Alexander Borodin (1833-1887): el médico, profesor de Química, que escribía música los domingos

Alexander Borodin (1833-1887): el médico, profesor de Química, que escribía música los domingos

Hace unas cuantas noches volví a escuchar En las Estepas del Asia Central, el poema sinfónico que Alexander Borodin escribió en 1880. La música tiene una inmensa capacidad de evocación, y esta melodía me hizo recordar mis tiempos de estudiante en la Facultad de Medicina, las largas horas de estudio en las madrugadas gaditanas acompañado, tan solo, por los sonidos que salían de un aparado grabador-reproductor de cintas de “cassette“. Normalmente música tranquila, suave, que no dificultara la concentración. Todavía no había descubierto el encanto de la música barroca, que luego se convertiría en mi preferida. Oía música de cine; a Simon & Garfunkel; a Roberto Carlos; a Julio Iglesias (sí, también a Julio)… Algo del rock sinfónico de Pink Floyd. La guitarra de Narciso Yepes interpretando el Concierto de Aranjuez. Escuchaba la música de Joaquín Rodrigo y sus antecesores españoles: Falla, Granados, Tárrega… Entonces descubrí a los rusos: Tchaikovsky, Rimsky-Korsakov, Mussorgski… Y Borodin.

En aquella época no lo sabía, Borodin, el compositor, fue médico. Un médico que ejerció como profesor de Química.

Alexander Porfirievich Borodin nació en San Petersburgo, el 12 de noviembre de 1833.* Era hijo ilegítimo del príncipe Luka Stepanovich Gedevanishvili (algunos autores lo nombran, más fácilmente, como Lucas Gedianov), descendiente de los reyes de Imericia (la Cólquida de los griegos, donde se encontraba el vellocino de oro) un reino independiente de Georgia al sur del Cáucaso, entre los mares Negro y Caspio. Su madre se llamaba Eudoxia Konstantinova Antonova, pero la conocían como Dounia: “una mujer hermosa, culta y con independencia económica” (en algún lugar he leído que era una esclava, pero no lo creo). Cuando Alexander nació, su padre tenía 65 años. Su madre, cuarenta menos. El padre y la madre de Borodin no estaban casados. Para guardar las apariencias el niño fue registrado como hijo de uno de los sirvientes de su padre, Porfirio Borodin, que le dio su apellido, lo cual -al parecer- no era infrecuente en la Rusia de la época. De hecho, el príncipe debía ser un conquistador pertinaz, y a Borodin se le conocen, al menos, dos hermanos de padre con distintas madres, que también llevaban los apellidos de sendos sirvientes del noble conquistador: Dimitri Sergueïevitch Alexandrov y Eugueny Fiodorovitch Fiodorov. El Príncipe murió cuando Alexander era todavía muy niño; pero le dejó a su hijo una sustanciosa herencia que le permitió vivir sin dificultades económicas. Dounia -por su parte- que había contraido matrimonio con un médico militar retirado (aunque, al parecer, nunca dejó de mantener una “íntima amistad” con el padre biológico de Borodin) se ocupó de que el niño recibiera la mejor educación.

Ya de niño, Borodin dio muestras de su gran inteligencia y de estar especialmente dotado para los idiomas (además de su ruso natal, hablaba francés, alemán, inglés e italiano) y para la música. Según Garritz Ruiz: “No sólo aprendió a tocar el piano, sino que también ejecutaba con maestría la flauta y el violonchelo, y aunque no con envidiable disposición también tocaba el oboe y el clarinete, al igual que varios metales.” A la edad de 9 años ya compuso su primera pieza, una polka titulada Helene, y a los 13 había compuesto un concierto para flauta y piano, así como un trío para dos violines y violonchelo. Muy pronto, también, manifestó su interés por la química. A los 13 años montó un laboratorio en su casa donde fabricaba colorantes para acuarelas.

En 1850 ingresó como alumno en la Academia Médico-Quirúrgica, una institución militar, de su ciudad natal. Durante su época de estudiante no dejó de manifestar su especial predilección por la Química (que en aquellos tiempos era materia destacada en las facultades de Medicina) siendo su maestro más importante el profesor Nikolai Zinin (1812-1880), uno de los pioneros de la química orgánica, cuya influencia sería decisiva en la carrera profesional de Borodin. Se graduó como médico en 1856, recibiendo la máxima calificación posible “cum eximia laude“. Inmediatamente fue destinado al 2º Hospital Militar, donde inició su ejercicio profesional como médico-cirujano. Allí conoció a un joven y elegante oficial, de familia noble, llamado Modest Petrovich Mussorgsky (1839-1881), compositor de enorme talento musical, aunque su amistad -que duró hasta la muerte de éste- no empezaría, realmente, hasta algunos años después.

Se sabe que su experiencia como médico cirujano no le resultó agradable, y no por la naturaleza de su trabajo -como cabría suponer- sino por la brutalidad que, allí mismo en el Hospital, utilizaban los jefes y oficiales para imponer disciplina, utilizando el látigo sin justificación posible. Borodin se dedicó a completar su tesis doctoral. La vocación por la Química ya estaba definida y el profesor Zinin lo preparaba para que fuera su ayudante en la Academia Médico-Quirúrgica Militar. En 1858 presentó su tesis doctoral “Sobre la analogía entre los ácidos arsénico y fosfórico”. Posteriormente, entre los años 1859 y 1862, estuvo en Alemania, Francia e Italia ampliando su formación. Primero en la célebre Universidad de Heidelberg, en los laboratorios de Kirchoff, Bunsen, Kekulé y Erlenmeyer. Allí le acompañaron otros estudiantes rusos, entre ellos Dmitri Mendeléiev (1834-1907), el creador de esa famosa “Tabla periódica de los elementos” que tantos tuvimos que memorizar. Luego continuó sus estudios en París y en Pisa.

En 1861 conoció a una pianista rusa de 29 años, Ekaterina Sergeievna Protopopova, que había llegado a Heidelberg en busca de curación para la tuberculosis que padecía. Para el mejor tratamiento de la enfermedad de Ekaterina, le recomendaron que acudiera a Pisa, donde viajó acompañada por su -ya entonces- prometido; el cual, continuó sus estudios en los laboratorios de Luca y Tassinari. Vuelven a San Petersburgo en 1862, Borodin recibe el nombramiento de profesor adjunto de Química; y en abril de 1863 los novios contraen matrimonio que -al decir de quienes le conocieron- resultó muy afortunado a pesar de la enfermedad de Ekaterina y su infertilidad. Al cumplirse el vigésimo aniversario de bodas Borodin estrena el Cuarteto para cuerdas Nº 2, que dedicó a su esposa. Había tardado seis años en componerlo.

Borodin y su esposa tomaron como residencia un apartamento al lado del Laboratorio, en plena Universidad. Rimsky-Korsakoff escribe sobre esta época:

“Me volví un frecuente visitante de Borodin; a menudo quedándome hasta la noche en su casa. Discutíamos sobre música en profundidad y él tocaba sus trabajos en curso y también me mostraba los compases de su sinfonía. Él estaba mejor informado que yo del trabajo práctico de la orquestación, dado que tocaba el chelo, el oboe y la flauta. Borodin era un hombre culto y cordial, era placentero y agudo conversar con él. Al visitarlo, a menudo lo encontraba en su laboratorio, adjunto a su departamento. Cuando ponía una retorta llena con algún líquido incoloro y lo destilaba por medio del fuego de un vaso a otro, yo acostumbraba a decirle que estaba haciendo ‘una transfusión de desolación en vacuidad’.”

Como ejemplos de sus trabajos como químico, algunos de ellos aplicados a la clínica, se puede decir que Borodin descubrió el aldol casi simultáneamente con Wurtz, estudió los aldehidos aromáticos, el uso del peróxido de hidrógeno (el agua oxigenada) como desinfectante e inventó un método para la detección de la urea en los análisis de orina. Llegó a publicar 42 artículos científicos. En 1861, asistió al primer Congreso Internacional de Química, celebrado en Karlsruhe (Alemania) y fue uno de los fundadores de la Sociedad Rusa de Química en 1868.

Borodin resultó ser un profesor con enorme vocación docente, siempre atento a las consultas de sus alumnos. Raras veces mostraba impaciencia. Siempre antepuso la atención a los alumnos a todo lo demás, incluso a la investigación; aunque dedicaba a ésta muchas horas al día. Otro profesor de la Academia, decía de él lo siguiente:

“Trabajaba infatigablemente con los estudiantes todos los días. Durante este tiempo Borodin siempre mantenía una disposición solícita y de buen humor con sus alumnos y colegas, estaba siempre dispuesto a interrumpir cualquiera de sus trabajos sin impaciencia, sin irritación, para responder cualquier pregunta que le hiciesen. Cuando trabajaba en el laboratorio se sentía como si estuviera en su hogar. Lo que más adoraba era la música. Cuando trabajaba, casi siempre estaba canturreando alguna cosa y siempre estaba dispuesto a hablar con otras personas sobre las novedades musicales, las tendencias y sobre composición musical. Cuando estaba en su despacho, frecuentemente oíamos el sonido armonioso de su piano, que se expandía por todo el pasillo del laboratorio. El buen humor y la actitud de Borodin nos afectaba a todos. Cualquiera podía ir a contarle sus ideas, preguntas u opiniones; nunca trataba a nadie con arrogancia o desdén. Raramente alguien conseguía provocar alguna demostración de irritación en Borodin. La actitud sincera y calurosa de Borodin con los estudiantes no se restringía al laboratorio. Casi todos los que trabajábamos con él éramos aceptados en su familia como los amigos más íntimos. Se preocupaba personalmente del destino de cada estudiante que se graduaba en la Academia, destinando todos sus esfuerzos para ayudarlo. Siempre que te lo encontrabas en algún acto social no paraba de preguntar por todo el mundo o intentaba conseguir alguna cosa para alguien.”

Sin embargo, como parte de su labor docente, hay que destacar especialmente (y más por la época y en el lugar donde se produjo) su significativa participación en la creación de una Escuela de Medicina para mujeres. Borodin, en unión de Botkin (el primero en describir la hepatitis A), Sechenov, Roudineff y una aristócrata, Mme. Tarnosky, iniciaron la Escuela como Curso de Obstericia que, en 1872, pasó a ser Escuela de Medicina donde Borodin era, como es natural, el profesor de Química. Dado que el Hospital Militar de San Petersburgo fue la primera sede de la Escuela, en algunas biografías de Borodin se dice que fundó una escuela médico militar de mujeres; aunque no fuera así. La Escuela soportó múltiples dificultades, sobre todo desde que accedió al trono el zar Alejandro III. Borodin consiguió que dejara de depender del Ministerio de la Guerra y pasara al de Educación; pero no pudo impedir que, finalmente, fuese clausurada en 1885.

Fue, precisamente, gracias a su labor como profesor de Química por lo que Borodin conocería a quien sería el mayor difusor de su obra en Europa, el compositor Franz Liszt (1811-1886). Ocurrió en 1877, en el transcurso de un viaje de Borodin a la localidad de Weimar, entre otras de Alemania, para visitar los laboratorios de distintos hospitales. Volvieron a encontrarse en 1881 y 1885, y se cuenta que -en una de esas ocasiones- se desarrolló el siguiente diálogo. “Yo soy un compositor de domingos, señor Lizt” -decía Borodin, refiriéndose a que sólo se dedicaba a componer en su tiempo libre”- y el músico húngaro le contestó: “Pero el domingo siempre es un día festivo, señor Borodin“.

Otro ejemplo de que sólo podía dedicar a la composición el tiempo en que no estaba trabajando en sus clases o en su laboratorio lo encontramos en el siguiente texto, que escribió una vez que tuvo que quedarse en casa enfermo de gripe:

“En el invierno yo no puedo componer, a menos de que esté enfermo y me vea obligado a abandonar mis clases. Así que, mis amigos, contrario a la costumbre, nunca me digan ‘trata de estar bien’ sino más bien ‘trata de enfermarte’. Cuando la cabeza me explota, cuando mis ojos están llenos de lágrimas y tengo que sacar el pañuelo a cada minuto, es entonces cuando compongo.”

Musicalmente, en principio, Borodin fue autodidacta. Sólo a partir de 1862 comenzó a recibir clases de Balákirev. Con él, Rimsky-Korsakoff, Mussorgsky, Cui y -por supuesto- Borodin, se formaría el llamado Grupo de los Cinco, cuyo objetivo era crear un arte musical nacional, que tanta fama le ha dado a la música rusa; aunque, ciertamente, también contó con la oposición de muchos…

Dos años antes de morir, Borodin, se contagió de cólera, y quedó muy debilitado. En 1886 se le diagnosticó angina de pecho. El 27 de febrero de 1887*, mientras se celebraba un baile de disfraces en la Academia de Medicina, del cual había sido uno de sus principales organizadores, sufrió un infarto de miocardio. Nada pudo hacerse por salvar su vida a pesar de los intensos esfuerzos de muchos médicos que se encontraban allí.

Borodin se encuentra enterrado en el cementerio Tikhvin del monasterio Alexander Nevsky, en San Petersburgo, cerca de la tumba de otros grandes músicos y escritores rusos.

Tumba de Alexander Borodin en el cemeterio Tikhvin de San Petersburgo

Tumba de Alexander Borodin en el cemeterio Tikhvin de San Petersburgo

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Una de las revista médicas más importantes del mundo (que aún sigue publicándose), The Lancet, en su editorial del 19 de marzo de 1887 informó sobre su muerte. En los últimos renglones señalaba: “…a pesar de su arduo trabajo profesional y de laboratorio el profesor Borodin encontró tiempo para cultivar el arte y la ciencia de la música a los que fue muy adepto. De él se dice haber prestado un valioso servicio a la causa de la música rusa”.

Sus estudiantes mujeres le dedicaron el párrafo siguiente en el monumento que se le erigió en su tumba: “Al fundador, defensor y guardián de las clases de medicina para mujeres y al amigo de sus alumnos.”

Se ha dicho que Borodin tiene el menor producto musical con el más alto promedio de excelencia para cualquier compositor en la historia. Según Gonzalo Castellón:

“La reducida producción musical de Borodin alcanza su clímax en su ópera Knyas Igor (El príncipe Igor) y, particularmente, en las archifamosas danzas de los pólovtsy o danzas polovtzianas. No existe un episodio de ancestro más nacionalista que esta imborrable mezcla de ritmos, sonidos y sensualidad, que tan pronto llama a la guerra como a la paz. Su desenvolvimiento es literalmente vertiginoso e involucra coro, orquesta y solistas por igual. Borodin amó particularmente esta ópera, que fue su particular legado y a la que dedicó largos veinte años. [De hecho, falleció sin concluirla y fueron Rimsky-Korsakoff y Glazunov quienes tuvieron que terminarla].
El príncipe Igor es el equivalente ruso del Mio Cid o de la Chanson de Roland pues la anónima obra literaria –El canto del príncipe Igor– reúne las características básicas de la canción de gesta. El príncipe Igor es prisionero del Khan Konchack, jefe de la tribu de los Polovtsy, que ha reconocido su rango real. Al propio tiempo, su hijo -el príncipe Vladimir– se ha enamorado de Kontchakovna, hija del jefe tártaro.
Sin embargo, cuando al campamento tártaro llegan las noticias de que Poltiole, su ciudad, ha sido saqueada, el Príncipe no duda ya y se escapa, abandonando a su hijo, quien, mientras tanto, ha decidido casarse con Kontchakovna. Entre grandes manifestaciones de regocijo del pueblo, el príncipe Igor entra en Poltiole y se reúne con su amada princesa Yaroslávna.
El príncipe Igor es tal vez la obra más nacionalista de las producidas por el Moguchaya Kuchka [“El Gran Puñado“, la forma en que el crítico Stasov llamó al “Grupo de los Cinco“]. Si bien su lenguaje musical es dialéctico, Borodin mantiene una línea particularmente propia, de gran riqueza melódica. Para retratar las figuras orientales o tártaras, el compositor echa mano al tradicional recurso del cromatismo (intervalos basados en la escala cromática) que dotan a la melodía de un carácter lejano y enigmático.”

*Cuando nació Borodin, en Rusia seguía vigente el Calendario Juliano que para 1582, cuando Gregorio XIII implantó el nuevo, llevaba un retraso de diez días y para 1833 iba doce días atrás, así que la fecha de nacimiento de Borodin (31 de octubre de 1833) fue en realidad el 12 de noviembre. Lo mismo ocurre respecto a la fecha de la muerte, que algunos apuntan como 14 de febrero, siendo, en realidad, el 27 de febrero de 1887.

Alexander Borodin retratado por Ylia Repin. Museo Estatal Ruso. San Petersburgo

Alexander Borodin retratado por Ylia Repin. Museo Estatal Ruso. San Petersburgo

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Referencias bibliográficas

CASTELLÓN, G. (2009): “Borodin, o la historia de una pasión”. Áncora – nacion.com. [Consultado 18 Enero 2015]. Disponible en: http://wvw.nacion.com/ancora/2009/agosto/30/ancora2062247.html
GARRITZ RUIZ, A. (2001): “Alexander Borodin: el músico químico”. Educación Química, 12,4:190-192.[Consultado 18 Enero 2015]. Disponible en: http://es.scribd.com/doc/511794/Borodin-quimico-y-musico
KUMATE, J. (2004): Alexander P. Borodin; compositor musical multifacético. En: MEMORIAS de El Colegio Nacional, México:213-229.
O’NEILL, D. (1988): “…aber Sonntag ist immer ein Feiertag: Alexander Borodin, MD, 1833-1887”. JRSM, 81:591-593.
RAÚL (2009): “El ruso que componía en un laboratorio”. En: “Una noche en la Ópera” [Foro]. [Consultado 18 Enero 2015]. Disponible en: http://www.unanocheenlaopera.com/viewtopic.php?t=10986
VIK, T. (1998): [“Alexander Borodin – physician, chemist, scientist, teacher and composer”]. [Sólo el abstract]. Tidsskr. Nor. Laegeforen, 118,30:4.693-4.696. [Consultado 18 Enero 2015]. Disponible en: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/9914755

  1. Hola Paco,
    buena entrada para esta mañana dominical tanto por su lectura como por la música que la acompaña. Estuve en San Petersburgo hace unos años y no tenía ni idea de este cementerio (imagino que no se encuentra en la misma ciudad sino en las afueras). La ciudad es espléndida y cautiva a todos los que la visitan: sus parques, sus palacios, sus canales, sus calles… En cuanto a Borodin, una vez más me diste a conocer a un personaje desconocido para mí. Un placer leerte, siempre y por cierto, a mí también me gusta Julio Iglesias, bueno… algunas canciones.😉
    Abrazos

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    • Muchas gracias Francisco. La entrada es un poco larga, pero creo que Borodin la merece. Su faceta científica creo que es poco conocida.Y su música, maravillosa.
      El cementerio está en un monasterio, no sé ahora mismo si en la propia ciudad o fuera de ella. No conozco San Petersburgo. Me encantaría conocerla. Y llevarme días paseando por sus calles y en sus museos…
      Lo de Julio… me conforta.🙂 Pero, en serio, hay que reconocer que tiene canciones estupendas.
      Un borodiano abrazo.

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  2. No fue una vida muy larga, pero sí fecunda, pues Borodin no sólo era un excelente músico sino por lo que parece, también un investigador y profesor de primera…, y una gran persona. El trabajar para conseguir los estudios de medicina para mujeres lo coloca en un lugar que no tienen personajes como Nietzsche que votó en contra que puedieran estudiar mujeres en los estudios, en este caso de Filología y Filosofía, en la universidad de Basilea.

    Un dato que me ha sorprendido es que la esposa de Borodin, pese a tener tuberculosis, llegara a celebrar el veinte aniversario de bodas…, no debió ser muy fuerte la enfermedad, o sería otra, cuando pudo subrevivir tanto tiempo con ella. Claro que no tengo conocimiento médicos…, pero por los personajes históricos que conozco que tuvieron tuberculosis, o vencieron ellos a la enfermedad o ésta les llevó a la tumba.

    Para mí las “En las estepas de Asia Central” y las “Danzas del Príncipe Igor” son músicas descubiertas en la adolescencia y casi no he vuelto a ellas desde hace mucho, salvo si me las he encontrado en un concierto o en una entrada como esta. Traen recuerdos de otra época. Yo tampoco puedo estudiar…, ni trabajar, por ejemplo correcciones de exámenes, con música más compleja ni desde luego con música vocal…, en este caso la atención se va siempre tras las palabras, aunque estén en latín… o en ruso😀

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    • Me alegra mucho, Hesperetusa, haber podido presentar al Borodin científico, al profesor y, sobre todo, al hombre bueno que era.
      En cuanto a la tuberculosis, la enfermedad romántica por excelencia, conocida como “la gran plaga blanca” del siglo XIX, afectó en esa época a millones de personas, con una mortalidad muy elevada. Pero, como en todas las epidemias, había gente que sobrevivía. Quizás fue ese el caso de Ekaterina.
      La verdad es que estudiar -lo que se dice estudiar- cuando me enfrento a un tema por primera vez no suelo hacerlo con música. Pero siempre hay momentos en que la atención puede relajarse, y entonces sí… me encanta.
      Muchas gracias, y un borodiano abrazo.

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  3. Esta entrada, amigo Paco, reúne en sí todas las esencias de tu blog y abre puertas, nuevos espacios hacia los que internarse. Así lo haré. Desconocía casi todo de Borodin salvo su faceta musical y sólo superficialmente pero me apasiona ese hombre polifacético que aúna digna y responsablemente medicina, química. docencia y música. Amor por la vida, tan rica en todas sus manifestaciones. Un ejemplo. Gracias.

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    • Gracias a ti, José Antonio, por tan amable comentario. La música me apasiona, y tengo el propósito de darle más espacio en este blog (con mayor contenido del habitual en el que tengo sólo para música). Pero, aparte de eso, es que la figura de Borodin es fascinante…
      Un borodiano abrazo.

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