¿Por qué Puccini nunca acabó su última ópera?

¿Por qué Puccini nunca acabó su última ópera?

Cuando el 25 de abril de 1926 se estrenó en La Scala de Milán Turandot, la última ópera de Giacomo Puccini, antes de concluir el tercero y último acto, el maestro Arturo Toscanini, director de la orquesta, se volvió hacia el público y dijo algo así como:

“A questo punto termina l’opera per la morte del compositore”.

Puccini había fallecido año y medio antes del estreno, el 29 de noviembre de 1924, en Bruselas, adonde había acudido para tratarse el cáncer de laringe que se le había diagnosticado el 10 de octubre anterior. Su muerte dejó la ópera Turandot inconclusa. La ópera sería terminada por el compositor Franco Alfano en 1925, y con su final sería representada desde la segunda representación; pero aquel 25 de abril, la noche del estreno, Toscanini daría por terminada Turandot donde la había dejado Puccini, con la muerte de la esclava Liú, seguramente el personaje de esta ópera más querido por Puccini, la mujer buena que amaba secretamente a Calaf y entrega su vida por amor a él -para salvarle- ante la altiva y sanguinaria Turandot.

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Así fue la muerte de Liú en la extraordinaria interpretación de la soprano Cristina Gallardo-Domâs. Pero, realmente, la función del estreno acabó unos minutos después, cuando el coro canta:

“Liù, bontà perdona! Liù, docezza, dormi! Oblia! Liù! Poesía!”

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En 1921 Puccini empezó a componer Turandot, y en noviembre de 1922 había completado la orquestación del primer acto. Por esa época, había recibido ya la partitura del segundo y tercer acto revisada por los libretistas Giuseppe Adami y Renato Simoni. En febrero de 1924, el segundo acto estaba listo, y en marzo Puccini orquestó el acto tercero hasta la muerte de Liù. Mientras tanto, Puccini, un fumador empedernido de cigarrillos y puros (de hecho, en muchos de sus retratos aparece con un cigarrillo en la mano o en la boca) consultó a un otorrinolaringólogo sobre su persistente dolor de garganta.

Giacomo Puccini (1858-1924)

Giacomo Puccini (1858-1924)

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Inicialmente, se le diagnosticó inflamación reumática de la garganta, y se le aconsejó seguir un tratamiento en un centro de salud, lo que hizo sin conseguir el esperado alivio. El 19 de agosto escribió a un amigo: “Tengo dolor en la garganta. Varios otorrinolaringólogos me han examinado; unos recomiendan un tratamiento, otros, otro distinto. Llevo sufriendo anginas y faringitis desde hace siete meses”.

En el otoño de 1924, Puccini empezó a trabajar con Toscanini, quien había sido elegido para dirigir el estreno de la ópera, fijado para abril de 1925. El dolor de garganta aumentaba en intensidad, acompañado de ronquera, pérdida de peso y bultos en el cuello que dificultaban el cierre del cuello de la camisa. Puccini consultó a Torrigiani, un otorrinolaringólogo de Florencia. Le diagnosticó un avanzado cáncer extrínseco supraglótico del tamaño de una nuez. El 2 de noviembre, tres eminentes otorrinolaringólogos, Dr. Gradenigo, Dr. Toti y el mismo Dr. Torrigiani, examinaron a Puccini. El examen y una biopsia laríngea confirmaron el diagnóstico clínico del cáncer extrínseco de laringe.

En la época de Puccini, los cánceres de laringe se clasificaban como intrínsecos y extrínsecos. Los cánceres intrínsecos de laringe eran lesiones “que crecen en el interior de la laringe, relativamente benignas en su carácter, y de crecimiento lento, que se extienden muy gradualmente y que sólo invaden los ganglios linfáticos en un avanzado estado”. Los carcinomas extrínsecos se originaban “alrededor del orificio de la laringe o en su superficie faríngea.” Su comportamiento biológico se consideraba “mucho más maligno e insidiosamente rápido”. Los carcinomas extrínsecos se caracterizaban también por la invasión de los ganglios linfáticos en un temprano estado de desarrollo. En 1926, St. Clair Thompson afirmó que un cáncer extrínseco es rara vez operable, y que una laringuectomía total es de poca ayuda en la enfermedad de cáncer extrínseco. Existía una creencia casi universal de que los pacientes con cáncer extrínseco de laringe debían ser abandonados a su suerte, e incluso el eminente laringólogo MacKenty, en 1926, consideraba la enfermedad prácticamente sin esperanza cuando se afectaban los ganglios del cuello en el cuello.

En el periodo de 1925 a 1940 aproximadamente, la radioterapia era el único tratamiento posible para cánceres extrínsecos; la cirugía se limitaba a pequeños tumores intrínsecos. Después de 1940, con la llegada de la era de los antibióticos y nuevos avances en cirugía, la cirugía radical de laringe con o sin disección de cuello se utilizó para lesiones más avanzadas.

El conocimiento oncológico y quirúrgico de principios de los años veinte y la dificultad de enfoque de la cirugía laríngea en un actor, un tema aún debatido, determinó la elección terapéutica de los otorrinolaringólogos de Puccini. Excluyeron un enfoque quirúrgico, considerando también la severa diabetes del paciente. Un tratamiento moderno a la enfermedad de Puccini debería considerar también una laringuectomía parcial o supracricoidea, con disección bilateral del cuello, que consigue buenos resultados oncológicos y funcionales.

Por sugerencia de los doctores, Puccini fue a una clínica radiológica en Bruselas, uno de los pocos centros del mundo que trataba el cáncer de laringe con este nuevo método. En noviembre de 1924, fue a la clínica del doctor Louis Ledoux en Bruselas, donde se trataba el cáncer de laringe mediante radioterapia. Cuando Puccini parte a Bruselas el 4 de noviembre, lleva consigo 36 páginas de notas y pequeños trozos musicales para el final de Turandot.

Giacomo Puccini (1858-1924)

Giacomo Puccini (1858-1924)

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El 7 de noviembre, Puccini empieza el tratamiento. Inicialmente, el doctor Ledoux trató al compositor con un predecesor de los Rayos X externos: un collar que contenía radio. Puccini escribió a un amigo: “¡me están crucificando crucificado como a Cristo! Tengo un collar alrededor de la garganta que es como una tortura. Actualmente sigo un tratamiento de Rayos X externos y después me pondrán agujas de cristal en el cuello, y me harán un agujero, para que pueda respirar. Sólo pensar en ese agujero, con un tubo de goma o plata dentro, me aterroriza. Que Dios me asista. Este tratamiento no durará menos de seis semanas, ¡es terrible! Me aseguran que me curaré… pero desde mi llegada, la enfermedad ha empeorado. Escupo mucha sangre oscura cada mañana”. El efecto de la radioterapia externa fue relativamente rápido: el sangrado paró y Puccini recuperó el apetito.

El 24 de noviembre, el doctor Ledoux insertó siete agujas radioactivas en el cáncer laríngeo de Puccini. La operación duró tres horas y cuarenta minutos y se llevó a cabo con anestesia local. Se le practicó una traqueotomía, y se le insertó una sonda nasogástrica. El doctor Ledoux planeaba mantener dentro las agujas radioactivas hasta el 30 de noviembre. Puccini escribió: ·”Me siento como si tuviera bayonetas en la garganta”. El doctor Ledoux era optimista y publicó “Puccini en sortirá” (Puccini saldrá de esta).

La tarde del 28 de noviembre, Puccini sufrió un ataque cardiaco y una hemorragia local. El doctor Ledoux retiró las agujas de radio del cuello de Puccini y, conduciendo a casa, iba tan distraído por el curso de los acontecimientos que atropelló a un peatón. Giacomo Puccini murió el 29 de noviembre al alba: tenía 66 años. Al final del aria, Nessun Dorma, el príncipe Calaf canta “All’alba vincerò” (“Al amanecer, venceré”). El maestro, en cambio, perdió.

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Esta entrada transcribe casi literalmente un artículo de la doctora Rosario Marchese-Ragona publicado en la web de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Patología Cérvico-Facial (SEORL PCF), el cual procede -a su vez- del que ella misma, en colaboración con Gino Marioni y Alberto Staffieri, publicó en la revista The Laryngiscope, el año 2004: “The Unfinished Turandot and Puccini’s Laryngeal Cancer“.

  1. Hola Paco,
    trágico final para uno de los grandes. Pensar en lo que debió padecer, tanta agonía… da pena y rabia por saber que su muerte estaba más que escrita. Un magnífico relato: música, historia, medicina… que más se puede pedir. Un placer leerlo y con tu permiso lo comparto.
    Abrazos

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  2. Nessun dorma. Ojos bien abiertos para gozar esta entrada, puro Letamendi:
    Medicina, patología, cirugía, radioterapia… La vida, y la muerte… Y la vida que sigue.
    También música y pintura.
    Me ha gustado especialmente el 2º vídeo (Liú bontá, Liú docezza…Poesia!), ‘Chinoisseries’, una China exótica, desconocida y fantasiosa ya por entonces en trance de desaparecer que se hacía presente en Europa. Aún alimenta el espíritu de algunos soñadores.
    Belleza y simbolismo en esas pinturas, caligrafías y sellos, bambúes, ciruelos, grullas y pájaros que anuncian en una profecía infalible y esperanzadora para el corazón afligido que siempre vuelve la primavera.
    Gracias, Paco. Un saludo.

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