Una fotografía… curiosa

Una fotografía… curiosa

Buscando información sobre otro tema me he encontrado con una fotografía que, inmediatamente, he querido compartir porque me ha parecido interesante, sorprendente y muy muy curiosa… La fotografía pertenece al Banco de Imágenes de la Medicina Española, una magnífica aportación de la Real Academia Nacional de Medicina, con el propósito de que los usuarios que accedan a este servicio puedan “encontrar y visualizar material gráfico relacionado con la Historia de la Medicina española con fines de estudio privado, docencia e investigación”.

En la foto vemos al doctor César Juarros y Ortega (1879-1942), bien acompañado, mientras él, sentado a la mesa (mesita, más bien), contempla con pretendido interés una calavera.

El Dr. César Juarros y Ortega (1879-1942) en buena compañía

El Dr. César Juarros y Ortega (1879-1942) en buena compañía. Cortesía del Banco de Imágenes de la Medicina Española. Real Academia Nacional de Medicina

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Pero ¿quién era el doctor Juarros? Para responder, transcribo la semblanza biográfica que nos ofrece la propia Real Academia Nacional de Medicina, tomada de la obra Académicos Numerarios del Instituto de España (1938-2004), publicada en Madrid por el Instituto de España, el año 2005:

“Médico y Literato. Licenciado en Medicina y Cirugía (1903). Médico, con el número dos de las oposiciones, del Cuerpo de Sanidad Militar (1903). Como Médico Militar estuvo destinado en Africa durante la campaña de Marruecos y, una vez en la península, fue el principal promotor de la creación de los Servicios de Psiquiatría Militar, siendo posteriormente Profesor de Psiquiatría en la Academia de Sanidad Militar y Jefe de la Consulta y del Servicio de Neurología del Hospital Militar; Jefe de la Consulta de Enfermedades Nerviosas y Mentales del III Dispensario de la Cruz Roja; Profesor de Psiquiatría Forense durante quince cursos consecutivos en el Instituto Español Criminológico y Médico Director, por concurso, de la Escuela Central de Anormales. Galardonado con dos Cruces Blancas al Mérito Militar, con el Premio ‘Roel’ de la Sociedad Española de Higiene y ‘Gracias’ de R.O. por el Proyecto para la reforma psiquiátrica en España, Diploma de Gratitud de la Cruz Roja Española y Banda de la República (1936). Diputado por Madrid para las Cortes Constituyentes (1931). Fue un escritor distinguido, publicó más de un centenar de trabajos científicos, de divulgación, literatos[sic], novelas y traducciones que aparecieron ininterrumpidamente a partir de 1906. Ocupó el Sillón Nº 45 de la Real Academia Nacional de Medicina”, en la que ingresó el 7 de marzo de 1929 con un discurso titulado “Modos de ejercer bellamente la Medicina”.

Para quien le interese conocer algunos detalles más sobre don César Juarros y Ortega, le recomiendo que lea los artículos de Pedro Samblás Tilve y Mª Ángeles Tilve Jar, a los que se puede acceder pulsando sobre el nombre de los autores.

  1. Hola Paco,
    ¡qué foto! Y ya no lo digo tanto por el doctor Juarros sino por las bellas damas que le acompañan. ¡Cómo cambian los tiempos! En cuanto al enlace del banco de imágenes de la Medicina Española, es para entretenerse y no parar. Te agradezco enormemente que lo adjuntaras porque lo disfrutaré y mucho.
    Abrazos
    Por cierto, espero que el cráneo no fuera de su último paciente porque sino…

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    • Me alegra que te haya sorprendido la foto como a mí, Francisco. No podía dejar de reproducirla… Pero más aún me satisface que el Banco de Imágenes de la RANM pueda ser de utilidad para ti.
      En cuanto al cráneo… ¿quién sabe?😉
      ¡Abrazos, Francisco!

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  2. Con alguna frecuencia se nos señala a los médicos como causantes de que algunos muertos pierdan la cabeza. En la foto -magnífica aportación- el Dr. Juarros parece intentar entender, y hacer entender a su bella audiencia, que el esqueleto óseo craneal puede conservar huellas de las acciones e intenciones del cerebro que alojaba. La antropometría asociada a la frenología ocupó el tiempo de muchas cabezas pensantes de otros tiempos.
    No me resisto a traer aquí la desaparecida cabeza del genio de Fuendetodos (Zaragoza) cuya desaparición tantas historias ha producido. Se dice que Goya mismo la había donado a la ciencia aunque no existe constancia. De lo que sí existe evidencia es de la sorpresa que el cónsul español en Burdeos se llevó en 1888 (Goya había muerto en 1828) cuando el cadáver exhumado para ser repatriado apareció amputado.
    Parece que sí, que el cráneo de Goya pudo haber sido objeto de estudio médico y después, abandonado a su suerte, recaló en el estudio del pintor Dionisio Fierros quien nos dejó para siempre una pintura realizada 21 años después de fallecer el artista, hoy depositada en el Museo Provincia de Bellas Artes de Zaragoza. Pero del cráneo ya nada más se supo.
    Se dice que un hijo del pintor, estudiante de medicina y ajeno a la historia tejida en torno al monumental cráneo, pudo haberla estallado -ya sabéis el efecto expansivo de los garbanzos secos al agua y al tiempo- para disponer de la individualidad de cada uno de sus componentes: el poderoso frontal, los parietales, occipital, los temporales, los etmoidales…
    Nadie podría imaginar una metáfora mejor para la explosiva mente que alumbrara los Caprichos, los Disparates. las Pinturas Negras… El sueño de la razón.
    Ni el mismo Goya.
    Me sumo a FJ Tostado en el agradecimiento por el enlace al fondo de imágenes de la Real Academia de Medicina. Y a tí gracias, como siempre, y mis disculpas por esta invasión de tu terreno.
    Un abrazo.

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