Los médicos catalanes protagonistas del inicio del wagnerianismo en España (1877-1901)

Los médicos catalanes protagonistas del inicio del wagnerianismo en España (1877-1901)

A la vista del título de esta entrada, seguramente no te extrañará que la primera imagen que vemos sea una antigua postal que muestra el Hospital Clínico y la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona; porque entre sus muros, más que en las diversas instituciones musicales de la época, gracias a la iniciativa de estudiantes y profesores de la misma, se gestó la llegada de un movimiento que superaba el ámbito estrictamente musical, llegando a convertirse en una auténtica revolución cultural y social: el wagnerianismo.

Joaquín Marsillach

Joaquín Marsillach Lleonart (1859-1883)

En 1877, un joven estudiante de la Facultad de Medicina de Barcelona, Joaquín Marsillach Lleonart, con tan solo 18 años de edad se ve obligado a abandonar sus estudios y trasladarse a un sanatorio en Suiza para tratar la tuberculosis pulmonar que acabaría matándolo no mucho tiempo después, el año que cumplía los 24 de edad. En Suiza, Marsillach se convierte en un admirador apasionado de Wagner y, desde entonces, a pesar de su enfermedad, dedicará todas sus fuerzas a difundir y promover la obra del genio de Leipzig.

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Richard Wagner (1813-1883) retratado por Franz Hanfstaengl

Por aquellas fechas, Wilhelm Richard Wagner, filósofo, escritor, pero famoso -sobre todo- como músico, hacía ya décadas que había alcanzado la cima de su fama. Solo le faltaba por componer su última ópera, Parsifal, y había levantado en Bayreuth su Festspielhaus, el teatro donde cada verano desde 1876 se representan sus obras… Polémico ya en vida (como lo seguiría siendo después de muerto), pocos artistas han provocado como él admiración y rechazo, amores y odios, pasiones encontradas que originaron encendidas disputas entre sus detractores y sus partidarios. Para estos últimos, la obra de Wagner sobrepasaba lo meramente musical, para convertirse en el fundamento de un movimiento -incluso- revolucionario. Entre los que así pensaban nos encontramos en España con la figura extraordinaria del Doctor José de Letamendi Manjarres.

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José de Letamendi Manjarrés (1828-1897)

Médico, filósofo, escritor, pintor, músico… y otras muchas cosas más, José de Letamendi fue uno de los primeros wagnerianos acérrimos de nuestro país. Especialmente famoso se haría su artículo “La música del porvenir y el porvenir de mi patria“, publicado en 1884, cuando ya estaba en Madrid, en la revista La Época, donde expresaba sus ideas sobre cómo la obra de Wagner constituía el origen de un gran cambio social. Antes de eso, ya había escrito “La aparición de Ricardo Wagner deducida de la naturaleza del arte teatral“, en 1877 (en su origen, precisamente, una carta dirigida a Joaquín Marsillach); “Una cláusula negativa del testamento de Wagner“, en 1883; o “Juicio postremo de Ricardo Wagner“, en ese mismo año de la muerte del músico, 1883.

Pero, en 1877, José de Letamendi era Catedrático de Anatomía de la Facultad de Medicina de Barcelona. Joaquín Marsillach fue alumno suyo y no es de extrañar que maestro y discípulo, compartiendo la misma afición musical (¿sería Letamendi quién se la inculcó a Marsillach?), iniciaran una relación amistosa que duraría hasta la muerte de éste. Naturalmente, cuando Joaquín Marsillach publicó, en 1878, su principal obra sobre Wagner, ofreció el prólogo a su maestro, y así surgió: Ricardo Wagner, ensayo biográfico-crítico, por Joaquín Marsillach Lleonart, con un prólogo epistolar del Dr. D. José de Letamendi, en donde se legitima por la Filosofía del Arte teatral la aparición del gran reformador, un libro de 146 páginas editado en Barcelona por Teixidó y Parera. A Wagner le gustó tanto el prólogo de Letamendi, por cierto, que lo reprodujo íntegramente en su revista Bayreuther Blätter, en 1880.

¿Qué pensaría Richard Wagner de aquél joven catalán, de 19 años, que se presentó en su casa diciendo que había escrito un libro sobre él, y pidiéndole un autógrafo y una fotografía, a su elección, para incluirlos en dicho libro? Lo cierto, es que existe testimonio de una nutrida relación epistolar entre ambos y Cosima, la esposa del músico, menciona numerosas veces en sus escritos al joven catalán.

Sin embargo, la pasión wagneriana de Marsillach no quedaba satisfecha con la publicación de su libro. El Archivo Richard Wagner (una interesante y bien construida página web dedicada a la memoria del gran compositor) nos ofrece íntegros otros artículos de Joaquín Marsillach. Y no tenía bastante con escribir… El apasionado Marsillach fue la cabeza y el alma de una “Delegación Española” que asistiría al Festival de Bayreuth en 1882. La Delegación contaba con 14 miembros: 10 de Barcelona; 3 de Madrid (porque Letamendi ya era Catedrático de Patología General en la capital y Marsillach estaba con él, posiblemente (aunque esto no lo he podido confirmar, habría que investigar en los archivos) finalizando su carrera de Medicina porque, al parecer, se licenció poco antes de su muerte, en 1883); y 1 de Jerez de la Frontera. De los componentes de dicha Delegación, la mitad eran médicos, y los siete nacidos o asentados en Barcelona. Además de Marsillach (que consideramos médico ya) y Letamendi, se pueden mencionar los siguientes nombres:

  • Juan Marsillach Parera (1821-1896). El padre de Joaquín.
  • José Mascaró Capella (1838-1905)
  • Bartolomé Robert Yarzábal (1842-1902)
  • Juan Soler Buscallá (1835-1895)
  • Ramón Torrent Torrabadella (1826-1882)

De todos ellos nos habla Francisco Javier Gordillo en su artículo “La Delegación Española del Patronato del Festival de Bayreuth (1878-1882)“, publicado el año 2004 en Filomúsica (se puede ver el artículo completo pulsando sobre el enlace).

Marsillach falleció en plena juventud, desgraciadamente, el año 1883. Letamendi estaba en Madrid, como Catedrático de Patología General de la Facultad de Medicina, desde 1878. Las óperas de Wagner se representaban en Barcelona, en Madrid… aunque no con la frecuencia que algunos desearían. Pero todavía hay un hecho más con médicos -más exactamente estudiantes de Medicina entonces- como protagonistas: la creación de la Asociación Wagneriana de Barcelona. El “…12 de octubre de 1901, a las diez de la noche, en Els Quatre Gats nacía la Asociación Wagneriana de Barcelona de la mano de tres estudiantes de Medicina…” Así hablaba en su discurso, conmemorando el cincuentenario de la Asociación, en 1951, uno de sus fundadores, el Dr. Luis Suñé Medan. Los otros dos fueron los doctores José María Ballvé (que falleció pronto) y Amalio Prim y Seguí, que ejerció su profesión en Lérida, donde continuaría con su labor difusora de la obra wagneriana. El discurso de Suñé concluía diciendo:

“He aquí pues como acontece el hecho ciertamente raro o especial de que la Wagneriana surgía, no de una Corporación musical o de una agrupación artística, sino de la Facultad de Medicina de Barcelona.”

Cabe añadir que, a los tres citados, se uniría pronto otro estudiante de Medicina más, Rafael Moragas, quien en 1935 publicaría un libro que algunos consideran fundamental en la historiografía wagneriana: El wagnerismo en Barcelona.

Lógicamente, no podía concluir esta entrada dedicada a Wagner, cuando llega a su fin el año del bicentenario de su nacimiento, sin escuchar algo de su obra. Confieso que me ha costado decidir… ¡Es tanta y tan atractiva! Al final he optado por insertar una ópera completa (para ir viendo y escuchando, poco a poco, algunas de sus partes, porque nadie dispone de más de tres horas para disfrutarla completa aquí), la que me ha acompañado durante buena parte de la redacción de este escrito, Tannhäuser, la ópera que nos habla de la lucha entre el amor profano y el amor sagrado, y de la redención por medio del amor. Al principio, tras los maravillosos compases de su obertura, vemos como Tannhäuser, el trovador, llega a la montaña de Venus. Allí, la diosa le hace conocer todos los placeres de la carne… Pero, tras un tiempo, el trovador no se encuentra satisfecho con esa forma de amar. Le dice a la diosa que se marcha. Ella no quiere… Las escenas de esta parte de la trama han sido representadas por los artistas en múltiples ocasiones.

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  1. Algunas cosas porque el tiempo n o em acompaña ahora como para comentar se merece la entrada:
    Me alegro del nuevo cambio ce plantilla del blog, la anterior desmerecía mucho del contenido (en mi opinión, claro 🙂 )

    Ya salió el doctor Letamendi, personaje que no conocía, excepto que es el inspirador de este blog. Espero que pueda seguir conociendo más cosas de su obra.

    Sabía que el entusiasmo wagneriano comenzó por Barcelona, pero aunque he leido la biografía de Wagner de Martin Gregor-Dellin (hace ya tiempo) y la autobiografía de Wagner, no recuerdo si nombra al joven médico que fue uno de los primeros introductores de la obra de Wagner en España.

    Y antes de marcharme que aún me queda mucho trabajo por delante, dejemos a Wagner como músico genial que lo era, como buen escritor de los libretos de sus ópera, y de algunos escritos…, pero olvidemoslo como filósofo, pues como tal no lo fue y tiene escritos absolutamente deleznables y de consecuencias asesinas como “El judaísmo en la música”

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    • Coincido contigo, querida Hesperetusa, en apreciar a Wagner como músico. Sobre otras facetas suyas -como has podido comprobar- evito polemizar. Eso lo dejo para quien le apetezca.

      A Joaquín Marsillach -según la bibliografía, puesto que no he acudido a las fuentes (no hay tiempo para todo; aunque eso sería lo recomendable)- se refiere, sobre todo, Cosima en sus “Memorias”. También hay constancia de correspondencia entre el músico y su biógrafo catalán.

      Letamendi es un personaje tan complejo que temo enfrentarme con una entrada dedicada a él. Tendré que hacerlo algún día; puesto que mi intención es que esa entrada sirva luego como “presentación” del blog. Quizás poco a poco, a retales como el de esta ocasión, consiga hilvanar (con algún añadido) algo mínimamente representativo de lo que José de Letamendi fue en su época.

      Y, respecto a la plantilla, agradezco muchísimo tu valiosa opinión, y vuelvo a coincidir contigo… 🙂 La que me gusta, de verdad, cuesta muy cara, y hoy por hoy tengo otras necesidades más apremiantes en las que gastar dinero. Estuve haciendo pruebas. Pero no estaba satisfecho -a la vista está- y decidí cambiar por ésta, que me parece más acorde con el contenido de este blog y con mi gusto personal; aunque la letra me parece demasiado pequeña, lo cual puede ser molesto para algunos, y las citas -soy muy de citas- se ven menos todavía…

      Gracias de nuevo y un fuerte abrazo, querida amiga.

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  2. Hola Paco,
    ¡Magnífica entrada! Te felicito pues la he disfrutado muchísimo, de veras, desde el principio hasta el final.
    Como ex alumno de la Facultad de Medicina de Barcelona me has hecho recordar mi época de estudiante. La postal que nos muestras en el inicio del post podemos observar que, donde ahora hay cemento y coches por doquier -delante de la entrada principal- antes habían campos y carros tirados por caballos. ¡Qué gozada debía ser acudir a las clases sin tener que sortear los coches como se hace ahora!
    Reconozco mi escaso conocimiento en la historia de la música de los grandes clásicos y lo que nunca me hubiera imaginado es la relación de Wagner con los médicos como tan magistralmente nos has descrito. A partir de ahora, cuando escuche a Wagner, recordaré lo que nos has explicado.
    Bueno, llevo 25 minutos deleitándome con su ópera mientras devoraba tu entrada y puedo asegurarte que escucharé las restantes dos horas y media (ya me la he bajado para hacerlo en otro momento)
    Solo una última reflexión: lástima que Joaquín Marsillach muriera tan joven, seguro que hubiera sido también un buen médico.
    Un saludo.

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    • Agradezco mucho todo lo que dices en tu comentario, mi estimado Francisco Javier. Me alegra que te haya gustado la entrada, y es una satisfacción para mí haber podido ser quien te descubra esta relación de la música wagneriana con tu Facultad. Respecto a la Facultad, al no ser de allí y no conocerla, temía equivocarme al publicar la imagen; a pesar de que siempre procuro contrastar y verificar todo. Por eso, lo que dices cuando te refieres a ella me tranquiliza y agrada.

      Gracias. Muchas gracias otra vez, y un muy cordial saludo.

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  3. La foto de la postal se parece bastante más al Clínico en el que yo estudié que al de ahora. Casi sólo habría que cambiar los caballos por motores. Y si estuviese tomada desde arriba, se verían las escaleritas que bajaban al bar…

    Estupendo trabajo. Conocí a algunos seniors wagnerianos, mi primer jefe lo era, y la ópera de Wagner fue su pasión hasta su muerte, pero no que pudiéramos colgarnos esa medalla. Voy a anunciar esta página en mi casa, aunque por allí pasan a veces peligrosos nibelungos, y te hago correr el riesgo de que te enmienden la plana 🙂

    Para Hesperetusa: Lo mejor que conozco sobre la agotadora polémica acerca de Wagner y el nazismo está en este gran documental de Stephen Fry

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    • Como acabo de decirle a nuestro amigo Francisco Javier, te agradezco mucho, mi estimado José Luis tus palabras sobre la postal del encabezamiento…tanto como esa experiencia personal que amablemente expones.

      Agradezco, así mismo, la difusión de la entrada y… por la cuenta que me trae, me cuidaré de los “nibelungos”. 😉 🙂

      Sobre el vídeo ya ha respondido la destinataria. Yo voy a verlo ahora, al menos una parte de él. Estos días atrás me ha faltado tiempo para todo.

      ¡Un abrazo agradecido José Luis!

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