El oculista Forlenze

Dr_Forlenze

Jacques-Antoine Vallin (c.1760-c.1835). Joseph Forlenze (1807). The National Gallery. Londres

 

Nada hace pensar, al mirar este cuadro, que pueda tener relación con la medicina. Sin embargo, estamos ante el retrato de un destacado cirujano de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Un cirujano a quien se puede considerar ya un auténtico especialista en oftalmología, uno de los pioneros de la especialidad: Joseph Forlenze. Quiero imaginar -imaginar tan solo, porque seguramente nunca podremos tener certeza de ello- que el hermoso paisaje, con el humeante Vesubio y el faro visto desde el Molo, el puerto de Nápoles, no sólo hace alusión a la tierra natal del oculista, sino que expresa además el beneficio que se obtiene tras la operación de cataratas -en la que era experto- al volver a disfrutar nítidamente de las maravillas que el mundo ofrece a la vista, y que la rosa que lleva en su mano derecha sería el símbolo de la delicadeza con la que Forlenze llevaba a cabo dicha operación.

En el pequeño municipio de Picerno, en la Basilicata, el 3 de febrero de 1757, cuando todavía esta región del sur de Italia formaba parte del Reino de Nápoles (y, por tanto, de la Corona española, siendo rey de Nápoles Carlos VIICarlo di Borbone se le suele llamar allí- el mismo que, a partir de 1759, reinaría en España como Carlos III), nacía Giuseppe Nicolò Leonardo Biagio Forlenza, hijo y sobrino de cirujanos-barberos. Giuseppe inició sus estudios de cirugía en Nápoles; pero luego se trasladó a Francia para ampliar su formación, y en ese país ejercería como cirujano la mayor parte de su vida, hasta su fallecimiento en París, el 22 de julio de 1833, con 76 años de edad. Por eso se le conoce habitualmente con su nombre en francés y así le llamaremos: Joseph-Nicolas-Blaise Forlenze.

En París, Forlenze fue discípulo del más importante cirujano francés de la época, Pierre-Joseph Desault, de quien llegó a ser íntimo amigo y colaborador en sus estudios anatómicos. Luego se trasladó a Inglaterra, donde pasó dos años más formándose en el St. George’s Hospital, de Londres, que dirigía otro famoso cirujano: John Hunter. Viajó también a Holanda y Alemania para aumentar aún más su formación. Y ya de vuelta en Francia se estableció en París, ejerciendo como oftalmólogo. En 1798 operaba en el Hôtel National des Invalides y en el hospital más renombrado de París, el Hôtel Dieu. Operó a ilustres personalidades, como Jean-Étienne-Marie Portalis, célebre jurista que intervino activamente en la vida política francesa, tanto en tiempos de la Revolución como de Napoleón, o el poeta Ponce-Denis Écouchard-Lebrun, a quien devolvió la vista en uno de sus ojos cegado por la catarata desde hacía doce años y quien, como corresponde a su oficio, obsequió al oculista con una oda titulada Les conquêtes de l’homme sur la nature, en la que se pueden leer los siguientes versos:

“O lyre, ne sois pas ingrate!

Qu’um doux nom dans nos vers éclate

Brillant comme l’astre des cieux!

Je revois sa clarté première;

Chante l’art qui rend la lumière;

Forlenze a dévoilé mes yeux.”

Aunque no sólo atendió a las celebridades, lógicamente. Forlenze trató en París a un buen número soldados, de los que regresaron tras la campaña de Napoleón en Egipto, que habían sufrido graves enfermedades oculares.

Por supuesto, Forlenze nunca fue uno de esos cirujanos ambulantes que ofrecían sus servicios de pueblo en pueblo, y tantas veces tenían que salir huyendo al galope por culpa de los resultados de sus intervenciones. Él tenía su prestigiosa consulta en París; lo cual no fue óbice para que, en ocasiones, fuera llamado desde el extranjero para operar, por ejemplo, al cardenal Doria. Carolina de Borbón, duquesa de Berry, italiana como él, esposa y muy pronto viuda del delfín de Francia, una mujer de interesante vida, muy bella, y posiblemente con una afectación de la vista desde su nacimiento que trataba Forlenze, hablaba maravillas del médico.

Buena prueba de su categoría profesional son sus publicaciones, entre las que destacan Considérations sus l’operatión de la pupille artificielle (1805) y Notice sur le développement de la lumière et des sensations dans les aveugles-nés, à la suite de l’operation de la cataracte (1817).

Todo esto ocurría en la Francia que, por méritos propios, ocupaba el primer puesto de la medicina mundial. Era la época de Bichat y Laënnec o Corvisart, que llevarían a la profesión a la senda de nuestra medicina científica actual… la época de grandes cirujanos, como Desault, Dupuytren o Larrey, capaces de realizar operaciones impensables cuando todavía ni la anestesia, ni la asepsia, ni el control de la hemorragia se aplicaban en cirugía. Y Francia, la inteligente Francia, no sólo honró al oculista italiano que el pintor Vallin retrató a los pies del Vesubio, en recuerdo de sus orígenes, concediéndole la Legión de Honor, nombrándole Caballero de la Orden de San Miguel y San Jorge, sino que lo hizo uno de los suyos, haciendo que Giussppe Nicoló Leonardo Biagio Forlenza haya pasado a la historia como Joseph-Nicolas-Blaise Forlenze.

Por la misma época, durante la Revolución, el Imperio y la Restauración, otro italiano de nacimiento llegaría a convertirse en uno de los principales músicos de Francia: Luigi Cherubini. Su Requiem en do menor, interpretado por una orquesta juvenil italiana que lleva precisamente el nombre del compositor, dirigida por el Maestro Riccardo Muti, rendimos homenaje a la memoria de aquel cirujano italiano que Francia adoptó como propio: el oculista Forlenze.

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  1. No conocía la vida de Joseph Forlenze, como pasa con la mayoría de los médicos que aparecen por aquí, pero he de decir que su retrato es uno de los mejores retratos neoclásicos que he visto. Será porque el retratado quiso que el pintor lo pusiera teniendo como fondo su tierra natal italiana, o pequeños detalles como la rosa en la mano, que lo alejan de la rigidez y antipatía que tienen muchos retratos de esta época.

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    • Es normal que tú no conozcas a la mayoría de los médicos que aparecen por aquí, Hesperetusa; como yo, por ejemplo, de los libros de horas sólo sabía de su existencia. Pero, en este caso, a Forlenze yo tampoco lo conocía, y me alegra mucho que te haya gustado el cuadro porque fue el cuadro el que, por casualidad me hizo saber de él. Buscando información sobre el Vesubio vi la imagen y me gustó. Como siempre procuro saber más… me llevé la sorpresa de que el retratado era un médico. Seguí buscando información… y ya ves el resultado.

      Muchas gracias, leal amiga, por tu siempre apreciada y deseada opinión. Gracias por estar aquí. Feliz domingo y un afectuoso abrazo.

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      • ¿Es una plantilla de pago? Ya me parecía muy bonita y elegante, sobre todo la letra. Una de las cosas que no me gustan de WordPress son las fuentes y que no dejen cambiarlas si no es pagando. Cuesta mucho encontrar, para mi gustó una plantilla equilibrada entre forma y fuentes.
        Estoy bastante contenta con la mía, pero en mi ordenador con W8 la letra capital romana de los títulos es cambiada por una letra san serif, como en una tablet. Eso no pasa con W7 ni cuando la veo en Safari.
        Voy a ir observando la configuración de tu nueva plantilla 🙂
        Un abrazo.

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      • Sí, es una plantilla de pago Hesperetusa. Hacía tiempo que estaba “antojado” de ella, porque me pasa lo mismo que a ti con las fuentes y otros aspectos de las plantillas… y me fastidia que no se puedan modificar. Pero el otro día decidí que me merecía un regalo -por motivos varios- y la compré (compré además que no incluyan publicidad, no me gustaba ver el blog en ordenadores de los amigos con publicidad incluida). Creo que ésta se adapta mucho a mi forma de ser y al contenido del blog. Sólo echo en falta un poco más de juego con las imágenes en la cabecera de cada entrada, como tenía antes (aunque esto, normalmente, para lo que hago, puede ser una ventaja también). Realmente, lo que me interesa es comodidad y rapidez para publicar.
        Me alegra que te guste.
        Otro abrazo, querida amiga.

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  2. Hola Paco,
    al igual que Hesperetusa, yo tampoco sabía de él. Devolver la vista a un ciego es una de las cosas que siempre me han causado más admiración. Aunque en aquella época no se practicaran las extraordinarias intervenciones oculares que se hacen en la actualidad, las cataratas (que en la actualidad es una de las más frecuentes y agradecidas cirugías) que conseguían extraer devolviendo así la vista debían impactar a quien recuperaba la vista así como a sus familiares y amigos. Si como dices era tan bueno en su profesión no me extraña que le reconocieran con tantos honores. En cuanto a que fue uno de los médicos que atendieron a los soldados que regresaron de las campañas Napoleónicas en Egipto, sin duda debieron de tener trabajo…¡Buff! La arena, el sol… debieron de hacer estragos en ellos.
    Un abrazo y gracias por otra gran y desconocida entrada.

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    • ¿Sabes? Coincidió que me encontré con Forlenze, precisamente, cuando yo tenía que operarme de cataratas… y me dio mucho ánimo. La verdad es que mi operación fue un éxito absoluto y, a los pocos minutos, estaba disfrutando las delicias gastronómicas, urbanísticas y paisajísticas de Pamplona. 🙂
      Respecto a la napoleónica Campaña de Egipto, Francisco, será motivo de una o dos entradas proximamente, centradas en la figura poco conocida y menos valorada -en mi modesta opinión- del Jefe Médico del Ejército de Napoleón, el Dr. Desgenettes. Espero poder publicar algo el próximo fin de semana (o quizás el jueves, ahora recuerdo que es festivo), y espero también que te guste.
      Muchísimas gracias, querido amigo, y para ti el más afectuoso abrazo.

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      • por cierto…he visto el nuevo look del blog. Sencillo pero claro y atractivo a la vez. Felicidades.
        PD: corrige por mí la falta de ortografía del anterior comentario (haber) que nos explicas. Fue un lapsus y las horas del día que hacen mecha en mi mente. 😉

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      • Gracias por tu opinión sobre la nueva imagen del blog, Francisco, igual que la de nuestra amiga Hesperetusa, la valoro mucho. Precisamente pretendía lo que tan bien señalas, y me alegra que me lo digas…
        Respecto a los posibles lapsus, que todos tenemos, no te preocupes en absoluto.
        ¡Feliz semana que empieza!

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  3. Sublime y elevado sentir con el Réquien dirigido por el gran maestro Muti. Magistral. Hermoso cuadro del doctor, su cara seria pero no rígida y la rosa añade ternura como la música, supongo que sería elección del propio doctor posar con ella, lo sencillamente perfecto puede existir. Viajaban mucho estos personajes y tenían muchos contactos profesionales, muy enriquecedor a nivel personal. Seriedad pero no rigidez…es signo de inteligencia, supongo que esta combinación se aplicaba el doctor Forlenze, por la miradilla que nos echa…se delata él mismo…tiene encanto. Gracias Señor Doña por mostrar tantas personas interesantes de la Historia. Cordiales Saludos.

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