El retrato del Dr. Alphonse Leroy

Jacques-Louis David (1748-1825). Retrato de doctor Alphonse Leroy (1783)Óleo sobre lienzo. 72 x 91

Jacques-Louis David (1748-1825). Retrato de doctor Alphonse Leroy (1783)
Óleo sobre lienzo. 72 x 91
Musée Fabre, Montpellier, Francia

Siempre que publico este retrato del médico Alphonse Leroy, que pintó Jacques-Louis David (y ya lo he hecho en mis blogs Medicina y Arte y Retratos de Médicos) transcribo la descripción que hizo de él mi querido amigo, el Profesor Juan V. Fernández de la Gala, porque me parece insuperable. Sé que Juan, siempre generoso, no se molestará porque vuelva a hacerlo ahora. Y yo se lo agradezco.

“El cuadro salió de la mano hábil de Jacques-Louis David hacia 1783. La humanidad del doctor Alphonse Leroy, el ginecólogo que atendió el nacimiento del hijo del pintor, llena de tonos cálidos el cuadro. Así que no sólo estamos ante un retrato, sino también ante el testimonio de un padre agradecido al médico que atendió a Madame David en el parto.

La textura de la seda y sus brillos en el batín que viste el ginecólogo están magníficamente logrados. Una vestimenta informal, por la que asoman, elegantes, los lazos y puñetas de la camisa. No lleva la habitual peluca empolvada, sino un exótico turbante, con los mismos tonos del tapiz que cubre la mesa. Dominan los rojizos, los blancos y los azules: los colores de la República Francesa. No en vano David fue amigo personal de Robespierre.

Intuimos el rango social y el prestigio del personaje retratado, pero también el comedido ascetismo en el mobiliario y la desnudez de ornamentos de alguien que ha entregado su vida a la ciencia. Lo imaginamos habituado a trasnochar, no sabemos si por los ritmos que impone la vida social, los avisos de partos imprevistos o el insomnio creativo de alguien como él, acostumbrado a reflexionar en muchas duermevelas.

A su lado, un quinqué lleno de aceite, pero extrañamente apagado, quizá porque, tras una noche de trabajo, la luz del nuevo día empieza a insinuarse ya en las ventanas. El trazo de sombra rectilíneo sobre el papel, el rostro y el turbante iluminados, nos permiten adivinar incluso la posición de esa ventana, algo alta, delante de su mesa, casi como si nosotros alcanzásemos la estancia. Su brazo izquierdo se apoya seguro en un libro de HipócratesMorbi Mulierum (Las Enfermedades de las Mujeres) en el que vemos incluso asomar un registro de lectura, improvisado con una tira de papel cortada a mano.

Su mano derecha suspende la pluma de ave que acaba de sumergir en el tintero. Ante él, un pliego de papel recoge sus reflexiones en la última madrugada, brevemente detenidas en una pausa mientras nos mira. Nos queda, sin embargo, el convencimiento de que Leroy volverá a retomar la escritura interrumpida si nos quedamos un momento en silencio. Estaba preparando entonces su libro La Médecine Maternelle (1803) y los pinceles de Louis David lo han inmortalizado para siempre en ese empeño. Guardemos silencio, querido lector, y dejémosle seguir en su tarea.”

Respetando ese silencio para no molestar al médico escritor que, tan gentilmente nos solicitaba el doctor Fernández de la Gala, algunos comentarios escritos vinieron a enriquecer su hermoso discurso. Así, nuestro común amigo, el doctor José Manuel Brea, señalaba la ausencia de la mano izquierda en el retrato; a lo que la doctora Laura Munoa respondía, aportando un texto tomado de la documentación que ofrece el propio Museo Fabre: “Alphonse Leroy avait perdu un bras à la suite d’une piqure [sic] anatomique. David disposa habilement une manche qui laisse croire à la présence du bras manquant.” Es decir, que el médico había perdido ese brazo, probablemente amputado, a causa de la grave infección sufrida por un “pinchazo” en el curso de su ejercicio profesional… Y el pintor lo disimulaba en su composición de la escena. Exquisita delicadeza, la que mostró David, y admirable la profesionalidad de Leroy -como apostillaba Fernández de la Gala– porque ¡qué difícil debe ser ejercer para un obstetra manco!

Todo ello se puede leer íntegramente, en su versión original, en el enlace a la entrada que publicó Juan V. Fernández de la Gala, el pasado 20 de febrero, con el sugestivo título de “Trasnoche”.

Confío en que el Dr. Leroy no se moleste, sino al contrario, no le importe dejar reposar unos minutos la pluma y pararse a disfrutar con nosotros la música de Étienne-Nicolas Méhul, compatriota y contemporáneo suyo…

Anuncios

  1. Jacques-Louis David es un pintor que no me gusta especialmente, reconozco que era un buen pintor, y que hay cuadros suyos muy hermosos, como El juramento de los Horacios, que he visto en el Louvre…, que me resultan especialmente antipáticos y otros aún más. Es más por razones extrapictóricas.
    El cuadro que más me gusta de J.L. David es precisamente un retrato el del químico Lavoisier y su esposa. Este retrato no lo conocía o si lo había visto no había reparado en él como de J.L. David. cuando se salía de la pintura “edificante” y política era un gran artista. Pero ya no podré de dejar de ver al doctor Alphonse Leroy manco. Peligrosa profesión la de médico en aquellos tiempos, mucho más que ahora.

    Me gusta

    • Sin dejar de reconocerle su mérito (como artista y como “superviviente” político) tampoco es David uno de mis pintores favoritos. El retrato del Dr. Leroy, sin embargo, me gusta mucho… Posiblemente sea una de las más hermosas muestras de agradecimiento a un médico que he visto, sin olvidar la de Goya al Dr. Arrieta. El cuadro de Lavoisier y su esposa también es otro de los que más me gusta. Hace tiempo que quería hablar de él. Todavía no lo había hecho por ser químico y no médico; pero hoy, leyendo tu comentario, se me ha ocurrido la forma de establecer una relación… No la digo, pero procuraré que se vea pronto.
      En cuanto a los riesgos de la profesión médica, ciertamente, hemos vencido a la infección (aunque no del todo) que se ha llevado a muchos… hemos controlado el riesgo por radiaciones, que también mató a los primeros radiólogos… Pero la masificación, la tecnificación, la socialización, la burocratización y otras cosas por el estilo… la deshumanización, han hecho emerger nuevos riesgos de los cuales un buen ejemplo es el “Burn out” (así, en ingles, que es el idioma de la medicina actual). Ahora, se muere de otra manera.
      Una vez más, gracias por tus comentarios Hesperetusa: son un estímulo para mí.
      ¡Feliz 2013!

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: