Dulce et Decorum Est

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John Singer Sargent (1856-1925). Gassed (1919) Detalle. Imperial War Museum, Londres

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El 28 de junio de 1914, el archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa fueron asesinados en las calles de Sarajevo. La respuesta al magnicidio no se hizo esperar y un mes después, el 28 de julio –acaban de cumplirse 100 años- el Imperio Austro-Húngaro le declara la guerra a Serbia. Rusia ordena la movilización general contra los austríacos. Alemania le declara la guerra a Rusia el 1 de agosto, y el día 4 de ese mismo mes invade Bélgica y Luxemburgo en su marcha triunfal contra Francia… La Primera Guerra Mundial había comenzado para diezmar toda una generación, acabando con la vida de más de nueve millones de combatientes hasta que se firmó la paz el 11 de noviembre de 1918. En el frente occidental, los alemanes fueron detenidos a pocos kilómetros de París, a donde habían llegado en pocos días, iniciándose entonces una aparentemente interminable guerra de desgaste, la guerra de las trincheras… la guerra del gas.

En mayo de 1918, seis meses antes del final de esa tragedia, cuando ya el resultado parecía claro, el Gobierno británico encargó a varios artistas que dejaran testimonio en sus lienzos de lo que vieran en la Guerra. Para ello, los pintores fueron trasladados a Francia. Entre esos pintores, sin duda, el más famoso era John Singer Sargent. Por su nacionalidad estadounidense (aunque había nacido en Florencia -hijo de un médico oftalmólogo que se trasladó con su esposa de los Estados Unidos a Italia- y había pasado su vida viajando de un lugar a otro del mundo) a Sargent se le pidió, en concreto, una obra que mostrara la cooperación anglo-americana en la Guerra. Pero no sería eso lo que plasmaría en su cuadro, a pesar de que llevaron al pintor, que entonces contaba 62 años de edad, a los lugares del frente donde combatían los más renombrados regimientos británicos y norteamericanos. La inspiración le llegaría en la tarde del 21 de agosto de 1918 –dicen que poco después de tomar el té- en Le Bac-du-Sud, al noreste de Francia, no muy lejos de la frontera con Bélgica, cuando vio llegar a cientos de soldados británicos para ser curados en los hospitales de campaña tras un ataque alemán con gas mostaza, en la Batalla de Arras. Aquello le recordó a Sargent –él mismo lo comentaría después- un cuadro de Bruegel el Viejo, “La Parábola de los Ciegos”. Soldados con los ojos vendados, cegados por el gas, caminaban en fila apoyando cada uno su mano en el compañero que marchaba delante hacia la enfermería donde habrían de recibir tratamiento; aunque entonces no fuera otro ciego quien los guiara –como en el cuadro de Bruegel– sino alguno de los sanitarios del Ejército Británico.

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Soldados de la 55ª División del Ejército Británico, tras un ataque con gas. 10 de abril de 1918

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Al mismo tiempo, una multitud de soldados heridos, también con los ojos vendados, permanecían tumbados en el suelo, amontonados unos sobre otros, esperando su turno para ser curados o que los lleven a otro lugar… La envergadura del cuadro pintado por Sargent (231 cm de alto por 611 de ancho) no nos permite reproducirlo a simple vista de modo que se pueda observar con detalle. Si así fuera, veríamos las distintas filas de ciegos caminando hacia la enfermería, bajo el sol que se pone sobre aquella tragedia humana. Mientras al fondo, porque la vida sigue y uno puede llegar a hacerse indiferente ante el dolor ajeno cuando éste se ha convertido en rutina, un grupo de soldados (se ven entre las piernas de algunos de los heridos en fila) están jugando un partido de fútbol.

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John Singer Sargent (1856-1925). Gassed (1919). Imperial War Museum, Londres

(Pulsar sobre la imagen para verla ampliada)

Todos los ejércitos contendientes utilizaron gases tóxicos durante la Gran Guerra, en mayor o menor medida. Primero fueron gases lacrimógenos, muy irritantes pero poco letales. Luego los compuestos de cloro, el fosgeno (el más letal) y –entre otros- el más famoso de todos, el gas mostaza. Ciertamente, los gases no causaron una excesiva mortalidad -sólo el 3% de las muertes en combate fueron debidas al gas- aunque sí numerosas bajas temporales e incapacidades; pero sus efectos psicológicos fueron devastadores. El gas mostaza, en concreto, prácticamente no se apreciaba cuando llegaba a las trincheras ni por su olor ni por su color. Sus efectos empezaban a manifestarse varias horas después del ataque, afectando principalmente a la piel y a las mucosas. Los ojos resultaban especialmente dañados; pero sólo en los casos más graves la ceguera se hacía permanente. La piel y el tracto respiratorio sufrían importantes quemaduras…

Gas Prim Guerra Mundial Efectos

*

Sobre los efectos del gas nos habla el soldado y poeta inglés Wilfred Owen, que tuvo la desgracia de morir a los 25 años de edad, justo una semana antes del día del armisticio –y no por el gas, precisamente- en uno de sus poemas más conocidos, cuyo título hemos copiado para este artículo: “Dulce et decorum est”. En realidad, el verso completo –que Owen toma de la Oda III de Horacio– dice “Dulce et decorum est pro patria mori”: “Dulce y honorable es morir por la patria”. En los últimos fragmentos del poema del militar inglés, según la traducción de Nicolas González Valera que leemos en su blog Mosca Cojonera:

¡Gas! ¡Gas! ¡De prisa, chicos! En un éxtasis de torpeza
Nos calamos torpes cascos justo a tiempo;
Pero alguno seguía pidiendo ayuda a gritos tropezando.

Indeciso como un hombre ardiendo en llamas o cal viva.
Borroso tras los vidrios empañados y a través de aquella verde luz espesa,
Como hundido en un mar verde, lo vi ahogarse.

En todos mis sueños, ante mi vista indefensa,
Se abalanza sobre mí, se atraganta, se ahoga, se apaga.

Si en algún sueño asfixiante también pudieras seguir a pie
La carreta donde lo arrojamos
Y ver cómo retorcía los blancos ojos en la cara,
Una cara colgante, como un diablo harto del pecado;
Si pudieras oír, a cada tumbo, la sangre
Vomitada por pulmones de espuma corrompidos,
Obsceno como el cáncer, amargo como pus,
De viles llagas incurables en lenguas inocentes,

Amigo mío, no contarías con tanto entusiasmo
A los niños que arden ansiosos de gloria
Esa vieja mentira: Dulce et decorum est
Pro patria mori.

Lamentablemente, la humanidad no ha aprendido la lección de la historia y se sigue muriendo en guerras sin sentido ni justificación posible, incluso cuando el concepto de “patria” ha perdido el valor que tenía antes. En todo caso, puestos a compartir opinión, más que con Horacio -literalmente (porque como me ha hecho a ver Hesperetusa, el sarcasmo del poeta satírico romano debe ser tenido en cuenta)- estoy de acuerdo con la crítica del joven Bertold Brecht que consideraba la frase horaciana propaganda para necios. En todo caso, lo realmente “dulce y decoroso” sería vivir por la patria.

 

  1. No conocía este cuadro de John Singer Sargent, siempre asociado a los retratos de la alta sociedad. En los últimos tiempo, gracias a los blogs que se ocupan de la Primera Guerra Mundial estoy aprendiendo cosas que no aparecen en los libros de Historia “normales”. aparte de que ahora hay una oleada de libros de investigaciones más recientes que ponen en tredicho lo que se ha estado repitiendo durante años. Nada como cien años para tener perspectiva y ver las cosas en conjunto y no piezas separadas.
    Mi idea del gas es que había sido tan letal que por eso se prohibió y se usó muy poco en la Segunda Guerra Mundial. Letal era y sus consecuencias nefastas, pero creía que sus víctimas habían sido superiores, lo que no reduce en absoluto el sufrimiento y las vidas perdidas de los que lo sufrieron.
    El poema de Wilfred Owen lo uso todos los cursos (siempre tengo en algún curso Historia Contemporánea) y las plabras de Horacio, oda que traducí en su día en el instituto, tienen algo de profundo sarcasmo. En 1914-18, en la antigua Roma y ahora mismo.

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    • Agradezco tanto tu comentario esta noche, Hesperetusa, que voy a modificar el texto… me has dejado pensando en Horacio.🙂
      Por lo demás, aprendemos todos de todos… y eso me encanta.
      Muchísimas gracias, una vez más, por tus apreciadísimas aportaciones y -nunca mejor dicho- un caluroso abrazo.

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  2. Hola Paco,
    coincido con tu apreciación de que todos aprendemos de todos. Amplié el cuadro de Sargent y me entretení en verlo ampliado y mientras lo hacía me ponía en su lugar horrorizándome al pensar en la incertidumbre de esos soldados. Era una nueva guerra, una nueva arma con efectos desconocidos hasta entonces. ¿Podrían volver a ver o se quedarían ciegos para siempre? ¿Morirían por el dolor de esas úlceras en su piel? En una guerra te puede matar una bala perdida, una fracción de segundo, un instante en el tiempo, estás y luego no estás. Pero el sufrir este ataque químico, además del dolor, de la incertidumbre, están esos meses de agonía.
    Me alegra que nos presentaras también tú, este tema. Creo que entre todos lo hacemos mejor.
    Un abrazo nada “sufuroso” (perdona la ironía).

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  3. La pintura de Sargent, que desconocía, es espeluznante, y me la puedo imaginar en sus dimensiones como un mural realmente sobrecogedor. Una de las funciones del Arte es precisamente ser espejo que nos perturba y hace que nos replanteemos ideas preconcebidas, el poema de Owen. Me gusta mucho la evocación que haces de la Parábola de los ciegos.
    Gracias

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    • La idea de quienes le encargaron el cuadro es que fuera impresionante; aunque no sé que pensaron cuando lo vieron. Le habían pedido un homenaje a la colaboración anglo-americana y se encontraron con ese mural -como bien dices, José Antonio- realmente sobrecogedor. A Owen no lo conocía. Me hace pensar ese joven poeta -convertido en soldado- de baja por estrés postraumático, que se empeña en volver al frente al caer herido su mentor, Siegfried Sassoon, para ocupar su puesto… En cuanto a la evocación de la “Parábola de los Ciegos”, no es mérito mío. La cita el propio Sargent.
      Muchas gracias, querido amigo, y un fuerte abrazo.

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  4. Me horrorizan las guerras y nunca entrará en mi mente ese deseo de matar a personas que con toda certeza no tienen la culpa de esos odios entre los más poderosos. No es malsano y macabro ver sufrir asi a seres humanos??

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    • Lo es Rosa… malsano y macabro.
      A mí también me horrorizan las guerras. Lamentablemente, he tenido que volver a hablar del tema. Ojalá alguna vez sólo se hable de guerras por los historiadores.
      Muchas gracias por estar aquí, y un cordial saludo.

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