Antón Chéjov, médico y escritor

Chekhov_1898_by_Osip_Braz

Chéjov retratado por Osip Braz en 1898. Galería Tetriakov, Moscú.

*

Antón Pávlovich Chéjov empezó a escribir cuando todavía era estudiante de Medicina en Moscú. Más que nada por los 5 kopecks por línea que le pagaban los periódicos por sus primeras publicaciones. Y si le daban 15 líneas, el escribía 15 líneas rebosantes de ese sentido del humor tan suyo, porque buenos eran los 75 kopecks que ganaba para ayudar a la maltrecha economía familiar.

Con el tiempo, lo que comenzó prácticamente como necesidad se convirtió en pasión, llegando a convertirse en uno de los escritores más importantes de la historia de la literatura, como gran dramaturgo, ensayista, novelista y, sobre todo, autor magistral de un incontable número de cuentos y relatos cortos; pero sin abandonar jamás la medicina, su primera y auténtica vocación. Él mismo expresaría esa dualidad mejor que pudiera haberlo hecho nadie, con su famosa frase:

“La medicina es mi esposa legal; la literatura, sólo mi amante”.

Cuando escribió esa frase, en una carta fechada el 11 de septiembre de 1888 y dirigida a su amigo el publicista Alexéi Suvorin (con quien mantuvo una abundante correspondencia), Chéjov tenía 28 años de edad y ya era un escritor famoso; pero también un enfermo de tuberculosis. Los primeros síntomas de la enfermedad habían empezado a manifestarse un año antes. Se dice con frecuencia que se contagió en el ejercicio de su profesión. Puede ser, al fin y al cabo los médicos siempre han estado profesionalmente expuestos al contagio de enfermedades infecciosas. Pero téngase en cuenta que la tuberculosis, la enfermedad romántica por excelencia, era conocida en esa época como la “plaga blanca”, “mal de vivir” o, en francés, “mal du siècle“. Fue en 1882 cuando Robert Koch descubrió descubrió el agente infeccioso que la provoca; pero no tendría tratamiento efectivo hasta mediados del siglo XX. La tuberculosis sería la causa de que Chéjov se viera obligado a dedicarse casi en exclusiva a la literatura y dejara de ejercer la medicina (aunque nunca la abandonó del todo, asistiendo gratuitamente a cuantos lo necesitaban). Como entonces no existía otro tratamiento, la enfermedad le llevó a pasar largas temporadas en Niza (Francia) y posteriormente en Yalta (Crimea) donde se le recuerda con especial afecto, ya que el clima templado de estos lugares era preferible a los fríos inviernos rusos. Finalmente, con la tuberculosis muy avanzada, en mayo de 1904 se trasladó con su esposa, la actriz Olga Leonárdovna Knipper, al balneario alemán de Badenweiler, donde fallecería el 15 de julio. Acaban de cumplirse ahora 110 años de su muerte.

El aniversario de la muerte de Antón Chéjov me ha motivado para estudiar la vida y la obra de este médico escritor, porque confieso que todavía es un gran desconocido para mí. Sin embargo, tras lo poco que aún he podido leer sobre él, además de sus obras de teatro, ensayos, novelas, o la ingente cantidad de relatos cortos y cuentos, tengo la impresión de que puede ser apasionante leer su correspondecia. Antes he hecho mención a una de sus cartas. De otra de sus cartas, dirigida a Dmitri V. Grigoróvich y fechada el 28 de marzo de 1886, es decir, cuando contaba tan solo 26 años de edad, transcribo para terminar algunos fragmentos que nos pueden aportar valiosa información sobre su forma de ser y de pensar:

Todas las personas cercanas a mí siempre han menospreciado mi actividad de escritor y no han cesado de aconsejarme amistosamente que no cambiara mi ocupación actual por la de escritor. Tengo en Moscú cientos de conocidos, entre ellos dos decenas que escriben, y no puedo recordar ni a uno sólo que haya visto en mí a un artista. En Moscú existe el llamado “círculo literario”. Talentos y mediocridades de cualquier pelaje y edad se reúnen una vez por semana en el reservado de un restaurante y dan rienda suelta a sus lenguas. Si fuera allí y les leyera una parte de su carta, se reirían de mí. Tras cinco años de deambular por los periódicos he logrado compenetrarme con esa opinión general de mi insignificancia literaria. En seguida me acostumbré a mirar mis trabajos con indulgencia y a escribir de manera trivial. Esa es la primera razón. La segunda es que soy médico y siento una gran pasión por la medicina de modo que el proverbio sobre las dos liebres [“El que sigue dos liebres, tal vez cace una, y muchas veces, ninguna”] nunca quitó tanto el sueño a nadie como a mí. Le escribo todo esto sólo para justificar un poco ante usted mi gran pecado. Hasta ahora he mantenido, respecto a mi labor literaria, una actitud superficial, negligente y gratuita. No recuerdo ni un solo cuento mío en el que haya trabajado más de un día. “El cazador”, que a usted le gusta, lo escribí en una casa de baños. He escrito mis cuentos como los reporteros que informan de un incendio: mecánicamente, medio inconsciente, sin preocuparme para nada del lector ni de mí mismo… He escrito intentando no desperdiciar en un cuento las imágenes y los cuadros que quiero y que, sabe Dios por qué, he guardado y escondido con mucho cuidado. […]

Disculpe la comparación, pero ha actuado en mí como la orden gubernamental de “abandonar la ciudad en 24 horas”, esto es, de pronto he sentido la imperiosa necesidad de darme prisa, de salir lo antes posible del lugar donde me hallo empantanado… Estoy de acuerdo en todo con usted. El cinismo que me señala, lo sentí al ver publicado “La bruja”. Si hubiera escrito ese cuento no en un día, sino en tres o cuatro, no lo tendría… Me libraré de los trabajos urgentes, pero me llevará tiempo… No es posible abandonar el carril en el que me encuentro. No me importa pasar hambre, como ya pasé antes, pero no se trata de mí. Dedico a escribir mis horas de ocio, dos o tres por día y un poco de la noche, esto es, un tiempo apenas suficiente para pequeños trabajos. En verano, cuando tenga más tiempo libre y menos obligaciones, me ocuparé de asuntos serios.

No puedo poner mi verdadero nombre en el libro, porque ya es tarde: la viñeta ya está preparada y el libro, impreso. Mucha gente de Petersburgo me ha aconsejado, antes que usted, no echar a perder el libro con un pseudónimo, pero no les he hecho caso, probablemente por amor propio. No me gusta nada mi libro [Cuentos abigarrados se publicó bajo el pseudónimo de Antosha Chejonté]. Es una vinagreta, un batiburrillo de trabajos estudiantiles, desplumados por la censura y por los editores de las publicaciones humorísticas. Creo que, después de leerlo, muchos se sentirán decepcionados. Si hubiera sabido que usted me lee y sigue mis pasos, no lo habría publicado. La esperanza está en el futuro. Sólo tengo 26 años. Quizás me dé tiempo a hacer algo, aunque el tiempo pasa deprisa. Le pido disculpas por esta carta tan larga. […] Con profundo y sincero respeto y agradecimiento.

El tiempo pasa de prisa y Antón Chéjov tuvo poco, tan solo hasta los 44 años. Pero sin duda que hizo “algo”, tanto como para que la historia le recuerde como médico, escritor y hombre bueno.

 

    • Gracias a usted, mi estimada Rosa, por su amable comentario. Seguramente, la grandeza literaria del autor ruso ha ocultado su profesión y vocación primera, esa a la que él llama “esposa legal”, a la que nunca quiso abandonar a pesar de su espléndida “amante”.
      Muchas gracias, una vez más, y un cordial saludo.

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  1. Hola Paco,
    yo ni sabía que fuera médico ni escritor. Me acercaste su nombre y su figura, a la vez tan lejana como cercana. Medicina y Humanidades, ¡qué combinación tan extraordinaria! Me encanta leerte pues ya se está volviendo una agradable costumbre el que me muestres personajes desconocidos para mí. ¡Hay tanto que aprender y tan poco tiempo para ello! Genial la frase que incluyes al principio del post “la medicina es mi esposa legal; la literatura, sólo mi amante”, un poco ruda, pero acertadísima.😉
    Un abrazo

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    • Yo conocí a Chéjov, como dramaturgo, gracias a aquel extraordinario programa de televisión (tan distinto a tanto de lo que abunda hoy) que se llamaba “Estudio 1”. Mucho después, curioseando, me enteré de que era médico… y médico-enfermo. Ahora, cuando puedo, estoy leyendo sus cuentos; algunos de ellos son magníficos a la par que divertidos.
      Me encanta este reparto mutuo nuestro de agradables sorpresas, Francisco.
      ¡Un abrazo!

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  2. Casi no he leído a Chéjov si lo comparo con Tolstoi, Dostoyevski, o algún otro autor más moderno como Vasili Grossman. Tampoco sabía que era médico. Hay muchos médicos escritores pero creo que menos que abogados artistas, a lo que parece el estudio del Derecho les resultó tan horrible que acabaron haciendo otra cosa. Sin embargo, los médicos parece que siguieron ejerciendo su profesión.
    Retrato de 1898, cuando tenía 39 años. Parece mayor si lo comparamos con el aspecto de hoy de una persona de su misma edad. Y es que ahora queremos vivir en una juventud eterna, pero en el siglo XIX la gente se instalaba en la edad adulta, y su aspecto y forma de vestir, sin ningún problema.
    Un par de cosas, amigo, que no tienen que ver con el tema de la entrada.
    Cada vez me gusta más esta plantilla o tema de WP, para el tipo de blog que escribo la considero perfecta, pero aún no contemplo comprar porque no sé si podré seguir escribiendo con alguna periodicidad. El curso que viene se presenta muy complicado.
    Por favor, no salgas de WordPress.com con un dominio propio…, porque entonces vienen todos los problemas técnicos para seguir, comentar, hasta el punto que desisto.

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    • Creo que Chéjov es muy poco conocido, Hesperetusa. Acabo de explicarle a nuestro común Francisco como lo conocí yo… por casualidad, hace bastantes años. Ahora, con menos dedicación de la que me gustaría, estoy leyendo sus cuentos. Recientemente, Páginas de Espuma ha comenzado a publicarlos en una estupenda edición de Paul Viejo.
      En cuanto a su retrato, debe tenerse en cuenta que -ya entonces- sufría una tuberculosis avanzada… Pero tienes razón en lo que dices sobre la diferencia entre su época (o posterior incluso) y ahora. Ahora hay gente que se niega a envejecer de forma tan exagerada que -en mi modesta opinión- llega a hacer el ridículo. Pero, en fin, cada cual es muy libre…
      La plantilla fue un regalo que me hice…🙂 Me gustó. Y así controlo también, de paso, mi tendencia a variar.🙂 Espero poder seguir dándole utilidad durante un tiempo; aunque sea con mayor o menor frecuencia. Y no te preocupes, no tengo la menor intención de tener un dominio propio (aunque ignoraba que también eso dificulta los comentarios).
      Como siempre, gracias por tu comentario que tanto aprecio, y por el honor que me haces al estar aquí.
      ¡Un abrazo!

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  3. Pues, de sus frases, en la carta citada, me quedo con: “El que sigue dos liebres, tal vez cace una, y muchas veces, ninguna”, pero al revés, para enfatizar que yo disfrutaría más saliendo a cazar que con la pieza cazada. O como decía Saint-Exupery (Petit Prince): “Ce q’importe c’est d’aller vers, pas d’être arrivée”.
    En esto creo que mucho blogueros letamendianos estarán de acuerdo. Tal vez no sea práctico pero la vida es tan rica en colores y matices que algo hay que hacer para disfrutar aunque sólo sea un poco de tanta riqueza.
    Gracias

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    • La frase que mencionas, querido José Antonio, al mostrarse entre corchetes la he entendido yo como una aclaración del traductor o del editor para los lectores españoles, en el sentido de nuestro refrán “quien mucho abarca poco aprieta”; porque Chéjov, en aquella época, consideraba que lo verdaderamente importante era la medicina, mientras que la literatura no pasaba de ser para él un “divertimento”. Pero, dicho esto, añado que estoy completamente de acuerdo contigo… y, como decía Saramago: “El objetivo de un viaje es sólo el inicio de otro viaje”.
      Un fuerte abrazo, querido amigo.

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  4. Me has tocado la fibra sensible, querido Paco, pues Antón Chéjov es uno de mis escritores más queridos y admirados. Sus portentosos relatos son como pequeños mundos que, en su brevedad, alcanzan una altura insuperable. Dijo el crítico literario Harold Bloom que “sus cuentos muestran la delicadeza formal y el clima sombríamente reflexivo que lo convierten en el artista indispensable de la vida no vivida y en el más influyente en todos los cuentistas que vinieron después de él”. Un genio del relato corto comparable, tan grande como Tolstoi en la novela.
    Un chejoviano abrazo.
    PD. Reparad en otras de sus célebres frases:
    http://es.wikiquote.org/wiki/Ant%C3%B3n_Ch%C3%A9jov

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    • Me alegra coincidir contigo también en la admiración por Antón Chéjov, mi querido José Manuel. Y siempre es un placer recibir tus magníficos comentarios, como éste, acompañado además de esa interesante colección de frases del médico escritor.
      Muchísimas gracias, y otro gran chejoviano abrazo para ti.

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