“La mal’aria”: un cuadro de Ernest Hébert

“La mal’aria”: un cuadro de Ernest Hébert

Ernest Hébert (1817-1908) fue un pintor nacido en Grenoble que vivió gran parte de su vida en Italia. Precisamente fue en este país donde se inspiró para realizar La mal’aria, el cuadro que aportaría mayor notoriedad a su carrera, presentado en el Salón de París el año 1850. Como explica el Dr. Alberto Ortiz, a quien seguimos fundamentalmente en este estudio sobre el cuadro del pintor francés:

“Bajo una luz crepuscular, un grupo de personas, montados sobre una barca, navegan por el río huyendo de un foco palúdico que se ha desatado en alguna región próxima. Un hombre situado de espaldas al espectador mira al horizonte y parece dirigir el destino de personas entre las que destaca la presencia de varias mujeres y un niño de corta edad. Las poses de tranquilidad de los diferentes miembros de la embarcación, así como el ambiente melancólico que envuelve la escena, contrastan de manera significativa con la gravedad del momento que vive la población. Herbert [sic] fue testigo de excepción de este tipo de movilizaciones, consecuencia de las diversas epidemias producidas a lo largo y ancho de la península italiana, donde el paludismo era endémico.”

Antoine Auguste Ernest Hebert Malaria 1850 193 x 135

Ernest Hébert. La mal’aria. (C) Musée d’Orsay, dist. RMN-Gran Palais / Patrice Schmidt

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Etimológicamente, el término malaria procede de la expresión italiana “mala aria“, en español “mal aire“, y se basa en la teoría miasmática, según la cual, los miasmas, que eran el conjunto de emanaciones fétidas de suelos y aguas impuras, eran causa de enfermedad. La verdadera etiología del paludismo (de “paludis“, genitivo de palus en latín -ciénaga o pantano- y de “-ismo”, referido en este caso a acción o proceso patológico) como también se denomina habitualmente a esta enfermedad en español, no fue descubierta hasta el último tercio del siglo XIX. En 1880, treinta años después de que Hébert pintara su cuadro, el médico militar francés Charles Louis Alphonse Laveran, trabajando en Argelia, observó parásitos dentro de los glóbulos rojos de enfermos de malaria. Propuso entonces que la malaria la causaba un protozoo (la primera vez que se identificaba a un protozoario como causante de una enfermedad). Al protozoario en cuestión se le llamó Plasmodium por los científicos italianos Ettore Marchiafava y Angelo Celli poco tiempo después. Camillo Golgi contribuyó al conocimiento del proceso infeccioso relacionando los episodios febriles con la liberación de los esquizontes de Plasmodium en sangre. Y, aunque no se pueden olvidar los trabajos del hispano-cubano Carlos Finlay, en La Habana, ni los del británico Sir Ronald Ross en la India, entre otros, en 1898, los italianos Giovanni Battista Grassi, Amico Bignami y Giuseppe Bastianelli demostrarían que la transmisión del parásito se debía a la picadura de los mosquitos Anopheles.

Como se puede comprobar, el considerable número de investigadores italianos que contribuyeron al conocimiento etiológico de la malaria muestra claramente el impacto que esta enfermedad causaba en el país trasalpino, donde eran frecuentes las epidemias como a la que Hébert se refería en su cuadro. Pero la malaria acompaña al hombre desde el principio de los tiempos y se puede encontrar presente en la inmensa mayoría de los lugares que habita. Y, si Italia contribuyó en gran medida al descubrimiento de la causa de la enfermedad, España, gracias a sus posesiones americanas, aportaría el primer tratamiento eficaz. Pronto hablaremos aquí de los “polvos de la condesa”, los “polvos de los jesuitas” y los “polvos del cardenal” que, al fin y al cabo, eran los mismos polvos…

Enlaces de interés:

Bignami, A. (1992): “The Mystery of Malaria: An Exchange“.

Bueno Marí, R. y Jiménez Peydró, R. (2008): “Malaria en España: aspectos entomológicos y perspectivas de futuro“. Rev. Esp. Salud Pública, 82(5):467-479.

Fernández Astasio, B. (2002): La erradicación del paludismo en España: aspectos biológicos de la lucha antipalúdica. (Tesis Doctoral). Universidad Complutense de Madrid.

Lederman D., W. (2008): “Laveran, Marchiafava y el paludismo“. Rev. Chil. Infect. 25(3):216-221.

OMS: Paludismo.

OMS: Programa Mundial sobre el Paludismo.

  1. Me gusta mucho esta pintura aunque, coincidiendo con la descripción del Dr. Alberto Ortíz, es tal vez un tanto contradictoria. La sensación inicial es de calma y relajo, como un abandono plácido ajeno al momento trágico que se está viviendo, especialmente la joven que está de espaldas y cuya laxitud rezuma sensualidad. Contrasta poderosamente con la actitud de quien parece pilotar la nave, que aún estando de espalda lo puedo imaginar abatido y con la mirada perdida, tal vez sin saber a dónde ir. De hecho, la barcaza parece apostada en un lento fluir a ninguna parte.
    Es tal vez la desesperanza que, rendida a la evidencia, acepta sin más el destino, capitulación sin condiciones, entrega, claudicación.
    Gracias por esta rica aportación sobre una enfermedad que sigue siendo un grave problema.

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  2. Precioso el origen de la palabra malaria, y, a fín de cuentas, sí que es un mal aire el que trae al mosquito. El cuadro es impresionante, también yo veo fatalismo, resignación. Y también estoy expectante ante esos polvos de condesas, cardenales, y jesuitas😀

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  3. Hola Paco,
    … como es habitual en tu blog me acercas lo desconocido. Estuve hace unos años en el Musée d’Orsay y no recuerdo haber visto este cuadro pero en la próxima ocasión que vaya lo buscaré. Coincido en lo que dice José Antonio en su comentario, el cuadro muestra una cierta calma que puede contrastar con la fatalidad. Por cierto, hace menos de 24h que he pasado por tu tierra, maravilloso Cádiz, maravillosa bahía, ¡cuánta historia!. De Jerez no te cuenta nada…
    Un abrazo y perdona que no me pusiera en contacto contigo pero la agenda y la compañía no me lo permitió (no me lo tengas en cuenta )😉

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    • No te lo tendré en cuenta esta vez, por supuesto… Seguramente, no hubiera podido atenderte como mereces, Francisco. Pero espero que haya otras ocasiones para ello. Soy yo quien te pide disculpas a ti por haber tardado tanto en responder a tu comentario.
      Gracias, una vez más, y un afectuoso abrazo.

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  4. Magnifico cuadro. Creo que la palabra que lo definiria es : resignación. Parecen conocer su destino y van hacia él muy tranquilos. Me gustaria verlo al natural. Es genial y aporta apuntes sobre la epidemia que parece les acecha.
    Muy buen articulo (como siempre) y aprendiendo siempre. Gracias y un abrazo.
    Antonio

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    • Ante todo, Antonio, perdón por haber tardado tanto en responder y enseguida: muchísimas gracias.
      Me parece muy acertado el concepto de “resignación” para expresar lo que se ve en este cuadro. Estoy completamente de acuerdo.
      Muchas gracias, de nuevo, y un afectuoso abrazo.

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