Hace 25 años… Los Tres Tenores y la leucemia

Hace 25 años… Los Tres Tenores y la leucemia

Hace 25 años, concretamente el 7 de julio de 1990, coincidiendo con la final del Campeonato Mundial de Futbol en Italia, y en el impresionante marco de las Termas de Caracalla, se reunieron por primera vez Plácido Domingo, Josep Carreras y Luciano Pavarotti, bajo la dirección de Zubin Metha, para el nacimiento de lo que -a pesar de las críticas de los más puristas- ha sido el mayor éxito (y no sólo comercial) de la música clásica: Los Tres Tenores.

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Pero quizás no sepas que aquel primer concierto se celebró con objeto de recaudar fondos para la Fundación Josep Carreras contra la leucemia; al mismo tiempo que sus amigos del mundo de la ópera le daban la bienvenida a Carreras después de haber vencido en su lucha contra esa enfermedad.

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Plácido Domingo, José Carreras y Luciano Pavarotti, "Los 3 Tenores", con la dirección de Zubin Metha. Termas de Caracalla (Roma), 7 de julio de 1990

Plácido Domingo, José Carreras y Luciano Pavarotti, “Los 3 Tenores”, con la dirección de Zubin Metha. Termas de Caracalla (Roma), 7 de julio de 1990

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¡Música para la vida!

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El granadino Federico Olóriz Aguilera (1855-1912): Catedrático de Anatomía, pionero de la Antropología Médica en España y creador del primer sistema de identificación dactilar usado en nuestro país

El granadino Federico Olóriz Aguilera (1855-1912): Catedrático de Anatomía, pionero de la Antropología Médica en España y creador del primer sistema de identificación dactilar usado en nuestro país

“Don Federico Olóriz Aguilera nació en Granada el día 9 de octubre de 1855 en el seno de una familia modesta. Su padre, después de intentar hacer estudios superiores, de Medicina precisamente, fracasó en el empeño y arrastró definitivamente una vida de empleado modesto, frecuentemente cesante.

El hijo hizo los estudios de Bachillerato en el Instituto de Granada. Los culminó en 1872. Seguidamente ingresó en la Facultad de Medicina granadina, donde fue Alumno interno. Obtuvo el título de Licenciado en 1875, con premio extraordinario, tras haber logrado las calificaciones más brillantes en todos los Cursos y asignaturas.

Inmediatamente de finalizar sus estudios consiguió, por oposición, una plaza de Ayudante de clases prácticas en Anatomía. Después, en 1877, en la Universidad Central (Madrid) obtuvo el título de Doctor en Medicina y Cirugía. En la Facultad de Granada fue nombrado Profesor clínico por oposición, y después Auxiliar honorario. Estuvo encargado, a continuación, de tres Cursos completos de Anatomía descriptiva y Disección y otros tres largos en las Cátedras de Patología y Clínica Quirúrgica e Higiene privada y pública.

En 1882 dio la enseñanza completa en una Cátedra libre de Histología normal y varios Cursos de Anatomía. Ya, dos años antes, había participado como opositor a la Cátedra de Anatomía descriptiva y general de la Facultad de Granada, aprobando todos los ejercicios. El 20 de junio de 1883 triunfó rotundamente (pese a la fuerte competencia de varios coopositores) en las oposiciones a la Cátedra de Anatomía descriptiva y general de Madrid, confirmando así el merecido renombre de que ya gozaba como Anatómico y Profesor.

En Madrid rápidamente creció su prestigio como científico, irradiado desde la Facultad de Medicina, donde pronto figuró como uno de sus Profesores más representativos. En consecuencia, era requerido frecuentemente por Sociedades científicas de la capital y de toda España, y pronto del extranjero.

Fundó y dirigió un magnifico gabinete de Antropología en la Facultad, con Cursos prácticos de Antropometría y otras materias, y ordenó las magníficas colecciones del Museo del Dr. Velasco.

Socio de número de la Academia Médico-Quirúrgica y Presidente de la Sección de Histología. Miembro de la Junta Superior de Prisiones. Juez en muchas oposiciones a Cátedras de diversas materias. Conferencias y Cursos múltiples en Ateneos y Academias. Colaborador asiduo en la prensa profesional. Autor del «Manual de Técnica Anatómica» y colaborador del «Compendio de Anatomía humana», del Dr. Calleja. Como conferenciante y Profesor «cautivaba par la claridad, elegancia y gracia del discurso», según afirmaba alguno de sus contemporáneos.

En la Real Academia de Medicina fue elegido como numerario en la sesión de 7 de marzo de 1889, a propuesta de los Académicos Doctores Maestre de San Juan, Colmeiro e Iglesias. Ingresó el 24 de mayo de 1896 con la Medalla núm. 10 y ocupó la vacante por deceso del Dr. Martínez Molina. Quedó adscrito a la Sección de Anatomía y no faltaba nunca a las sesiones científicas y otros actos corporativos, interviniendo en aquellas oportuna y brillantemente.

Afectado por un proceso crónico y penoso de localización intestinal, el gran anatómico y científico murió, con escasa diferencia de semanas del Dr. Ribera, su fraternal amigo. Ello acaeció el 28 de febrero de 1912, verdadero día de luto para la Universidad española y para todo el país.”

Así resumía Valentín Matilla Gómez, en su libro 202 Biografías Académicas (1987), los principales méritos de Olóriz, que copio literalmente de la página que dedica la Real Academia Nacional de Medicina al ilustre médico granadino que ingresó en la misma, el 24 de mayo de 1896, con un discurso sobre “La talla humana humana en España“. No se olvida el Secretario General Perpetuo e historiador de la Academia de citar la excelente trayectoria de Federico Olóriz como alumno y profesor, sus brillantes oposiciones a la Cátedra de Anatomía de Madrid en 1883, el mismo año que Ramón y Cajal ganó la de Valencia, ni su labor como iniciador de la Antropología Médica en España. Famosa entre los especialistas es su “Colección de cráneos” que se encuentra depositada en el Museo del Departamento de Anatomía y Embriología Humana de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Pero no menciona el Profesor Matilla la aportación a la ciencia forense y a la criminalística de Federico Olóriz Aguilera.

Federico Olóriz Aguilera (1855-1912)

Federico Olóriz Aguilera (1855-1912)

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Aunque reconocido en su época por su labor docente e investigadora, posiblemente hoy se hablaría poco sobre Federico Olóriz si no hubiera sido el creador del sistema de identificación dactilar usado en España y Portugal antes de la llegada de los sistemas informáticos. Un método basado en los trabajos del argentino Juan Vucetich.

Fotografía de Juan Vucetich y portada de su libro "Dactiloscopia comparada" (1904)

Fotografía de Juan Vucetich y portada de su libro “Dactiloscopia comparada” (1904)

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De todo ello (y algunas cosas más) nos habla el Profesor Miguel Guirao, Catedrático de Anatomía de la Universidad de Granada, en un breve pero interesante vídeo de RTVE, al que se puede acceder directamente pulsando sobre el siguiente enlace:

Federico Olóriz: Un antropólogo que dejó huella

Precisamente Miguel Guirao Piñeyro, junto con su padre, el ya fallecido Miguel Guirao Pérez, son los autores del libro más recomendable sobre Olóriz, editado por Comares (2008): Federico Olóriz Aguilera. Biografía íntima del Profesor.

Federico Olóriz falleció en Madrid, a los 56 años de edad, el 28 de febrero de 1912. La causa de su muerte se había atribuido a una “enfermedad crónica” o al cáncer de colon… Recientemente, Fernando Girón Irueste y Miguel Guirao Piñeyro han publicado en Actualidad Médica “que desarrolló un cáncer de próstata, con metástasis óseas e intestinales.” Al cumplirse el centenario de su muerte, en 2012, sus restos fueron trasladados desde el madrileño cementerio de La Almudena a su ciudad natal donde ahora reposan en el Panteón de Personas Ilustres del Cementerio de Granada.

En el Quinto Centenario del nacimiento de Vesalio

En el Quinto Centenario del nacimiento de Vesalio

Un día tarde. Lo siento. Pero no puedo dejar de señalar una conmemoración histórica. Ayer, 31 de diciembre de 2014, se cumplieron 500 años del nacimiento en Bruselas de Andrés Vesalio (1514-1564), médico personal de Carlos V y Felipe II.

Pero su importancia capital en Historia de la Medicina no se debe a haber sido médico de reyes, sino el fundador de la moderna Anatomía, basada en la disección de cadáveres humanos, que le permitió refutar a Galeno (la gran autoridad médica durante siglos) con su magna obra: De Corporis Humani Fabrica Libri Septem.

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Vesalio. De Humani Corporis Fabrica Libri Septem. Página de título

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Al inicio del último párrafo del “Prólogo” a su magna obra, “el joven e indomable genio de Vesalio” -en palabras de Ruy Pérez Tamayo– escribía lo siguiente:

“Tengo conciencia de que por mi juventud —actualmente tengo 28 años de edad— mis esfuerzos tendrán poca autoridad; además, debido a mi frecuente indicación de la falsedad en las enseñanzas de Galeno, tendrán poca protección de los ataques de los que no estuvieron presentes en mis demostraciones anatómicas o que no han estudiado profundamente la materia; se inventarán distintos y valientes esquemas en defensa de Galeno, a menos de que estos libros aparezcan bajo el auspicio bendito y el gran patronato de algún poder divino…”

Bien sabía él cuanta razón tenía; aunque, quizás, nunca llegó a imaginar la trascendencia que habría de tener su obra.

Para saber más sobre Vesalio recomiendo especialmente un artículo del Profesor Fresquet al que se puede acceder directamente desde aquí pulsando sobre su título: “Andrés Vesalio (1514-1564)“.

Además, son recomendables la entrada dedicada a Vesalio en el blog Furry Librarian con texto de Manuel Pérez Rodríguez, la de Michael J. North en su blog Circulating Now y la Fabrica digitalizada en la web de la National Library of Medicine.

Retrato de Vesalio que aparece en la página XII de su monumental obra De  Corporis Humani Fabrica Libri Septem

Retrato de Vesalio que aparece en la página XII de su monumental obra De Corporis Humani Fabrica Libri Septem

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¡FELIZ QUINTO ANIVERSARIO VESALIO, Y FELIZ 2015 A TODOS!

 

Dulce et Decorum Est

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John Singer Sargent (1856-1925). Gassed (1919) Detalle. Imperial War Museum, Londres

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El 28 de junio de 1914, el archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa fueron asesinados en las calles de Sarajevo. La respuesta al magnicidio no se hizo esperar y un mes después, el 28 de julio –acaban de cumplirse 100 años- el Imperio Austro-Húngaro le declara la guerra a Serbia. Rusia ordena la movilización general contra los austríacos. Alemania le declara la guerra a Rusia el 1 de agosto, y el día 4 de ese mismo mes invade Bélgica y Luxemburgo en su marcha triunfal contra Francia… La Primera Guerra Mundial había comenzado para diezmar toda una generación, acabando con la vida de más de nueve millones de combatientes hasta que se firmó la paz el 11 de noviembre de 1918. En el frente occidental, los alemanes fueron detenidos a pocos kilómetros de París, a donde habían llegado en pocos días, iniciándose entonces una aparentemente interminable guerra de desgaste, la guerra de las trincheras… la guerra del gas.

En mayo de 1918, seis meses antes del final de esa tragedia, cuando ya el resultado parecía claro, el Gobierno británico encargó a varios artistas que dejaran testimonio en sus lienzos de lo que vieran en la Guerra. Para ello, los pintores fueron trasladados a Francia. Entre esos pintores, sin duda, el más famoso era John Singer Sargent. Por su nacionalidad estadounidense (aunque había nacido en Florencia -hijo de un médico oftalmólogo que se trasladó con su esposa de los Estados Unidos a Italia- y había pasado su vida viajando de un lugar a otro del mundo) a Sargent se le pidió, en concreto, una obra que mostrara la cooperación anglo-americana en la Guerra. Pero no sería eso lo que plasmaría en su cuadro, a pesar de que llevaron al pintor, que entonces contaba 62 años de edad, a los lugares del frente donde combatían los más renombrados regimientos británicos y norteamericanos. La inspiración le llegaría en la tarde del 21 de agosto de 1918 –dicen que poco después de tomar el té- en Le Bac-du-Sud, al noreste de Francia, no muy lejos de la frontera con Bélgica, cuando vio llegar a cientos de soldados británicos para ser curados en los hospitales de campaña tras un ataque alemán con gas mostaza, en la Batalla de Arras. Aquello le recordó a Sargent –él mismo lo comentaría después- un cuadro de Bruegel el Viejo, “La Parábola de los Ciegos”. Soldados con los ojos vendados, cegados por el gas, caminaban en fila apoyando cada uno su mano en el compañero que marchaba delante hacia la enfermería donde habrían de recibir tratamiento; aunque entonces no fuera otro ciego quien los guiara –como en el cuadro de Bruegel– sino alguno de los sanitarios del Ejército Británico.

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Soldados de la 55ª División del Ejército Británico, tras un ataque con gas. 10 de abril de 1918

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Al mismo tiempo, una multitud de soldados heridos, también con los ojos vendados, permanecían tumbados en el suelo, amontonados unos sobre otros, esperando su turno para ser curados o que los lleven a otro lugar… La envergadura del cuadro pintado por Sargent (231 cm de alto por 611 de ancho) no nos permite reproducirlo a simple vista de modo que se pueda observar con detalle. Si así fuera, veríamos las distintas filas de ciegos caminando hacia la enfermería, bajo el sol que se pone sobre aquella tragedia humana. Mientras al fondo, porque la vida sigue y uno puede llegar a hacerse indiferente ante el dolor ajeno cuando éste se ha convertido en rutina, un grupo de soldados (se ven entre las piernas de algunos de los heridos en fila) están jugando un partido de fútbol.

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John Singer Sargent (1856-1925). Gassed (1919). Imperial War Museum, Londres

(Pulsar sobre la imagen para verla ampliada)

Todos los ejércitos contendientes utilizaron gases tóxicos durante la Gran Guerra, en mayor o menor medida. Primero fueron gases lacrimógenos, muy irritantes pero poco letales. Luego los compuestos de cloro, el fosgeno (el más letal) y –entre otros- el más famoso de todos, el gas mostaza. Ciertamente, los gases no causaron una excesiva mortalidad -sólo el 3% de las muertes en combate fueron debidas al gas- aunque sí numerosas bajas temporales e incapacidades; pero sus efectos psicológicos fueron devastadores. El gas mostaza, en concreto, prácticamente no se apreciaba cuando llegaba a las trincheras ni por su olor ni por su color. Sus efectos empezaban a manifestarse varias horas después del ataque, afectando principalmente a la piel y a las mucosas. Los ojos resultaban especialmente dañados; pero sólo en los casos más graves la ceguera se hacía permanente. La piel y el tracto respiratorio sufrían importantes quemaduras…

Gas Prim Guerra Mundial Efectos

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Sobre los efectos del gas nos habla el soldado y poeta inglés Wilfred Owen, que tuvo la desgracia de morir a los 25 años de edad, justo una semana antes del día del armisticio –y no por el gas, precisamente- en uno de sus poemas más conocidos, cuyo título hemos copiado para este artículo: “Dulce et decorum est”. En realidad, el verso completo –que Owen toma de la Oda III de Horacio– dice “Dulce et decorum est pro patria mori”: “Dulce y honorable es morir por la patria”. En los últimos fragmentos del poema del militar inglés, según la traducción de Nicolas González Valera que leemos en su blog Mosca Cojonera:

¡Gas! ¡Gas! ¡De prisa, chicos! En un éxtasis de torpeza
Nos calamos torpes cascos justo a tiempo;
Pero alguno seguía pidiendo ayuda a gritos tropezando.

Indeciso como un hombre ardiendo en llamas o cal viva.
Borroso tras los vidrios empañados y a través de aquella verde luz espesa,
Como hundido en un mar verde, lo vi ahogarse.

En todos mis sueños, ante mi vista indefensa,
Se abalanza sobre mí, se atraganta, se ahoga, se apaga.

Si en algún sueño asfixiante también pudieras seguir a pie
La carreta donde lo arrojamos
Y ver cómo retorcía los blancos ojos en la cara,
Una cara colgante, como un diablo harto del pecado;
Si pudieras oír, a cada tumbo, la sangre
Vomitada por pulmones de espuma corrompidos,
Obsceno como el cáncer, amargo como pus,
De viles llagas incurables en lenguas inocentes,

Amigo mío, no contarías con tanto entusiasmo
A los niños que arden ansiosos de gloria
Esa vieja mentira: Dulce et decorum est
Pro patria mori.

Lamentablemente, la humanidad no ha aprendido la lección de la historia y se sigue muriendo en guerras sin sentido ni justificación posible, incluso cuando el concepto de “patria” ha perdido el valor que tenía antes. En todo caso, puestos a compartir opinión, más que con Horacio -literalmente (porque como me ha hecho a ver Hesperetusa, el sarcasmo del poeta satírico romano debe ser tenido en cuenta)- estoy de acuerdo con la crítica del joven Bertold Brecht que consideraba la frase horaciana propaganda para necios. En todo caso, lo realmente “dulce y decoroso” sería vivir por la patria.

 

Antón Chéjov, médico y escritor

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Chéjov retratado por Osip Braz en 1898. Galería Tetriakov, Moscú.

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Antón Pávlovich Chéjov empezó a escribir cuando todavía era estudiante de Medicina en Moscú. Más que nada por los 5 kopecks por línea que le pagaban los periódicos por sus primeras publicaciones. Y si le daban 15 líneas, el escribía 15 líneas rebosantes de ese sentido del humor tan suyo, porque buenos eran los 75 kopecks que ganaba para ayudar a la maltrecha economía familiar.

Con el tiempo, lo que comenzó prácticamente como necesidad se convirtió en pasión, llegando a convertirse en uno de los escritores más importantes de la historia de la literatura, como gran dramaturgo, ensayista, novelista y, sobre todo, autor magistral de un incontable número de cuentos y relatos cortos; pero sin abandonar jamás la medicina, su primera y auténtica vocación. Él mismo expresaría esa dualidad mejor que pudiera haberlo hecho nadie, con su famosa frase:

“La medicina es mi esposa legal; la literatura, sólo mi amante”.

Cuando escribió esa frase, en una carta fechada el 11 de septiembre de 1888 y dirigida a su amigo el publicista Alexéi Suvorin (con quien mantuvo una abundante correspondencia), Chéjov tenía 28 años de edad y ya era un escritor famoso; pero también un enfermo de tuberculosis. Los primeros síntomas de la enfermedad habían empezado a manifestarse un año antes. Se dice con frecuencia que se contagió en el ejercicio de su profesión. Puede ser, al fin y al cabo los médicos siempre han estado profesionalmente expuestos al contagio de enfermedades infecciosas. Pero téngase en cuenta que la tuberculosis, la enfermedad romántica por excelencia, era conocida en esa época como la “plaga blanca”, “mal de vivir” o, en francés, “mal du siècle“. Fue en 1882 cuando Robert Koch descubrió descubrió el agente infeccioso que la provoca; pero no tendría tratamiento efectivo hasta mediados del siglo XX. La tuberculosis sería la causa de que Chéjov se viera obligado a dedicarse casi en exclusiva a la literatura y dejara de ejercer la medicina (aunque nunca la abandonó del todo, asistiendo gratuitamente a cuantos lo necesitaban). Como entonces no existía otro tratamiento, la enfermedad le llevó a pasar largas temporadas en Niza (Francia) y posteriormente en Yalta (Crimea) donde se le recuerda con especial afecto, ya que el clima templado de estos lugares era preferible a los fríos inviernos rusos. Finalmente, con la tuberculosis muy avanzada, en mayo de 1904 se trasladó con su esposa, la actriz Olga Leonárdovna Knipper, al balneario alemán de Badenweiler, donde fallecería el 15 de julio. Acaban de cumplirse ahora 110 años de su muerte.

El aniversario de la muerte de Antón Chéjov me ha motivado para estudiar la vida y la obra de este médico escritor, porque confieso que todavía es un gran desconocido para mí. Sin embargo, tras lo poco que aún he podido leer sobre él, además de sus obras de teatro, ensayos, novelas, o la ingente cantidad de relatos cortos y cuentos, tengo la impresión de que puede ser apasionante leer su correspondecia. Antes he hecho mención a una de sus cartas. De otra de sus cartas, dirigida a Dmitri V. Grigoróvich y fechada el 28 de marzo de 1886, es decir, cuando contaba tan solo 26 años de edad, transcribo para terminar algunos fragmentos que nos pueden aportar valiosa información sobre su forma de ser y de pensar:

Todas las personas cercanas a mí siempre han menospreciado mi actividad de escritor y no han cesado de aconsejarme amistosamente que no cambiara mi ocupación actual por la de escritor. Tengo en Moscú cientos de conocidos, entre ellos dos decenas que escriben, y no puedo recordar ni a uno sólo que haya visto en mí a un artista. En Moscú existe el llamado “círculo literario”. Talentos y mediocridades de cualquier pelaje y edad se reúnen una vez por semana en el reservado de un restaurante y dan rienda suelta a sus lenguas. Si fuera allí y les leyera una parte de su carta, se reirían de mí. Tras cinco años de deambular por los periódicos he logrado compenetrarme con esa opinión general de mi insignificancia literaria. En seguida me acostumbré a mirar mis trabajos con indulgencia y a escribir de manera trivial. Esa es la primera razón. La segunda es que soy médico y siento una gran pasión por la medicina de modo que el proverbio sobre las dos liebres [“El que sigue dos liebres, tal vez cace una, y muchas veces, ninguna”] nunca quitó tanto el sueño a nadie como a mí. Le escribo todo esto sólo para justificar un poco ante usted mi gran pecado. Hasta ahora he mantenido, respecto a mi labor literaria, una actitud superficial, negligente y gratuita. No recuerdo ni un solo cuento mío en el que haya trabajado más de un día. “El cazador”, que a usted le gusta, lo escribí en una casa de baños. He escrito mis cuentos como los reporteros que informan de un incendio: mecánicamente, medio inconsciente, sin preocuparme para nada del lector ni de mí mismo… He escrito intentando no desperdiciar en un cuento las imágenes y los cuadros que quiero y que, sabe Dios por qué, he guardado y escondido con mucho cuidado. […]

Disculpe la comparación, pero ha actuado en mí como la orden gubernamental de “abandonar la ciudad en 24 horas”, esto es, de pronto he sentido la imperiosa necesidad de darme prisa, de salir lo antes posible del lugar donde me hallo empantanado… Estoy de acuerdo en todo con usted. El cinismo que me señala, lo sentí al ver publicado “La bruja”. Si hubiera escrito ese cuento no en un día, sino en tres o cuatro, no lo tendría… Me libraré de los trabajos urgentes, pero me llevará tiempo… No es posible abandonar el carril en el que me encuentro. No me importa pasar hambre, como ya pasé antes, pero no se trata de mí. Dedico a escribir mis horas de ocio, dos o tres por día y un poco de la noche, esto es, un tiempo apenas suficiente para pequeños trabajos. En verano, cuando tenga más tiempo libre y menos obligaciones, me ocuparé de asuntos serios.

No puedo poner mi verdadero nombre en el libro, porque ya es tarde: la viñeta ya está preparada y el libro, impreso. Mucha gente de Petersburgo me ha aconsejado, antes que usted, no echar a perder el libro con un pseudónimo, pero no les he hecho caso, probablemente por amor propio. No me gusta nada mi libro [Cuentos abigarrados se publicó bajo el pseudónimo de Antosha Chejonté]. Es una vinagreta, un batiburrillo de trabajos estudiantiles, desplumados por la censura y por los editores de las publicaciones humorísticas. Creo que, después de leerlo, muchos se sentirán decepcionados. Si hubiera sabido que usted me lee y sigue mis pasos, no lo habría publicado. La esperanza está en el futuro. Sólo tengo 26 años. Quizás me dé tiempo a hacer algo, aunque el tiempo pasa deprisa. Le pido disculpas por esta carta tan larga. […] Con profundo y sincero respeto y agradecimiento.

El tiempo pasa de prisa y Antón Chéjov tuvo poco, tan solo hasta los 44 años. Pero sin duda que hizo “algo”, tanto como para que la historia le recuerde como médico, escritor y hombre bueno.

 

Gary Cooper y el tabaco

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Gary Cooper (1901-1961)

El 7 de mayo de 1901 nació Gary Cooper, uno de los más grandes actores de Hollywood. Y murió demasiado pronto, pocos días después de haber cumplido 60 años, por culpa de su inveterada adicción al tabaco. En su disculpa diré que, en su época, él no podía ser consciente de los daños que causa el tabaco. Hoy no hay disculpa.

 

 

Feliz cumpleaños Audrey Hepburn

Audrey Hepburn

Audrey Hepburn

Mr. Google me lo ha recordado y yo no puedo dejar de celebrarlo. Seguro que el barón Desgenettes y el mismísimo Napoleón -como nobles caballeros que son- no se molestan porque ella ocupe ahora el sitio que iban a ocupar ellos. Pero es que tal día como hoy, 4 de mayo, en 1929, nació mi actriz preferida: Audrey Hepburn.

¡Qué suerte tuvo George Peppard, con solo poder estar cerca de ella!

Gran actriz, bellísima mujer y excelente persona… de esas que nunca desaparecen.

Audrey Hepburn2

Audrey Hepburn Children’s Fund Official Site

 

¿Qué relación existe entre un mosquito y una cantante?

Ella es la cantante (si activas el vídeo podrás verla y escucharla). Al mosquito te lo presento a continuación:

Anopheles

Si se descarta que cuando ella canta I’ve Got You Under My Skin se esté refiriendo a que le ha picado el mosquito, en principio no parece evidente cuál es la relación que existe entre ambos. Así que vayamos por partes:

  1. El mosquito es del género Anopheles, que transmite el paludismo o malaria, aunque no sea precisamente de la especie Anopheles gambiae, vector del peligroso Plamodium falciparum.
  2. La cantante es la joven actriz y modelo norteamericana Katharine McPhee, desde 2006 conocida principalmente como cantante después de haber obtenido el segundo puesto en el concurso American Idol. Por cierto, fabulosos los solos de trompeta y guitarra de Chris Botti y Mark Whitfield, respectivamente.

Pues resulta que, curioseando en su página web, me entero que la joven cantante se nos ha hecho una auténtica campeona en la lucha contra la malaria, colaborando con la organización Malaria No More. Además, en la misma página web veo que el próximo viernes, 25 de abril, se celebra el Día Mundial del Paludismo. Efectivamente, en 2007, la Organizacón Mundial de la Salud (OMS) instituyó el 25 de abril como Día Mundial del Paludismo, cuyo lema, para este año 2014 es: “Invertir en el futuro. Derrotar el paludismo“.

La información que me ha parecido más adecuada sobre este tema se puede encontrar en los enlaces que he insertado antes, en esta entrada. No obstante, enumero a continuación los documentos publicados por la OMS:

OMS: Paludismo. Nota descriptiva Nº 94. Marzo de 2013

OMS: Campañas mundiales de Salud Pública… Día Mundial del Paludismo

OMS: Día Mundial del Paludismo, 25 de Abril de 2014

 

¡Feliz cumpleaños Susanna Hoffs! Ella es ideal para mantener encendida la llama de este blog

Susanna Hofss

Susanna Hofss

Sigo dedicado casi por entero a diversos asuntos profesionales que no me permiten publicar aquí con la frecuencia que desearía. Pero, por casualidad me entero que hoy, 17 de enero de 2014, Susanna Hoffs cumple 55 años, tan guapa como siempre.

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No hace mucho que conocí a la cantante de The Bangles; pero desde que una persona que quiero mucho me la presentó -digámoslo así- confieso que me he convertido en fan incondicional suyo. Por eso, aprovecho su cumpleaños para desearle todo lo mejor y, con una de sus canciones más emblemáticas, mantener encendida la llama de este blog.

Ya vienen los Reyes Magos

Ya vienen los Reyes Magos

Aunque se trate del mismo tema y del mismo pintor, existen diferencias muy importantes entre la Adoración de los Magos, de Rubens -que vemos en la cabecera de esta entrada- pintada en 1619 y que se encuentra en el Musée des Beaux-Arts, de Lyon, con la que podemos ver a continuación, que pintó en 1609 (aunque él mismo la repintó y amplió en su segundo viaje a España, entre 1628 y 1629) expuesta en el Museo del Prado.

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Pero este cuadro tiene una historia tan curiosa que merece la pena dedicar un tiempo a leerla, tanto pulsando sobre la imagen (que enlaza con Wikipedia), o mejor aún, en el artículo de Alejandro Vergara para la Enciclopedia online del Museo del Prado.

Bueno… mientras llegan los Magos, los espero escuchando la parte final del Oratorio de Navidad de J. S. Bach, dedicado principalmente a ellos.

¡Qué los Magos sean generosos con vosotros! Lo meréceis.