George Gershwin y su “Rhapsody in Blue”

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George Gershwin

Ando estos días ocupado en mil cosas -supongo que como todos- cumpliendo con obligaciones que no se pueden eludir. Obligaciones que, en su mayor parte, me hacen permanecer muchas horas de madrugada frente al ordenador. Habitualmente me acompaña una buena amiga que hace la vigilia más placentera: la música. Y como no puedo dedicarle a este blog el tiempo que me gustaría, para “quitarme el mono”, a ratos perdidos, poquito a poco, he ido completando esta entrada sobre una de las melodías que de manera casi obsesiva escucho últimamente: la Rhapsody in Blue de George Gershwin.

Afortunadamente, cuenta uno con amigos que le facilitan la tarea… Y así, para hablar de Gershwin desde la perspectiva de un médico apasionado por la música, no dudé un momento en recurrir al Dr. José Manuel Brea Feijóo: a su artículo “Perturbaciones y fantasmas de los grandes compositores” (que pueden encontrar completo en el siguiente enlace a la revista Filomúsica) me remito, pero copio literalmente los siguientes párrafos:

“El raro caso de George Gershwin (1898-1937), no heredero directo de la tradición europea sino hijo musical del siglo XX, es para maravillarse. Un americano de ascendencia rusa (su apellido de origen era Gershowitz), un judío que introduce punzantes ritmos jazzísticos y el estilo melancólico del blues cantado, con raíces africanas revestidas por su particular visión. Desdeñado por los puristas, que negándolo como compositor serio lo consideran un musiquillo de music-hall, se empapó del folklore de Carolina del Sur para realizar una obra maestra, única en la historia del teatro lírico, llena de canciones e himnos concebidos al estilo de los espirituales negros: Porgy and Bess. Con todo, es el más célebre de los compositores americanos. Pero como hombre sigue siendo un enigma para los estudiosos. Había sido un niño melancólico, y tras conquistar gloria y fortuna se sentía desgraciado, esclavo de sí mismo.

Gershwin fue ganado por el psicoanálisis y, al parecer, en sus desplazamientos desde Nueva York se hizo acompañar alguna vez por su psicoanalista. Posiblemente estaba acomplejado por sus carencias técnicas, abrumado por las complejidades armónicas de otros músicos coetáneos (como Ravel o Stravinsky), aunque estuviera sobrado de talento. Aprisionado en el tiempo, quizás se sentía angustiado por no poder crear más obras de envergadura y tener que limitarse a sus sencillas canciones. Acaso sus males derivasen del tumor cerebral que le llevó a la tumba con sólo treinta y ocho años. Sea como fuere, igual que a la mayoría de homínidos pensantes, se le negó la plena felicidad terrena.”

El artículo del Dr. Brea Feijóo puede leerse también en su blog Medicina y Melodía.

Rhapsody in Blue (cuyo título nada tiene que ver -por cierto- con el color azul, sino con la melancolía o tristeza del blues) fue compuesta originalmente para piano solista y banda de jazz en 1924; aunque su versión más popular hoy en día -según Carlos Gómez Cabana– es la orquestada por Ferde Grofé para piano y sinfónica. El mismo autor añade:

“Todavía hoy se discute si en realidad Rhapsody in Blue no es más que una sucesión de brillantes melodías (sin duda, la especialidad de Gershwin) sin aparente conexión entre sí. Esta opinión ha sido expresada, entre otros, por Leonard Berstein, quien apuntó que la obra ‘carece de la sensación de que cada cosa que ocurre es inevitable’. De hecho, en muchas de las interpretaciones que ha tenido a lo largo de los años, se ha suprimido pasajes enteros, sin que por ello perdiera su carácter original.”

Un buen ejemplo de esto, que acabamos de leer, es la “cortísima” pero extraordinaria versión para dos pianos interpretada en la ceremonia de entrega de los premios Classical BRIT 2009 por el fabuloso pianista, teclista y compositor de jazz norteamericano Herbie Hancock, junto al mayor fenómeno mediático del piano actual: el chino Lang Lang.

Para quien le interese y le apetezca el concierto completo, he elegido la siguiente versión, interpretada por el pianista turco Fazil Say con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Frankfurt, bajo la dirección de Carlos Miguel Prieto:

 

 

 

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  1. Curiosidad tras curiosidad, voy llenando mi cabeza con todas las entradas que tan generosamente nos regalas y creciendo… Es increíble y por eso no dejaré de darte las gracias.
    Es una música bella, sin duda, original, especial…
    La muerte prematura y la infidelidad a menudo van unidas con el hecho de ser genios …
    ¡ Una pena!

    Un beso.

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  2. En esos quehaceres que no se pueden dejar también estamos otros. La música es una gran compañera en esas horas, pero yo necesito que sea siempre instrumental, con la vocal se me siempre la atención detrás de las palabras por más que sea latín en la polifonia más compleja.

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    • Es que te apasionan las palabras, mi querida Hesperetusa…
      Sinceramente, yo, cuando estoy estudiando, en un primer momento, prefiero no tener música. Otra cosa es para repasar… Entonces sí, y también la prefiero instrumental… La música vocal, en cambio, la prefiero para conducir o para las raras ocasiones en las que me doy el gusto de no hacer nada más que escucharla.
      Gracias. ¡Un abrazo!

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    • Muchísimas gracias euclides59. Siempre es un placer visitar y en cada visita aprender disfrutando en tu estupendo blog. En seguida paso con interés a tu blog, siguiendo el enlace que tan amablemente me dejas…
      ¡Un abrazo!

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