una plegaria meditada sobre el sufrimiento de María, la madre de Jesús, durante la crucifixión de su Hijo. Le han puesto música más de doscientos compositores. Una de las versiones más famosas -y la que más me gusta- es ésta que podemos escuchar ahora, la de Giovanni Battista Pergolesi.

Giovanni Battista Pergolesi (1710-1736)

Giovanni Battista Pergolesi (1710-1736)

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Pergolesi sabía muy bien lo que era el dolor. Se dice que sufrió espina bífida (aunque sería en algunos de sus grados más leves) y que, desde pequeño, padecía una enfermedad respiratoria. Lo cierto es que falleció poco después de cumplir 26 años -acababa de componer el Stabat Mater dolorosa– según se afirma generalmente, a causa de la tuberculosis.

Por casualidad, leyendo sobre la obra de Pergolesi, me encontré con la figura de un médico norteamericano hasta ahora desconocido para mí, el doctor Abraham Coles.

Doctor Abraham Coles (1813-1891)

Doctor Abraham Coles (1813-1891)

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De pequeño recibió una esmerada educación -en principio, hasta los 12 años- de sus propios padres. A los 17 años ya impartía clases de latín y griego en Nueva York. Empezó a estudiar Leyes; pero lo dejó pronto porque su auténtica vocación era la Medicina. Recibió su formación médica en el College of Physicians and Surgeons de Nueva York y en el Jefferson Medical College, de Filadelfia, donde se graduó en 1835. Estableció su primera consulta privada en Newark (NJ) alcanzando pronto gran fama como cirujano. Se casó y, lamentablemente, enviudó muy joven, a los 32 años,  cuando tenía dos hijos pequeños, un niño y una niña recién nacida. Nunca más contrajo matrimonio. En 1848 -durante uno de sus viajes a Europa, a Londres y París, con objeto de estudiar los hospitales y las facultades de Medicina del viejo continente además de francés- estando en París, le sorprendió la Revolución de aquel año, y Coles actuó como corresponsal de prensa, describiendo lo que ocurría para un periódico de su país. A lo largo de su vida recibió múltiples honores y reconocimientos como médico cirujano. Pero Abraham Coles era un auténtico médico humanista. Posiblemente se le recuerde más por sus actividades culturales (fundó la Biblioteca de su ciudad y la Sociedad Histórica de Nueva Jersey, por ejemplo) y más aún como escritor, poeta y traductor. Él tradujo al inglés, con interesantes comentarios preliminares, numerosas obras literarias escritas en latín, entre ellas, los himnos como el Stabat Mater.

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El Dr. Philip S. Physick y la gaseosa

El Dr. Philip S. Physick y la gaseosa

Muchos saben que Coca-Cola, el refresco más consumido del mundo, es un invento del farmacéutico John Pemberton, y empezó a comercializarse en 1886, en Atlanta, como una medicina que curaba el dolor de cabeza, la dispepsia, la neurastenia e incluso la adicción a la morfina y la impotencia. Con tales indicaciones no es extraño que ese “medicamento” tuviera un éxito inmediato. Sin duda, los efectos de algunos de los componentes que formaban parte de la fórmula original, como la cocaína (en dosis muy pequeñas, según se dice) obtenida del extracto de hojas de coca, pero potenciados por la cafeína de la nuez de cola, contribuyeron a la gran aceptación popular del invento de Pemberton. Aunque, seguramente, algo influyó también el anhídrido carbónico, no sólo por lo agradables que pueden resultar las burbujitas que produce la efervescencia, sino porque entonces se pensaba que las bebidas carbonatadas eran beneficiosas para la salud, y en especial para la buena digestión.

Al hablar del primero a quien se le ocurrió añadir anhídrido carbónico al agua, es decir, fabricar soda, tenemos que referirnos a otro nombre mítico en la industria de las bebidas gaseosas, Schweppes, y más concretamente a su creador, Johann Jacob Schweppe, un empresario alemán que desarrolló un procedimiento para fabricarlas. La empresa inició sus trabajos en Ginebra, en 1783. En 1792 se trasladaría a Londres y, años después, empezaría a producir la famosa tónica; cuyo primer uso, por su contenido en quinina, sería medicinal. Los soldados del Imperio Británico la utilizaron, sola o mezclada con ginebra (cuyo origen ¡cómo no! también se atribuye a un médico, Franciscus Sylvius), para combatir la malaria y otras fiebres.[1] Recientemente, la relación entre la tónica Schweppes y la medicina se reactivó -si se me permite la digresión- al ponerle cara a la publicidad de la compañía el actor Hugh Laurie, conocido internacionalmente por su interpretación del Dr. House.

En los Estados Unidos de América, la fabricación de bebidas carbonatadas comienza a popularizarse en Nueva York, en 1832, cuando John Matthews inventa un aparato para mezclar agua con gas carbónico y, además, agregarle sabor. Un año antes de que Pemberton inventara la Coca-Cola otro farmacéutico, W. B. Morrison, en Texas, empezó a vender la gaseosa más antigua que todavía se comercializa en los Estados Unidos: Dr. Pepper. Pero, antes que todos ellos (según se dice, desde 1807) un médico -y no un médico cualquiera- el doctor Philip Syng Physick, considerado el “Padre de la Cirugía Americana”, utilizaba ya la gaseosa en el tratamiento de las alteraciones digestivas.

Philip_Syng_Physick

Philip Syng Physick (1768-1837). Grabado de Richard W. Dodson, tomado del retrato original realizado por Henry Inman para la Facultad de Medicina de la Universidad de Pensilvania

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El doctor Philip Syng Physick nació en Filadelfia, el 7 de julio de 1768, y murió en esa misma ciudad el 15 de diciembre de 1837. Existe abundante información en Internet sobre el Dr. Physick. Sin embargo, desde el punto de vista médico, recomiendo de manera especial un artículo antiguo, ciertamente, pero muy ilustrativo. El autor, Gorge Edwards, redactó su artículo para la revista inglesa Proceedings of the Royal Society of Medicine[2], a finales de 1939, con el título “Philip Syng Physick. 1768-1837“.[3] Por lo que Edwards nos cuenta podemos saber que, en principio, Physic no tenía la intención de ser médico, prefería pasar su tiempo trabajando con su abuelo materno, Philip Syng, que era un reputado platero. Sin embargo, una vez graduado en la Universidad de Pensilvania, en 1785, obedeciendo a su padre, que siempre había deseado que su hijo fuera médico, Philip Syng Physick inició sus estudios de Medicina con el profesor Adam Kuhn, discípulo de Linneo, que impartía Botánica y Materia Médica en la Universidad de Pensilvania. Physick podría haber completado su formación médica en Filadelfia; sin embargo, en noviembre de 1788 se trasladó a Londres para estudiar con el célebre cirujano John Hunter [4], que se convirtió en su tutor académico hasta que, en 1790, Physick recibió su Diploma del Real Colegio de Cirujanos de Londres. Y el joven cirujano podía haberse quedado como ayudante de su maestro; pero, entonces, decidió marcharse a continuar sus estudios en Edimburgo, donde obtuvo el doctorado en Medicina, en 1792, con una tesis sobre la apoplejía, dedicada a Hunter.

Una vez concluídos sus estudios en Gran Bretaña, con 24 años de edad, Physick regresó a Filadelfia. En 1793 fue uno de los médicos que más se distinguió por su actuación en la epidemia de fiebre amarilla que asoló su ciudad, colaborando con Benjamin Rush, uno de los “Padres Fundadores” de los Estados Unidos y el médico que más se destacó en la lucha contra la enfermedad durante aquella epidemia. En 1794 comenzó a ejercer como cirujano en el Hospital de Pensilvania, donde trabajó hasta 1816. Fue profesor de Cirugía y Anatomía en la Universidad de Pensilvania[5]. Desde 1824, hasta su fallecimiento, desempeñó la presidencia de la Sociedad Médica de Filadelfia. En 1825 se le distinguió como miembro de la Real Academia de Medicina de Francia, y en 1836, un año antes de su muerte, fue elegido como miembro honorario de la Real Sociedad Médico-Quirúrgica de Londres.

Entre sus pacientes se citan nombres tan distinguidos como el ya mencionado Benjamin Rush, la hija del presidente John Adams y el presidente Andrew Jackson. Pero, seguramente, su caso más comentado fue el del célebre jurista, presidente de la Corte Suprema americana durante más de tres décadas, John Marshall, que padecía terribles cólicos renales. Se dice que Physic le extrajo alrededor de mil cálculos; lo cual, en aquella época, antes del descubrimiento de la anestesia, es muy meritorio por parte de ambos. El Dr. Physic practicó intervenciones quirúrgicas de todo tipo; y diseñó y construyó instrumental quirúrgico. Algunos dicen que su habilidad manual y para la fabricación de instrumental la adquirió cuando trabajaba con su abuelo, el platero…

Soda Dr. Physick

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Pero, además de sus indiscutibles destrezas quirúrgicas, recientemente, un “tataratataranieto” suyo, J. Del Conner, nos cuenta que Philip Syng Physick fue también uno de los primeros en utilizar el agua carbonatada, la gaseosa, en el tratamiento médico de las alteraciones gástricas. Desde 1807 -dice- el farmacéutico Townsend Speakman, siguiendo las indicaciones de Physick, vendía a sus pacientes un vaso de soda cada día, al precio de 1,50 dólares mensuales. También, según Conner, por consejo del doctor, añadió más tarde sabores para que fuera más agradable, y así nacería la gaseosa en Filadelfia. De todo ello se puede obtener más información en la página de Internet de la nueva soda Dr. Physick, que Conner ha creado en recuerdo de su antepasado, incluyendo esta historia de la soda. Aunque algunos no están muy de acuerdo con esta historia, aduciendo que el mencionado farmacéutico, Speakman, murió en 1793… ¡No puede creerse uno todo lo que lee!

Dr Physic Soda

Notas

[1] Aunque, también, se atribuye el invento a un clérigo inglés, Joseph Priestley, en 1767; pero el sabor que obtuvo era tan malo que no pudo comercializarse.
[2] La revista Proceedings of the Royal Society of Medicine se publicó con ese nombre entre los años 1908 y 1977, ambos inclusive. Inicialmente, desde 1809 hasta 1907, se llamó Medico-Chirurgical Transactions, y desde 1978 hasta la actualidad se publica como Journal of the Royal Society of Medicine.
[3] EDWARDS, George (1940): “Philip Syng Physick. 1768-1837”. Proc. R. Soc. Med. 33(3): 145-148. [Disponible en: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1997417/pdf/procrsmed00659-0021.pdf. Consultado 18 de marzo de 2015].
[4] Se dice que fue John Hunter quien inspiró a Robert Louis Stevenson a la hora de escribir El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.
[5] En Filadelfia existen varias universidades. Physick fue alumno y profesor en la más antigua y prestigiosa de ellas, considerada la cuarta en importancia de los Estados Unidos, y conocida habitualmente como Penn University o simplemente Penn.

El cólera y el Dr. John Snow (1813-1858), pionero de la epidemiología y la anestesia

El cólera y el Dr. John Snow (1813-1858), pionero de la epidemiología y la anestesia

El cólera es una enfermedad bacteriana intestinal aguda causada por el Vibrio cholerae. En los casos leves produce diarrea, mientras que en los graves aparece bruscamente una diarrea acuosa profusa, acompañada de náuseas y vómitos, que si no se trata rápidamente produce la muerte por deshidratación. Para mayor información adjunto enlaces a algunas páginas web del Ministerio de Sanidad español y la OMS.

A lo largo de la historia se han producido numerosas epidemias de esta enfermedad. En el siglo XIX llegó a Europa, probablemente procedente de la India (donde se mantiene de forma endémica), afectando primero a los países más orientales (en Hungría, entre 1830 y 1831, se había cobrado ya cerca de trescientas mil víctimas), extendiéndose luego por el resto del continente y llegando a América. Tradicionalmente se ha considerado al médico alemán Robert Koch, más conocido por ser el descubridor del bacilo de la tuberculosis (1882) y Premio Nobel de Medicina (1905), como descubridor también del bacilo del cólera en 1883. Hoy se sabe que fue un médico italiano, Filippo Pacini, quien realmente descubrió el bacilo del cólera en 1854, casi 30 años antes que el alemán; aunque los trabajos de Pacini pasaron prácticamente desapercibidos, sin la repercusión que más tarde tendría la obra de Koch. Y fue un español, Jaime Ferrán, el primero en obtener una vacuna que comenzaría a aplicar (con la oposición de muchos, que la consideraban una práctica peligrosa) en 1885.

No es cuestión banal localizar el origen de una epidemia, en este caso de cólera, porque interviniendo en el foco de origen se podrá luchar mejor contra la epidemia. El mismo año 1854 en que Pacini veía al microscopio el bácilo del cólera -sin saberlo, y por tanto sin conocer el microbio que producía la enfermedad- un médico inglés, empleando su inteligencia y su sentido común, demostró que la causa del cólera era el consumo de aguas contaminadas. Valiéndose de un mapa de Londres donde anotaba cuidadosamente los casos declarados de la enfermedad, llegó a localizar el origen de la infección en una bomba de agua existente en Broad Street, en pleno corazón de la epidemia que aquel año asolaba Londres. En cuanto se clausuró el suministro de dicha bomba de agua, la epidemia comenzó a remitir. Ese médico era John Snow, “el precursor de la Epidemiología contemporánea“.

Dr. John Snow (1813-1858). Fotografía tomada en 1857, cuando tenía 44 años de edad

Dr. John Snow (1813-1858). Fotografía tomada en 1857, cuando tenía 44 años de edad

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Sobre la vida y la obra de John Snow no es necesario que diga más. Basta con acceder a la magnífica página que le dedica el Dr. Ralph R. Frerichs, Profesor del Departamento de Epidemiología. de la Escuela de Salud Pública, de la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA).

Pero el Dr. John Snow no sólo fue un pionero de la Epidemiología. Su nombre ha quedado grabado también en la Historia de la Anestesia, más concretamente a la anestesia en obstetricia. Él, personalmente, administró cloroformo a la Reina Victoria en sus dos últimos partos, los de Leopoldo, en 1853, y Beatriz, en 1857. Sobre la contribución de Snow a la historia de la anestesia trata el siguiente vídeo (donde se menciona también a otro pionero de la especialidad, Sir James Young Simpson).

El granadino Federico Olóriz Aguilera (1855-1912): Catedrático de Anatomía, pionero de la Antropología Médica en España y creador del primer sistema de identificación dactilar usado en nuestro país

El granadino Federico Olóriz Aguilera (1855-1912): Catedrático de Anatomía, pionero de la Antropología Médica en España y creador del primer sistema de identificación dactilar usado en nuestro país

“Don Federico Olóriz Aguilera nació en Granada el día 9 de octubre de 1855 en el seno de una familia modesta. Su padre, después de intentar hacer estudios superiores, de Medicina precisamente, fracasó en el empeño y arrastró definitivamente una vida de empleado modesto, frecuentemente cesante.

El hijo hizo los estudios de Bachillerato en el Instituto de Granada. Los culminó en 1872. Seguidamente ingresó en la Facultad de Medicina granadina, donde fue Alumno interno. Obtuvo el título de Licenciado en 1875, con premio extraordinario, tras haber logrado las calificaciones más brillantes en todos los Cursos y asignaturas.

Inmediatamente de finalizar sus estudios consiguió, por oposición, una plaza de Ayudante de clases prácticas en Anatomía. Después, en 1877, en la Universidad Central (Madrid) obtuvo el título de Doctor en Medicina y Cirugía. En la Facultad de Granada fue nombrado Profesor clínico por oposición, y después Auxiliar honorario. Estuvo encargado, a continuación, de tres Cursos completos de Anatomía descriptiva y Disección y otros tres largos en las Cátedras de Patología y Clínica Quirúrgica e Higiene privada y pública.

En 1882 dio la enseñanza completa en una Cátedra libre de Histología normal y varios Cursos de Anatomía. Ya, dos años antes, había participado como opositor a la Cátedra de Anatomía descriptiva y general de la Facultad de Granada, aprobando todos los ejercicios. El 20 de junio de 1883 triunfó rotundamente (pese a la fuerte competencia de varios coopositores) en las oposiciones a la Cátedra de Anatomía descriptiva y general de Madrid, confirmando así el merecido renombre de que ya gozaba como Anatómico y Profesor.

En Madrid rápidamente creció su prestigio como científico, irradiado desde la Facultad de Medicina, donde pronto figuró como uno de sus Profesores más representativos. En consecuencia, era requerido frecuentemente por Sociedades científicas de la capital y de toda España, y pronto del extranjero.

Fundó y dirigió un magnifico gabinete de Antropología en la Facultad, con Cursos prácticos de Antropometría y otras materias, y ordenó las magníficas colecciones del Museo del Dr. Velasco.

Socio de número de la Academia Médico-Quirúrgica y Presidente de la Sección de Histología. Miembro de la Junta Superior de Prisiones. Juez en muchas oposiciones a Cátedras de diversas materias. Conferencias y Cursos múltiples en Ateneos y Academias. Colaborador asiduo en la prensa profesional. Autor del «Manual de Técnica Anatómica» y colaborador del «Compendio de Anatomía humana», del Dr. Calleja. Como conferenciante y Profesor «cautivaba par la claridad, elegancia y gracia del discurso», según afirmaba alguno de sus contemporáneos.

En la Real Academia de Medicina fue elegido como numerario en la sesión de 7 de marzo de 1889, a propuesta de los Académicos Doctores Maestre de San Juan, Colmeiro e Iglesias. Ingresó el 24 de mayo de 1896 con la Medalla núm. 10 y ocupó la vacante por deceso del Dr. Martínez Molina. Quedó adscrito a la Sección de Anatomía y no faltaba nunca a las sesiones científicas y otros actos corporativos, interviniendo en aquellas oportuna y brillantemente.

Afectado por un proceso crónico y penoso de localización intestinal, el gran anatómico y científico murió, con escasa diferencia de semanas del Dr. Ribera, su fraternal amigo. Ello acaeció el 28 de febrero de 1912, verdadero día de luto para la Universidad española y para todo el país.”

Así resumía Valentín Matilla Gómez, en su libro 202 Biografías Académicas (1987), los principales méritos de Olóriz, que copio literalmente de la página que dedica la Real Academia Nacional de Medicina al ilustre médico granadino que ingresó en la misma, el 24 de mayo de 1896, con un discurso sobre “La talla humana humana en España“. No se olvida el Secretario General Perpetuo e historiador de la Academia de citar la excelente trayectoria de Federico Olóriz como alumno y profesor, sus brillantes oposiciones a la Cátedra de Anatomía de Madrid en 1883, el mismo año que Ramón y Cajal ganó la de Valencia, ni su labor como iniciador de la Antropología Médica en España. Famosa entre los especialistas es su “Colección de cráneos” que se encuentra depositada en el Museo del Departamento de Anatomía y Embriología Humana de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Pero no menciona el Profesor Matilla la aportación a la ciencia forense y a la criminalística de Federico Olóriz Aguilera.

Federico Olóriz Aguilera (1855-1912)

Federico Olóriz Aguilera (1855-1912)

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Aunque reconocido en su época por su labor docente e investigadora, posiblemente hoy se hablaría poco sobre Federico Olóriz si no hubiera sido el creador del sistema de identificación dactilar usado en España y Portugal antes de la llegada de los sistemas informáticos. Un método basado en los trabajos del argentino Juan Vucetich.

Fotografía de Juan Vucetich y portada de su libro "Dactiloscopia comparada" (1904)

Fotografía de Juan Vucetich y portada de su libro “Dactiloscopia comparada” (1904)

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De todo ello (y algunas cosas más) nos habla el Profesor Miguel Guirao, Catedrático de Anatomía de la Universidad de Granada, en un breve pero interesante vídeo de RTVE, al que se puede acceder directamente pulsando sobre el siguiente enlace:

Federico Olóriz: Un antropólogo que dejó huella

Precisamente Miguel Guirao Piñeyro, junto con su padre, el ya fallecido Miguel Guirao Pérez, son los autores del libro más recomendable sobre Olóriz, editado por Comares (2008): Federico Olóriz Aguilera. Biografía íntima del Profesor.

Federico Olóriz falleció en Madrid, a los 56 años de edad, el 28 de febrero de 1912. La causa de su muerte se había atribuido a una “enfermedad crónica” o al cáncer de colon… Recientemente, Fernando Girón Irueste y Miguel Guirao Piñeyro han publicado en Actualidad Médica “que desarrolló un cáncer de próstata, con metástasis óseas e intestinales.” Al cumplirse el centenario de su muerte, en 2012, sus restos fueron trasladados desde el madrileño cementerio de La Almudena a su ciudad natal donde ahora reposan en el Panteón de Personas Ilustres del Cementerio de Granada.

La señora Röntgen y el inicio de la radiología médica

La señora Röntgen y el inicio de la radiología médica

El 22 de diciembre de 1895, Wilhelm Conrad Röntgen (1845-1923) realizó la primera radiografía conocida de una parte del cuerpo humano. Se ven algunos metacarpianos y huesos de los dedos de una mano, incluyendo un anillo. Es la radiografía de la mano izquierda de su esposa, cuyo nombre de soltera era Anna Bertha Ludwig. Con ella se inicia la radiología médica y las técnicas de diagnóstico por la imagen, que tanto han contribuido al avance de la Medicina. Pero -según García y García, a quienes seguimos fundamentalmente en este escrito- la reacción de Anna cuando la vio, “…al igual que la de mucha gente de la época, fue una mezcla de fascinación y temor, ya que el hecho de poder distinguir todos sus huesos la hacía sentirse extrañamente cercana a la muerte.”

Radiografía de la mano de Ana Bertha Röntgen (1895)

Radiografía de la mano de Ana Bertha Röntgen (1895)

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Anna nació en Zurich (Suiza) el 22 de abril de 1839 y murió en Munich (Alemania) el 31 de octubre de 1919, cuando contaba -por tanto- 80 años de edad, tras 47 años de matrimonio con Röntgen.

Ana Bertha Röntgen (1839-1919)

Ana Bertha Röntgen (1839-1919)

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En la literatura científica no se suele prestar demasiada atención a la esposa de Röentgen, la que puso su mano para que se hiciera aquella primera radiografía. Pero he encontrado un artículo publicado en la Revista Chilena de Radiología por Daniela García y Cristián García, donde sí se habla de ella. Transcribo, a continuación, algunos párrafos:

“Wilhelm y Anna Roentgen contrajeron matrimonio el 7 de julio de 1872 en Apeldoor, Holanda. Se conocieron en Zurich mientras Roentgen trabajaba como ayudante de su Profesor de Física, Augustus Kundt, que fue quien lo inspiró a dedicarse a la ciencia física.
Anna era una mujer alta, delgada, muy atractiva y encantadora, hija de Johann Gottfried Ludwig, alemán […] y dueño de una pequeña hospedería o café muy popular entre los estudiantes, llamado Zum Grünen Glas, en español: ‘Hacia el pasto verde’. Una tarde de 1866, cuando Roentgen volvía de su trabajo decidió pasar a tomarse un café y allí conoció a Anna. Se dice que fue amor a primera vista.
Se comprometieron en 1869, pero el noviazgo no fue fácil. Primero, porque Anna era seis años mayor que Wilhelm, algo muy poco común en esa época y segundo porque el padre de Roentgen se oponía al tratamiento. Él tenía ambiciosos planes para su único hijo y se sintió muy decepcionado cuando Wilhelm eligió a alguien de cuna humilde como Anna.
Sus primeros años de casados fueron bastante difíciles porque el padre de Roentgen, como represalia, quitó todo apoyo financiero a la nueva familia y como ayudante Wilhelm ganaba muy poco dinero […]. Pero eran felices juntos y supieron sobrellevar las adversidades. Con el apoyo de Anna, Roentgen fue haciendo crecer su carrera como físico y académico y en 1894 fue elegido como nuevo rector de la Universidad de Würzburg.
Roentgen trabajaba largas horas en sus experimentos, tanto en la Universidad como en el laboratorio que instaló en su casa. Anna tenía gran cariño por su marido y comprendía que Wilhelm necesitaba su espacio para poder concentrarse, pero eso no evitaba que la mayoría del tiempo se sintiera sola. Es por eso que ansiaba mucho poder quedar embarazada y rodearse de hijos que la acompañaran. Pero los años pasaron, y Anna nunca pudo cumplir su sueño.
En 1887 una tragedia sacudió la familia de Anna, su único hermano falleció dejando huérfana a la pequeña Josephine Bertha Ludwig, de sólo seis años. Wilhelm y Anna decidieron adoptarla y así Anna pudo cumplir el anhelo de ser madre.”

Sobre la vida y obra de Röntgen, en cambio, disponemos de muy abundante documentación. Sobre su nacimiento y primera infancia en Lennep, un pequeño pueblo ubicado al oeste de Alemania, como hijo único de Friederich Conrad Röntgen, comerciante de tejidos y su prima de origen holandés Charlotte Constance Frowein. Sobre su traslado a Holanda, cuando tenía tres años de edad, para vivir con los familiares de su madre. Sobre su educación y los problemas que motivaron su -injusta- expulsión de uno de los centros donde estudiaba. Sobre su labor docente e investigadora. Sobre la concesión del primer Premio Nobel de Física, en 1901…

Wilhelm Conrad Röntgen (1845- 1923)

Wilhelm Conrad Röntgen (1845- 1923)

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Mejor que intentar explicarlo de nuevo, prefiero dejar aquí los enlaces a algunos de los trabajos que me parecen más recomendables. En primer lugar, la biografía que nos ofrece el Profesor José Luis Fresquet y la página oficial de los Premios Nobel. Una buena síntesis sobre la primera radiografía de la historia la tenemos en el magnífico blog Medicina Joven, escrita por un estudiante de Medicina: Francisco Paredes. Algo más extensa, pero de agradable lectura, es la entrada sobre este mismo tema que publica el médico radiólogo colombiano Aníbal J. Morillo en su blog Palabras al viento. Sobre la concesión del primer Nobel de Física a Röntgen, en 1901, tenemos información muy valiosa en El Tamiz, el blog de Pedro Gómez-Esteban. A todos ellos se puede acceder pulsando sobre sus nombres.

Sí quisiera, antes de acabar, señalar cinco puntos que me parecen importantes:

  • Al contrario de lo que algunos han dicho, el descubrimiento de los rayos X no se debió al azar, a la casualidad. Röntgen era un investigador constante y tenaz que aplicaba el método científico. Sus investigaciones se basaban en trabajos anteriores que él fue desarrollando hasta su culminación.
  • No existe evidencia científica alguna que haga pensar, como también se ha dicho, que la muerte de su mujer o la suya propia tuviera relación con la exposición a los rayos X. Anna, a pesar de su delicada salud (sufría cólicos nefríticos de repetición) murió a la avanzada edad de 80 años, casi veinticinco después de haber expuesto su mano a la radiación. Röntgen falleció casi a la misma edad que su esposa de un cáncer intestinal. Las causas de muerte más frecuentes por sobreexposición a las radiaciones son la leucemia y el cáncer de piel. Sí es cierto que este tipo de tumores causaron la muerte de muchos de los primeros radiólogos, hasta que se empezaron adoptar medidas de radioprotección.
  • Röntgen, que no era rico precisamente, nunca quiso registrar cualquier patente relacionada con su descubrimiento por razones éticas. Pensaba que la humanidad debía disponer libremente de él. Esto hizo que muy pronto los aparatos de rayos X se extendieran por todo el mundo, y que un año después se hubieran escrito 49 libros y más de mil doscientos artículos sobre la materia. El dinero del Premio Nobel (50.000 coronas suecas) lo donó para el apoyo a la investigación en la Universidad de Wützburg.
  • Esta misma Universidad, tras recibir el Premio Nobel, le concedió el grado honorario de Doctor en Medicina.
  • Al escribir en español su apellido, tanto Röntgen como Roentgen son igualmente válidos.

Pero como se dice que “una imagen vale más que mil palabras”, para terminar, dejo este vídeo donde se narra muy bien la historia de los inicios de la radiología:

Referencia:

García D, García C. Anna Bertha Roentgen (1833-1939): La mujer detrás del hombre. Rev Chil Radiol [Internet] 2005;11:179-81. [Consultado 18 de febrero de 2015]. Disponible en: http://www.scielo.cl/pdf/rchradiol/v11n4/art06.pdf

Contra la difteria

Contra la difteria

En 1904, tres o cuatro años antes de que el médico pintor, el radioterapeuta Georges Chicotot, realizara su autorretrato en uno de los primeros intentos de curar el cáncer de mama mediante los rayos X (el cuadro que veíamos en la entrada anterior), pintó otra de sus obras más famosas, Le tubage, un cuadro de tema pediátrico, sobre el tratamiento de la difteria.

La difteria está causada por una exotoxina de carácter proteico producida por Corynebacterium diphteriae y se caracteriza por la aparición de falsas membranas (pseudomembranas) muy adherentes que se forman principalmente en las superficies mucosas de las vías nasales y digestivas superiores. La localización más grave se localiza a nivel de la laringe donde, como consecuencia de la obstrucción por las membranas, se producen alteraciones en la voz, disnea y cianosis, pudiendo desencadenar consecuencias fatales si no se instauran medidas oportunas.

Georges Chicotot (1868-1921). "Le tubage" (1904).  Musée de l’Assistance Publique – Hôpitaux de Paris

Georges Chicotot (1868-1921). “Le tubage” (1904). Musée de l’Assistance Publique – Hôpitaux de Paris

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La escena transcurre en el entonces muy nuevo (fue inaugurado en 1901) y todavía en activo Hospital Bretonneau, de París. En el centro de la imagen vemos al Dr. Albert Josias (1855-1906), autor de un famoso libro sobre Thérapeutique infantile, publicado en 1896 (y traducido al español por el Dr. José Chiarri Gómez con el título de Terapéutica de las enfermedades de la infancia, editado en Valencia el año 1902). Con objeto de evitar la traqueotomía, una técnica mucho más agresiva, el Dr. Josias está practicando la intubación a un niño que sufre difteria para impedir que muera por asfixia. Un niño sentado sobre las rodillas de una enfermera mientras el Dr. Toffemer, ayudante de Josias, le mantiene inmóvil la cabeza; aunque el niño aparenta estar demasiado tranquilo para la gravedad de la enfermedad que padece y para lo que le están haciendo… Todo ello bajo la mirada interesada y atenta de otros siete médicos (quizás, algunos de ellos todavía estudiantes de Medicina). Mientras tanto, a nuestra derecha, otro médico está preparando la inyección de suero antidiftérico que había descubierto el Dr. Émile Roux en 1894. Ese sería el tratamiento que lograría salvar la vida del niño.

Casi un siglo antes de que Chicotot pintara el cuadro que acabamos de comentar, don Francisco de Goya pintó este otro que ahora vemos:

Francisco de Goya y Lucientes.  (1746-1828). "El Garrotillo" .Anterior a 1821. Colección Araoz. Madrid

Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828). “El Garrotillo” . Anterior a 1821. Colección Araoz. Madrid

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Como dicen los doctores Ortiz y Mussat:

Este cuadro “…cuyo título original aludía al episodio del hurto de las longanizas recogido en el Lazarillo de Tormes, sería años más tarde rebautizado por el doctor Gregorio Marañón como el “garrotillo”, nombre con el que se conocía popularmente a la difteria. De la misma manera que el garrote provoca la compresión del cuello, la difteria producía una asfixia lenta por lo que a la enfermedad, en España, se le acabó asociando con esta manera de ejecución. “

Y añaden:

“Posiblemente el pintor se basase en la observación de una práctica bastante común en aquella época. Los adultos intentaban arrancar las membranas con los dedos ante la desesperación que debía provocar contemplar la lenta agonía de los niños, principales víctimas de la infección.”

Georges Chicotot y el nacimiento de la radioterapia

Georges Chicotot y el nacimiento de la radioterapia

Sólo habían pasado unos meses desde que Wilhelm Conrad Röntgen descubriera los rayos X, a finales de 1895, cuando los médicos de la época comenzaron a estudiar las aplicaciones del descubrimiento del físico alemán, entusiasmados con las extraordinarias posibilidades que ofrecía tanto para el diagnóstico como para el tratamiento. No sólo tenían ahora la posibilidad de ver el interior del cuerpo humano –del cuerpo humano vivo- mediante la radioscopia y la radiografía, facilitando el diagnóstico; sino que esos rayos eran capaces de destruir los tejidos enfermos, en concreto los tumores cancerosos, naciendo así la radioterapia. Uno de los primeros radioterapeutas fue Georges Chicotot (1868-1921), el señor de la chistera por el que se preguntaba en la entrada anterior, como enseguida apuntaron con acierto nuestros amigos euclides59 y Tú Lisa, yo Conda. Un personaje de gran interés para la historia de la relación entre la medicina y el arte, este Chicotot, porque fue primero pintor y luego médico, conjugando admirablemente ambas vocaciones a lo largo de su vida. Y en ambas destacó.

Georges Chicotot se apasionó por la anatomía durante sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de París, hasta el punto que decidió comenzar los estudios de Medicina en 1892. No abandonó la pintura, exponiendo regularmente –al menos- hasta 1913. Pero, tras finalizar la carrera de Medicina, en 1899, empieza a ejercer en el Hospital Broca, donde llegaría a ser jefe del laboratorio de radiología en 1908.

Un año antes, en 1907*, el médico pintor nos ofrece un testimonio científico y artístico sobre la forma en que se realizaba un acto médico en su recién nacida especialidad: el tratamiento del cáncer de mama mediante los rayos X. Le vemos a él mismo, a la derecha del cuadro (que se encuentra en el Musée de l’Assistance Publique – Hôpitaux de Paris), vestido con su bata blanca pero sin quitarse ese sombrero de copa que tanto llama la atención… Parece que no era por despiste, ni mala educación, ni para darse importancia, ni por coquetería (como en algún lugar he leído) sino –simplemente- porque era costumbre entonces llevarlo puesto.

Georges Chicotot (1868-1921). Primeros ensayos del tratamiento del cáncer mediante la radioterapia (1907). Musée de l'Assistance Publique - Hôpitaux de Paris

Georges Chicotot (1868-1921). Primeros ensayos del tratamiento del cáncer mediante la radioterapia (1907). Musée de l’Assistance Publique – Hôpitaux de Paris

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Chicotot mira atentamente el reloj que lleva en su mano izquierda para controlar el tiempo de exposición, mientras que con esa especie de soplete encendido que porta en la izquierda controla la dosis de radiación que emite una bombilla radiógena situada en el interior de un tubo de Crookes al que se aplica un elevado voltaje eléctrico para producir los rayos X que incidirían directamente, a través de un cilindro hueco de vidrio sobre la mama de la enferma, que con los ojos cerrados recibe su tratamiento, la “operación radiológica” como se decía entonces. No hay mamparas ni cabinas emplomadas, ni gafas, ni guantes, ni delantales… Los medios de protección radiológica empezarían a utilizarse unos años después, en Alemania. No fueron obligatorios hasta 1922. En 1921, con 53 años de edad, fallecería Georges Chicotot, el médico pintor o pintor médico, como la mayoría de los primeros radiólogos: a consecuencia de la sobreexposición a las radiaciones.

*Aunque siempre se data este cuadro en 1907, a mí me parece ver bajo la firma del autor el año 1908 (será que no veo bien).

Referencia bibliográfica:

NARDIN, Anne (s.f.): “Naissance de la radiothérapie”. En: 1643-1945 L’Histoire par l’image. Disponible en: http://www.histoire-image.org/site/oeuvre/analyse.php?i=528; consultado 7 Febrero 2015.

Enlace de interés (gracias a Tú Lisa, yo Conda):

1907: Autoportrait du Docteur Chicotot (peinture)

Alexander Borodin (1833-1887): el médico, profesor de Química, que escribía música los domingos

Alexander Borodin (1833-1887): el médico, profesor de Química, que escribía música los domingos

Hace unas cuantas noches volví a escuchar En las Estepas del Asia Central, el poema sinfónico que Alexander Borodin escribió en 1880. La música tiene una inmensa capacidad de evocación, y esta melodía me hizo recordar mis tiempos de estudiante en la Facultad de Medicina, las largas horas de estudio en las madrugadas gaditanas acompañado, tan solo, por los sonidos que salían de un aparado grabador-reproductor de cintas de “cassette“. Normalmente música tranquila, suave, que no dificultara la concentración. Todavía no había descubierto el encanto de la música barroca, que luego se convertiría en mi preferida. Oía música de cine; a Simon & Garfunkel; a Roberto Carlos; a Julio Iglesias (sí, también a Julio)… Algo del rock sinfónico de Pink Floyd. La guitarra de Narciso Yepes interpretando el Concierto de Aranjuez. Escuchaba la música de Joaquín Rodrigo y sus antecesores españoles: Falla, Granados, Tárrega… Entonces descubrí a los rusos: Tchaikovsky, Rimsky-Korsakov, Mussorgski… Y Borodin.

En aquella época no lo sabía, Borodin, el compositor, fue médico. Un médico que ejerció como profesor de Química.

Alexander Porfirievich Borodin nació en San Petersburgo, el 12 de noviembre de 1833.* Era hijo ilegítimo del príncipe Luka Stepanovich Gedevanishvili (algunos autores lo nombran, más fácilmente, como Lucas Gedianov), descendiente de los reyes de Imericia (la Cólquida de los griegos, donde se encontraba el vellocino de oro) un reino independiente de Georgia al sur del Cáucaso, entre los mares Negro y Caspio. Su madre se llamaba Eudoxia Konstantinova Antonova, pero la conocían como Dounia: “una mujer hermosa, culta y con independencia económica” (en algún lugar he leído que era una esclava, pero no lo creo). Cuando Alexander nació, su padre tenía 65 años. Su madre, cuarenta menos. El padre y la madre de Borodin no estaban casados. Para guardar las apariencias el niño fue registrado como hijo de uno de los sirvientes de su padre, Porfirio Borodin, que le dio su apellido, lo cual -al parecer- no era infrecuente en la Rusia de la época. De hecho, el príncipe debía ser un conquistador pertinaz, y a Borodin se le conocen, al menos, dos hermanos de padre con distintas madres, que también llevaban los apellidos de sendos sirvientes del noble conquistador: Dimitri Sergueïevitch Alexandrov y Eugueny Fiodorovitch Fiodorov. El Príncipe murió cuando Alexander era todavía muy niño; pero le dejó a su hijo una sustanciosa herencia que le permitió vivir sin dificultades económicas. Dounia -por su parte- que había contraido matrimonio con un médico militar retirado (aunque, al parecer, nunca dejó de mantener una “íntima amistad” con el padre biológico de Borodin) se ocupó de que el niño recibiera la mejor educación.

Ya de niño, Borodin dio muestras de su gran inteligencia y de estar especialmente dotado para los idiomas (además de su ruso natal, hablaba francés, alemán, inglés e italiano) y para la música. Según Garritz Ruiz: “No sólo aprendió a tocar el piano, sino que también ejecutaba con maestría la flauta y el violonchelo, y aunque no con envidiable disposición también tocaba el oboe y el clarinete, al igual que varios metales.” A la edad de 9 años ya compuso su primera pieza, una polka titulada Helene, y a los 13 había compuesto un concierto para flauta y piano, así como un trío para dos violines y violonchelo. Muy pronto, también, manifestó su interés por la química. A los 13 años montó un laboratorio en su casa donde fabricaba colorantes para acuarelas.

En 1850 ingresó como alumno en la Academia Médico-Quirúrgica, una institución militar, de su ciudad natal. Durante su época de estudiante no dejó de manifestar su especial predilección por la Química (que en aquellos tiempos era materia destacada en las facultades de Medicina) siendo su maestro más importante el profesor Nikolai Zinin (1812-1880), uno de los pioneros de la química orgánica, cuya influencia sería decisiva en la carrera profesional de Borodin. Se graduó como médico en 1856, recibiendo la máxima calificación posible “cum eximia laude“. Inmediatamente fue destinado al 2º Hospital Militar, donde inició su ejercicio profesional como médico-cirujano. Allí conoció a un joven y elegante oficial, de familia noble, llamado Modest Petrovich Mussorgsky (1839-1881), compositor de enorme talento musical, aunque su amistad -que duró hasta la muerte de éste- no empezaría, realmente, hasta algunos años después.

Se sabe que su experiencia como médico cirujano no le resultó agradable, y no por la naturaleza de su trabajo -como cabría suponer- sino por la brutalidad que, allí mismo en el Hospital, utilizaban los jefes y oficiales para imponer disciplina, utilizando el látigo sin justificación posible. Borodin se dedicó a completar su tesis doctoral. La vocación por la Química ya estaba definida y el profesor Zinin lo preparaba para que fuera su ayudante en la Academia Médico-Quirúrgica Militar. En 1858 presentó su tesis doctoral “Sobre la analogía entre los ácidos arsénico y fosfórico”. Posteriormente, entre los años 1859 y 1862, estuvo en Alemania, Francia e Italia ampliando su formación. Primero en la célebre Universidad de Heidelberg, en los laboratorios de Kirchoff, Bunsen, Kekulé y Erlenmeyer. Allí le acompañaron otros estudiantes rusos, entre ellos Dmitri Mendeléiev (1834-1907), el creador de esa famosa “Tabla periódica de los elementos” que tantos tuvimos que memorizar. Luego continuó sus estudios en París y en Pisa.

En 1861 conoció a una pianista rusa de 29 años, Ekaterina Sergeievna Protopopova, que había llegado a Heidelberg en busca de curación para la tuberculosis que padecía. Para el mejor tratamiento de la enfermedad de Ekaterina, le recomendaron que acudiera a Pisa, donde viajó acompañada por su -ya entonces- prometido; el cual, continuó sus estudios en los laboratorios de Luca y Tassinari. Vuelven a San Petersburgo en 1862, Borodin recibe el nombramiento de profesor adjunto de Química; y en abril de 1863 los novios contraen matrimonio que -al decir de quienes le conocieron- resultó muy afortunado a pesar de la enfermedad de Ekaterina y su infertilidad. Al cumplirse el vigésimo aniversario de bodas Borodin estrena el Cuarteto para cuerdas Nº 2, que dedicó a su esposa. Había tardado seis años en componerlo.

Borodin y su esposa tomaron como residencia un apartamento al lado del Laboratorio, en plena Universidad. Rimsky-Korsakoff escribe sobre esta época:

“Me volví un frecuente visitante de Borodin; a menudo quedándome hasta la noche en su casa. Discutíamos sobre música en profundidad y él tocaba sus trabajos en curso y también me mostraba los compases de su sinfonía. Él estaba mejor informado que yo del trabajo práctico de la orquestación, dado que tocaba el chelo, el oboe y la flauta. Borodin era un hombre culto y cordial, era placentero y agudo conversar con él. Al visitarlo, a menudo lo encontraba en su laboratorio, adjunto a su departamento. Cuando ponía una retorta llena con algún líquido incoloro y lo destilaba por medio del fuego de un vaso a otro, yo acostumbraba a decirle que estaba haciendo ‘una transfusión de desolación en vacuidad’.”

Como ejemplos de sus trabajos como químico, algunos de ellos aplicados a la clínica, se puede decir que Borodin descubrió el aldol casi simultáneamente con Wurtz, estudió los aldehidos aromáticos, el uso del peróxido de hidrógeno (el agua oxigenada) como desinfectante e inventó un método para la detección de la urea en los análisis de orina. Llegó a publicar 42 artículos científicos. En 1861, asistió al primer Congreso Internacional de Química, celebrado en Karlsruhe (Alemania) y fue uno de los fundadores de la Sociedad Rusa de Química en 1868.

Borodin resultó ser un profesor con enorme vocación docente, siempre atento a las consultas de sus alumnos. Raras veces mostraba impaciencia. Siempre antepuso la atención a los alumnos a todo lo demás, incluso a la investigación; aunque dedicaba a ésta muchas horas al día. Otro profesor de la Academia, decía de él lo siguiente:

“Trabajaba infatigablemente con los estudiantes todos los días. Durante este tiempo Borodin siempre mantenía una disposición solícita y de buen humor con sus alumnos y colegas, estaba siempre dispuesto a interrumpir cualquiera de sus trabajos sin impaciencia, sin irritación, para responder cualquier pregunta que le hiciesen. Cuando trabajaba en el laboratorio se sentía como si estuviera en su hogar. Lo que más adoraba era la música. Cuando trabajaba, casi siempre estaba canturreando alguna cosa y siempre estaba dispuesto a hablar con otras personas sobre las novedades musicales, las tendencias y sobre composición musical. Cuando estaba en su despacho, frecuentemente oíamos el sonido armonioso de su piano, que se expandía por todo el pasillo del laboratorio. El buen humor y la actitud de Borodin nos afectaba a todos. Cualquiera podía ir a contarle sus ideas, preguntas u opiniones; nunca trataba a nadie con arrogancia o desdén. Raramente alguien conseguía provocar alguna demostración de irritación en Borodin. La actitud sincera y calurosa de Borodin con los estudiantes no se restringía al laboratorio. Casi todos los que trabajábamos con él éramos aceptados en su familia como los amigos más íntimos. Se preocupaba personalmente del destino de cada estudiante que se graduaba en la Academia, destinando todos sus esfuerzos para ayudarlo. Siempre que te lo encontrabas en algún acto social no paraba de preguntar por todo el mundo o intentaba conseguir alguna cosa para alguien.”

Sin embargo, como parte de su labor docente, hay que destacar especialmente (y más por la época y en el lugar donde se produjo) su significativa participación en la creación de una Escuela de Medicina para mujeres. Borodin, en unión de Botkin (el primero en describir la hepatitis A), Sechenov, Roudineff y una aristócrata, Mme. Tarnosky, iniciaron la Escuela como Curso de Obstericia que, en 1872, pasó a ser Escuela de Medicina donde Borodin era, como es natural, el profesor de Química. Dado que el Hospital Militar de San Petersburgo fue la primera sede de la Escuela, en algunas biografías de Borodin se dice que fundó una escuela médico militar de mujeres; aunque no fuera así. La Escuela soportó múltiples dificultades, sobre todo desde que accedió al trono el zar Alejandro III. Borodin consiguió que dejara de depender del Ministerio de la Guerra y pasara al de Educación; pero no pudo impedir que, finalmente, fuese clausurada en 1885.

Fue, precisamente, gracias a su labor como profesor de Química por lo que Borodin conocería a quien sería el mayor difusor de su obra en Europa, el compositor Franz Liszt (1811-1886). Ocurrió en 1877, en el transcurso de un viaje de Borodin a la localidad de Weimar, entre otras de Alemania, para visitar los laboratorios de distintos hospitales. Volvieron a encontrarse en 1881 y 1885, y se cuenta que -en una de esas ocasiones- se desarrolló el siguiente diálogo. “Yo soy un compositor de domingos, señor Lizt” -decía Borodin, refiriéndose a que sólo se dedicaba a componer en su tiempo libre”- y el músico húngaro le contestó: “Pero el domingo siempre es un día festivo, señor Borodin“.

Otro ejemplo de que sólo podía dedicar a la composición el tiempo en que no estaba trabajando en sus clases o en su laboratorio lo encontramos en el siguiente texto, que escribió una vez que tuvo que quedarse en casa enfermo de gripe:

“En el invierno yo no puedo componer, a menos de que esté enfermo y me vea obligado a abandonar mis clases. Así que, mis amigos, contrario a la costumbre, nunca me digan ‘trata de estar bien’ sino más bien ‘trata de enfermarte’. Cuando la cabeza me explota, cuando mis ojos están llenos de lágrimas y tengo que sacar el pañuelo a cada minuto, es entonces cuando compongo.”

Musicalmente, en principio, Borodin fue autodidacta. Sólo a partir de 1862 comenzó a recibir clases de Balákirev. Con él, Rimsky-Korsakoff, Mussorgsky, Cui y -por supuesto- Borodin, se formaría el llamado Grupo de los Cinco, cuyo objetivo era crear un arte musical nacional, que tanta fama le ha dado a la música rusa; aunque, ciertamente, también contó con la oposición de muchos…

Dos años antes de morir, Borodin, se contagió de cólera, y quedó muy debilitado. En 1886 se le diagnosticó angina de pecho. El 27 de febrero de 1887*, mientras se celebraba un baile de disfraces en la Academia de Medicina, del cual había sido uno de sus principales organizadores, sufrió un infarto de miocardio. Nada pudo hacerse por salvar su vida a pesar de los intensos esfuerzos de muchos médicos que se encontraban allí.

Borodin se encuentra enterrado en el cementerio Tikhvin del monasterio Alexander Nevsky, en San Petersburgo, cerca de la tumba de otros grandes músicos y escritores rusos.

Tumba de Alexander Borodin en el cemeterio Tikhvin de San Petersburgo

Tumba de Alexander Borodin en el cemeterio Tikhvin de San Petersburgo

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Una de las revista médicas más importantes del mundo (que aún sigue publicándose), The Lancet, en su editorial del 19 de marzo de 1887 informó sobre su muerte. En los últimos renglones señalaba: “…a pesar de su arduo trabajo profesional y de laboratorio el profesor Borodin encontró tiempo para cultivar el arte y la ciencia de la música a los que fue muy adepto. De él se dice haber prestado un valioso servicio a la causa de la música rusa”.

Sus estudiantes mujeres le dedicaron el párrafo siguiente en el monumento que se le erigió en su tumba: “Al fundador, defensor y guardián de las clases de medicina para mujeres y al amigo de sus alumnos.”

Se ha dicho que Borodin tiene el menor producto musical con el más alto promedio de excelencia para cualquier compositor en la historia. Según Gonzalo Castellón:

“La reducida producción musical de Borodin alcanza su clímax en su ópera Knyas Igor (El príncipe Igor) y, particularmente, en las archifamosas danzas de los pólovtsy o danzas polovtzianas. No existe un episodio de ancestro más nacionalista que esta imborrable mezcla de ritmos, sonidos y sensualidad, que tan pronto llama a la guerra como a la paz. Su desenvolvimiento es literalmente vertiginoso e involucra coro, orquesta y solistas por igual. Borodin amó particularmente esta ópera, que fue su particular legado y a la que dedicó largos veinte años. [De hecho, falleció sin concluirla y fueron Rimsky-Korsakoff y Glazunov quienes tuvieron que terminarla].
El príncipe Igor es el equivalente ruso del Mio Cid o de la Chanson de Roland pues la anónima obra literaria –El canto del príncipe Igor– reúne las características básicas de la canción de gesta. El príncipe Igor es prisionero del Khan Konchack, jefe de la tribu de los Polovtsy, que ha reconocido su rango real. Al propio tiempo, su hijo -el príncipe Vladimir– se ha enamorado de Kontchakovna, hija del jefe tártaro.
Sin embargo, cuando al campamento tártaro llegan las noticias de que Poltiole, su ciudad, ha sido saqueada, el Príncipe no duda ya y se escapa, abandonando a su hijo, quien, mientras tanto, ha decidido casarse con Kontchakovna. Entre grandes manifestaciones de regocijo del pueblo, el príncipe Igor entra en Poltiole y se reúne con su amada princesa Yaroslávna.
El príncipe Igor es tal vez la obra más nacionalista de las producidas por el Moguchaya Kuchka [“El Gran Puñado“, la forma en que el crítico Stasov llamó al “Grupo de los Cinco“]. Si bien su lenguaje musical es dialéctico, Borodin mantiene una línea particularmente propia, de gran riqueza melódica. Para retratar las figuras orientales o tártaras, el compositor echa mano al tradicional recurso del cromatismo (intervalos basados en la escala cromática) que dotan a la melodía de un carácter lejano y enigmático.”

*Cuando nació Borodin, en Rusia seguía vigente el Calendario Juliano que para 1582, cuando Gregorio XIII implantó el nuevo, llevaba un retraso de diez días y para 1833 iba doce días atrás, así que la fecha de nacimiento de Borodin (31 de octubre de 1833) fue en realidad el 12 de noviembre. Lo mismo ocurre respecto a la fecha de la muerte, que algunos apuntan como 14 de febrero, siendo, en realidad, el 27 de febrero de 1887.

Alexander Borodin retratado por Ylia Repin. Museo Estatal Ruso. San Petersburgo

Alexander Borodin retratado por Ylia Repin. Museo Estatal Ruso. San Petersburgo

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Referencias bibliográficas

CASTELLÓN, G. (2009): “Borodin, o la historia de una pasión”. Áncora – nacion.com. [Consultado 18 Enero 2015]. Disponible en: http://wvw.nacion.com/ancora/2009/agosto/30/ancora2062247.html
GARRITZ RUIZ, A. (2001): “Alexander Borodin: el músico químico”. Educación Química, 12,4:190-192.[Consultado 18 Enero 2015]. Disponible en: http://es.scribd.com/doc/511794/Borodin-quimico-y-musico
KUMATE, J. (2004): Alexander P. Borodin; compositor musical multifacético. En: MEMORIAS de El Colegio Nacional, México:213-229.
O’NEILL, D. (1988): “…aber Sonntag ist immer ein Feiertag: Alexander Borodin, MD, 1833-1887”. JRSM, 81:591-593.
RAÚL (2009): “El ruso que componía en un laboratorio”. En: “Una noche en la Ópera” [Foro]. [Consultado 18 Enero 2015]. Disponible en: http://www.unanocheenlaopera.com/viewtopic.php?t=10986
VIK, T. (1998): [“Alexander Borodin – physician, chemist, scientist, teacher and composer”]. [Sólo el abstract]. Tidsskr. Nor. Laegeforen, 118,30:4.693-4.696. [Consultado 18 Enero 2015]. Disponible en: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/9914755

En el Quinto Centenario del nacimiento de Vesalio

En el Quinto Centenario del nacimiento de Vesalio

Un día tarde. Lo siento. Pero no puedo dejar de señalar una conmemoración histórica. Ayer, 31 de diciembre de 2014, se cumplieron 500 años del nacimiento en Bruselas de Andrés Vesalio (1514-1564), médico personal de Carlos V y Felipe II.

Pero su importancia capital en Historia de la Medicina no se debe a haber sido médico de reyes, sino el fundador de la moderna Anatomía, basada en la disección de cadáveres humanos, que le permitió refutar a Galeno (la gran autoridad médica durante siglos) con su magna obra: De Corporis Humani Fabrica Libri Septem.

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Vesalio. De Humani Corporis Fabrica Libri Septem. Página de título

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Al inicio del último párrafo del “Prólogo” a su magna obra, “el joven e indomable genio de Vesalio” -en palabras de Ruy Pérez Tamayo– escribía lo siguiente:

“Tengo conciencia de que por mi juventud —actualmente tengo 28 años de edad— mis esfuerzos tendrán poca autoridad; además, debido a mi frecuente indicación de la falsedad en las enseñanzas de Galeno, tendrán poca protección de los ataques de los que no estuvieron presentes en mis demostraciones anatómicas o que no han estudiado profundamente la materia; se inventarán distintos y valientes esquemas en defensa de Galeno, a menos de que estos libros aparezcan bajo el auspicio bendito y el gran patronato de algún poder divino…”

Bien sabía él cuanta razón tenía; aunque, quizás, nunca llegó a imaginar la trascendencia que habría de tener su obra.

Para saber más sobre Vesalio recomiendo especialmente un artículo del Profesor Fresquet al que se puede acceder directamente desde aquí pulsando sobre su título: “Andrés Vesalio (1514-1564)“.

Además, son recomendables la entrada dedicada a Vesalio en el blog Furry Librarian con texto de Manuel Pérez Rodríguez, la de Michael J. North en su blog Circulating Now y la Fabrica digitalizada en la web de la National Library of Medicine.

Retrato de Vesalio que aparece en la página XII de su monumental obra De  Corporis Humani Fabrica Libri Septem

Retrato de Vesalio que aparece en la página XII de su monumental obra De Corporis Humani Fabrica Libri Septem

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¡FELIZ QUINTO ANIVERSARIO VESALIO, Y FELIZ 2015 A TODOS!

 

El Niño Jesús de Andrea Mantegna (Accademia Carrara)

El Niño Jesús de Andrea Mantegna (Accademia Carrara)

Dicen que el médico británico John Langdon Haydon Down (1828-1896) se extrañaba de qué nadie hubiera descrito antes que él, en 1866, la anomalía que actualmente se conoce con su epónimo. ¡Claro! En su época no había Internet, que hoy nos permite volar –más que navegar- por una cantidad de información imposible de abarcar. Ni siquiera John Shaw Billings (1838-1913) había creado todavía la National Library of Medicine, ni se publicaba el famoso Index Medicus, nacido en 1879, la primera gran base de datos de publicaciones científicas, el origen de MEDLINE y PubMed. Down no sabía que el francés Jean-Étienne Dominique Esquirol (1772-1840), uno de los fundadores de la psiquiatría, ya lo había hecho –aunque no con tanto detalle como él- en 1838. Ni que otro francés, Édouard Seguin (1812-1880) pionero también entre los médicos europeos que emigraron a los Estados Unidos de América para desarrollar allí su ejercicio profesional, ya había hablado de ello en 1846. Aunque no sería hasta una fecha mucho más reciente, en el año 1959, cuando otro francés más, el médico genetista Jérôme Lejeune (1926-1994) y su equipo descubrieran la alteración cromosómica que produce la Trisomía 21.

En su “Observations on an Ethnic Classification of Idiots”, un artículo publicado el año 1866 en la revista London Hospital Reports, Down, reconocido seguidor de las teorías darwinianas, establece una clasificación de las personas con retraso mental en función de sus características étnicas. Entre las categorías propuestas, la que se hizo más popular fue la que él denominó “idiocia mongoloide”, por las similitudes faciales con las razas nómadas del interior de Mongolia. Y, al describir los rasgos de la cara de los niños incluidos dentro dicha categoría, entre otras cosas, escribía: “El pelo no es negro, como el de los mongoles auténticos, sino de un color oscuro, lacio y escaso. El rostro es aplastado y ancho y carente de prominencias. […] Los ojos están colocados de forma oblicua […] La hendidura palpebral es muy estrecha. […] La nariz es pequeña…”[1]

Pero, si Down no conocía los trabajos de Esquirol o Seguin, menos aún podía suponer que, a lo largo de la historia, los artistas habían representado en numerosas ocasiones a niños que, posiblemente, estaban afectados por el síndrome que lleva su nombre: sobre todo porque, hasta hace poco, tampoco se le había prestado demasiada atención al asunto. El año pasado por estas fechas les felicitaba la Navidad con una pintura de principios del siglo XVI, obra de un desconocido discípulo del pintor flamenco Jan Joest van Kalkar (c.1455-1519), conocida como La Adoración del Niño Jesús (c.1515), que se encuentra en la actualidad en el Metropolitan Museum of Art, de Nueva York.

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Discípulo de Jan Joest van Kalkar. La Adoración del Niño Jesús (c.1515). Óleo sobre tabla, 104,1 x 71,8 cm. The Metropolitan Museum of Art. Nueva York

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El cuadro se menciona en las revistas médicas por primera vez –que sepamos- en el año 2003, en un artículo publicado por Levitas y Reid[2] en el American Journal of Medical Genetics, y en otro de Dobson[3] en el British Medical Journal. En ambos artículos se señala como, al lado de la Virgen María,  hay un ángel que muestra algunos de los rasgos físicos característicos de los niños con síndrome de Down: perfil facial plano, braquiocefalia (predominio del diámetro transversal de la cabeza), hendiduras palpebrales oblicuas y epicanto (repliegue cutáneo que cubre el ángulo interno de los ojos), raíz nasal deprimida, cuello corto y ancho, y unas manitas más pequeñas de lo habitual. Características similares se pueden ver en el pastorcillo que se encuentra al fondo, en la parte central. Aunque es imposible asegurar que tuvieran el síndrome de Down, si así fuera, se piensa que los niños que sirvieron como modelo al desconocido pintor podrían formar parte de su entorno más cercano, incluso de su propia familia; donde, si no sufrían un retraso mental muy marcado, podrían haber desarrollado su vida con normalidad.

Este año, en estas fechas, quisiera también dedicar un recuerdo a las personas con síndrome de Down. Y esta vez no serán ángeles o pastorcillos, sino que los representará el mismísimo Niño Jesús -uno de los varios con características compatibles con el síndrome de Down que pintó Andrea Mantegna (c.1431-1506) antes de que se pintara el cuadro anterior- el Niño Jesús de la recientemente restaurada Madonna con il Bambino, que se encuentra en la Accademia Carrara, de Bérgamo (Italia).

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Andrea Mantegna (c.1431-1506). Madonna con il Bambino (c.1490-1500). Temple sobre tela, 31 x 43 cm. Accademia Carrara, Bérgamo.

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Tanto este cuadro como otros de Mantegna y algunas obras de arte más relacionadas con el síndrome de Down se pueden ver en los blogs de Marisol Román y José Mª Lloreda. Por otra parte, hemos podido saber que el Dr. Brian Stratford, de la Universidad de Nottingham, publicó el año 1982 en Maternal and Child Health Journal un artículo sobre el síndrome de Down en otra pintura de Mantegna, y atribuía el hecho a la presencia de niños con las características del síndrome en la familia Gonzaga, para quienes trabajaba en Mantua.[4] Amplio y documentado, con mucho más que la obra de Mantegna (pero sin citar tampoco, como el anterior, el cuadro que hemos visto aquí) es el artículo de John M. Starbuck (2011) para Journal of Contemporary Anthropology.[5] Merece la pena dedicarle unos minutos.

A mí sólo me queda desearles Paz y Felicidad al celebrar un año más el nacimiento de Jesús con uno de los villancicos más conocidos, ese que compusieron Joseph Mohr y Franz Xaver Gruber en 1818, ese que canta todo el mundo…

 

Referencias

[1]Down, J. L. H. (1866): “Observations on an Ethnic Classification of Idiots”. London Hospital Reports, 3: 259-262. [Disponible en: http://th-hoffmann.eu/archiv/down/down.1866b.pdf; consultado el 21 de diciembre de 2014].

[2] Levitas, A. S. y Reid, C. S. (2003): “An Angel with Down Syndrome in a sixteenth century Flemish Nativity painting”. Am. J. Med. Gen. Part A, 116A, 4: 399-405. [Disponible en: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12522800; consultado el 21 de diciembre de 2014].

[3] Dobson, R. (2003): “Painting is earliest example of portrayal of Down’s syndrome”. BMJ, 326, 3: 126. [Disponible en:  http://www.bmj.com/content/326/7381/126.3.full; consultado el 21 de diciembre de 2014].

[4] Nicol, C. (2008): “At Home with Down Syndrome”. The New Atlantis, 20: 143-152. [Disponible en: http://www.thenewatlantis.com/docLib/20080523_TNA20Nicol.pdf; consultado el 21 de diciembre de 2014].

[5] Starbuck, J.M. (2011): “On the Antiquity of Trisomy 21: Moving Towards a Quantitative Diagnosis of Down Syndorme in Historic Material Culture”. Journal of Contemporary Anthropology, 2, 1: 17:44. [Disponible en: http://docs.lib.purdue.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1019&context=jca; consultado el 21 de diciembre de 2014].