Oliver Sacks: una vida ejemplar y un ejemplo ante la muerte

Oliver Sacks: una vida ejemplar y un ejemplo ante la muerte

Recientemente se le han diagnosticado a Oliver Sacks metástasis hepáticas causadas por un melanoma ocular del que fue operado hace nueve años (algo muy poco frecuente), y el prestigioso neurólogo y escritor (autor -entre otros- de libros tan famosos como Despertares, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero o Musicofilia) se despide de la vida con la misma inteligencia, sensatez y humanidad con la que la ha vivido en un artículo que titula My Own Life, publicado en The New York Times el pasado 19 de febrero.

Transcribo a continuación la traducción de ese artículo realizada por María Luisa Rodríguez Tapia para El País:

“Hace un mes me encontraba bien de salud, incluso francamente bien. A mis 81 años, seguía nadando un kilómetro y medio cada día. Pero mi suerte tenía un límite: poco después me enteré de que tengo metástasis múltiples en el hígado. Hace nueve años me descubrieron en el ojo un tumor poco frecuente, un melanoma ocular. Aunque la radiación y el tratamiento de láser a los que me sometí para eliminarlo acabaron por dejarme ciego de ese ojo, es muy raro que ese tipo de tumor se reproduzca. Pues bien, yo pertenezco al desafortunado 2%.

Doy gracias por haber disfrutado de nueve años de buena salud y productividad desde el diagnóstico inicial, pero ha llegado el momento de enfrentarme de cerca a la muerte. Las metástasis ocupan un tercio de mi hígado, y, aunque se puede retrasar su avance, son un tipo de cáncer que no puede detenerse. De modo que debo decidir cómo vivir los meses que me quedan. Tengo que vivirlos de la manera más rica, intensa y productiva que pueda. Me sirven de estímulo las palabras de uno de mis filósofos favoritos, David Hume, que, al saber que estaba mortalmente enfermo, a los 65 años, escribió una breve autobiografía, en un solo día de abril de 1776. La tituló De mi propia vida.

Imagino un rápido deterioro […]. Mi trastorno me ha producido muy poco dolor; y, lo que es aún más raro, a pesar de mi gran empeoramiento, mi ánimo no ha decaído ni por un instante. Poseo la misma pasión de siempre por el estudio y gozo igual de la compañía de otros.

He tenido la inmensa suerte de vivir más allá de los 80 años, y esos 15 años más que los que vivió Hume han sido tan ricos en el trabajo como en el amor. En ese tiempo he publicado cinco libros y he terminado una autobiografía (bastante más larga que las breves páginas de Hume) que se publicará esta primavera; y tengo unos cuantos libros más casi terminados.

Hume continuaba: ‘Soy… un hombre de temperamento dócil, de genio controlado, de carácter abierto, sociable y alegre, capaz de sentir afecto pero poco dado al odio, y de gran moderación en todas mis pasiones’.

En este aspecto soy distinto de Hume. Si bien he tenido relaciones amorosas y amistades, y no tengo auténticos enemigos, no puedo decir (ni podría decirlo nadie que me conozca) que soy un hombre de temperamento dócil. Al contrario, soy una persona vehemente, de violentos entusiasmos y una absoluta falta de contención en todas mis pasiones.

Sin embargo, hay una frase en el ensayo de Hume con la que estoy especialmente de acuerdo: ‘Es difícil’, escribió, ‘sentir más desapego por la vida del que siento ahora’.

En los últimos días he podido ver mi vida igual que si la observara desde una gran altura, como una especie de paisaje, y con una percepción cada vez más profunda de la relación entre todas sus partes. Ahora bien, ello no significa que la dé por terminada.

Por el contrario, me siento increíblemente vivo, y deseo y espero, en el tiempo que me queda, estrechar mis amistades, despedirme de las personas a las que quiero, escribir más, viajar si tengo fuerza suficiente, adquirir nuevos niveles de comprensión y conocimiento.

Eso quiere decir que tendré que ser audaz, claro y directo, y tratar de arreglar mis cuentas con el mundo. Pero también dispondré de tiempo para divertirme (e incluso para hacer el tonto).

De pronto me siento centrado y clarividente. No tengo tiempo para nada que sea superfluo. Debo dar prioridad a mi trabajo, a mis amigos y a mí mismo. Voy a dejar de ver el informativo de televisión todas las noches. Voy a dejar de prestar atención a la política y los debates sobre el calentamiento global.

No es indiferencia sino distanciamiento; sigo estando muy preocupado por Oriente Próximo, el calentamiento global, las desigualdades crecientes, pero ya no son asunto mío; son cosa del futuro. Me alegro cuando conozco a jóvenes de talento, incluso al que me hizo la biopsia y diagnosticó mis metástasis. Tengo la sensación de que el futuro está en buenas manos.

Soy cada vez más consciente, desde hace unos 10 años, de las muertes que se producen entre mis contemporáneos. Mi generación está ya de salida, y cada fallecimiento lo he sentido como un desprendimiento, un desgarro de parte de mí mismo. Cuando hayamos desaparecido no habrá nadie como nosotros, pero, por supuesto, nunca hay nadie igual a otros. Cuando una persona muere, es imposible reemplazarla. Deja un agujero que no se puede llenar, porque el destino de cada ser humano —el destino genético y neural— es ser un individuo único, trazar su propio camino, vivir su propia vida, morir su propia muerte.

No puedo fingir que no tengo miedo. Pero el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado, y escrito. He tenido relación con el mundo, la especial relación de los escritores y los lectores.

Y, sobre todo, he sido un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, por sí solo, ha sido un enorme privilegio y una aventura.”

(C) Oliver Sacks, 2015. (C) De la traducción: María Luisa Rodríguez Tapia. (C) El País, 21 de febrero de 2015.

Oliver Sacks

Oliver Sacks

  1. Como diría un famoso cateto de la telebasura: ” En dos palabras: IM-PREZIONANTE”.

    Este hombre es un lujo de persona y un ejemplo de vida y de saber morir. Ojalá todos fuéramos capaces de asumir con esa paz y madurez cada cambio o tropiezo que se produce en nuestra vida, siendo el último de ellos, lógicamente, el adiós final.

    Me gusta venir a leerte. Siempre aprendo cosas y me haces pensar. Con el nuevo trabajo no tengo mucho tiempo, pero te visitaré siempre que pueda.

    Un abrazo.

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  2. Hola Paco,
    si es difícil llevar una vida ejemplar más difícil es hacerlo en puertas a la muerte. Supongo que es por el propio egoísmo del ser humano que nos hace pensar que somos inmortales, que nunca moriremos, que ese día está lejano pero no, antes o después hay que afrontarlo. Imagino que cuando estamos delante de la muerte una de las muchas preguntas que nos pasa por la cabeza es saber qué dejamos y qué hicimos en esta vida. Irse en paz con uno mismo y con nuestro seres es algo que sin duda puede ayudar a esa inevitable transición.
    Un abrazo

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    • Yo me adelanté pero tu artículo me ha encantado, amigo José Manuel.
      La cita de Malraux es preciosa. Precioso es el vídeo de Pasión Vega. Y lo mejor de todo: tu texto.
      Muchas gracias y otro oliveriano abrazo para ti.

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  3. Había leído algo sobre esta historia, Paco. No es más es que la paradoja del maldito azar. Sacks es tan sumamente inteligente y talentoso, que asume el presente con ironía. Aquí no caben los lamentos, y, como muy bien dice al final del último párrafo—permíteme una licencia castiza—; que me quiten lo bailao. La heroicidad de sobrevivir en un mundo absurdo y maravilloso, de prodigios y retos, de amores y desamores, de acuerdos y desacuerdos… Un fuerte abrazo,
    Jon

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    • Ciertamente, Elena. Y esa última parte que mencionas me parece trascendental… pero se nos forma poco o nada para ella, y depende de la forma de ser de cada uno de nosotros.
      Muchísimas gracias, y otro abrazo para ti.

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