Goya, el saturnismo, y algunas cosas más

Goya, el saturnismo, y algunas cosas más

A don Francisco de Goya y Lucientes, nacido en Fuendetodos, provincia de Zaragoza (España), el 30 de marzo de 1746, y fallecido en Burdeos (Francia), el 16 de abril de 1828, con 82 años de edad, le han atribuido médicos de medio mundo y parte del otro las más variadas -y a veces extrañas- enfermedades. Se ha dicho que Goya padeció psicosis maníaco-depresiva (hoy más conocida como trastorno bipolar), esquizofrenia, tifus, malaria o intoxicación por la quinina usada para tratarla, encefalitis, ictus, esclerosis múltiple, sífilis o toxicidad por el mercurio empleado en su tratamiento… A mediados de los años noventa, del siglo pasado, tuvo amplia aceptación la hipótesis de Vargas, publicada en The Journal of the Florida Medical Association, afirmando que Goya pudo sufrir el síndrome de Voght-Koyanagi-Harada o síndrome uveomeningeo-encefalítico (una enfermedad sistémica autoinmune caracterizada por la aparición de uveítis, hipoacusia, alopecia, encefalitis y vitíligo), y que éste pudo influir en sus famosas “pinturas negras” (sin tener en cuenta, al parecer, que las “pinturas negras” fueron realizadas treinta años después de la enfermedad que Goya sufrió en 1792, en cuya clínica -la única que conocemos suficientemente de todas las enfermedades que el pintor sufrió a lo largo de su vida- se basa dicha hipótesis). Más recientemente, en el año 2008, Smith y colaboradores proponen el síndrome de Cogan (una queratitis intersticial, sin antecedentes sifilíticos, acompañada de alteración cocleovestibular que provoca vértigo periférico e hipoacusia neurosensorial, que suele aparecer en pacientes varones entre los veinte y los treinta años de edad, y que está considerada como una enfermedad rara) o -con mayor probabilidad- el síndrome de Susac, otra enfermedad rara de la que no se conocen más de doscientos casos en el mundo, y que se caracteriza por una microangiopatía cerebral, retiniana y auditiva, que afecta fundamentalmente a mujeres jóvenes de entre veinte y cincuenta años. Y a mí me hace mucha gracia como poco después, ya en 2009, les responde Gordon, en un estilo muy británico, en la misma revista, Practical Neurology, con este contundente título: “Goya had syphilis, not Susac’s síndrome“, es decir: “Goya tuvo sífilis, no síndrome de Susac”.

Revisando la biografía de Goya se puede constatar que han quedado registrados procesos patológicos los años 1777, 1787, 1790, 1792, 1819, y durante los años finales de su vida, sobre todo entre 1825 y 1828, cuando siendo ya anciano su salud estaba muy debilitada. Desl primer proceso, registrado en 1777, el año que cumplía los 31 de edad, solo se sabe que el 16 de abril fue aquejado por una grave enfermedad (sin más datos). En 1787 padeció “tercianas”, es decir, paludismo. De 1790 solo se sabe que el 28 de agosto parte hacia Valencia, con licencia de dos meses concedida por el Rey, “para tomar los aires”. En 1792 sufrió el único de sus procesos que es bien conocido gracias a la abundante correspondencia que existió -y se conserva- entre el propio Goya, su amigo de toda la vida Martín Zapater, Sebastián Martínez (otro buen amigo, en cuya casa residió mientras estuvo en Cádiz) y algunos más…

Francisco_de_Goya_-_Portrait_of_Martín_Zapater 1797

Retrato de Martín Zapater (1797) por Francisco de Goya
Museo de Bellas Artes de Bilbao

Goya Portrait of Sebastian Martinez 1792 MET Museum NY

Sebastian Martínez y Pérez, retratado por Goya en 1792
The Metropolitan Museum of Art, New York

Lo que se sabe con certeza es que Goya estuvo muy enfermo en Madrid, durante los meses de noviembre y diciembre de 1792. Él mismo escribía en enero de 1793 al tesorero del duque de Osuna: “…he estado dos meses en cama de dolores cólicos”. Entonces solicita licencia al Rey para que se le permita viajar a Andalucía para reponerse, y se le conceden dos meses. Pero al llegar a Sevilla sufre un agravamiento importante que le hace caer en cama de nuevo. Tal proceso se manifestó de forma aguda -al menos- con dolores cólicos abdominales, vértigos, acúfenos y sordera, alteraciones visuales, temblores y paresia del brazo derecho (todos ellos síntomas conocidos de saturnismo). Algo restablecido, probablemente a finales de febrero de 1793, se trasladó a Cádiz, donde “esperaba una mejor atención médica”, como señala Gudrun Maurer en un reciente artículo publicado en el Boletín del Museo del Prado.[1] El 29 de marzo, Sebastián Martínez, que -como ya se ha dicho- lo había acogido en su casa de Cádiz, le escribe a Zapater:

Nuestro Goya sigue con lentitud aunque algo mejorado. Tengo confianza en la estación y que los baños de Trillo […] le restablezcan. El ruido en la cabeza y la sordera nada han cedido, pero está mucho mejor de la vista y no tiene la turbación que tenía que le hacía perder el equilibrio. Ya sube y baja las escaleras muy bien…

Permíteme, dicho esto, una breve digresión sobre Goya y Cádiz. En Cádiz, el Oratorio de la Santa Cueva, gracias al empeño y generosidad del sacerdote don José Sáenz de Santamaría, marqués de Valde-Iñigo, guarda como un tesoro poco conocido algunas de las mejores pinturas de Goya, de tema religioso: La multiplicación de los panes y los peces, La Santa Cena y El convite real. Las dos primeras las podemos ver a continuación (de la tercera no he podido obtener, todavía, una imagen con la suficiente resolución como para mostrarla).

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La multiplicación de los panes y los peces (c.1796), pintada por Goya
Oratorio de la Santa Cueva. Cádiz (España)

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La Santa Cena (c.1796) pintada por Goya
Oratorio de la Santa Cueva. Cádiz (España)

No se sabe la fecha exacta en que las pintó Goya. Algunos investigadores han suguerido que pudieron realizarse en el invierno de 1792 a 1793. Personalmente -como otros autores- creo más probable que las pintara en fecha más cercana a su segundo viaje a Andalucía, en 1796. Digo yo que estos dos viajes que en la biografía de Goya se conocen como “Viajes a Andalucía” bien podrían llamarse “Viajes a Cádiz”, pues (sin entrar a discutir sobre su estancia en Sanlúcar de Barrameda y su relación con la Duquesa de Alba) en ambos casos fue la capital gaditana su destino final. Y, para cerrar la digresión, no se puede dejar de mencionar que el buen sacerdote del Oratorio de la Santa Cueva no solo consiguió las pinturas de Goya para Cádiz sino que, además, uno de los más grandes músicos de la época, Joseph Haydn, compusiera especialmente para su capilla esa joya musical que -desde entonces- llena de emoción los Viernes Santos de Cádiz: Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz, en una de las versiones que más me gustan, con imágenes de Cádiz y grabada en el Oratorio, bajo la magistral dirección orquestal de Jordi Savall.

Volviendo a nuestro pintor, su exposición profesional al plomo queda acreditada, hasta con facturas, en el imprescindible Goya, Saturno y el saturnismo de María Teresa Rodríguez Torres. Por su parte, Julio Montes Santiago, el gran defensor de la hipótesis del saturnismo de Francisco de Goya, apunta:

En el caso de Goya además de los aerosoles presumiblemente ocasionados por la descarga en su taller de las grandes cantidades de pigmentos que encargaba (más de 45 kg de albayalde desde julio de 1792 a junio de 1793), se añaden testimonios de que aplicaba a veces los pigmentos con los dedos directamente sobre el lienzo. La referencia a los baños de Trillo, prescrita a Goya y que entonces se aconsejaban para el saturnismo, constituye otro apoyo para esta hipótesis. Y ya en tiempos de Goya se recomendaba para tratar esta enfermedad la utilización de blanco de zinc en vez de albayalde. El mismo Goya admite años más tarde seguir empleando pigmentos ricos en Pb[sic] por la carestía tras la Guerra de la Independencia (que utiliza, por ejemplo, en el retrato de Wellington). Lo que no parece suficientemente acreditado es atribuir a dicha intoxicación otros padecimientos del pintor, de los cuales se tienen pocos datos, como la enfermedad de 1819, que motivó su último autorretrato junto a su médico Arrieta.

Sobre esta enfermedad de 1819 algo hemos escrito ya, en el blog Medicina y Arte, estudiando el autorretrato que menciona Montes, el último que pintó Goya.

Francisco_de_Goya_-_Self-Portrait_with_Dr._Arrieta_1820

Autorretrato de Goya con el Dr. Eugenio García Arrieta (1820)
Minneapolis Institute of Arts

A finales de 1819, Francisco de Goya, que ya superaba los setenta años de edad, sufrió una grave enfermedad de la que no tendríamos noticia, posiblemente, si no fuera por el cuadro que él mismo nos dejó como testimonio de agradecimiento al médico que le atendió: el doctor Eugenio García Arrieta. Se han publicado diversas hipótesis sobre las causas de esa enfermedad. Así, por ejemplo, el profesor García-Conde Gómez dice:

Goya debió sufrir entonces, como en épocas posteriores, crisis de insuficiencia cerebrovascular transitoria como fondo de una ateromatosis generalizada. La medicación que D. Eugenio García de Arrieta le administra en el cuadro debe ser valeriana…

En cambio, el profesor Gómiz León se inclina por una etiología infecciosa y afirma:

Según documentos que permanecieron en poder de los descendientes de Arrieta, se habla en ellos de fiebres tifoideas (tabardillo), y que Goya presentó cefalea, fiebre alta, delirios y parálisis parcial.

Nunca sabremos con certeza, seguramente, cuál fue la enfermedad que, en 1819, llevó a Goya muy cerca de la muerte. A pesar de la prudencia de Montes Santiago, no se puede evitar pensar en una crisis más de saturnismo; pero tampoco se puede demostrar. Lo único cierto es la declaración de agradecimiento y amistad que Goya escribió al pie del cuadro. Un cuadro que algunos consideran, incluso, un exvoto laico, cuando tuvo noticia de la desaparición de su amigo médico en las costas de África.

Dice así:

Goya agradecido a su amigo Arrieta por el acierto y el esmero con que le salvó la vida en su aguda y peligrosa enfermedad, padecida a fines del año 1819 a los setenta y tres años de su edad. Lo pintó en 1820.

Dos noticias más, antes de poner punto final a este capítulo sobre Goya. La primera solo se ha conocido muy recientemente. En el tratamiento de la sordera -la única secuela verdaderamente importante que le quedó al pintor como consecuencia de la enfermedad sufrida en 1792- se empleó una forma de tratamiento novedoso entonces: la electroterapia.

D. Francisco de Goya, Pintor de Cámara de S.M., ha presentado la adjunta instancia exponiendo la sordera que padece y que para aliviarla le mandaron los facultativos en Medicina que le era preciso electrizarse.

Así reza el principio de la carta que un funcionario real envió, en 1794, a Pierre François Chavaneau, químico, físico y matemático francés, instalado en España, que llegó a ser director de la Real Casa de la Geografía y Gabinete de Historia Natural, director del Real Laboratorio de Química y miembro de la Real Academia Médica Matritense. Chavaneau fue el encargado de proporcionar la “máquina eléctrica” para ese tratamiento que, evidentemente, en el caso de Goya no obtuvo un resultado satisfactorio. Sobre este tema se puede ampliar información en el artículo de Sara Puerto, “Goya se sometió a electroterapia para curar su sordera”, publicado en Descubrir el Arte.

También la sordera es la protagonista de la otra noticia que antes anunciaba. Y se refiere al dibujo que se muestra a continuación, firmado por Goya en Piedrahita, el año 1812.

Manos de Goya

Cuando se descubrió esta lámina se pensó -en principio- que se trataba de un estudio artístico de las manos -como los que han hecho tantos pintores- pero, de hecho, se trata de un dibujo pedagógico realizado para enseñar a comunicarse con las manos mediante un lenguaje de signos alfabético. No se sabe quién se lo enseñó a Goya, ni exactamente a quién o a quiénes iba dirigido. Pero sí se sabe que Goya, tan sordo que hubo de renunciar en 1797 a la dirección de pintura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, porque era incapaz de impartir clase por no oír lo que le decían sus alumnos, aprendió este lenguaje de signos, e influyó en que el todopoderoso Manuel Godoy se interesara por el problema y creara el primer aula para sordos en España, en 1795, y el primer Colegio para ellos en 1802. Sobre este tema, son interesantes la entrada que se le dedica a “La sordera de Goya” en el blog España Eterna, de mi buen amigo Pedro de Mingo, y muy especialmente las noticias sobre las investigaciones de Antonio Gascón y Ramón Ferrerons o el artículo titulado “El grabado Las cifras de la mano, de Francisco de Goya”, también de Antonio Gascón Ricao.

Notas:

[1] No he podido adjuntar enlaces a los trabajos publicados por Gudrun Mauer en el Boletín del Museo del Prado. V.: MAURER, Gudrum (2010): “Una leyenda persistente: el viaje de Goya a Andalucía en 1793”. Boletín del Museo del Prado, 28(46):74-81.

  1. Aparte de los comentarios y aportaciones sobre el saturnismo, qué interesante la nota final sobre la sordera, el dibujo de Goya (o grabado) de las manos, para mí desconocido, la inducción sobre Godoy a favor del cuidado de los sordos… Sí, la Historia se construye así, día a día.
    Y qué joya inesperada el concierto de Haynd-Saval, siete palabras a las que quiero dedicar el tiempo necesario.
    Contigo siempre se aprende. Gracias.

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    • Gracias por tu constante amabilidad, mi querido José Antonio.
      Me alegra mucho el interés que te ha causado el dibujo del lenguaje de signos, del gran aragonés (que yo tampoco conocía antes) y esa joya -coincido contigo- que son las “Siete Palabras” de Haydn, que conocí no hace más de tres años gracias a un colega y buen amigo gallego, el Dr. José Manuel Brea, un excelente melómano que me lo descubrió a pesar de estar a tantos kilómetros, y yo tan cerca, del lugar para el cual se escribió. Ciertamente, es una auténtica delicia musical.
      Una vez más, muchísimas gracias, y un fuerte abrazo José Antonio.

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  2. Hola Francisco,
    Magnifico estudio, sobre las “enfermedades” del genio Goya. Invito a los lectores de este magnifico blog, que lo complementen con el estudio, que realiza el dr. Vallejo-Nájera en su obra “Locos egregios”, sobre su “psicosis saturnina” que en su época se creyó era una “enfermedad creadora”, en el 1794.
    He aprendido mucho, gracias.
    Un saludo
    Antonio

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    • Muchísimas gracias Antonio. Tanto por el amable comentario como por la referencia a la obra de mi admirado José Antonio Vallejo-Nágera… Precisamente, él va a ser protagonista de la próxima entrada, dedicada a Van Gogh.
      Un abrazo tan afectuoso como agradecido.

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  3. Estas entradas sobre el saturnismo, enfermedad que desconocía completamente su existencia, son muy ilustradoras sobre que pudo haber ocurrido en la salud y el comportamiento de los pintores estudiados. Lo que me extraña es que siendo una enfermedad conocida, y “profesional” se atribuyan las enfermedades más extrañas a Francisco de Goya. Parece que ciertos estudiosos pasan por alto el principio de la Navaja de Ockham. Claro que también siempre tiene que estar abierta la posibilidad, oímos pisadas de cascos y pensamos en caballo, pero podría ser también cebra.

    De todos modos saber que enfermedades sufrieron en tiempos pasados tiene que ser problemático, porque supongo, que al no curarse bien la primera enfermedad, porque no se podía o no se sabía, las enfermedades acabaron acumulándose dando lugar a finales terribles. Estoy pensando en el caso de Felipe II, por ejemplo.

    Cuando tenga tiempo, que no sé si será posible, me gustaría volver sobre estas entradas, aún estoy pendiente con Caravaggio, leerlas detenidamente de nuevo y plantear algunas preguntas.

    Feliz domingo, amigo.

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    • Normalmente, mi querida Hesperetusa, en la historia clínica de cualquier persona siempre podemos encontrar no una sino diversas patologías. La cosa se complica cuando nos faltan documentos científicos que las acrediten. Tenemos que ser muy cuidadosos. Como mucho, podemos aventurarnos a emitir hipótesis, a la espera de poderlas demostrar, si es posible.
      En el caso del saturnismo, la exposición mantenida al plomo puede causar síntomas y signos irreversibles… Pero, habitualmente, esas manifestaciones de la enfermedad pueden desaparecer si cesa la exposición al tóxico. Goya puedo, por su demostrada exposición profesional, padecer una intoxicación crónica por el plomo, el saturnismo; pero en su vida, lógicamente, también debió sufrir enfermedades infecciosas o -teniendo en cuenta la edad que alcanzó- cardiovasculares. Algo sabemos (por ejemplo que se le precribió electroterapia para tratar su sordera, sin éxito, por cierto); pero aún nos falta mucho más por saber.
      Ya hablaremos del sin par Caravaggio cuando quieras y puedas.
      ¡Un abrazo fuerte!

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  4. Hola Paco,
    si quedaban dudas de que Goya era una persona enfermiza, delicada y doliente, tú has disipado esta incertidumbre. Documentadísima y elaborada información la que nos aportas y esto me hace pensar que si hubiera padecido todas las enfermedades que se le atribuyen…pobrecito Goya, no creo que hubiera llegado a los 82 años de edad por mucho que el Dr. Arrieta lo tratara. No puedo añadir nada más a lo que dices, primero porque no sabría que decir y segundo porque tú lo has expuesto excelentemente.

    Quisiera sólo añadirte una propuesta. Tras ver el enlace que dejas sobre el Oratorio de la Santa Cueva se me ha ocurrido que podríamos coincidir un día a fines de septiembre para conocernos ya que tengo previsto acercarme a Cádiz. Sería una buena oportunidad de vernos (no sólo virtualmente) y de disfrutar de los cuadros de Goya en la Santa Cueva.
    Un abrazo

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    • ¡Qué alegría me produjo tu propuesta en cuanto la leí, querido Francisco Javier! Perdona que haya tardado tanto en responder, porque estos días atrás he estado bastante desbordado. Pero sí, me encanta la idea y será un placer poder vernos personalmente. Yo estaré fuera de España del 1 al 16 de septiembre; sin embargo, D.m., a finales de mes estaré aquí… y si nada lo impide -aunque no escuchemos el Concierto- visitaremos el Oratorio de la Santa Cueva.

      Por lo demás, muchísimas gracias por tu comentario, como siempre tan amable.

      ¡Un fuerte abrazo!

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  5. Otro interesantísimo artículo en torno al saturnismo, aunque centrado en el genital Goya. Te diré, amigo Paco, que ya el de “la enfermedad de los pintores” me inspiró una entrada -que no artículo profundo como el tuyo- pendiente de publicar en mi espacio médico-melódico.
    Un primaveral abrazo.

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    • Mi querido José Manuel, siempre me produce una alegría inmensa encontrar aquí tus comentarios, tan amables como ilustrativos. Te pido disculpas por mi ausencia en Blogger y especialmente a blogs tan queridos como tu “Medicina y Melodía” o el “AB Música y Más” de nuestra común amiga Lola, por ejemplo. La culpa, en realidad, es de mi dispersión patognomónica, más que de cualquier otra cosa. Intentaré remediarlo, lo prometo. Y estoy deseando leer esa entrada tuya que anuncias… que será tan extraordinaria como todas las que escribes.
      Un abrazo muy afectuoso y muy fuerte también, José Manuel.

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  6. Pingback: Goya y su relación con Cádiz | LaSSociaLeS Blog

    • Muchísimas gracias, Al, mi estimado amigo.
      Te confieso que estas últimas entradas tienen “trampa”. Son la adaptación del Discurso que tuve el honor de pronunciar el pasado 30 de enero, para la inauguración del Curso de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Cádiz, un trabajo que realicé con mucha dedicación y más ilusión. Lamentablemente, no dispongo de tiempo para hacer muchas cosas así; pero procuraré, al menos, que las entradas sucesivas tengan la calidad suficiente (salvo excepciones relajadas) que os merecéis los buenos amigos.
      ¡Un fuerte abrazo!

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      • Francisco, docto Doctor de/en/por mi querida Andalucía y paisano por tanto: mis felicitaciones sin dilación por tus dedicaciones en reparto; si entiendo bien, tanto más por tu vieja o reciente condición de Académico. Es más, si no lo fueras, tampoco dejarías de merecerlo. FELICIDADES!!!
        Y no dejo de reconocer que los trabajos relajados no nos llegan mal a algunos. Y aquí, sí, encantado además.
        Todo un a brazo, amigo. Toda suerte. Al

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  7. Siempre aprendo algo nuevo cuando leo tus entradas.
    El cuadro de las manos y lo que significa – entre otras muchas cosas- ha sido todo un descubrimiento.
    Es una auténtica gozada venir por aquí.
    Un beso.

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    • Querida Laura, el placer es mío cada vez que encuentro aquí el testimonio de tu agradable visita.
      Me alegra muchísimo compartir contigo la impresión que produce ese dibujo en el que Goya muestra el lenguaje de signos que utilizaba, así como la influencia que tuvo el pintor sobre el “mal” conocido Manuel Godoy para la creación de las primeras escuelas para sordos en España.
      Muchísimas gracias por tu amabilidad y por tu grata presencia.
      ¡Un beso!

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  8. ¡Felicidades por un artículo tan completo e interesantísimo sobre las enfermedades de Goya, Estimado Señor Doña!. Goya el mejor periodista visual de todos los tiempos, plena razón y lucidez en sus cuadros, actual siempre, cómo le daba importancia a la bestialidad del hombre, que ni los animales tienen…las cualidades insanas del interior, pero hay personas que saben regularlas y otras no. Gran música con el genial Jordi Savall y preciosa la mención a la amistad de Goya y sus doctores y amigos…en la actualidad se ha perdido tal cuestión y no debería hacerse, la amistad es sana unión.

    Magnífica alusión a que Godoy prestara atención a la sordera. Un abrazo, Señor Doña.

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