Van Gogh: la enfermedad mental y el saturnismo

Van Gogh: la enfermedad mental y el saturnismo

La víspera de Nochebuena -dice Vallejo-Nágera cuando inicia el capítulo sobre Van Gogh de su Locos Egregios– no parece el momento más acertado para llevar regalos a un prostíbulo. Por ello, en la de 1888 debió sorprender a la portera que “ese pintor tan raro que vive en la casa amarilla” trajese un pequeño regalo [para una de las señoritas que atendía en el local], cuya reacción [la de la atenta señorita] no fue solo de sorpresa al encontrarse dentro del envoltorio ensangrentado un fragmento de la oreja izquierda de Vincent, que con ese propósito se acababa de seccionar.

Era el resultado de lo que había acontecido no mucho tiempo antes. La noche anterior -como solían hacer con frecuencia- Van Gogh y su amigo Gauguin pasaban el rato en el prostíbulo. Van Gogh, que no podía pagar a modelos profesionales, le ofreció a una de las señoritas que les entretenía hacerle un retrato… pero entre risas -según la narración del ya citado Vallejo-Nágera-[1] ella le contestó que sería mejor aguinaldo una de sus orejas. Así que, la noche siguiente, después de perseguir con la navaja en la mano a su amigo Gauguin por las calles de Arlés -quizás para cortarle a él la oreja ¿quién sabe?- se cortó la suya y se la obsequió como regalo navideño a la joven meretriz… No es extraño que los psiquiatras hayan tenido a Van Gogh con elevada frecuencia como motivo de estudio. Por ello, en su libro, Vallejo-Nágera escribe:

Gran parte de su obra se realizó entre crisis de enajenación mental. Es uno de los pocos grandes pintores cuya biografía resulta tan interesante como sus cuadros, no por las aventuras, pues casi carece de ellas, sino por la rica vida interior que supo volcar en las 821 cartas que se conservan, la mayoría dirigidas a su hermano Theo. El cariño y abnegación de este hermano entrañable, ilimitado en su generosidad hacia el pintor genial, extraño y desvalido, es un monumento a la bondad humana, tan hermosa como cualquiera como cualquiera de los cuadros de Vincent.

Por la originalidad absoluta de su modo de hacer, se pensó en la enfermedad mental como trampolín para saltar hacia ese “mundo nuevo y distinto”, en una reencarnación del mito de la fecundación del genio por la locura. Lógicamente, su “caso” fascinó a los psiquiatras. Sobre nadie se ha escrito tanto intentando perfilar un diagnóstico retrospectivo. Si tuviésemos duda sobre la limitación de nuestra ciencia, bastaría Van Gogh para demostrarla.

En un […] trabajo de revisión de estudios psiquiátricos sobre Vincent van Gogh, su autor clasifica los diagnósticos porcentualmente; tanta es la discordancia de criterios. Siendo, sin duda, un enfermo mental grave, muy grave, resultó tan independiente en el terreno de la patología como en el Arte.

Sin embargo, el pintor holandés no solo constituye el paradigma del genio profusamente estudiado por los psiquiatras. En las que hemos podido revisar, entre sus múltiples patografías, encontramos diagnósticos tan dispares como: porfiria aguda intermitente, intoxicación por absenta, enfermedad de Ménière o intoxicación por digitalina, entre otros. Quizás las enfermedades más convincentemente argumentadas hayan sido la epilepsia temporal (la misma que le diagnosticaron algunos de los médicos que le atendieron en vida, como el Dr. Peyron o el Dr. Rey) y la psicosis maníaco-depresiva.

Van Gogh Dr. Rey 1889

El doctor Felix Rey, retratado por Van Gogh en 1889. Museo Pushkin, Moscú

Pero también se ha hablado del posible saturnismo de Van Gogh. Esta hipótesis ha incrementado sus posibilidades tras los informes de los restauradores preocupados por el importante deterioro que están sufriendo las pinturas del holandés, sobre todo sus amarillos -que tanto le gustaban y que contienen plomo en gran cantidad- como el cromato de plomo, también llamado amarillo de plomo; que manipulaba continuamente y sin la menor precaución. Aunque antes de que empezaran a publicarse esos informes, Francisco Javier González Luque y Luis Montejo González, ya habían tratado sobre el posible saturnismo del pintor en diversas publicaciones y con gran amplotud en su libro: Vincent van Gogh poseído por el color y la luz.[2]

1887 Autorretrato con sombrero de paja

Van Gogh. Autorretrato con sombrero de paja (1887)

En síntesis, González Luque y Montejo González, explican que sobre un fondo de factores hereditarios (ciertos antecedentes familiares de enfermedad mental, especialmente su querido hermano Theo), ambientales (nutrición inadecuada, exposición excesiva al sol) y patológicos (enfermedades venéreas, tabaquismo, intoxicación por absenta o digitalina) -los cuales serían factores coadyuvantes- habría actuado una intoxicación crónica por plomo, que habría sido la causante última de sus síntomas somáticos (estomatitis, anemia, dolores abdominales, paresia motora de la mano) y psiquiátricos (irritabilidad, epilepsia, delirios, alucinaciones y estados crepusculares, trastornos del sueño, depresión y ulterior suicidio). El origen de esta intoxicación estaría en la ingestión repetida de pigmentos ricos en plomo, como el carbonato y, sobre todo, el cromato de plomo que Van Gogh usaba con profusión en sus característicos amarillos.

Una interesante biografía en vídeo de Van Gogh se inicia con el siguiente…

Referencias bibliográficas

[1] Vallejo-Nágera, J.A. (1979): Locos egregios. 7ª ed. Madrid, Dossat: 261-287.

[2] González Luque, F.J. y Montejo González, A.L. (1997): Vincent van Gogh, poseído por el color y la luz. Salamanca, Laboratorios Juste.

Enlaces de interés:

Sobre el tema de esta entrada se ha ocupado con acierto -como es habitual en él- el Doctor Santiago Stucchi Portocarrero en su blog Psiquiatría Histórica.

González Luque, F.J. y Montejo González, A.L. (1997): “Implicación del saturnismo en la psicopatología de Vincent van Gogh“. Actas Luso Esp Neurol Psiquiatr Cien Afines;25(5):309-326.

González Luque, F.J. y Montejo González, A.L. (2004): Vincent van Gogh y los colores tóxicos de Saturno. Relato autobiográfico de un envenenamiento por plomo. Salamanca.

González Luque, F.J. (2012): “Las crisis de Vincent van Gogh y el enigma de Saturno“. Portales Médicos.

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    • Podría ser buen título para una biografía de Van Gogh… más ahora que en publicaciones recientes se dice que ni siquiera fue él quien se pegó el tiro…

      Muchas gracias José Luis, y un cordial saludo.

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  1. Hola Paco,
    ha merecido la pena esperar este post. Tras la serie de artículos sobre el saturnismo que tan magistralmente nos estás documentando da la sensación (y hablo desde el total desconocimiento) que la intoxicación por plomo es mucho más importante de lo que hasta ahora se pensaba. Aunque siempre quedará la duda de hasta qué punto es la causa real de muchas de las enfermedades de estos genios. Además, “santos” lo que se dice “santos” tampoco eran: visitaban burdeles, se entregaban al tabaco, enfermedades psiquiáticas, genéticas… Vaya, que cuando no era por una cosa sería por otra. Quizás ahora el saturnismo encuentra su posición (privilegiada) dentro de las etiologías a sus múltiples padecimientos. En fin, un tema apasionante el que nos has mostrado.
    Un abrazo y gracias.

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    • Tienes razón, Francisco. El saturnismo -si es que lo sufrieron realmente- no sería más que otro apunte en la historia clínico-laboral de Caravaggio, Goya, Van Gogh o tantos otros artistas que, por su exposición profesional al plomo, es muy posible que lo padecieran. Pero nunca lo sabremos con certeza al carecer de las pruebas que lo puedan demostrar fehacientemente. Por eso, en esto de los “diagnósticos a posteriori” hemos de ser siempre muy cuidadosos.

      Para ti, querido amigo, mi agradecimiento por tus siempre interesantes comentarios y por la amabilidad y la lealtad con la que honras este blog.
      Un muy afectuoso abrazo.

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  2. Lamentablemente los sublimes amarillos de Van Gogh están sufriendo un proceso de oscurecimiento progresivo que preocupa a los expertos del museo. Debido, principalmente, a la reacción del cromato de plomo con el sulfato de bario usado en las mezclas. El pintor holandés empleó abundantemente y de forma descuidada pigmentos tóxicos de plomo (amarillos de cromo y blancos de plomo) en circunstancias que favorecían su absorción (alcohol, tabaquismo, desnutrición, exposición al sol, etc.). Siendo el padecimiento físico del artista y sus crisis (que debutaron en Arles con delirium y alucinaciones), compatibles con un saturnismo. Según Jan Hulsker, Vincent nunca llegó a ser un adicto del absenta (o “absenteur”), en contra de lo que algunos sostienen para justificar los síntomas. Y aunque no disponemos de pruebas objetivas para establecer un diagnóstico definitivo, el saturnismo sería la única hipótesis que podría demostrase con un estudio forense de los restos del artista; al depositarse el metal en los huesos o eliminarse a través de las faneras (restos de pelos o uñas).

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  3. El reciente symposium celebrado el pasado mes de septiembre en el Museo Van Gogh de Ámsterdam sobre el padecimiento de Van Gogh [“On the Verge of insanity: Van Gogh and His Illness], no ha servido para aclarar nada que no se supiera antemano. Se sigue en el debate de la “epilepsia”, la “psicosis” o de los trastornos emocionales y de personalidad del artista, como si éstos fueran enfermedades y no síntomas (con el inacabable enfrentamiento entre neurólogos y psiquiatras). Y se excluye la rica sintomatología saturnina que se extrae de las cartas autógrafas de Van Gogh y de los documentos clínicos de la época. Lo verdaderamente sorprendente es que los expertos del Museo enfaticen que Van Gogh no se expuso mucho tiempo ni en suficientes cantidades a los pigmentos de plomo, cuando el artista los utilizaba contantemente para obtener esa factura de espesos “impastos” o para imprimar lienzos con albayalde; tal y como hacían los viejos maestros holandeses a los que tanto admiraba y como demuestran los análisis químicos mediante rayos X a los que se han sometido recientemente algunas telas. Pero la pantomima para desviar la sospecha de la intoxicación plúmbica se debilita día a día con el progresivo oscurecimiento que sufren, por la exposición a la luz, los amarillos de cromo (cromato de plomo) que empleaba profusamente el genial holandés en toda su gama, desde el escarlata anaranjado hasta el claro limón, para alcanzar la máxima expresión luminosa en sus obras más emblemáticas. Lamentable oscurecimiento que preocupa a los restauradores y amantes del arte, y encubren los expertos del Museo Van Gogh confinando la telas debilitadas del pintor a espacios sombríos o preservados con lunas de cristal. Ni una palabra sobre el pigmento de Saturno que envenenó a los artistas vulnerables desde tiempos inmemorables, como ya advirtió Ramazzini en el Morbis Artificum (1700) al relacionarlo con las “enfermedades de los pintores”.

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