Vital Aza y el “Coro de doctores” de la zarzuela “El rey que rabió”

Vital Aza y el “Coro de doctores” de la zarzuela “El rey que rabió”

Famoso en su tiempo y prácticamente olvidado hoy, Vital Aza y Álvarez Buylla nació en Pola de Lena (Asturias) el 28 de abril de 1851. Realizó los estudios medios primero en Gijón (delineante) y después en Oviedo (bachillerato); llegando a trabajar, muy joven, como técnico en la construcción del ferrocarril, en el tramo de Oviedo a Gijón. Años después escribiría:

“Casi a palmos estudié
el ferrocarril de Oviedo,
¡y jamás olvidaré
los diez meses que pasé
sobre el túnel de Robledo!”

Porque no fue su labor en la construcción del ferrocarril asturiano la que le otorgó fama, precisamente, sino sus trabajos literarios, tanto en la prensa escrita como autor de letras de zarzuelas, dramaturgo y poeta, con textos que se caracterizan por su peculiar sentido del humor. Pero -y esa es la razón fundamental para que le recordemos aquí- Vital Aza fue médico, licenciado en medicina, aunque nunca ejerció la profesión… Por eso decía:

“¡Hoy soy todo un licenciado,
y juro que no he matado
un solo enfermo siquiera!”

Su vocación literaria se inició tempranamente, en los tiempos de estudiante en Gijón y Oviedo; y continuaría cuando se trasladó a Madrid para estudiar medicina. Dejemos que sea su paisano, Jesús Neira Martínez quien nos hable de ello:

“A los veinte años se traslada a Madrid con el propósito de estudiar medicina. Pero en su mente no estaría sólo realizar una carrera académica sino ahondar en la vocación literaria que había iniciado en Asturias. Su meta soñada sería triunfar en Madrid porque esto significaba triunfar en España. Vital Aza se instala en Madrid en una casa de huéspedes, y comienza con entusiasmo sus estudios de medicina y sus colaboraciones en periódicos festivos. Su temperamento extrovertido, su carácter jovial, su humor, su bondad, y también su elevada estatura, le hicieron pronto popular en los ambientes en los que su vida se desenvolvía. Este es el retrato de Vital Aza visto por Rafael Comenge, compañero de pensión: ‘Él era, lo mismo que ahora, alto, altísimo, fornido, barbudo, inmenso; lleno de bondad, con un corazón de niño, alegre, cantor, digno y caballeresco. Por la mañana se lavaba, cantando los mejores trozos del repertorio bufo, único en boga entonces, y su hermosa voz de barítono hacía algunas fermatas algo románticas es verdad, pero que hubiesen causado envidia al mismo Lasalle por la limpieza y afinación con que se ejecutaban. Pedía el almuerzo en endecasílabos, y sostenía en romance la conversación horas y horas, sin esfuerzo ni violencia. Una desdicha tenía el secreto de hacerle llorar, y una mala acción le enfurecía de un modo terrible’.
Estando aún en el primer curso de medicina, adquirió cierta notoriedad con motivo de la visita a la capital del investigador y médico francés Lecanu. Vital Aza publicó unas quintillas en su honor. El investigador francés las leyó, le gustaron y quiso conocer al autor. He aquí el relato que Vital hace de ese episodio en una entrevista concedida a Luis Gabaldón y publicada en Blanco y Negro el 8 de diciembre de 1894: ‘… Yo vivía entonces en la calle de las Tres Cruces en una casa de huéspedes donde pagaba diez reales el pupilaje, con vistas a todas partes. El día de la visita del doctor preparé mi cuarto con todo el aparato que su interesante argumento requería. Reuní todos los huesos que encontré, libros, papeles, un reloj de arena, una calavera; parecía que la sabiduría se hospedaba en mi cuarto por diez reales también. El doctor me cobró tal cariño, que a todo trance quiso llevarme a París y hacer de mí su discípulo predilecto. Consulté a mi familia. Pasó algún tiempo; yo vacilaba, el doctor tenía que volver; total, que me quedé en Madrid. Ya ve usted; si yo hubiera seguido los consejos del doctor, a estas horas estaría en París, quizás complicado en lo del suero antidiftérico, y no hubiera estrenado Chifladuras, ni mucho menos mi primera obra Basta de matemáticas.’
Vital Aza, que había iniciado con entusiasmo sus estudios de medicina (seguí mi nueva carrera / con decisión verdadera), la termina aunque no la ejerce […]. Al final la vocación literaria se había impuesto totalmente:

“A San Carlos asistía
de ardor y entusiasmo lleno,
y aunque el tiempo compartía
entre Galeno y Talía,
venció Talía a Galeno.”

Pero las experiencias de aquellos años quedan patentes en su obra. En ella hay una extensa galería de médicos y de estudiantes de medicina vistos con humor, con ironía suave. Burlarse de los médicos era en cierto modo burlarse de sí mismo, intentar bajar a los engreídos de su pedestal, tomar contacto con el suelo. No obstante, más allá de sus bromas, Vital Aza tuvo a lo largo de su vida gran fe en ellos y en las medicinas. Tenemos el testimonio fidedigno de su hija Carmen: ‘Pero lo curioso del caso está en la gran confianza que ellos le inspiraban. En cuanto sentía el más pequeño dolor, la más ligera dolencia, llamaba inmediatamente al médico, le escuchaba como a un oráculo y seguía sus instrucciones al pie de la letra. Y otro tanto ocurría con las medicinas de las que también se burlaba y en las que tenía verdadera fe. Todo ello a pesar de haber dicho que sólo creía en Dios y en el sulfato de quinina’.”

A lo largo de su vida, Vital Aza colaboró en diversas publicaciones, como Blanco y Negro, El Heraldo de Madrid, Madrid Cómico, Barcelona Cómica, y en otras muchas revistas, siempre con el “agudo gracejo” que le caracterizaba; pero, sobre todo, se le recuerda como autor teatral. En contra de lo que se cree, su producción teatral es extensa. Comprende 64 obras, de las cuales 34 son originales, 27 en colaboración, la mayoría de éstas con su amigo Miguel Ramos Carrión, y 3 arreglos. Amigos suyos fueron los también asturianos Armando Palacio Valdés y Leopoldo Alas “Clarín” (aunque, éste último, nacido en Zamora) entre otros muchos intelectuales con los que compartía conversación en las tertulias de Madrid. Fue, así mismo -hay que decirlo- el primer presidente de la Sociedad de Autores Españoles, en la que tiene su origen la actual SGAE (Sociedad General de Autores y Editores).

Vital Aza y Álvarez Buylla (1851-1912)

Vital Aza y Álvarez Buylla (1851-1912)

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El rey que rabió es una zarzuela cómica, en tres actos y siete cuadros, con letra de Miguel Ramos Carrión y Vital Aza y música del genial compositor Ruperto Chapí, estrenada en el Teatro de la Zarzuela, de Madrid, el 20 de abril de 1891. Para algunos, se trata de la mejor zarzuela española del siglo XIX. También hay quien dice que “… es la primera opereta creada en España, con cualidades similares a los más famosos títulos del género centroeuropeo.” Lo cierto es que la obra va ganando en interés a medida que se desarrolla la acción, y llegando al cuadro quinto, ya iniciado el tercer acto, nos encontramos con una pieza de tema médico. Me refiero -como apunta Fernando A. Navarro, en su Laboratorio del Lenguaje– “al archiconocido y comiquísimo ‘Coro de doctores‘, cuando los médicos de la corte deben examinar a un perro que supuestamente ha mordido al rey, para determinar si el perro pudiera estar rabioso.” En YouTube se pueden encontrar numerosas versiones de esta escena cómica pero, suele ser difícil entender la letra de tan “juicioso dictamen facultativo”; la cual, seguramente, se entiende mejor en esta versión “más seria”:

Aunque escrita la zarzuela junto a Ramos Carrión -como ya se ha dicho- la letra del “Coro de doctores” se atribuye habitualmente al “médico-escritor-humorista” Vital Aza. Y no me resisto a copiarla íntegramente a continuación:

Juzgando por los síntomas
que tiene el animal,
bien puede estar hidrófobo,
bien puede no lo estar,
y afirma el gran Hipócrates
que el perro en caso tal
suele ladrar muchísimo
o suele no ladrar.

Con la lengua fuera,
torva la mirada,
húmedo el hocico,
débiles las patas,
muy caído el rabo,
las orejas gachas…

Todos estos signos
pruebas son de rabia
pero al mismo tiempo
bien pueden probar
que el perro está cansado
de tanto andar.

Doctores sapientísimos
que yo he estudiado bien
son en sus obras clínicas
de nuestro parecer:

Fermentus virum rabicum
que in corpus canis est,
mortalis sont per accidens,
mortalis sont per se.

Para hacer la prueba
que es más necesaria,
agua le pusimos
en una jofaina
y él se fue gruñendo
sin probar el agua.

Todos estos signos
pruebas son de rabia,
pero al mismo tiempo
signos son, tal vez
de que el animalito
no tiene sed.

Y de esta opinión
nadie nos sacará:
¡El perro está rabioso
o no lo está!

Como literato, Vital Aza tenía conciencia de su propia valía y, en 1894, no se privaba de escribir:

“… Hoy vivo de lo que escribo,
y pues vivo como vivo,
no debo escribir muy mal.
¡No escribo mal, no señor!
¡Vaya si soy escritor!
Créanme ustedes a mí.
Hay ‘eximios’ por ahí
que escriben mucho peor.
Tengo gracia y humorismo…
Me dirán que esto es cinismo.
Lo será, no lo discuto;
pero no he de ser tan bruto
que hable yo mal de mí mismo.”

Aquel mismo año 1894 escribía…

“Soy de carácter jovial.
De salud estoy tal cual,
viviendo en un ten con ten.
Unas veces vamos bien
y otras veces vamos mal.”

Solía pasar los veranos en Mieres (Asturias), ciudad a la que quedó muy vinculado desde que, en 1882, contrajera matrimonio con Maximina Díaz Sampil. En Mieres está enterrado. Pero, por su delicada salud, pasó algunos de los últimos inviernos en Málaga, donde tuvo buenos amigos. Y Málaga le dedicó un teatro que lleva su nombre.

Finalmente, falleció en Madrid, el 13 de diciembre de 1912.

Su biógrafo, Neira Martínez, concluye uno de sus escritos sobre Vital Aza con estas palabras que no quiero dejar de reproducir:

“En realidad, Vital Aza en el teatro y la poesía practicó la medicina. Buscó la curación del espíritu por el humor, la gracia. La risa sana desdramatiza la vida, la suaviza, cumple una función purificadora: tonifica el cuerpo y levanta el espíritu.”

Cabe añadir que, si Vital Aza y Álvarez Buylla nunca ejerció la medicina práctica, sí que fue médico en ejercicio y de reconocido prestigio, su hijo; al que algunas páginas de Internet confunden torpemente con el padre.

Vital Aza y Díaz (1890-1961)

Vital Aza y Díaz (1890-1961)

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Vital Aza Díaz nació en el barrio de Oñón, en Mieres, el 16 de junio de 1890. Y, como apunta Pérez Peña:

“… Estudia medicina en San Carlos con gran aprovechamiento donde es alumno interno en 1909 y donde obtiene el Premio Extraordinario del Grado de Licenciatura el 19 de junio de 1913, tras un curriculum plagado de Matrículas de Honor. Doctor con Premio Extraordinario en 1914.
Poco tiempo después, el 29 de junio de 1914, es nombrado Auxiliar interino de Ginecología adscrito a la cátedra de Sebastián Recasens, donde permanecería hasta 1925 en que abandonó la docencia […] tal vez por haber fundado en 1919, una de las mejores clínicas privadas de España, el ‘Sanatorio Quirúrgico de Santa Alicia’.
Vital Aza Díaz, fue en nuestro país un destacado ginecólogo con ideas avanzadas en el campo de la fertilidad, sexualidad y atención a la embarazada. Cofundador de la revista Gynaecología, fue Presidente de la Sociedad Española de Obstetricia y Ginecología (1934), de la Asociación de Escritores Médicos y del “Club Rotario” de Madrid (1933).”

Cuando en 1934, Vital Aza Díaz ingresó en la Academia Nacional de Medicina, en la vacante -precisamente- de su maestro, el célebre ginecólogo Profesor Sebastián Recasens -según la crónica de ABC- el doctor Slócker, encargado del discurso de contestación, quiso también rendir homenaje al padre “… que en los éxitos obtenidos en la escena nunca olvidó su amor al título profesional, cuyos estudios hubo de seguir su hijo con tan brillantísimo resultado.”

Para terminar, que no quiero resultar cansino ni que Vital Aza se levante de su tumba para dedicar algunos de sus versos a mis escasas dotes literarias, permitaseme tan solo un breve apunte de mi historia personal alusivo al tema de hoy. En 1975, los alumnos del último año de bachillerato del Colegio La Salle, de Jerez, tuvimos la inocente osadía (por indicación del Hermano Director) de interpretar en el acto de fin de curso, el “Coro de doctores”, de El rey que rabió. No era época de teléfonos móviles ni cámaras digitales, así que no ha quedado testimonio gráfico conocido de lo que allí pasó. Las imágenes están en mi memoria. De los sonidos, sólo recuerdo el piano del Hermano José Luis intentando pautar aquel guirigay. Vestidos con túnicas y capas de penitente (de las que se usan en Semana Santa), convenientemente adornadas para la ocasión con papel charol y papel metalizado, y cubiertas las cabezas con birretes de cartulina, unos cuantos estudiantes de quince años -con más voluntad que arte- entonamos la canción. Hasta hubo uno que se disfrazó de perro y ladró y gruñó en los momentos oportunos, sin cobrar las dos pesetas que se pagaba por esta labor en el estreno de la obra. De los compañeros cuya participación recuerdo, dos se incorporaron al mundo laboral poco después, dos son químicos, dos abogados, uno ingeniero, otro maestro y cinco somos médicos porque “lo malo abunda”…

Bromas aparte, los componentes de aquel “coro de doctores” y algunos más seguimos viéndonos a menudo. Incluso quedamos cada año para comer el último sábado de noviembre. ¡Un fuerte abrazo a todos mis “viejos” compañeros de Colegio!

  1. Hola Paco,
    buena muestra del humanismo médico. Como en tantas otras ocasiones me acercas lo desconocido (al menos para mí). Un placer poder seguir disfrutando tus artículos y una lástima que no conserves ningún testimonio gráfico de esa “osadia” que seguro resultó ser todo un éxito.😉
    Abrazos

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  2. De ese coro de doctores solo conocía el estribillo. La letra quita muchos dolores y me ha hecho reir como a un chiquillo… Ya vale😀 Conocia la música del estribillo pero jamás me había enterado de esa genial letra, y lo mismo me pasaba con el apellido Vital Aza. De modo que muchas gracias por el buen rato y por haberme desasnado un poco.

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    • Con mis disculpas por haber tardado casi una eternidad en responder, mi agradecimiento por tan amable comentario José Luis, seguro de que nada había que “desasnar”. Aunque no puedo dejar de señalar mi afecto especial por esa entrañable criatura que es el asno.

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