Contra la difteria

Contra la difteria

En 1904, tres o cuatro años antes de que el médico pintor, el radioterapeuta Georges Chicotot, realizara su autorretrato en uno de los primeros intentos de curar el cáncer de mama mediante los rayos X (el cuadro que veíamos en la entrada anterior), pintó otra de sus obras más famosas, Le tubage, un cuadro de tema pediátrico, sobre el tratamiento de la difteria.

La difteria está causada por una exotoxina de carácter proteico producida por Corynebacterium diphteriae y se caracteriza por la aparición de falsas membranas (pseudomembranas) muy adherentes que se forman principalmente en las superficies mucosas de las vías nasales y digestivas superiores. La localización más grave se localiza a nivel de la laringe donde, como consecuencia de la obstrucción por las membranas, se producen alteraciones en la voz, disnea y cianosis, pudiendo desencadenar consecuencias fatales si no se instauran medidas oportunas.

Georges Chicotot (1868-1921). "Le tubage" (1904).  Musée de l’Assistance Publique – Hôpitaux de Paris

Georges Chicotot (1868-1921). “Le tubage” (1904). Musée de l’Assistance Publique – Hôpitaux de Paris

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La escena transcurre en el entonces muy nuevo (fue inaugurado en 1901) y todavía en activo Hospital Bretonneau, de París. En el centro de la imagen vemos al Dr. Albert Josias (1855-1906), autor de un famoso libro sobre Thérapeutique infantile, publicado en 1896 (y traducido al español por el Dr. José Chiarri Gómez con el título de Terapéutica de las enfermedades de la infancia, editado en Valencia el año 1902). Con objeto de evitar la traqueotomía, una técnica mucho más agresiva, el Dr. Josias está practicando la intubación a un niño que sufre difteria para impedir que muera por asfixia. Un niño sentado sobre las rodillas de una enfermera mientras el Dr. Toffemer, ayudante de Josias, le mantiene inmóvil la cabeza; aunque el niño aparenta estar demasiado tranquilo para la gravedad de la enfermedad que padece y para lo que le están haciendo… Todo ello bajo la mirada interesada y atenta de otros siete médicos (quizás, algunos de ellos todavía estudiantes de Medicina). Mientras tanto, a nuestra derecha, otro médico está preparando la inyección de suero antidiftérico que había descubierto el Dr. Émile Roux en 1894. Ese sería el tratamiento que lograría salvar la vida del niño.

Casi un siglo antes de que Chicotot pintara el cuadro que acabamos de comentar, don Francisco de Goya pintó este otro que ahora vemos:

Francisco de Goya y Lucientes.  (1746-1828). "El Garrotillo" .Anterior a 1821. Colección Araoz. Madrid

Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828). “El Garrotillo” . Anterior a 1821. Colección Araoz. Madrid

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Como dicen los doctores Ortiz y Mussat:

Este cuadro “…cuyo título original aludía al episodio del hurto de las longanizas recogido en el Lazarillo de Tormes, sería años más tarde rebautizado por el doctor Gregorio Marañón como el “garrotillo”, nombre con el que se conocía popularmente a la difteria. De la misma manera que el garrote provoca la compresión del cuello, la difteria producía una asfixia lenta por lo que a la enfermedad, en España, se le acabó asociando con esta manera de ejecución. “

Y añaden:

“Posiblemente el pintor se basase en la observación de una práctica bastante común en aquella época. Los adultos intentaban arrancar las membranas con los dedos ante la desesperación que debía provocar contemplar la lenta agonía de los niños, principales víctimas de la infección.”

  1. Hola Paco,
    me has acercado a Chicotot y me ha encantado su obra. Tanto el de la anterior entrada como el de hoy los encuentro de lo más ilustrativos en medicina (a parte de su calidad artística). En cuanto al segundo cuadro, el de Goya, es más conocido pero quizás más realista de lo que se “intentaba” hacer para aliviar a estos pobres niños. Si me lo permites añadiré cuatro cositas sobre la difteria a través de la historia.
    Se piensa que Hipócrates (como no) ya la describió y Areteo de Capadocia la describía como una enfermedad ulcerosa de las amígdalas que podían ocasionar la muerte a los niños afectos (quizás por esta descripción se le podría relacionar con ella). Italianos y españoles en el siglo XVII la describen aunque es en España que la conocen (como bien dices en el artículo) como “garrotillo”. Brettoneau le dio el nombre con la que actualmente la conocemos (difte=membrana) y fue él el que sugerió que estaba causada por un germen transmitido entre las personas. Posteriormente, hacia finales del siglo XIX Klebs describe el agente causal, Loeffler lo cutiva (bacilo de Klebs-Löeffler) y Lehmanny le da su nombre Corynebacterium diphteriae. En 1885 Roux y Yersin purificaron la toxina que produce la enfermedad. y Behring y Kitasato describieron la antitoxina iniciándose en 1923 la profilaxis que tanto benefició a la humanidad al aplicarse universalmente la vacuna pudiéndose considerar erradicada en los paises desarrollados.
    Un grave enfermedad, presente siempre en la historia y que una vez más, el ingenio y la ciencia del hombre le ha ganado la batalla
    Un abrazo y magnífico artículo y cuadros.

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  2. Sorprendente entrada y buenísima descripción, querido Paco. Un realismo casi fotográfico el del pintor y médico Georges Chicotot, en mi opinión con una extraordinaria composición, en una época en la que el ejercicio de la medicina estaba (enteramente) dominada por hombres.
    Un antidiftérico saludo.

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  3. La primera vez que me encontré con el término “garrotillo” fue en “Fortunata y Jacinta” aunque ahora ya no estoy tan segura, pero el protagonista señorito amado por las mujeres del título cuenta a su legítima esposa como murió el hijo que tuvo con la amante. Yo en aquellos días en que estudiaba la carrera y tenía una asignatura de Literatura Española con lecturas de obras completas, pillé la analogía con el garrote vil y pensé que se trataba de una infección de anginas como las muchas que tuve en la infancia y que trataban, con terrorificas para mí, inyecciones de penicilina. Me dije que los niños no superaban la enfermedad por no existir los antibióticos todavía. Luego me encontré la palabra algunas veces más, pero nunca la asocié a la difteria, que creía una enfermedad erradicada gracias a las vacunas (no he conocido a nadie que hubiera sufrido difteria, aunque debieron sufrirla la gente de la generación de mis padres y abuelos seguro)
    Lo cual cuando me encuentro con estas historias de la medicina explicando obras de arte, como la de Francisco de Goya que está en el temario de mis alumnos, aparte de aclararme muchas cosas que no sabía, no dejan de hacer que me mantenga en aquello de “cualquier tiempo pasado…, fue peor”

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